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27 marzo 2016

El siglo de las religiones

Enric Juliana
‘El siglo de las religiones’, especial ‘2100: la vida en el futuro’ en La Vanguardia. 28/3/2016

La cristiandad es la religión de la gran isla americana, donde la soledad, la pobreza y el desarraigo en las grandes ciudades se transforman en marginación y delincuencia, sin jóvenes iluminados dispuestos a suicidarse con un cinturón de explosivos a mayor gloria de Alá y el califato. En la gran isla americana hay competición entre iglesias –dura competición–, pero no guerras en nombre de la religión. Cuando los americanos cultos, sean del Norte, del Centro o del Sur, contemplan lo que está ocurriendo en Eurasia, agradecen que Dios crease los océanos (…).
Extremo Oriente no tiene religión revelada, pero sus formas de espiritualidad invaden Occidente desde hace años. En las grandes ciudades europeas hoy en día hay más gente practicando alguna de las técnicas orientales de relajación y ralentización de la vida –yoga en sus múltiples variantes, taichi, meditación zen…– que personas en misa el domingo. Occidente ha exportado a Oriente las disciplinas de aceleración de la vida y el trabajo, más una gigantesca demanda de productos industriales, en manos del proletariado chino. Oriente ha transferido a Occidente técnicas espirituales de relajación ante la acumulación de estrés y el sinsentido de la vida. La nueva ruta de la seda.

16 abril 2012

El Caballero del Verde Gabán


Enric Juliana
Modesta España. Paisaje después de la austeridad (2012)

Cuatrocientos años después, el Caballero del Verde Gabán vuelve a cruzarse en el camino del hidalgo español, cabizbajo y desorientado tras su súbita e imprevista derrota –en mala lid- ante el Caballero de la Burbuja Inmobiliaria. Don Diego de Miranda, la España burguesa y prudente que no pudo ser, porque pronto se transformó en oligarquía, observa con un punto de ironía al deprimido hidalgo y le pregunta:
-          ¿Adónde va vuesa merced?
-          A la modestia, responde el hidalgo.
La sola mención de la modestia pone en tensión el carácter español. Mala señal: derrota, encogimiento, pobreza de espíritu, ausencia de ambición, declive… La modestia, sin embargo, es un asunto universal (…). El filósofo francés Vladimir Jankélévitch, intelectual judío de origen ruso que consiguió escapar de la persecución antisemita, define así la modestia en su ‘Traité des vertus’ (1949): “Lejos del alfa y omega, el hombre vive, piensa y sufre en la zona claroscura de la semiconsciencia y de la voluntad mezclada. La modestia es el buen uso de esa impureza, que nos mantiene a media distancia de los extremos y nos preserva de los delirios de grandeza y de la neurosis de la pequeñez, de la megalomanía y de la micromanía, o sea, de todo frenesí purista” (…).

La modestia es movimiento, dice el filósofo. Movimiento en el interior del movimiento. Mobilis in mobili. Acción política por tanto. En un momento en que el poder nos pide humildad y arrepentimiento por los excesos cometidos, la modestia sería un buen programa moral frente al cinismo dominante, según el cual, los excesos de unos cuantos –mejor dicho, los excesos compartidos en distinto grado por un amplio espectro social- se convierten en el exceso de todos y exigen la penitencia de todos. Humillación y penitencia de los de abajo porque, desde siempre, suyo es el lugar más cercano al altar de los sacrificios y de la expiación. Lejos de la radicalidad retórica que en estos tiempos confusos mucho agita y nada mueve, la modestia propondría un pacto a los de arriba mientras vamos averiguando hacia dónde vamos. Yo me sacrifico y tú me acompañas. Yo acepto la dureza de los nuevos tiempos, pero tú no me humillas. Yo intento salir ordenadamente de la nave naufragada, esa Concordia que la frivolidad ha arrimado peligrosamente a los escollos y tú, capitán, Francesco Schettino, no te escaqueas.

El Caballero del Verde Gabán, un personaje político.

