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22 agosto 2013

El violinista hiperreflexo

Viktor Frankl
La presencia ignorada de Dios (1948)

el violinista
Conocemos el caso de un violinista que trataba siempre de tocar de la manera más consciente posible; desde el ajuste del violín hasta el más insignificante  detalle técnico de la ejecución, todo quería «hacerlo consciente», pasarlo por una autorreflexión. Esto sólo  pudo llevarle, como era de esperar, a un completo fracaso artístico. El tratamiento terapéutico a que fue sometido tuvo que eliminar de una vez para todas esa tendencia a una «hiperreflexión» y a querer como contemplarse a sí mismo; puso sus miras en lo que en otro contexto hemos designado con el nombre de «des-reflexión» (Dereflexion). La acción psicoterapéutica hubo de devolver a este paciente su confianza en el inconsciente, al instruirle de que no dejara en  ningún momento de considerar cuánto «más musical» era su facultad inconsciente que su conciencia. De  hecho, el tratamiento así enderezado condujo a una desinhibición de las «fuerzas creadoras» del inconsciente, precisamente al liberarse el proceso de (re-) producción artística, que es esencialmente inconsciente, de un exceso de conciencia.

el punto ciego
De la misma manera que en el lugar de origen  de la retina, o sea en el lugar de entrada del nervio  óptico, la retina tiene su «punto ciego», así también  el espíritu, precisamente allí donde tiene su origen, es ciego a toda autocontemplación y autorreflexión; allí donde es enteramente primordial, totalmente «él mismo», es inconsciente de sí mismo. Y a él podríamos  aplicar lo que leemos en los antiguos Vedas indios: «Ve y no puede ser visto, oye y no puede ser oído, piensa y no puede ser pensado.»

diversidad de lenguas
 (…) existe un gran número de idiomas; sin embargo ¿no utilizan muchos de ellos un alfabeto común? De alguna manera las diferentes religiones se asemejan en su diversidad a las lenguas. Nadie puede decir que su lengua sea superior a las demás, en todas y cada una de ellas puede el hombre acercarse a la verdad, que es una; y en todas ellas puede también equivocarse e incluso mentir. Así también puede servir al hombre de vehículo cualquier religión para llegar a Dios, al único Dios.

Viktor Frankl
La presencia ignorada de Dios (1948)


20 enero 2012

EL HOMBRE DOLIENTE


Viktor Frankl
El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia


EL MÉDICO NO DEBE FILOSOFAR, SINO OPERAR
“Cuanto más se entregue el médico a su labor, será mejor instrumento de la gracia, más obrará la providencia a través de él”

No debemos preocuparnos del efecto, sino de la intención. La intención es nuestra; el efecto es de Dios. Apenas cabe prever el efecto que su providencia dará a nuestra intención. Cada cual debe cumplir su deber según su leal saber y entender: es lo único que procede. Es un error empeñarse en escrutar la providencia.

Cuando un médico receta u opera, no debe pensar ni en la gracia ni en la providencia, no debe preguntar si es instrumento de la gracia y si está al servicio de la providencia, sino que se ha de concentrar en la receta y en la operación. Cuanto más se entregue a su labor, será mejor instrumento de la gracia, más obrará la providencia a través de él” (1949).

RELIGIÓN Y CONFESIÓN SE NECESITAN
 “La sangre sin venas se derrama; las venas sin sangre se esclerotizan”

El entusiasmo religioso tiende a perderse en lo nebuloso, a diluirse en lo vago, a desvanecerse en lo indefinido (…). La tradición confesional se ve amenazada, a la inversa, por la rigidez y el agotamiento cuando pierde pulso existencial (…): La sangre sin venas se derrama; las venas sin sangre se esclerotizan (1949).

LA ORACIÓN
 “La oración es el único acto que hace presente a Dios como un tú, y no hay que menospreciar que la desgracia enseñe a rezar: las ruinas hacen levantar la mirada al cielo”

¿Quién es capaz de respetar a Dios como un tú? La oración: es el único acto del espíritu humano que puede hacer presente a Dios como un tú. La oración presentiza, concreta y personifica a Dios como un tú. Tal es el aporte de la oración en su sentido más amplio, que no incluye sólo la plegaria sin sonido, sino incluso sin palabras: como hay canciones sin palabras, hay también oraciones sin palabras, y como aquéllas son las más hermosas, éstas pueden ser las más religiosas.

