Nostalgia del absoluto (1974)
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04 septiembre 2015
Nostalgia del absoluto
George
Steiner
Nostalgia del absoluto (1974)
Nostalgia del absoluto (1974)
el inconsciente es una vivienda vienesa
Propongo con vacilación, pero con cierta seriedad, la sugerencia de que la
famosa división de la conciencia humana –el ello, el yo, el superyó– es en sí
misma algo más que el reflejo anatómico del sótano, la vivienda y la buhardilla
de un hogar de la clase media de la Viena del cambio de siglo. Las teorías de
Freud no son científicas en el sentido de ser universales, de ser
independientes de su medio étnico-social, como lo son las teorías de la física
o la biología molecular. Son lecturas inspiradas y proyecciones a partir de las
muy especiales condiciones sexuales, familiares y económicas de la vida
burguesa en la Europa central y occidental entre, digamos, los años 1880 y
1920.
estragos de la colonización
Llegara para conquistar o para convertir, para explotar o para medicar, el
hombre occidental llevó consigo la devastación.
el antropólogo, un destructor
La idea de viajar a lugares lejanos para estudiar pueblos y culturas
extranjeras sólo se da en el hombre occidental; surge del genio predador de los
griegos (...) Ninguna comunidad nativa sobrevive intacta después de la visita
del antropólogo, por hábil, por modesto, por discreto que pueda ser. La
obsesión occidental por la investigación, por el análisis, por la clasificación
de todas las formas vivas, es en sí misma un modo de sojuzgamiento, de dominio
técnico y psicológico. El pensamiento analítico adulterará o destruirá
fatalmente la vitalidad de su objeto. Tristes
trópicos de Lévi-Strauss expresa esta melancólica paradoja.
la esclavitud y el origen del pensamiento especulativo
La búsqueda desinteresada de la verdad abstracta es específica de cada
cultura, su historia es relativamente breve y tiene una geografía propia. Es un
fenómeno del Mediterráneo oriental (...) posiblemente relacionada con los
factores climáticos, la dieta proteínica, el sistema de parentesco dominado por
lo masculino en el que los hombres eran depredadores y tenían un papel
indagador dominante. Tal vez no habría existido un pensamiento especulativo
puro sin la esclavitud, si los hombres no hubieran dispuesto del tiempo libre
necesario para consagrar su voluntad, energía y ambiciones a problemas no
relacionados directamente con la supervivencia personal y económica. En otras
palabras, la persecución de la verdad es desde el principio una verdadera
persecución. Tiene elementos de caza y de conquista.
la atracción del obstáculo
Somos claramente un carnívoro cruel construido para avanzar, y construido
para avanzar contra y por encima de los obstáculos. En realidad, el obstáculo
nos atrae magnéticamente. Hay en nosotros algo esencial que prefiere la
dificultad, que busca la pregunta complicada. En última instancia, es por esto
por lo que los más dotados, los más enérgicos de nosotros han sabido –tal vez
sin articular este conocimiento– que la verdad es más compleja que las
necesidades del hombre, que en realidad puede ser completamente ajena e incluso
hostil a esas necesidades.
20 agosto 2014
El miedo a la libertad
Erich Fromm
El miedo a la libertad (1941)
El miedo a la libertad (1941)
egoísmo versus amor propio
El egoísmo no es idéntico al amor a sí mismo, sino a su
opuesto. El egoísmo es una forma de codicia. Como toda codicia, es insaciable
y, por consiguiente, nunca puede alcanzar una satisfacción real. Es un pozo sin
fondo que agota al individuo en un esfuerzo interminable para satisfacer la
necesidad sin alcanzar nunca la satisfacción. (…) Y si observamos aún más de
cerca este proceso, especialmente su dinámica inconsciente, hallaremos que el
egoísta, en esencia, no se quiere a sí mismo sino que se tiene una profunda
aversión. El enigma de este aparente contrasentido es de fácil solución.
El egoísmo se halla arraigado justamente en esa aversión hacia sí mismo. El
individuo que se desprecia, que no está satisfecho de sí, se halla en una
angustia constante con respecto a su propio yo. No posee aquella seguridad
interior que puede darse tan sólo sobre la base del cariño genuino y de la
autoafirmación. Debe preocuparse de sí mismo, debe ser codicioso y quererlo
todo para sí, puesto que, fundamentalmente, carece de seguridad y de la
capacidad de alcanzar la satisfacción. Lo mismo ocurre con el llamado
narcisista, que no se preocupa tanto por obtener cosas para sí, corno de
admirarse a sí mismo. Mientras en la superficie parece que tales personas se
quieren mucho, en realidad se tienen aversión, y su narcisismo —como el
egoísmo— constituye la sobrecompensación de la carencia básica de amor hacia sí
mismos. Freud ha señalado que el narcisista ha retirado su amor a los otros
dirigiéndolo hacia su persona: si bien lo primero es cierto, la segunda parte
de esta afirmación no lo es. En realidad, no quiere ni a los otros ni a sí
mismo.
potencia versus dominación
El término "poder" puede significar cada una de
estas dos cosas: dominación o potencia. (…) Lejos de ser idénticas, las dos
cualidades son mutuamente excluyentes: la impotencia tiene como consecuencia el
impulso sádico hacia la dominación; en la medida en que un individuo es
potente, es decir, capaz de actualizar sus potencialidades sobre la base de la
libertad y la integridad del yo, no necesita dominar y se halla exento del
apetito de poder. El poder, en el sentido de dominación, es la perversión de la
potencia.