Enric Juliana
Modesta España. Paisaje después de la austeridad (2012)
Foto: Sancho besa los pies al Caballero del Verde Gabán, Biblioteca de Catalunya


17 enero 2007

Y ZP pidió perdón


JERJES Y MARIANO EN SALAMINA


ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007


Mariano Rajoy es mejor orador parlamentario que José Luis Rodríguez Zapatero. Ayer volvió a quedar de manifiesto, con unas salvedades que expondremos más adelante. Acudió Rajoy al Congreso con uno de sus discursos de nogal con pasamanos de níquel, que suelen ser antiguos y modernos a la vez. Concebidos para dar satisfacción a las exigencias de la comunicación americanizante -frases cortas e hirientes que se hunden con facilidad en la mantequilla zapaterista-, y bruñidos con Netol a la manera de antes.

Son los de Rajoy discursos con viñetas, como aquellas novelas juveniles de la editorial Bruguera con las que algunos aprendimos a amar la literatura. Da caña en el telediario de las nueve, paga el diezmo al radiofonista Losantos, se ajusta, más o menos, a las tácticas zorrunas del periodista Ramírez, y a la vez deleita a los viciosos del verbo y la floritura: ayer sacó a pasear a la carabina de Ambrosio, vieja metáfora castellana de lo herrumbrosoe inútil; a Confucio, sabio entre los sabios, y a Jerjes, el persa, que fue engañado como un chino, por los griegos, en la batalla naval de Salamina. ¡Salamina! Ahí Rajoy estuvo grande, pero mucho nos tememos que las batallas políticas actualmente no se ganan con puño de hierro y alardes de salón literario. Esa aleación es vieja. Hoy las batallas se libran en los pantanales de lo mediático, un medio pastoso en el que hay que saber combinar razón y emoción.

El presidente del Gobierno no es un intelectual. Ni pretende aparentarlo. Su registro es el de un licenciado medio, especialista en lo suyo: la política parlamentaria. Esencialmente, José Luis Rodríguez Zapatero es un capitán de lansquenetes de la brega política, con unas ideas de fondo, con un liderazgo fraguado por dos victorias en el último minuto (en el congreso de su partido y en las elecciones del 2004), y con un dominio innato de la astucia emocional. Asesorado por gente que han pasado más horas en la FNAC que en el Ateneo, la disposición de las naves en la batalla de Salamina le importa más bien una higa. Zapatero es un populista democrático, como la señora Royal en Francia, que por algo se hace llamar la Zapatera.(Un populista en minúsculas, a la europea, no un Hugo Chávez; no vayamos a trabajar gratis para la cofradía de los Peones Negros).

De manera que mientras Rajoy le llamaba tonto, invocando al gran Jerjes, que fue incauto en la hora decisiva; Zapatero se dirigía a los televidentes pidiendo excusas por el error del día 29 de diciembre, cuando anunció que lo de ETA podía ir la mar de bien. En un momento en el que todo el país habla mal de la política, con una acidez y una amargura profundas, reconocer el error: un error de bulto, un error por el que nadie ha presentado la dimisión en los escalones intermedios, es un movimiento emocionalmente certero; por la sencilla razón de que la gente no está acostumbrada a ello.

La batalla de Salamina la ganaron los griegos enviando al campamento de Jerjes a un esclavo que se hizo pasar por traidor. La imagen es bella y de sólo oírla la tercera página deABCya se pone tersa. Pero en la era mediática triunfan las transparencias, sinceras o no. Oír a un presidente del Gobierno pidiendo excusas es una novedad en España. Otra cosa es el recorrido político de esa novedad. Quizá sea corto. E incluso podría ser contraproducente si dentro de unos meses las cosas aún se ponen más feas, porque España es puñetera. A las nuevas generaciones, es cierto, les gusta que la autoridad sea moderna, autocrítica y bondadosa, como el padre de la serie Los Serrano. Pero, cuando van mal dadas, a los españoles les gusta ser mandados. En España hay que saber repartir hostias, escrito sea sin ánimo de ofender a nadie.