Por lo demás, no hay por qué menospreciar el hecho de que “la desgracia enseñe a rezar” (…). Yo prefiero la religión que se profesa cuando a uno le van mal las cosas (en los Estados Unidos se llama la ‘Fox Hole Religion’) a la religión que sólo se profesa cuando le va bien (yo la llamaría ‘Business Men Religion’). Como ocurre tantas veces, las ruinas hacen levantar la mirada al cielo (1949).

DEFINICIÓN DE POLÍTICA
 “La política ya no es la medicina, sino la psiquiatría a gran escala”

El patólogo alemán Virchow formuló esta frase: “La política no es sino la medicina a gran escala”. El espectáculo político de nuestra época aconseja variar la frase: la política es psiquiatría a gran escala (1949).

LA PERSONA TRAS LA PSIQUE
 “Si la persona no queda intacta en la ruina psicofísica, ¿a quién puede ir dirigido el psiquiatra? ‘No te dejo hasta que llegues a ser tú mismo’”

Si detrás del desarreglo psicótico no estuviera la persona, aunque condenada a la impotencia expresiva e instrumental, si el elemento psicofísico, además de trastornos a la persona, pudiese destruirla, no valdría la pena ser psiquiatra. En efecto, si la persona no queda intacta en la ruina psicofísica, si es ella la afectada por la enfermedad, ¿a quién puede ir dirigida nuestra acción médica? Sólo vale la pena ser psiquiatra mientras podamos serlo, no para el organismo psicofísico, sino para la persona que aguarda a ser liberada, a que nosotros la ayudemos a superar el obstáculo psicofísico (…). Quizá sea éste el santo y seña de toda psicoterapia: “no te dejo hasta que llegues a ser tú mismo” (1949).

CONTRA EL PSICOLOGISMO
 “Para el psicologismo, Bernardette es una histérica, Mahoma un epiléptico y Jesús un paranoico”

El método del psicologismo se caracteriza por una proyección: el psicologismo proyecta todo fenómeno desde el “espacio” espiritual al “plano” de lo psíquico (…): las visiones de una Bernardette no difieren ya de las alucinaciones de una apacible histérica, y tanto Mahoma como Dostoievski aparecen confundidos con los otros epilépticos (…). Binnet hizo el siguiente diagnóstico de Jesús: “paranoia con crisis hebefrénica juvenil” (1949).


TODOS SOMOS ADOPTIVOS
 “En realidad el padre no es progenitor (Zeuger), sino testigo (Zeuge) de ese milagro siempre nuevo de cada hominización”

Cabe afirmar, en suma, que el niño es «carne de la carne» de sus padres, mas no espíritu de su espíritu. Es hijo «corporal» en el sentido más propio del término: el sentido fisiológico; en sentido metafísico, todo niño es hijo adoptivo. Lo adoptamos en el mundo, en el ser. En rigor, el padre de un niño no ha engendrado al niño, no es su «progenitor» (Zeuger); en realidad es sólo esto: testigo (Zeuge), testigo de ese milagro siempre nuevo que es en definitiva cada hominización. En realidad no engendramos a un ser humano; sólo damos testimonio de ese milagro; la existencia personal, como espiritual que es, no se puede engendrar, sino sólo posibilitar. Ella debe realizarse a sí misma en la autorrealización espiritual. (1949)

EL RÍO DE LA VIDA
 “Se habla del río del tiempo, pero sólo se considera la erosión y se olvida la sedimentación; lo acontecido corre hacia la historia