el fascismo ignora el
milagro de la creación
El carácter autoritario adora el pasado. Lo que ha sido una
vez, lo será eternamente. Desear algo que no ha existido antes o trabajar para
ello, constituye un crimen y una locura. El milagro de la creación (…) está más
allá del alcance de su experiencia emocional.
adultos frente a un puzzle
roto
En nombre de la "libertad" la vida pierde toda
estructura, pues se la reduce a muchas piezas pequeñas, cada una separada de
las demás, y desprovista de cualquier sentido de totalidad. El individuo se ve
abandonado frente a tales piezas como un niño frente a un rompecabezas; con la
diferencia, sin embargo, de que mientras éste sabe lo que es una casa y, por
tanto, puede reconocer sus partes en las piezas del juego, el adulto no alcanza
a ver el significado del todo, cuyos fragmentos han llegado a sus manos. Se
halla perplejo y asustado y tan sólo acierta a seguir mirando sus pequeñas
piezas sin sentido.
el fantasma del éxito
Se concede importancia al valor del producto terminado en
lugar de atribuírsela a la satisfacción inherente a la actividad creadora. Por
ello el hombre malogra el único goce capaz de darle la felicidad verdadera —la
experiencia de la actividad del momento presente— y persigue en cambio un
fantasma que lo dejará defraudado apenas crea haberlo alcanzado: la felicidad
ilusoria que llamamos éxito.
la delgada línea entre el
loco y el genio
La posición del artista, sin embargo, es vulnerable, pues se
respeta tan solo la espontaneidad o individualidad del que logra el éxito; si
no alcanza a ‘vender’ su arte, es para los contemporáneos un desequilibrado, un
neurótico. Desde este punto de vista, el artista se halla en una posición
similar a la del revolucionario a través de la historia. El revolucionario
afortunado es un hombre de Estado; el que no alcanza el éxito, un criminal.
erich fromm “predice” la
sociedad cibernética
Si me buscan, entonces soy alguien, si no gozo de popularidad,
simplemente no soy nadie. El hecho de que la confianza en sí mismo dependa del
éxito de la propia “personalidad” constituye la causa por la cual la
popularidad cobra tamaña importancia para el hombre moderno. De ella depende no
solamente el progreso material, sino también la autoestimación; su falta
significa estar condenado a hundirse en el abismo de los sentimientos de
inferioridad. La personalidad alienada que se pone a la venta pierde gran parte
de su sentido de la dignidad, rasgo característico del hombre hasta en las
culturas más primitvas. [La frase final procede de la obra ‘La vida
auténtica’].
sin debilidad no hay
cultura
El hombre nace desprovisto del aparato necesario para obrar
adecuadamente, aparato que, en cambio, posee el animal; depende de sus padres
durante un tiempo más largo que cualquier otro animal y sus reacciones al medio
ambiente son menos rápidas y menos eficientes que las reacciones automáticamente
reguladas por el instinto. Tiene que enfrentar todos los peligros y temores
debido a esa carencia del aparato instintivo. Y, sin embargo, este mismo
desamparo constituye la fuente de la que brota el desarrollo humano; la
debilidad biológica del hombre es la condición de la cultura humana (…). Va
adquiriendo una oscura conciencia de sí mismo —o más bien de su grupo— como de
algo que no se identifica con la naturaleza. Cae en la cuenta de que le ha
tocado un destino trágico: ser parte de la naturaleza y sin embargo
trascenderla.
las nuevas cadenas
La consecuencia de esta desproporción entre la libertad de
todos los vínculos y la carencia de posibilidades para la realización positiva
de la libertad y de la individualidad, ha conducido, en Europa, a la huida
pánica de la libertad y a la adquisición, en su lugar, de nuevas cadenas o, por
lo menos, de una actitud de completa indiferencia (…). Tanto el desamparo
como la duda paralizan la vida, y de este modo el hombre, para vivir, trata de
esquivar la libertad que ha logrado: la libertad negativa. Se ve así arrastrado
hacia nuevos vínculos (…). Halla una nueva y frágil seguridad a expensas del
sacrificio de la integridad de su yo individual. Prefiere perder el yo porque
no puede soportar su soledad. Así, la libertad —como libertad negativa— conduce
hacia nuevas cadenas.
entregar el don incómodo
de la libertad
El individuo descubre que es «libre» en el sentido
negativo, es decir, que se halla solo con su yo frente a un mundo extraño y
hostil. En tal situación, para citar una descripción significativa, debida a
Dostoievsky en Los hermanos Karamazov, no tiene «necesidad más urgente que la
de hallar a alguien al cual pueda entregar, tan pronto como le sea posible, ese
don de la libertad con que él, pobre criatura, tuvo la desgracia de nacer». El
individuo aterrorizado busca algo o alguien a quien encadenar su yo; no puede
soportar más su propia libre personalidad, se esfuerza frenéticamente
porlibrarse de ella y volver a sentirse seguro una vez más, eliminando esa
carga: el yo.
