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20 mayo 2007

¿En qué hablan los judíos?


JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO'

Antes del exilio en Babilonia, los judíos hablaban hebreo, lengua en la que recogieron sus leyendas ancestrales y sus primeros recuerdos históricos. La Biblia está escrita sobre todo en hebreo, aunque varias partes de los últimos libros están en arameo. También la ‘Gemará’ del ‘Talmud’ está escrita en arameo, así como la famosa obra cabalística ‘Zohar’. El arameo era la ‘lingua franca’ de los clanes semíticos del Oriente Medio (asurios, babilonios, hebreos) (…).

El pueblo de Palestina fue abandonando el hebreo y adoptando el arameo desde -500, aproximadamente. Jesús y sus discípulos hablaban en arameo. Desde -300 en las ciudades de la costa se fue imponiendo el griego, pero el arameo seguía siendo la ‘lingua franca’ de los semitas. Esta situación se mantuvo hasta el siglo VII, en que el arameo fue suplantado por el árabe.

Los judíos siempre habían sabido adaptarse a las nuevas tendencias. De hecho, desde el exilio en Babilonia habían olvidado el hebreo, y habían ido adoptando para sus escritos sucesivamente la lengua cosmopolita de cada momento: el arameo, el griego, el árabe, el latín, el alemán y el inglés. Filón escribió en griego; Maimónides, en árabe; Spinoza, en latín; Einstein, en alemán.

El hebreo siempre se había conservado como lengua litúrgica entre los rabinos, pero llevaba casi dos mil años sin hablarse como lengua viva. Era una lengua muerta, como el sánscrito entre los brahmanes de la India o el latín en el catolicismo preoconciliar.

Fuera del contexto litúrgico, los judíos de la diáspora hablaban la lengua del país que habitaban o bien un dialecto de ésta peculiar de los judíos y con algunos hebraísmos, como el ‘yídish’ (dialecto del alemán hablado por los judíos centroeuropeos o ‘ashkenazim’), el ladino (dialecto del español hablado por los sefardíes o ‘sefaradim’) o el mughrabi (dialecto del árabe con mezcla de hebreo y de francés).

“En el Estado de Israel, nada iguala el prodigio taumatúrgico de la resurrección de una lengua que llevaba dos mil quinientos años muerta”

Uno de los logros más sorprendentes del sionismo ha sido el resurgimiento de la lengua y la literatura hebreas, tras un paréntesis de 2.500 años. El movimiento sionista decidió resucitar el hebreo como lengua de comunicación entre los diversos grupos de emigrantes judíos que llegaban a Israel hablando lenguas distintas.

La resurrección del hebreo fue en gran parte obra de un solo hombre, Eliezer Ben-Yehudá (1858-1922). Nacido en Lituania, a los diecisiete años tuvo una revelación: había que restaurar la nación judía en su solar ancestral y había que resucitar su antigua lengua hebrea (…). Los judíos ortodoxos de Jerusalén no estaban de acuerdo con el uso civil y político de la lengua sagrada, y pronunciaron un ‘jérem’ (excomunión) contra Ben-Yehudá. Incluso hoy en día los ‘ashkenazim’ ultraortodoxos siguen hablando en ‘yídish’ y reservan el hebreo para usos religiosos. Per poco a poco, el hebreo fue siendo adoptado primero por las escuelas judías y luego por el Estado de Israel (…).

Con la creación del Estado de Israel se han realizado “milagros” como la irrigación del desierto y la derrota militar de enemigos mucho más grandes y poderosos, pero nada iguala el prodigio taumatúrgico de la resurrección de una lengua que llevaba dos mil quinientos años muerta.


JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO' (2006)


16 mayo 2007

Desahogos líricos del judaísmo

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO'

"Frente al racionalismo y la seca erudición rabínica, la cábala ha apelado a la fantasía desatada"

Además de la preponderante tradición rabínica ortodoxa y de la minoritaria reflexión filosófica con pretensiones racionales, en el judaísmo han existido también corrientes irracionalistas, que han dado rienda suelta tanto a la especulación desenfrenada como al sentimentalismo, los efluvios emocionales y el escapismo, que busca remedios ilusorios y sobrenaturales a los problemas reales de los judíos. Entre estas corrientes se encuentran la cábala, el mesianismo y el jasidismo.