Sostiene Gregorio Morán que menos metáforas y más realismo. Que la política es un ejercicio frío, basado en un estricto cálculo de fuerzas y de posibilidades. Bajo esta perspectiva, cuya verdad de fondo no vamos a negar, el discurso pronunciado ayer por Mariano Rajoy es el de alguien que está convencido de que el Gobierno va directo al precipicio y que ETA, como defiende el señor Xavier Bru de Sala, ya da por amortizado al PSOE. De manera que los que hoy no comprendan la dureza del PP, ya la entenderán cuando se celebren nuevos funerales. Con su ángulo cerrado, Rajoy da a entender que su partido quizá sabe más de lo que parece sobre lo que se está urdiendo al otro lado de la muga. Goteras en el CNI, apuntó Erkoreka, portavoz del PNV, partido históricamente atento a los servicios de inteligencia.

He ahí una pista para otra enrevesada teoría de la conspiración. Quizás esté llegando la hora de los Peones Blancos. La hora del delirio definitivo: España, octava potencia industrial del planeta, secuestrada políticamente por el bicho terrorista: Alien destrozando circuitos en la sala de reactores.

Alien dueño del cuarto de máquinas y Zapatero, medio noqueado a finales de diciembre, recuperando el aliento después de la manifestación del sábado en Madrid. Ágil y calculadamente agresivo - se guardó algunas réplicas al constatar la dureza de Rajoy-, con toda probabilidad ganó ayer unos enteros, aunque no logró una mejora sustantiva en el crédito social de la política.

El gran riesgo del PP, como siempre, es el de ir más allá del discurso de la firmeza, con el que la derecha, de una manera u otra, siempre acaba teniendo razón. Si aparece como un partido deseoso de que las cosas vayan muy a peor, naufragará de nuevo.

Populista ateniense, el presidente volvió a poner su estrategia en manos de la opinión pública. Rajoy, personalmente convencido de que su contrincante es un perfecto insensato, apuesta por la hecatombe gubernamental. Y entre las naves persas y la isla de los griegos, emergió el señor Duran Lleida, invocado como mediador. CiU, la desdichada, es ahora en Madrid la gran Artemisa. Artemisa de Caria, la más prudente consejera de Jerjes en la batalla de Salamina.

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007



MIENTRAS UN PÚGIL SE TAMBALEA, SU CONTRARIO CEDE AL RESENTIMIENTO

ANTONI PUIGVERD, 16/01/2007

El presidente sigue noqueado. La metáfora más manida en estos días continúa vigente. En un Parlamento que emula un ring, con diputados gritando como forofos y esperando con avidez que el puño por el que apuestan destroce la mandíbula del orador odiado, Zapatero se tambalea. No está en condiciones de responder con soltura y convicción a los ganchos tremendistas de Mariano Rajoy. Sabíamos que la explosión de la T4 había segado las vidas de dos desdichados emigrantes y que había hundido el puente de la esperanza. Ahora constatamos, alarmados, que el piloto ha perdido el rumbo, pues vacila y balbucea ante los envites del oleaje retórico de Rajoy.

Zapatero pidió comparecer ante el Parlamento para ofrecer explicaciones y dar seguridad a la ciudadanía. No lo ha conseguido. Ha exhibido de nuevo el desconcierto. Incapaz de fijar con soltura el rumbo, no ha tenido más remedio que abusar de la lealtad institucional de CiU (de un Duran Lleida brillante a fuer de austero) y de la protección de los parientes de izquierda (en particular de un Gaspar Llamazares, habitualmente gris, pero eficacísimo, ayer, en su labor crítica de un Rajoy que tiende a confundir la oposición con la sagrada Inquisición). Zapatero balbucea estupefacto y dolorido. Si los explosivos etarras destrozaron su proverbial seguridad, los autos de fe de Rajoy le dejaron en estado de desolación.

El balbuceo de Zapatero es comprensible humanamente. Pero revela una gran flaqueza precisamente en el momento en el que el PP y su entorno mediático intentan demostrar que es incapaz de soportar el peso de la púrpura. No consigue transmitir nada creíble, Zapatero, a una ciudadanía desconcertada por el regreso de ETA, decepcionada por la ruina de la esperanza, apesadumbrada por la tremenda división de los partidos.