la conciencia del tiempo y
las campanas de Nuremberg
Ciertos cambios significativos en la atmósfera psicológica,
acompañaron el desarrollo económico del capitalismo. Un espíritu de desasosiego
fue penetrando en la vida. Hacia fines de la Edad Media comenzó a desarrollarse
el concepto del tiempo en el sentido moderno. Los minutos empezaron a tener
valor; un síntoma de este nuevo sentido del tiempo es el hecho de que en
Nuremberg las campanas empezaron a tocar los cuartos de hora a partir del siglo
XVI. Un número demasiado grande de días feriados comenzó a parecer una
desgracia.
la nueva tiranía
protestante
Lutero, si bien libertaba al pueblo de la autoridad de la
Iglesia, lo obligaba a someterse a una autoridad mucho más tiránica, la de un
Dios que exigía como condición esencial de salvación la completa sumisión del
hombre y el aniquilamiento de su personalidad individual. La "fe" de
Lutero consistía en la convicción de que sólo a condición de someterse uno
podía ser amado, solución ésta que tiene mucho de común con el principio de la
completa sumisión del individuo al Estado y al "líder" (…). Al hacer
sentir al individuo la conciencia de su insignificancia e inutilidad en lo
concerniente a sus méritos, al darle conciencia de su carácter de instrumento
pasivo en las manos de Dios, lo privó de la confianza en sí mismo y del
sentimiento de la dignidad humana, que es la premisa necesaria para toda
actitud firme hacia las opresoras autoridades seculares (…) estaba
psicológicamente preparado para perder aquel sentimiento característico del
pensamiento medieval, a saber, que el fin de la vida es el hombre, su salvación
y sus fines espirituales; estaba así preparado a aceptar un papel en el cual su
vida se transformaba en un medio para fines exteriores a él mismo, la
productividad económica y la acumulación del capital (…)
el protestantismo y el
resentimiento de la clase media
Esta concepción de una divinidad despótica que exige un poder
ilimitado sobre los hombres, su sumisión y humillación [calvinismo], constituía
la proyección del odio y la envidia experimentados por la clase media. La
hostilidad y el resentimiento también se expresaban en el tipo de relaciones
con los demás. La forma principal que ellos asumían era la de indignación
moral, característica de la baja clase media desde los tiempos de Lutero hasta
los de Hitler. Esta clase, que en realidad era envidiosa de los que poseían
riqueza y poder y disfrutaban de la vida, racionalizaba su resentimiento y
envidia del buen vivir por medio de la indignación moral y de la convicción de
que esos grupos, socialmente superiores, serían castigados por el sufrimiento eterno.
(…) Calvino desconfiaba de la riqueza y, al mismo tiempo, experimentaba poca
piedad hacia la pobreza.
el calvinismo y la evasión
“frenética”
Un camino posible para escapar a este insoportable estado de
incertidumbre es justamente ese rasgo que llegó a ser tan prominente en el
calvinismo: el desarrollo de una actividad frenética y la tendencia impulsiva a
hacer algo. La actividad en este caso asume un carácter compulsivo: el
individuo debe estar activo para poder superar su sentimiento de duda y de impotencia.
Este tipo de esfuerzo y de actividad no es el resultado de una fuerza íntima y
de la confianza en sí mismo; es por el contrario, una manera desesperada de
evadirse de la angustia (…).
el trabajo compulsivo:
función evasiva y función supersticiosa
La irracionalidad de tal esfuerzo compulsivo está en que la
actividad no se dirige a crear un fin deseado, sino que sirve para indicar si
ocurrirá o no algo que ha sido predeterminado con independencia de la propia
actividad o fiscalización. Este mecanismo es una característica bien conocida
de los neuróticos obsesivos. Tales personas cuando temen el resultado de algún
importante asunto, mientras tanto aguardan la respuesta pueden dedicarse a
contar las ventanas de las casas o los árboles de la calle: si su número es par
creerán que todo irá bien, y lo contrario si es impar. (…) En el calvinismo
este significado del esfuerzo formaba parte de la doctrina religiosa.
Originariamente se refería esencialmente al esfuerzo moral, pero más tarde se
atribuyó cada vez más importancia al esfuerzo dedicado a la propia ocupación y
a sus resultados, es decir, al éxito o al fracaso en los negocios. El éxito
llegó a ser el signo de la gracia divina; el fracaso, el de la condenación. (…)
El esfuerzo y el trabajo asumían en este sentido un carácter totalmente
irracional. (…) Servían únicamente como medio de predicción de un destino
determinado de antemano, y, al mismo tiempo, esa frenética actividad constituía
una renovada defensa contra aquel sentimiento de impotencia, que de otro modo
hubiera sido insoportable.
la conciencia moral, un
“negrero”
El sentimiento del "deber", tal como lo vemos
impregnar la vida del hombre moderno, desde el período de la Reforma hasta el
presente, en las racionalizaciones religiosas o seculares, se halla
intensamente coloreado por la hostilidad contra el yo. La
"conciencia" es un negrero que el hombre se ha colocado dentro de sí
mismo y que lo obliga a obrar de acuerdo con los deseos y fines que él cree
suyos propios, mientras que en realidad no son otra cosa que las exigencias
sociales externas que se han hecho internas. Lo manda con crueldad y rigor,
prohibiéndole el placer y la felicidad, y haciendo de toda su vida la expiación
de algún pecado misterioso. Es también la base de aquel "ascetismo mundano
interior" tan característico del calvinismo primitivo y del puritanismo
ulterior. (…) Una humildad y un sentimiento del deber genuinos no hubieran
podido hacerlo; pero la conciencia que se niega y se humilla a sí misma es tan
sólo un lado de la hostilidad; en el otro están el odio y el desprecio para con
los demás.