(…) problema de la caducidad: el tiempo pasa, el tiempo fluye, se dice. Se habla también metafóricamente del «río del tiempo» y entonces imaginamos que el tiempo corre desde el futuro, atravesando el presente, hacia el pasado. Pero la mayoría de las personas sufren aquí dos ilusiones: Primero, sólo se suele considerar que ese «río» se excava su propio lecho y, a la postre, cava nuestra tumba; se ve sólo ese modo de fluencia que los geólogos llaman erosión. Es corriente hablar del «diente roedor del tiempo». Y se olvida que el río del tiempo no sólo erosiona, sino que también acumula; lo acontecido y lo creado siguen enriqueciéndose en el pasado; en él se sedimenta lo que fue; en el seno del pasado, lo que fue hunde sus raíces en el suelo y allí perdura. El tiempo pasa, pero lo acontecido corre hacia la historia. Nada de lo que fue puede dejar de haber sido, nada de lo creado o producido se puede erradicar del mundo. Nada se ha perdido irremediablemente en el pasado: todo está guardado imperecederamente en él. Para decirlo de nuevo en terminología geológica: vivimos en un perpetuo aluvión. (1949)

FÍSICA Y MILAGRO
 “No es probable que hoy caiga una teja sobre mi cabeza; sólo un neurótico cuenta con ello; pues bien, también es posible, aunque mucho menos probable, que una teja se eleve verticalmente; ni siquiera un neurótico lo tiene en cuenta, pero el físico moderno sí lo considera”

¿Hasta qué punto es verdad que el milagro requiere ciertos supuestos naturales? ¿No ocurre a la inversa: que el milagro empieza justamente cuando no presupone la naturaleza, sino que ésta queda descartada? No; la física moderna ha enseñado que todo es posible en principio: en esta nueva perspectiva, la ley de causalidad sólo vale en grandes cantidades, sólo es válida «a bulto». Entendámoslo correctamente: todo es posible, pero no todo es probable. También lo improbable está «dentro del orden» y en modo alguno se contradice con las leyes naturales. Sin duda, no es probable que hoy, después de abandonar el aula y de regreso a casa, caiga una teja sobre mi cabeza; sólo un neurótico de angustia cuenta con esta improbabilidad; pero en principio la contingencia es posible. Pues bien, también es posible en teoría, aunque mucho menos probable, que una teja, en lugar de caer, se eleve verticalmente. Esto es tan improbable que ni siquiera un neurótico de angustia lo tiene en cuenta; pero el físico moderno sí lo considera. (1949)


LOS MALES FILOSÓFICOS
 “Al médico se le plantean hoy cuestiones filosóficas, porque si no, difiere del veterinario en una sola cosa: la clientela”

Al médico se le plantean hoy algunas cuestiones que no son de naturaleza médica, sino filosófica, y para las que apenas está preparado. Los pacientes acuden al psiquiatra porque dudan del sentido de su vida o desesperan de poder encontrarlo. Habría que seguir el consejo kantiano de aplicar la filosofía como una medicina. Si esa medicina causa repugnancia, cabe sospechar que es por el miedo a afrontar el propio vacío existencial. Es obvio que se puede ser médico sin apuntarse a tales ideas; pero en ese caso habría que recordar lo que dijo Paul Dubois en una circunstancia análoga: el médico difiere entonces del veterinario en una sola cosa: en la clientela. (1971)

EL PSICOANÁLISIS, COMO LA MITOLOGÍA INDIA
 “Freud despersonaliza al hombre y mitologiza a sus partes: el ello, el yo y el superyó parecen implicados en extraños fraudes y alianzas”

(…) somete la unidad y la totalidad del hombre a una despersonalización, al tiempo que se hipostasian las partes de ese todo e incluso se mitologizan. Por eso J.H. Masserman declara que la mitología psicodinámica no le va en zaga en fantasía a la mitología india: «Después de presentar estas figuras dramáticas, Freud abordó en sus primeros escritos el ello, el yo y el super yo como si estuvieran implicados en extraños fraudes, en alianzas subversivas, en desesperadas resistencias y en pírricas victorias, combates de una viveza y fantasía como sólo cabe encontrar en la mitología india, en la leyenda homérica o en la saga nórdica. (1960)

EL CALEIDOSCOPISMO
 “A través del caleidoscopio se ve siempre lo mismo, contrariamente al prismático; el hombre se limita a diseñar su mundo y se ve sólo a sí mismo”

¿En qué consiste la esencia de la caleidoscopia? A través del caleidoscopio se ve siempre lo mismo, contrariamente al prismático o al telescopio, que nos permite contemplar piezas teatrales o astros. El conocimiento humano se interpreta según el modelo del caleidoscopio cuando el hombre, en el marco de la imagen que el caleidoscopismo se hace de su conocimiento, aparece como alguien que se limita a «diseñar» su «mundo», es decir, como alguien que en todos sus «diseños de mundo» se expresa siempre a sí mismo, y a través de ese «mundo» se ve sólo a sí mismo, al diseñador (…).

