04 junio 2005

Como Boris Grushenko


De este peatón
podemos decir que no sabe vivir en directo. Atesora ilusiones, fantasías filosóficas, incluso siente en la piel las yemas de los dedos de las ninfas y los ángeles. Inventa a Dios en su soledad vaporosa y le dice: "hoy no me falles, te necesito", y habla con él con toda la vanidad y la superstición de los hombres débiles, de los fetos que sólo ven media luz, media oscuridad, y un mundo vivo y palpitante de color placenta.


Pero la quimera cristalina se estrella dolorosamente cuando el peatón debe fiarse más del instinto que de la fe. Como un imbécil, como un títere, todo huesos y ojos, se queda plantado en medio del gentío festivo. Reposa en su ridícula sabiduría, seguro de que los espíritus siderales no le van a dejar solo, de que ocurrirá, tarde o temprano, el pequeño milagro nocturno.

Y así pasan las horas del anciano adolescente, del chiquillo inválido que está ahí de brazos cruzados. Viéndolo me recuerda a Woody Allen en el papel de Boris Grushenko. El desdichado ruso está condenado a muerte por el emperador. Un ángel onírico le dice que no sufra, que a última hora, como pasa siempre, el emperador le va a perdonar la vida y volverá a ver su paisaje y su amada, y aquí paz y después gloria. En la oscuridad de la celda, el confiado Boris, lleno de idealismo navideño, aguarda el perdón salvador. No me acuerdo muy bien, pero creo que el emperador lo veía a lo lejos y se desternillaba.


Joan Pau Inarejos, 2005

3 comentarios:

Judith dijo...

"Un análisis de la inquietud, en la medida de lo posible, aludía siempre a una descolocación, a una excentración con respecto a una especie de orden que Oliveira era incapaz de precisar. Se sabía espectador al margen del espectáculo, como estar en un teatro con los ojos vendados: a veces le llegaba el sentido segundo de alguna palabra, de alguna música, llenándolo de ansiedad porque era capaz de intuir que ahí estaba el sentido primero."

De la Rayuela cortazariana que te resistes a leer, xd.

Judith dijo...

Va, y otra -Julio me las pone a tiro:

"Hacía mal en no luchar por la independencia argelina, o contra el antisemitismo o el racismo. Hacía bien en negarse al fácil estupefaciente de la acción colectiva y quedarse otra vez solo frente al mate amargo, pensando en el gran asunto, dándole vueltas como un ovillo donde no se ve la punta o donde hay cuatro o cinco puntas.

Pero todo era escindible y admitía en seguida una interpretación antagónica: a carácter pasivo correspondía una máxima libertad y disponibilidad, la perezosa ausencia de principios y convicciones lo volvía más sensible a la condición axial de la vida".

Morgar dijo...

Sí sí, a tiro.