
El toro se zambulló al ver que la joven ya no estaba sobre su lomo, y con toda la gruesa piel jadeando bajó a las profundidades mediterráneas. Los pulpos se erizaban y los bancos de peces se desparramaban al descubrir la cornamenta buceante, cortando el agua como un relámpago submarino. El animal rastreó campos de algas y cuevas burbujeantes pero aunque cualquier pestaña de luz podía confundirse con ella, no apareció.
Joan Pau Inarejos, agosto 2005

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