Pero tampoco lo consigue Rajoy, de nuevo luciferino y altisonante, muy lejos de aquella personalidad centrista y centradora, siempre anunciada pero nunca realmente florecida. Tampoco Rajoy parece capaz de resistir la presión de su entorno, en el que predomina el resentimiento (pulsión tremendamente peligrosa, pero con una enorme capacidad de enganche). Si Rajoy fuera un delantero o un púgil, los cronistas deportivos hablarían de su "instinto asesino".

Un instinto depredador y egoísta que satisface muchísimo a los que sienten los colores, pero que asusta a los que - no estando ni a favor ni en contra de nadie, por principio- aborrecen la agresividad, la impiedad y el estruendo innecesario. Bien es verdad que los ciudadanos sin prejuicios son cada vez menos y que el forofismo que divide el Parlamento y encona las ondas hertzianas amenaza con infectarlo todo. Mientras tanto, ETA se frota las manos. Escribe Andoni Unzalu en El Correo: "¿Cómo va a cerrar la tienda si nunca ha tenido victorias tan grandes?".

ANTONI PUIGVERD, 17/1/2007 / FOTO: ZAPATERO Y RAJOY EN EL DEBATE SOBRE ETA DEL 16 DE ENERO DE 2007.

18 noviembre 2006

Que vénen els neocons!


ENRIC JULIANA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

Han desembarcat a Espanya unes tècniques de combat polític que trenquen amb la vella cultura del consens. La doctrina neoconservadora –que no es troba en el seu millor moment als Estats Units després de l’immens desastre que ha provocat i seguirà provocant la guerra de l’Iraq- persegueix la destrucció del vell consens, a favor d’un nou ordre basat an la ‘por a l’enemic’. La por com a factor de cohesió social: por al terrorisme, por a la disgregació nacional, por als immigrants, por, en definitiva, a tot allò que és desconegut. Nou consens per a un nou cesarisme. ‘Deride and conquer’ (ridiculitzar i conquerir) és el lema de Karl Rove, el gran assessor electoral de George Bush.

Es pot estar en contra dels ‘neocons’: es pot considerar que són una veritable calamitat per al futur d’Occident i que algun dia hauran de pagar car l’error de l’Iraq. Podem considerar-los una veritable perversió del liberalisme; una mutació genètica, fins i tot, del vell leninisme (molts d’ells, de joves, van ser trotskistes entusiastes), però no se’ls pot negar una certa eficàcia política, almenys a curt termini. Com, en el seu moment, la va tenir el leninisme. No ho oblidem. El leninisme va aconseguir canviar el rumb del món. Les minories agressives, intel·ligents i ben organitzades sempre tenen possibilitats d’èxit en situacions de canvi i confusió.

A Espanya, la doctrina neoconservadora ha trobat un terreny especialment adobat. És com si molta gent l’esperés des de fa temps: a la dreta, després de molts anys de pragmatisme i de subordinació a l’hegemonia cultural de l’esquerra, hi havia set d’ideologia. La convocatòria ha excitat no poca gent educada políticament i sentimentalment per l’extrema esquerra. Un exmaoista com Federico Jiménez Losantos no fa altra cosa que aplicar, en nom d’un suposat liberalisme espanyol, els mateixos mètodes propagandístics de la guàrdia roja del president Mao Tse-tung: desfigurar l’adversari, escarnir-lo una i altra vegada fins a desposseir-lo de tota dignitat. ‘Deride and conquer!’.