Erich Fromm
El miedo a la libertad (1941)
El miedo a la libertad (1941)
28 noviembre 2012
Angustia, la epidemia silenciosa
Antoni
Vicens
¿Y si la angustia no
fuera una de las caras del mal? (…) ¿Y si la angustia fuera la puerta hacia la
invención de algo nuevo en la vida, el paso estrecho hacia una oportunidad que
puede ser seguida? Difícil, porque nadie quiere vivir en la angustia. El miedo es diferente: la literatura y el
cine de terror satisfacen una demanda de miedo estético. La angustia, en
cambio, no aparece ni en pinturas, ni en películas. La angustia aparece sin
nada que la acompañe. Es angustia, y nada más; pero cada cual sabe qué es. Es
una experiencia de separación, y de separación precisamente de aquello que
permitiría hacerla hablar.
Vicente
Palomeras
(…) En el caso que nos
presenta Lacan, el hombre no sabe qué mascara lleva pero desde luego que si
llevase puesta la máscara del macho de la mantis tendría muchas razones para
sentir angustia. Ve aquí el límite en el que empieza a surgir la angustia, que
siempre está relacionada con una x desconocida, pero justamente no esta x la que produce la angustia sino
el objeto que nosotros podríamos ser, sin saberlo (…). La angustia está ligada
la incertidumbre respecto a la identidad, a no saber qué Objeto se es para el
Otro. Imaginemos ahora, por un instante, que ese hombre de la danza ve reflejada
en el globo ocular de esa mantis hembra su imagen con la máscara del macho,
entonces el nivel de angustia sería desbordante (…). Por otro lado [hay] una
angustia constituyente, es decir, una angustia productiva (…) que llevó a
Romain Gary a decir que “sin angustia no habría creación”, es más “sin angustia
no habría hombre” (‘Pseudo’, 1976)(…) habremos hecho un buen uso de la angustia
(…) cuando se limite a ser sólo una señal de lo más vivo que habita en uno
mismo.
Miquel
Bassols
“Ya no tengo tanto miedo
a volar en un avión –me decía una joven que había utilizado uno de dichos
métodos-, pero ahora siento un vacío tremendo cada vez que debo separarme de mi
madre”. “Es una espada invisible que me atraviesa el pecho”, me decía un
hombre, y era, en efecto, una espada de sinsentido que hendía cada momento de
su vida cotidiana. Constatamos entonces este hecho: cuantos más efectos terapéuticos se intentan producir directamente
sobre los signos manifiestos de la epidemia, más esta retorna con signos nuevos
(…) como un alien que siempre sabe
esconderse en algún lado de la nave vital del sujeto para reaparecer, poco
después, allí donde menos se lo esperaba (…). La experencia subjetiva de la
angustia permanece en el silencio más íntimo del sujeto como algo
indescriptible, sin concepto, no se deja
atrapar por gimnasia mental alguna, por ninguna sugestión más o menos
coercitiva ante el objeto que la causa. Más allá de los signos en los que se
expande la epidemia silenciosa, el
silencio de la angustia es, el mismo, un signo fundamental que recibe el sujeto
desde su fuero más íntimo con estas preguntas: ¿qué quieres? ¿qué eres?(…) esta
pregunta había quedado enterrada bajo su excesivo ruido. La angustia se
manifiesta entonces como el signo de un exceso, de un demasiado lleno en el que vive el sujeto de nuestro tiempo,
inundado por una serie de objetos propuestos a su deseo. Es el signo de que hace falta un poco de vacío, de que hace falta la falta, como decía hace
tiempo el psicoanalista Jacques Lacan. La angustia, inevitable, hay que saber
atravesarla tomándola como signo de la pregunta radical del deseo de cada
sujeto sobre el sentido más ignorado de su vida. Pero para responder esa
pregunta, primero hay que saber dar la
palabra al silencio de la angustia.
Textos de tres psicoanalistas publicados en:
Cultura/s, La Vanguardia,
28/11/2012
Imagen: fotomontaje Joan Pau Inarejos
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02 marzo 2012
EL MUNDO BAJO LOS PÁRPADOS
El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)
LOS SUEÑOS Y LA FÍSICA CUÁNTICA
“Los sueños son tan delicados que no soportan la
observación, como las partículas subatómicas; ambos son estados energéticos de
la vida”
Estas experiencias demostraron a Ouspenki que los sueños son
tan delicados que “no soportan la observación”. La observación los transforma.
Al comparar sus visiones nocturnas y analizarlas, comprobó que los sueños
sufrían sutiles mutaciones siguiendo los dictados de la voluntad. En este
sentido, es interesante observar cómo tan sólo dos décadas más tarde, las
investigaciones de la física cuántica hallarían en las partículas microscópicas
la misma ley, esta vez aplicada a la realidad subatómica (…)
Como han demostrado diferentes experimentos, la doble
naturaleza de la materia atómica, su perpetuo y misterioso tránsito del estado
ondulatorio (energético) al estado corpuscular (material), no le deja más
opción al observador que la de formular estadísticas (…). La física cuántica
nos plantea, por tanto, la siguiente paradoja: cuanto más profundizamos en los
secretos de los mundos subatómicos de la materia, más indeterminada e inmaterial,
por decirlo así, se vuelve. En cierto sentido, Jung había traspasado esas mismas
fronteras en el terreno psicológico. La esencia de lo inconsciente también era
una realidad indeterminada (…). Los sueños y las partículas son estados
energéticos de la vida. El problema radica en saber cuál es el nexo entre la
mente y la materia (…).