La cábala es el misticismo judío y la presunta sabiduría oculta de los judíos. Aunque las primera ideas cabalísticas surgieron en la antigüedad, en la Edad Media inició su desarrollo en el siglo XI y alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIII y XIV en Sefarad [España] y en el siglo XVI en Sabed (Galilea, en lo que es ahora el norte de Israel). Frente al relativo racionalismo y la seca erudición de la tradición rabínica, que siempre ha constituido la corriente principal del judaísmo, la cábala ha apelado a la fantasía desatada, a la especulación incontrolada y a la búsqueda de lo misterioso y maravilloso, como el trono de Dios o los palacios de Dios.

El nombre de cábala (en hebreo, ‘qabbalá’, ‘lo recibido’, la tradición) alude a la doctrina esotérica recibida mediante revelación divina por ciertos santos de antaño (incluso por Abraham mismo) y transmitida luego en secreto por un grupo de discípulos privilegiados hasta nuestros días. Forma parte de la ley oral y constituye la interpretación mística tradicional de la ‘Torá’. La interpretación cabalística de la ‘Torá’, es sumamente libre y se basa en una exégesis alegórica que extrae de las palabras significados sorprendentes.

Los orígenes de las ideas cabalísticas están sin duda en la influencia gnóstica, neoplatónica y neopitagórica en algunos judíos de la antigüedad tardía, posteriores a la destrucción del templo y la diáspora. Varias de sus ideas más características se encuentran ya en el breve y denso ‘Sefer Yezirá’ (Libro de la creación), que a aparece a principios del siglo VI. El libro describe los 36 medios de que se valió Dios para crear el mundo: los diez ‘sefirot’ (o atributos divinos) y las 22 letras del alfabeto hebreo (…).

Si a la hora de la muerte el alma no ha alcanzado el nivel suficiente de mérito y perfección, volverá a la Tierra a reencarnarse en otro cuerpo y a seguir el ciclo de transmigración hasta alcanzar la pureza requerida para la unión con Dios. El paralelismo con el pensamiento indio en este punto resulta obvio (…).

"En el siglo XVII recibieron con estupor y angustia las tremendas masacres de judíos en Ucrania y Polonia; se interpretaban como signos de que la venida del mesías estaba próxima"

La cábala (…) se extendió por los numerosos ‘shetetls’ (palabra en ‘yídish’ que designa a una pequeña ciudad o aldea de judíos) de Europa Oriental. Los doctrinas místicas se mezclaban con supersticiones más crasas, las historias de ángeles, demonios y golems, los milagros, la magia, los amuletos y conjuros, etc. Parecía como si una oleada de entusiasmo por la sobrenatural fuera ya lo único que ayudara a aquellas pobres gentes a soportar la dura e inclemente realidad. Las ideas cabalísticas se entremezclaban también con la expectativa en el mesías (…).

En 1648-1649, las juderías de todo el mundo recibieron con estupor y angustia la noticia de las tremendas masacres de judíos en Ucrania y Polonia. Parecía que las tribulaciones del pueblo judío habían tocado fondo. Las matanzas se interpretaban como signos de que la venida del mesías estaba próxima. Circulaban rumores de que el mesías estaba ya reuniendo en el desierto a los ejércitos de las tribus perdidas de Israel y que estaba a punto de iniciar la reconquista del país de Israel y el restablecimiento de la monarquía de David (…).

"El pseudomesías había decepcionado y, el movimiento que vino a llenar ese vacío fue el jasidismo o pietismo"

La gran expectación suscitada por el pseudomesías (…) había dado lugar a una decepción y angustia tremendas. Todos esos judíos pobres, despreciados, traumatizados y decepcionados sentían como un gran vacío interior, un gran frío en su corazón. El movimiento que vino a llenar ese vacío y a traer un poco de calor a sus corazones fue el jasidismo o pietismo judío. El jasidismo, en su primera época, era una especie de prolongación del movimiento de falso mesianismo, que buscaba una solución rápida y drástica a los problemas que en aquel entonces aquejaban al pueblo judío, no por medio de un mesías dudoso, sino a través de la fe con corazón alegre y profundo, desprovisto de la mayor parte del intelectualismo que dominaba la religión judía (…).

