IGNACIO ECHEVARRÍA
“¿A quién
interpela uno cuando se siente víctima de un adelantamiento peligroso o de un
frenazo imprevisto? ¿Al automóvil o a su conductor?”
Del mismo modo, quizá “un crítico es un tipo corriente
que, con un libro en las manos, se transmuta en celoso guardián” y “después de
maltratar un libro, podría mostrarse amable” con el autor: “en rigor, no es
nada personal”
(…) ¿A
quién interpela uno cuando se siente víctima de un adelantamiento peligroso o
de un frenazo imprevisto? ¿Al automóvil o a su conductor?
La respuesta queda lejos de ser sencilla. Resulta absurdo
pretender que imprecamos a una máquina. Pero, en rigor, tampoco insultamos a
una persona física, real, sino más bien a un ente mixto, que existe únicamente
en cuanto la persona ejerce como conductor y se halla dentro de su auto.
Recuerdo ahora un viejo corto de animación de la factoría
Disney. Lo protagoniza Goofy. El corto se titula Motor Mania, y es del año
1950. Se puede encontrar fácilmente en YouTube, véanlo, es gracioso. Goofy es
allí un escrupuloso y pacífico ciudadano incapaz de pisar una hormiga. Una vez sentado a su auto, sin embargo, sufre
una transformación como la del Dr. Jekyll en Mr. Hyde y se convierte en una
especie de demonio, infinitamente susceptible y agresivo.
Pongamos que, en el peor de los casos, el crítico sea como
Goofy. Un tipo corriente que, sin embargo, con un libro entre las manos, y
puesto en situación de leerlo con vistas a pronunciarse públicamente sobre él,
se transmuta en celoso guardián de su propia concepción de la buena literatura
y exacerba su susceptibilidad hacia todo lo que la confirma o la contraría. Del
mismo modo que, en esta tesitura, él deja de lado al ecuánime ciudadano que
suele ser, los ataques que entonces prodiga no van dirigidos al -a su vez-
pacífico ciudadano que se aloja en el libro en cuestión, no al menos en cuanto
sujeto independiente, aislable del libro mismo. Después de maltratar por
escrito su libro en las páginas de un diario, podría coincidir con él en un
ascensor y mostrarse reverencioso y amable, sin ninguna hipocresía.
Y es que no se trata, en rigor, de nada personal.
Cómo explicarlo.
IGNACIO
ECHEVARRÍA SUPLEMENTO ‘EL
CULTURAL’ DE ‘EL MUNDO’, 2/12/2011
FOTO: GOOFY EN EL CORTO ’MOTOR MANIA’