No deja de ser enormemente contradictorio que después de la
teoría de la relatividad –donde espacio y tiempo no son valores absolutos sino
relativos-, de la teoría cuántica –que ha despojado de sustancia y causalidad a
la materia- y la teoría vibracional de cuerdas –que atribuye al mundo
corpuscular hasta once dimensiones-, cuando se especula si los agujeros negros
son puertas dimensionales a universos paralelos, aún sigamos tan apegados
mentalmente a la vieja idea ilustrada de reducir toda nuestra realidad
existencial a las cuatro dimensiones espacio-temporales del cuerpo visible.
LOS SUEÑOS PRECOGNITIVOS
“Nadie viaja al futuro en los sueños; lo que sucede es
que se conecta con otra dimensión del tiempo en la que todo se halla presente”
Aquello que se vive primero en sueños, ¿es realmente algo
futuro o algo que se hace incomprensiblemente presente? Quizá nada ni nadie,
realmente, viajen al futuro, y lo que sucede es que se conecta con otra
dimensión del tiempo en la que todo se halla presente. Así lo entendió San
Agustín en el libro XI de sus ‘Confesiones’: no se ven las cosas futuras, dijo “a
los más sus causas o signos, que existen ya” pues esas prefiguraciones oníricas
no vienen del futuro, son cosas presentes que sólo existen en el alma de quien
predice lo futuro. Mediante la memoria y la precognición, la psique es el único
punto en donde el pasado y el futuro confluyen y se hacen presentes (…) [no se]
refiere a un tiempo cuantitativo, sino cualitativo, a un tiempo que podríamos
denominar ontológico. En esa cualidad temporal, el onirismo que atestigua el
hecho anticipado sería como la salpicadura de una gota de agua que, emergiendo
eventualmente en el aire, cae de nuevo en el océano –el instante eterno- para
fundirse en su seno: este sueño sería esa gota minúscula, que, como la rosa de
Silesius, “es sin porqué”.
LAS PESADILLAS
“Es una lástima que no exista una Historia de la
Pesadilla; allí veríamos todo lo que hemos ido escondiendo”
El miedo es indisociable del monstruo, porque el monstruo
constituye su reflejo exacto en la imaginación. Es una verdadera lástima que no
exista en el campo de las humanidades una exhaustiva y erudita Historia de la
Pesadilla, para ver desfilar por ella toda la infinita variedad de miedos y
ansiedades que han desgarrado el alma humana a lo largo de los siglos. Allí
veríamos todo lo que hemos ido escondiendo; lo que cada siglo ha reprimido y
ocultado de la vista del mundo.
LOS SUEÑOS Y LA HISTORIA
“Los
sueños no son sólo consecuencia de la historia, sino que llegan a desempeñar un
papel activoen el acontecer histórico”
Los sueños no son sólo la consecuencia de una determinada
causa histórica (…) sino que a veces siguen caminos tan inesperados y
contundentes que incluso llegan a desempeñar un papel realmente activo en el
curso del acontecer histórico (…) ¿Qué habríamos descubierto si se hubiesen
contrastado y analizado convenientemente una considerable cantidad de datos
histórico-oníricos de la misma forma que se han clasificado y estudiado de modo
sistemático las distintas materias de las especialidades académicas? Nunca lo
sabremos. Pero, al menos, hemos tomado consciencia, aunque de forma fugaz y
perecedera, de que a la historia de los hombres despiertos le falta, como
clamaba Lichtenberg, una historia de los hombres que duermen (…). Así pues,
imbuido en esta seca visión de las cosas, el ser humano resulta perfectamente
irrisorio; pues, a pesar de toda su hiperconciencia a cuestas y su labrada
coraza de escepticismo, el hombre suele estar dispuesto a creer en cualquier
cosa, salvo en la verdad.
HORROR VACUI
Se puede
pensar que soñar es abrazar la nada cada noche, pero el marqués experimentaba
lo contrario: despertar en un flujo onírico permanente
Se puede pensar que la inquietante idea de abrazar cada
noche la nada al empezar a dormir
podía tener para él cierto cariz angustioso que lo empujaba inconscientemente a
intentar apartar de sí el horror vacui,
pero nada de eso parece cruzar por la mente del marqués (…). No encuentra en su
memoria ninguna sensación de ausencia, sino todo lo contrario: su experiencia
siempre le conduce a la misma impresión de despertar en el seno de un flujo
onírico permanente, como si el sueño fuera una corriente continua, igual a un río
silencioso que fluye sin descanso bajo los párpados (…).
LOS SUEÑOS Y LOS INSTRUMENTOS
“Practicar
el sueño lúcido afina la experiencia onírica como si se tratara de un
instrumento musical”
Según Aurobindo, practicar el sueño lúcido afina la
experiencia onírica, como si se tratara de un instrumento musical. Los sueños
de hacen cada vez más nítidos a medida que la conciencia se encuentra más
presente en las escenas oníricas (…). Podemos llegar a sentirnos muy atraídos
por los esplendores de este mundo interior, dice Aurobindo, hasta el punto de
preferirlo al mundo externo, pero ése es precisamente su gran peligro.