ENRIC JULIANA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

31 octubre 2006

Catalunya 2006 (2): Maragall


Pasqual Maragall

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 29 OCTUBRE 2006

Hoy es el último domingo de Pasqual Maragall como presidente de la Generalitat. Es verdad que todavía faltan semanas para la proclamación de su sucesor - semanas que pueden ser inciertas y muy tensas-, pero hoy es su último domingo de navegación antes de llegar a puerto. El día de Difuntos - fecha escogida voluntariamente, con una ironía digna del escritor siciliano Leornardo Sciascia, famoso estas semanas por Los apuñaladores,un libro muy sugerente-, Maragall saldrá del limbo en el que se ha refugiado durante la campaña electoral y volverá a ser un hombre terrenal (¿lo ha sido alguna vez?) con dos títulos que ningún otro catalán ha logrado reunir en la cabecera de su biografía: ex presidente de la Generalitat y ex alcalde de Barcelona.

Maragall es una persona afortunada. Él mismo lo reconocía hace unas semanas en una entrevista, mientras mucha gente comenzaba a añorarlo con una expresión que ha hecho fortuna y que quizá se repita la noche electoral: una expresión que define bastante bien cómo somos los catalanes; contradictorios, católicos de poca misa, genoveses, castellanos en esbozo, clementes, por tanto, y anclados siempre entre el sarcasmo y el arrepentimiento: "¡Pobre Maragall!".

De pobre nada. Pasqual Maragall, que no se ha hecho rico con la política e incluso ha pasado por etapas de padecimiento económico, ha tenido la suerte de poder llevar a cabo dos proyectos biográficos de enorme potencia. Dos proyectos que pueden leerse políticamente como un único trayecto, pero que en realidad presentan notables diferencias de contenido, pese a estar engarzados en el tiempo por una férrea ambición que todavía hoy no es fácil de descifrar. Quedan preguntas sin responder sobre el presidente saliente. Por ejemplo: ¿ha sido Maragall más tozudo que valiente?

Los biógrafos deberán determinar en el futuro si hay o no una ruptura epistemológica entre el Maragall obsesionado en los años ochenta por la autonomía municipal de la Barcelona metropolitana y el Maragall que en el debate del Estatut difumina al máximo la supuesta frontera entre catalanismo y nacionalismo. Deberán examinar también, los atareados biógrafos, cómo evoluciona a lo largo de su carrera la cada vez más compleja relación con sus ayudantes: por qué gobierna Barcelona con un grupo de asesores de primera división norteamericana y emprende la dificilísima aventura de la Generalitat con un equipo escueto en el que prima la mirada agonística del clan familiar.

Maragall no es fácil de resumir. Hijo predilecto de su generación, la del fogonazo de 1968, la del estallido individualista que preanuncia el imperio del ordenador sobre la cadena de montaje, el presidente que se va es un moderno que ha vivido la política como un relato personal e intransferible. Ora genial, ora desesperante. Suyo.

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 29 OCTUBRE 2006

22 octubre 2006

Catalunya 2006 (1): Mas


Tony Blair en Sant Jaume

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 23 OCTUBRE 2006

Tony Blair está a punto de entrar en la historia de Catalunya de la mano de Convergència Democràtica de Catalunya. ¡Quién se lo iba a decir a Pasqual Maragall y a Narcís Serra, con tantos amigos en la London School of Economics, casa madre del nuevo laborismo británico!

Con gran audacia táctica, CDC se ha apoderado de la marca blairista, aprovechando el vudú de la izquierda a la muy detestada foto del triunvirato de las Azores. Convergència viste estos días de corte inglés. Así quedó de manifiesto en el debate del viernes, cuando Artur Mas defendió su propuesta de puntuar a los inmigrantes. Incluso Carod-Rovira, ora en Montenegro, ora en el Támesis, se puso la chaqueta de tweed - "más sociedad y menos Estado", dijo con vehemencia-, ante la mirada entre perpleja e irónica de Josep Piqué.

¿Por qué no es blairista el PSC? Lo fue tímidamente hace unos años, cuando Blair estaba muy de moda, pero el buen rollo de Downing Street con José María Aznar - el Gobierno de Su Majestad, recordémoslo, no tiene amigos, sólo tienen intereses- y el error de Iraq reafirmaron a los nódulos culturales del socialismo catalán en el afrancesamiento de siempre. Con la gauche,hasta la derrota final.