Contra los ‘jasidim’ se enfrentaban los ‘mitnagdim’ (opositores), partidarios de la forma tradicional, es decir, de la vía erudita y “racionalista”, simbolizada por el estudio del ‘Talmud’, y que miraban con desprecio e indignación la grosería e ignorancia de los ‘jasidim’ (…). Sólo el gran atraso intelectual de Europa Oriental en el siglo XVIII explica la prevalencia de estos movimientos y polémicas.

No hay que olvidar que ya en el siglo anterior Spinoza había llevado la racionalización del pensamiento judío a sus últimas consecuencias, aunque su obra era completamente ignorada en los ‘shtetls’ orientales. Tampoco hay que olvidar que en Europa Occidental el siglo XVIII era la época de la Ilustración, que estaba afectando también al judaísmo, dando lugar a la ‘Haskalá’ o ilustración judía y, en definitiva, a la futura emancipación de los judíos. En cualquier caso, el jasidismo fue la variedad del judaísmo más extendida entre los ‘ashkenazim’ [judíos alemanes] de la época, y todavía pervive en Israel y Estados Unidos.

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO' (2006)

02 mayo 2007

Adán es polvo animado

"No hay en la Torá nada comparable al dualismo platónico; Yahvé crea una figura de arcilla del suelo y le insufla su aliento"


En la Torá [biblia hebrea] no hay atisbo alguno de creencia en la vida las la muerte. Dios promete a Abraham una gran descendencia, pero no la supervivencia personal ni la inmortalidad. Dios siempre interviene para salvaguardar la supervivencia de la nación israelita, no la de los judíos individuales. En algunos lugares la Biblia menciona el Sheol, una vaga y fría región donde los muertos desaparecen lentamente. No es un cielo ni un infierno. Según la leyenda bíblica, Yahvé condujo a los israelitas de la esclavitud en Egipto a la tierra prometida, pero la tierra prometida no incluía promesa alguna de inmortalidad.

Tampoco hay en la Torá nada comparable al dualismo platónico que distingue y separa el alma del cuerpo. Yahvé crea una figura de arcilla del suelo, que primero carece de vida, y le insufla su aliento ('ruaj') en los agujeros de su nariz, con lo que se vuelve un ser viviente ('nefesh'). El humán es polvo, pero polvo animado, ser vivo, animal ('nefesh'). Como más tarde señala el 'Qohélet' [Eclesiastés] (12,7): "El polvo retorna a la tierra de la que salió y el aliento retorna a Elohim que se lo dio" (...).

Los fariseos y luego los rabinos posteriores creían frecuentemente en algún tipo de resurrección o inmortalidad, pero no los saduceos y otros muchos judíos. Este tema de la resurrección y la inmortalidad es prominente en el 'Talmud', hasta el que llega la influencia indirecta del platonismo. Ya en el Renacimiento, el rabino León de Módena (1571-1648) señala que le "espanta el no ser capaz de encontrar en todas las palabras de Moshé ni una sola alusión a la inmortalidad espiritual del hombre tras su muerte física".

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO' (2006)

LA BIBLIA FRENTE AL DUALISMO GRIEGO
EN LA FIGURA DE YAHVÉ Y EN LA CREACIÓN DEL HOMBRE SEGÚN HAROLD BLOOM

Yahvé tiene forma humana

Adán y Eva "oyeron ruido de pasos de Yahvé, que paseaba por el vergel a la brisa de la tarde"

Yahvé es un dios personal y antropomorfo, que habla con Adán y Eva y que modela la estatua de Adán a su imagen y semejanza, lo cual implica que Yahvé mismo debía tener figura humana. Poco después, Adán y Eva "oyeron ruido de pasos de Yahvé, que paseaba por el vergel a la brisa de la tarde" (Gen, 3). Incluso Yahvé cierra personalmente el arca de Noé, una vez que se ha metido en ella Noé, su familia y los animales elegidos. En Deut, 4 se anuncia que "allí [en el exilio] serviréis a sus dioses, obra de las manos de los hombres, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni comen, ni huelen". Por contraposición, se entiende que Yahvé sí que ve, oye, come y huele. En cualquier caso, habla por los codos. Y se enfada, se calma y se apiada. Desde luego, Yahvé no era un ser humano normal, era un dios, tenía poderes portentosos y taumatútgicos, aparecía y desaparecía a voluntad y decidía el curso de las batallas.