EL SUEÑO DEL CIENTÍFICO
“Sobre
el altar se ve un embrión en su envoltura mitad blanca, mitada negra; ‘’Quién
eres tú?’ ‘Tú mismo’”
Según refiere Saint-Denys, este científico, después de haber
plasmado en su diario, poco antes de ir a dormir, sus preocupaciones
existenciales, soñó primero, que se encontraba flotando en el infinito espacio
del cosmos. Luego, cambia la escena, y se ve transportado al interior de un
templo milenario (…). Sobre el altar ve un embrión agitándose en su envoltorio
transparente, como si luchara para romperlo y tratase de salir. La envoltura
tiene forma mitad blanca, mitad negra. Lleno de curiosidad, extiende el brazo
para tocarlo, pero antes se rompe la cáscara y sale un niño (…). Entonces
pregunta con ansiedad al niño: “¿Quién eres?”. Sus ojos brillan en la oscuridad
(…). “Tú mismo”, responde el niño. Aunque en ese momento no está entendiendo
del todo el significado de esta respuesta, tiene el extraño convencimiento de
que todo lo que está viendo y escuchando es la verdad: él es su otra parte.
El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)
15 septiembre 2005
Obsesionados con los incestos

¿Qué queda del marxismo? Corea del Norte y algún que otro departamento irreductible de estudios culturales en algunas universidades. Eso es todo. En la ciencia el marxismo no ha dejado ninguna huella. Y lo que está ocurriendo ahora en el campo de la neurociencia deja a Freud como una superstición del siglo XVIII. Sus ideas son irrelevantes. La gente está interesada en las obras de los pensadores que hablan de la realidad desde un punto de vista científico. Se han cansado de saber quién durmió con quién un fin de semana hace cien años y cómo esa canita al aire influyó en la poesía. El intelectual tradicional, alejado de la ciencia y sus descubrimientos, es hoy un ser profundamente infeliz.
John BROCKMAN entrevistado en el suplemento ‘Culturas’ de ‘La Vanguardia’, 15-09-2005 / foto: Ferdinand HODLER, 'El cansancio de vivir'
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Sigmund Freud
12 agosto 2005
Vale, tenéis razón
Freud y Havelock Ellis, entre otros, cometieron un error. Afirmaron que la iglesia, y la religión en general, sólo era una manera de sublimar el sexo. Los psicólogos afirmaron: “La iglesia ha reprimido el sexo, pero si analizamos su simbolismo, veremos que en el fondo es una potente expresión de sexualidad. Todo se reduce a la libido como realidad fundamental”. La iglesia, a su vez, respondió a los ataques: “Esto no tiene nada que ver. Reducir la iglesia a una manifestación de la represión sexual sólo es una manera de atacar lo sagrado. Y al contrario, afirmamos que aquellas personas fascinadas por el sexo y que se dedican a adorarlo están reprimiendo la religión”.El problema de este debate fue que todos perdieron los papeles. La iglesia hubiera debido responder a Freud diciéndole: “Muchísimas gracias. Es cierto, nuestro simbolismo es sexual. Las torres del campanario de las iglesias, los ventanales vesiculares y los escudos heráldicos sobre los que colocamos las imágenes del crucifijo o de la Virgen María son abiertamente sexuales. Sin embargo, la forma sexual revela los misterios del universo. El sexo no es mero sexo. Es algo sagrado, y una de las revelaciones más maravillosas de lo divino”.
Alan Watts, Mito y religión, 116 / foto: Sagrada Família, Barcelona
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24 julio 2005
Frankl contra Freud (y 2)
La persona no es libre 'frente' o 'contra' unos impulsos, sino 'sobre' ellos. Libertad, o voluntad libre, es la capacidad de disponer de los propios impulsos. Los impulsos y tendencias son la fuerza del psiquismo, su energía, pero siempre son materia que debe ser conformada. En este sentido el Yo no es un títere del Ello, sino que el Ello siempre lo es de un Yo, que es quien tiene la fuerza.
Y cuando la persona, de hecho, se ve arrastrada por diversas tendencias externas o internas, es porque así lo ha decidido. Libertad significa capacidad de disponer sobre las tendencias para organizarlas, negarlas, afirmarlas e, incluso, para dejarse arrastrar por ellas. La persona puede ‘abdicar’ libremente de su libertad.
Frente al automatismo de concepciones psicológicas como la de Freud, Frankl asegura que la persona está llamada a ser autonomía. Es autonomía a pesar de la dependencia. La persona ‘tiene’ tendencias biológicas y psíquicas pero no se reduce a ser un haz de tendencias o impulsos. La persona puede ser dueña de ellos, adoptar ante ellos un comportamiento. Al igual que Scheler, también afirma Frankl que la persona es el ser capaz de decir ‘no’.
Para Frankl, “cuanto más vivo es el sentido de responsabilidad de un hombre, tanto más fuertemente está inmunizado contra la neurosis, el vacío existencial. Precisamente el neurótico es aquel que elude su responsabilidad, que se desentiende de su vida y se abandona a lo que juzga inevitable. La persona inmadura o el neurótico, para autojustificarse, niega su responsabilidad, lo que es una manera de negar su libertad.
“Por ese motivo se disculpa aduciendo variados argumentos: esconde su libertad tras supuestos determinismos del medio ambiente, del mundo interior o de la convivencia con los otros seres humanos”. De este modo, quien niega su responsabilidad ante su vida, cae en el fatalismo que se manifiesta en forma de conformismo.
Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 69 (2005)
16 julio 2005
Frankl contra Freud
El ser humano, en realidad, no huye de las tensiones sino que las necesita para crecer y, precisamente, la ausencia de tensión es lo que le neurotiza y destruye. ¿Cómo lograr esa tensión? Desde el compromiso con el horizonte aixológico descubierto en el sentido existencial, es decir, desde tareas, situaciones y encuentros que sean valiosas. Desde aquí la persona es capaz de enfrentarse creativamente a las dificultades.
Dice Viktor Frankl: "Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología, 'homeostasis'. Es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando a que él lo cumpla. De una manera semejante a como lo formulan muchos existencialistas y personalistas, para Frankl, desde su sentido existencial, la persona opta entre posibilidades. En esas posibilidades no sólo elige opciones, sino que se elige a sí mismo, su propia figura.
La persona es constitutivamente llamada. Y su responsabilidad es la respuesta. Esta llamada es, en general, una llamada desde un sentido. Y es que la persona, según Frankl, no es su propio fin, sino que su propia vida es llamada a realizar un sentido que descubre en él pero que le trasciende: "El hombre apunta por encima de sí mismo hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia alguien".
Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 54 (2005)
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26 mayo 2005
¿El inconsciente? Ja, ja
El inconsciente freudiano, hipóstasis mística, poblado de toda una mitología de potencias ocultas en conflicto las unas con las otras, y por lo que nosotros experimentaremos las querellas como inevitables inclemencias, ¡no existe! El Ello, el Yo, el Superyo, Eros, Tanatos, etc, no tienen ni más ni menos existencia que Azatoz, Belzebú, Leviatán y los demás. Las figuras de la demonología, como las más abstractas del panteón psicoanalista, no tienen más existencia que la cultural. La cultura ha encontrado, gracias a Freud, una nueva línea de estabilización.
J.M. Oughourlian, Un mime nommée désir, 1992
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03 febrero 2005
Desinfectando el cielo
Un teólogo me dijo una vez que las visiones de Ezequiel no eran más que síntomas mórbidos y que, cuando Moisés y otros profetas oían 'voces' que les hablaban, estaban sufriendo alucinaciones. Se puede imaginar el pánico que sintió al experimentar 'espontáneamente' algo parecido a eso. El hombre primitivo enfrentado con una conmoción de este tipo no dudaría de su salud mental: pensaría en fetiches, espíritus o dioses. Sin embargo, las emociones que nos afectan son las mismas. De hecho, los terrores que proceden de nuestra complicada civilización pueden ser más amenazadores que los que el hombre primitivo atribuye a los demonios.
La actitud del hombre moderno civilizado me recuerda, a veces, a un paciente psicópata de mi clínica que también era médico. Una mañana le pregunté qué tal estaba. Me contestó que había pasado una noche maravillosa desinfectando todo el cielo con cloruro mercurioso, pero que durante toda esa tarea sanitaria no había encontrado rastro alguno de Dios.
Carl G. Jung, El hombre y sus símbolos, 40
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25 septiembre 2004
El alma trapacera
El alma es lo vivo en el hombre. Por eso insufló Dios un hálito viviente en Adán para hacerlo vivir. El alma, con astucia y juego engañoso, arrastra a la vida la inercia de la materia que no quiere vivir. Convence de cosas increíbles para que la vida sea vivida.
Está llena de trampas para que el hombre caiga, toque la tierra y allí se enrede y se quede, y de ese modo la vida sea vivida. Igual como ya Eva en el Paraíso no pudo dejar de convencer a Adán de la bondad de la manzana prohibida. Si no fuera por la vivacidad y la irisación del alma, el hombre se hubiera detenido dominado por su mayor pasión: la inercia.
Carl Jung, Arquetipos e inconsciente colectivo, 32
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De la pradera al inconsciente
Ya en un principio había espíritus en el bosque, en el campo y en las corrientes de agua, mucho antes de que existiera el problema de la conciencia moral. Muchísimo de lo que hoy experimentamos como componente de nuestra naturaleza psíquica, en los primitivos juguetea todavía en la vasta pradera, alegremente proyectado.
En realidad, la palabra 'proyección' es inadecuada, pues nada ha sido sacado de la psique y arrojado al exterior, sino que más bien la psique ha llegado, por una serie de actos de introyección, a la complejidad que hoy conocemos. Una inquientante gracia de antaño se llama hoy 'fantasía erótica' y complica penosamente nuestra vida anímica.
Carl Jung, Arquetipos e inconsciente colectivo, 31
19 septiembre 2004
Genes asesinos
Una prohibición terminante sólo contra un impulso igualmente poderoso puede alzarse. Lo que ningún alma humana desea no hace falta prohibirlo: se excluye por sí mismo. Precisamente la acentuación del mandamiento 'No matarás' nos ofrece la seguridad de que descendemos de una larguísima serie de generaciones de asesinos, que llevaban el placer de matar, como quizá aún nosotros mismos, en la masa de la sangre.
Sigmund Freud, Consideraciones sobre la guerra y la muerte, en El malestar en la cultura, 125
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O lo uno o lo otro
El miembro viril del hombre posee dos funciones, cuya reunión orgánica es para muchos motivo de indignación. Está encargado de evacuar la orina y de realizar el acto sexual que satisface las necesidades de la libido genital. El niño aún cree reunir ambas funciones y, según sus teorías, los niños se producen al orinar el hombre en el vientre de la mujer. Pero el adulto sabe que ambos actos son en realidad mutuamente incompatibles como el fuego y el agua.