Tanta perspicacia ha dejado vía libre a Convergència para aproximarse con comodidad al mejor político europeo de la década y adquirir a buen precio algunos productos del nuevo laborismo. Ideas interesantes como la del contrato civil de los inmigrantes, estos días ridiculizada como el carnet por puntos de la barretina, por el mal envoltorio con que ha sido presentada.

La réplica de Rodríguez Zapatero - "los seres humanos no se miden por puntos"- es un dardo certero, pero antes de que el gallo del talante haga tres veces quiquiriquí, en España se debatirá muy en serio la necesidad de incentivar el arraigo de los inmigrantes. ¿Cuál ha sido la temeridad de CiU? Seguramente no haber prestado más atención a otro relevante producto del new labour que se llama compasión.

Para los ideólogos de la tercera vía, compasión no es dar limosna al pobre de la esquina, sino sentir un profundo respeto por los más débiles. La imagen del carnet por puntos es muy publicitaria y agresiva. Es tan rompedora que perfora la idea de respeto. Por ello, el catolicismo difuso, auténtica radiación de fondo de la sociedad catalana, se ha puesto inmediatamente en guardia. Es el buenismo, dicen algunos. Gracias a esa radiación, el PSC, inmerso en una fase de aguda pereza intelectual, ha podido decir que la propuesta laborista de Mas divide a la sociedad.

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 23 OCTUBRE 2006

09 julio 2006

El pastor alemán en Valencia

Rosario
en la Malvarrosa


ENRIC JULIANA, La Vanguardia, 8 julio 2006 7 de julio por la noche. Más de 200.000 personas se congregan en la playa de la Malvarrosa de Valencia para participar en el Rosario de las Familias en la vigilia de la visita del Papa.

Vicente Blasco Ibáñez ya no está para contarlo a sus amigos de Hollywood, pero anoche se rezó un rosario en la Playa de la Malvarrosa. La noche era opaca en Valencia: una quietud húmeda y dolorida, una espera; una premonición de tormenta. Los ora pro nobis navegaban por la orilla como sedantes barquitos de papel en busca de Joaquín Sorolla y sus luces. Virgo clemens!, rezaban los Xiquets de l’Altar de Sant Vicent, y la alabanza sonaba desafío en la playa carnal y arrocera; a manifiesto contracultural de la nueva acción católica. Los cirios, a miles, crepitaban.

Blasco Ibáñez, anticlerical impenitente, quizá habría soltado una sonora carcajada en su villa de la Malvarrosa, o se habría liado a tortas con los curas, como había hecho alguna vez de joven en las inmediaciones de la catedral de Valencia. Porque el rosario de la aurora fue suyo. Cuando alguien asegura que algo –el primer tripartito catalán, por ejemplo- “acabó peor que el rosario de la aurora”, se está refiriendo al autor de Cañas y barro y de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, novela que en los años veinte tuvo en Estados Unidos más lectores que la Biblia. Armados con palos aserrados en las pértigas que se usan para navegar por la Albufera, el joven Blasco y sus amigos arremetían de madrugada contra la procesión de la Aurora, en nombre de Voltaire y la causa republicana. Había tumultos y alguna vez fueron presos.

Valencia es así. Es de una dialéctica radical y extreman que se hace difícil de juzgar, porque engaña. El Mercantil Valenciano (hoy diario Levante) que antaño combatía con ardor blasquista el frufrú de las sotanas, ayer regalaba a sus lectores un espléndido suplemento sobre la visita papal. En la primera página de la prensa local hay destellos de la enseña vaticana –blanca y amarilla- mientras en la sección de ofertas los numerosos anuncios de servicios sexuales desbordan todos los perímetros de la prensa española. Hay en esas páginas una reverberación hortofrutícola. Una exageración del deseo y el pecado. Valencia es así.