Lo más característico del dios de los judíos era su carácter psicológico y político: era intolerante, mandón, celoso e irascible, como el cabecilla de una pandilla. Este dios mandón exigía de sus súbditos una obediencia absoluta e incondicional (...). Además, era un dios extraordinariamente celoso, que no aguantaba que nadie del pueblo de Israel rindiera culto a otros dioses. Y tan pronto se mostraba amable y misericordioso como colérico e irascible. Castigaba un poco atolondradamente, como cuando envía una peste a su pueblo que causa setenta mil muertos por un quítame allí esas pajas respecto a la convocatoria de un censo por David. Luego se da cuenta de lo desproporcionado del castigo y se arrepiente: "Yahvé se arrepintió de la desgracia y dijo al Ángel que había causado el exterminio entre el pueblo: Basta ya, detén tu mano" (Sam, 24). Cuando se dejaba llevar por la ira, era tremendamente cruel y destructivo.

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO' (2006)




19 enero 2007

Cómo nacen las ideas del judaísmo


LA SINAGOGA, en el exilio babilónico

La religión yahvista era una religión nacional y estaba basada en el culto rendido a Yahvé en el templo de Jerusalén. Abolida su monarquía, destruido su templo y desterrados de Jerusalén [siglo VI aC], los exiliados que continuaron fieles al yahvismo se vieron obligados a repensar su religión y a cambiar sus prácticas. Ya no había templo ni altar de sacrificios. Sólo quedaban las tradiciones orales y los escritos sagrados traídos por los sacerdotes, todavía en proceso de reescritura y que acabarían constituyendo la Torá.

En cada localidad de Mesopotamia donde había exiliados yahvistas -donde había judíos-, éstos se reunirían frecuentemente para leer o escuchar la lectura de la Torá, para comentarla, para cantar himnos a Yahvé y para animarse unos a otros, manteniendo vivo el recuerdo de su alianza con Yahvé. Ya que no podían ofrecer sacrificios a su dios, le ofrecían al menos sus palabras, sus plegarias, su música y sus canciones.

Reunión o congregación se dice en griego 'synagogé'. de ahí viene el nombre de "sinagoga" con que se conoce tanto la reunión de la comunidad judía local como el edificio en que tal reunión tiene lugar. En la antigüedad el templo -incluído el de Jerusalén- era la casa de un dios, en que se le cuidaba, se le rendía culto y, en especial, se le daba de comer, mediante la ofrenda de sacrificios comestibles. En el interior del templo sólo penetraban los sacerdotes, que tenían acceso directo a dios. El pueblo permanecía fuera. La sinagoga, por el contrario, era un lugar de reunión para los fieles, para la comunidad creyente, y en ella no habitaba el dios ni se ofrecían sacrificios. La sinagoga -surgida en el exilio de Babilonia como respuesta de los judíos a la pérdida del templo- es también el precedente de las posteriores iglesias cristianas y mezquitas islámicas.



SATÁN, bajo el dominio persa

Durante los dos siglos de teocracia yahvista bajo tutela política persa [siglos VI aC-IV aC], la influencia cultural de la religión de los persas se hizo sentir sobre el judaísmo, como era de esperar. En los textos de esa época aparecen por primera vez temas típicos de la religión mazdeísta, pero completamente ajenos al yahvismo preexílico, tales como la figura de Satán, las jerarquías de ángeles y demonios, el juicio final y la inmortalidad del alma.

En el Iyyob (Job) y en el Dibré ha-yamin (Crónicas) aparece Satán como el adversario de Dios y factor del mal, en claro reflejo de la concepción dualista persa. A la idea de un Satán opuesto a Dios se une la de un juicio final y una vida después de la muerte, con premios para los humanes que en esta vida hubieran estado con Dios y castigos para los que hubieran estado con Satán. Estas ideas persas, a través del judaísmo, acabarían pasando al cristianismo y al islam.

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO', 2006 / fotos: GRAN SINAGOGA DE FLORENCIA Y 'SATÁN CONTAGIANDO LAS ÚLCERAS MALIGNAS A JOB', DE WILLIAM BLAKE, 1826