Cuando el falo llega al estado erecto que le ha valido la equiparación con el pájaro y durante el cual se perciben aquellas sensaciones que recuerdan el calor del fuego, es imposible orinar. Por el contrario, cuando el falo sirve a la evacuación de la orina (el agua del cuerpo) parecen extinguidas todas sus vinculaciones con la función genital. La contradicción entre ambas funciones podría llevarnos a afirmar que el hombre extingue su propio fuego con su propia agua.
Sigmund Freud, Sobre la conquista del fuego, en El malestar en la cultura, 99
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El gozo insoportable
Lo que en el sentido más estricto se llama felicidad surge de la satisfacción, casi siempre instantánea, de necesidades acumuladas, que han alcanzado elevada tensión, y de acuerdo con esta índole sólo puede darse como fenómeno episódico. Toda persistencia de una situación anhelada por el principio de placer sólo proporciona una sensación de tibio bienestar, pues nuestra disposición no nos permite gozar intensamente sino el contraste, pero sólo en muy escasa medida lo estable. Goethe llega a advertirnos: 'Nada es más difícil de soportar que una serie de días hermosos'.
Sigmund Freud, El malestar en la cultura, 21
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11 septiembre 2004
Freud contra Jung
Rompieron su amistad en 1913. La disputa se centraba en dos temas. Uno era la importancia que Freud otorgaba los factores sexuales en la interpretación de la neurosis y los sueños. Aunque no dudaba que Freud era un autor inteligente y sagaz, Jung consideraba inaceptable su obsesión por la sexualidad, una morbosa consecuencia, decía, de la sexualidad reprimida del propio Freud. En su opinión, "Freud estaba envuelto emocionalmente en su teoría sexual hasta un punto extraordinario".
La otra causa del conflicto era la actitud de Freud hacia la religión. Según Anthony Storr, "Freud atribuía el valor supremo a la liberación orgiástica del sexo, mientras que Jung fundaba el supremo valor en la experiencia unificadora de la religión. Freud interpretaba todas las experiencias emocionalmente significativas como derivadas o sustitutivas del sexo, mientras que Jung interpretaba en términos simbólicos hasta la propia sexualidad, la cual poseía una significación 'numénica' desde el momento en que representaba la unión irracional de los opuestos y era, por tanto, un símbolo de totalidad.
Brian Morris, Introducción al estudio antropológico de la religión, 206
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27 agosto 2004
El inconsciente como presagio
La semilla contiene las potencialidades de desarrollo de cada especie. Los procesos de la psique orgánica son los portadores de las posibilidades de crecimiento de cada miembro individual de la especie. En vez del inconsciente tal como en un principio lo concibió Freud, como la expresión de las experiencias del pasado que el individuo había tenido que reprimir, Jung convierte el inconsciente en el portador de aquellas experiencias que todavía no han sucedido. Lo inconsciente como la simiente de la personalidad encierra las posibilidades de las futuras experiencias. Es inconsciente porque todavía no se ha vivido.
Ira Progoff, El sueño de vigilia y el mito viviente, en Mitos, sueños y religión, 168
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Yo no he sido
En los tribunales de menores, los jóvenes que han aprendido algo de psicoanálisis pueden decir: 'yo no tengo la culpa, pertenezco al tipo criminal', 'me he liado con mi madre y tengo complejo de Edipo'. Luego viene la prensa y dice: 'bueno, no son los niños los que tienen la culpa, hemos de cuidarnos de los padres'. Éstos a su vez dicen: 'no podemos hacer nada por estar neuróticos, fueron nuestros padres los que nos llevaron a esto'.
Así retrocedemos a la historia del Jardín del Edén, cuando el Señor le preguntó a Adán: '¿comiste el fruto del árbol que te había prohibido que comieses?'. Adán respondió: 'esta mujer que me has dado me ha tentado y lo comí'. Cuando le dijo a Eva: '¿comiste etc...?', ella replicó: 'la serpiente me engañó...' y el Señor miró a la serpiente y ésta no dijo nada. Ésta no le cargó el mochuelo.
Sabía la respuesta porque ella y Dios ya habían acordado, mucho antes de que esto sucediera, detrás el telón antes de que comenzara nada, que iban a representar esta obra porque la serpiente es la mano izquierda de Dios y 'no dejes que tu mano dercha sepa lo que hace la izquierda'. Como podemos ver, éste es el juego: el juego del escondite.
Alan Watts, La mitología occidental, en Mitos, sueños y religión, 24
El cohete fálico
El cohete espacial es un símbolo fálico y un falo hostil. Esto supongo que tiene alguna relación con nuestras deficiencias sexuales. Un falo en el sentido biológico no es un arma; es un instrumento para acariciar. La finalidad del falo es provocar el éxtasis en la mujer y quizá crear un bebé. No es para atravesarla como si fuera una espada.
De ahí que la concepción adecuada de un cohete no debería ser conquistar el espacio... pero, ¿podríamos imaginarnos la idea de dar placer al espacio, nuestra salida de la Tierra para transmitir amor y deleite a otros seres que puedan estar por allí y para fertilizar planetas yermos?
Alan Watts, La mitología occidental, en Mitos, sueños y religión, 22
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