Valencia, como la parte sur de Italia, de la bahía de Nápoles para abajo, es templo de un catolicismo antiguo y genuino: rural, astuto, capaz de adaptarse a todo, generoso con el pecado y el exceso de lunes a sábado, pero con el confesionario bien abierto los domingos. Un catolicismo libre de cualquier brida luterana, que podría haber quedado reducido a mero folklore. Vivaz y útil, da forma a diversos tipos de vida, y así se adapta a estos nuevos tiempos líquidos. Tiempos que en Valencia transportan muchas ambiciones y generosas recalificaciones. “¡Viva el plan de acción integrada!”, cuentan que se grita en algunas bodas de Levante llegada la hora de los brindis. Y es que en las bodas valencianas de Cannán los campos de sandías y melones se transmutan en metros cuadrados edificables en primera y segunda línea de mar. “¡Viva el plan de acción integrada!”, exclaman los padrinos y no es difícil imaginar al párroco sentado en un ala de la mesa, sonriente ante la paella y el ubérrimo rendimiento de la huerta. Adiós, Voltaire; adiós, Blasco; adiós, Joan Fuster. Valencia es así.
"Ratzinger habla con la claridad
de un laico occidental"


ANDREA RICCARDI, fundador de la Comunidad de San Egidio, entrevistado por Arrigo Levi en La Vanguardia, 8 julio 2006

Entre el Papa Wojtyla y el Papa Ratzinger, ¿cambia algo en las relaciones con las otras confesiones cristianas?

No veo diferencia entre los dos papas, salvo quizá en la relación con la Iglesia ortodoxa. Para los ortodoxos rusos Wojtyla era, por encima de todo, polaco y por ello lo veían como un antagonista. Ratzinger es europeo occidental. En relación con el mundo protestante no veo diferencias. Wojtyla decía: “Con los ortodoxos estamos muy cercanos teológicamente, pero no psicológicamente; con los protestantes ocurre lo contrario”.

¿Y la relación con el judaísmo?

Tampoco en este aspecto existen grandes diferencias entre los dos. Si bien en la visión wojtyliana de los “hermanos mayores” judíos había algo del gran romanticismo polaco, algo de la memoria de la tragedia de los amigos judíos.

Pero también Ratzinger envió su saludo a los “hermanos del pueblo judío, con los que nos une un gran patrimonio espiritual común” y también las “irrevocables promesas de Dios”.

La continuidad es muy clara. Ratzinger posee una rica cultura bíblica, un gusto especial por la palabra de Dios, es un hombre que lleva la Biblia dentro, lleva la Biblia en la cabeza y el corazón. Se nota. Wojtyla era un hombre intuitivo, autodidacta, filósofo y viajero, lleno de curiosidad. Era un hombre del Evangelio. Juntos, los dos últimos papas constituyen la demostración de que el intento, que va desde Maurras hasta el nazismo, de arrancar al cristianismo de sus raíces judías, es una operación maldita que acabó en fracaso. Los dos últimos papas confirman una relación fundamental para el cristianismo. Es lo que decía Pío XI: “Nosotros somos espiritualmente semitas”.

¿Pesa más la opinión del cardenal Ratzinger o la del Papa Benedicto?

Yo no opondría al cardenal Ratzinger y al Papa Benedicto, ni al revés. Tampoco opondría al Papa Wojtyla con su sucesor. El problema es que Ratzinger habla con la claridad de un laico occidental cuando dice que nota la debilidad de un pensamiento moderno relativista, y puede parecerle más desagradable que un Wojtyla, que pensaba lo mismo pero lo decía de una manera distinta y quizá menos orgánica. Recuerde, por lo demás, que en los primeros años de su papado Wojtyla fue un personaje más bien impopular, eran muchos quienes mostraban su nostalgia por las “dudas” de Pablo VI contra las certezas graníticas del Papa polaco. Cuando se hablaba del “Papa polaco” no se indicaba la nacionalidad: se lo señalaba con el dedo como a un Papa medieval. Hemos olvidado esa parte de la historia. ¿Y luego qué ocurrió? El Papa conmovió al mundo, incluso a quienes no compartían su parecer. Más tarde, en 1989, con la caída del Muro de Berlín y el comunismo, Wojtyla ganó. En la historia de la Europa del siglo XX son muy pocos los líderes que han ganado.


El papel del pecado
en la época sin Dios


VICENTE VERDÚ, El País, 6 julio 2006
Los culpables del accidente de Valencia, los culpables del despilfarro del agua, los responsables de la destrucción del planeta, los criminales del tráfico, los infames que incendian los bosques y agrandan el agujero de ozono.
Continuamente, el suceso, por casual que parezca, debe abrir paso a una investigación en busca y captura del culpable. El accidente como accidente es ya inadmisible o inasumible. El azar por el azar no interesa al sueño racional que requiere explicar las tragedias en términos de error humano y no de fatum, a través de circunstancias combatibles y no por destinos ineluctables. De esta regla se deriva la imputación constante a uno u otro técnico, profesional médico, bebedor de cervezas, campista en el bosque, ama de casa que no separa los residuos, conductor con 200 o más caballos. La culpa opera como una emoción certera para perjudicar la felicidad y de cuyo fruto se desprende una lasitud que el poder consume como extraordinaria golosina.
EL TREMENDO ACCIDENTE de Valencia proviene de otro accidente o grupo de accidentes que podrían haber sido evitados en origen. Pero, ¿qué caracteriza al accidente sino su brusca originalidad? Podemos interpretar correctamente todo proceso tras conocer su desenlace pero el desenlace es precisamente la pieza que falta. Para llenar este vacío, tan insoportable como inútil, la sociedad productiva (y del conocimiento) recurre a los implantes de culpa.
La culpa es altamente eficaz. En la búsqueda y conocimiento de los culpables la investigación oficial cobra pleno sentido. De un lado cumple con el deber protocolario del Estado policial pero, de otro extiende sobre la población la idea maldita de que cualquier mal procede de un malvado. No habrá un Absurdo, un punto ciego sin capacidad de investigación sino que en cualquier tesitura será posible localizar al abyecto; la irresponsabilidad, la negligencia, el delito.
Así actúa la actual Dirección General de Tráfico cuando afirma: "No podemos conducir por ti". La DGT lo avisa: la culpa del siniestro será siempre tuya. No cuenta el estado de las carreteras cuyas deficiencias correlacionan directamente con los siniestros. El culpable está en ti.
Y ya no importa de qué sevicia se trate. El consumo urbano de agua en España representa apenas un 8% del consumo total mientras en la agricultura se llega a más del 80%. Ahorrar parte del agua doméstica a través de actos neuróticos como introducir un ladrillo en la cisterna, lavarse compulsivamente o cerrar el grifo a la primera no sirven para nada pero forman parte de las conminaciones culpabilizadoras del ministerio.

LOS ECOLOGISTAS Y SUS PLATAFORMAS son maestros en este arte de la culpabilización y de ellos han aprendido diversas instituciones. Para los ecologistas echar al suelo una pila constituye un gran pecado y no se diga si se lanza a un río. El cambio climático ha logrado la naturaleza de un ser herido o clamante y lo mismo cabe pensar de los polos, del río Tajo y enclaves por el estilo. Todos martirizados por gentes sin escrúpulos (especuladores aparte) y a las que se infunde reiterados sentimientos de culpabilidad. La civilización nos hizo más libres pero su anverso ha sido convertirnos en reos. Pecadores crónicos de una segunda religión. Porque la Religión, ciertamente, nunca desaparece sino que se transforma. Como los hechiceros jamás abandonan su quehacer, sólo cambian sus disfraces.
Acariciábamos la idea de que habiéndose apagado el tronar divino, la vida se aligeraba de remordimientos pero el remordimiento también se recicla y reaparece en forma de una culpabilidad convertida en la pasta básica de una dialéctica social. Una sustancia básica y altamente pegajosa que, como en el caso del accidente valenciano, se transmuta en el núcleo primordial de la noticia, en la reiterada materia de los editoriales o las tertulias y en la psicopatía de la información. Siendo, en consecuencia, olvidado el formidable dolor de las familias, el cruel embate de la muerte súbita y, con todo ello, eludido de nuevo el obligado aprendizaje de la fatalidad.