¿No es cierto que sólo aquello que es transparente permite ver algo más que su propia realidad? Sólo en la medida en que yo me retraigo, en la medida en que niego mi propio ser, se me hace visible algo que es más que yo mismo. Esa autonegación es el precio que debo pagar por el conocimiento del mundo, el precio que me permite alcanzar el conocimiento del ser, un conocimiento que será algo más que la expresión de mi propio ser. En suma: yo debo pasarme por alto a mí mismo. (1960)

¿HUMILLACIÓN COPERNICANA?
 “La dignidad humana no se resiente lo más mínimo por el hecho de que el hombre no sea el centro del universo, como tampoco la obra de Freud desmerece por el hecho de que el autor no viviera en el centro de Viena sino en su distrito 9”

Una de las afirmaciones de Freud más citadas es la de que el «narcisismo» de la humanidad ha sufrido en tres ocasiones un rudo golpe: la primera vez con la doctrina de Copérnico, la segunda con la teoría de Darwin y la tercera con la doctrina del propio Freud. Quizás esto sea válido por lo que hace al tercero de estos golpes, pero no se comprende muy bien por qué el conocimiento de la ubicación y el origen de la humanidad había de producir un traumatismo; la dignidad de la humanidad no se resiente lo más mínimo por el hecho de que el hombre habite la Tierra, planeta del sistema solar, y no sea el punto central del universo; esto no atenta en absoluto contra la dignidad de la humanidad, como tampoco la obra de Freud desmerece por el hecho de que su autor no pasara la mayor parte de su vida en el centro de Viena, sino en su distrito 9; es evidente que la dignidad de un ser humano o de la humanidad reside en un plano diferente a la localización espacial. Se trata, en suma, de una confusión de diversas dimensiones del ser, de un olvido de las diferencias ontológicas. (1961)

EL DEPORTE COMO ASCÉTICA
 “El deporte no es la catarsis moderna, sino una ascética secular: el hombre tiende a crear la tensión que la sociedad le niega”

El hombre tiende a crear artificialmente la tensión que la sociedad le niega: se procura él mismo la tensión que necesita. Y lo hace exigiéndose algo a sí mismo: fuerza su rendimiento... incluso el «rendimiento» de la renuncia. Y en medio del bienestar, comienza a privarse de algo libremente: crea de modo artificial y deliberado ciertas situaciones de penuria. Y comienza, en medio de la sociedad de la abundancia, a levantar «islotes de ascética», y aquí veo yo la función del deporte: el deporte no es la catarsis moderna, sino que es la ascética moderna. Incluso cuando el hombre es más bien espectador y hace deporte pasivamente, busca la tensión.

Pero el hombre no se limita a crear una penuria artificial, sino que inventa necesidades artificiales: en una época en la que apenas se ve obligado a andar —se desplaza en coche— y apenas tiene que subir —utiliza el ascensor—, le da por escalar montañas. Para él, para el «mono desnudo», según el título de un bestseller, la necesidad no consiste ya en trepar a los árboles; entonces le da por escalar paredes rocosas.

(…) en el deporte competitivo bien entendido, el hombre rivaliza en definitiva consigo mismo; es su propio concurrente. Y se puede demostrar que sólo cuando adopta esta actitud alcanza el máximo de rendimiento. A la inversa, un exceso de intención (la «hiperintención», como se dice en logoterapia) lleva al agarrotamiento, como un exceso de autoobservación (la «hiperreflexión») lleva a la inhibición (…) cuanto más se ansia la victoria, más se escapa ésta de las manos. Aun en la lucha competitiva, en el deporte de la lucha, la mejor motivación podría ser que uno quiera medirse con otro, pero sin intentar directamente vencerle. Cuanto más atento está el luchador a vencer al otro, más se agarrota, en lugar de estar relajado. (1972)

LA NEUROSIS DEL PARADO
 “Cuando lograba integrar un joven en un empleo útil, la depresión cedía; no es el paro el que lleva a la neurosis, sino la conciencia de falta de sentido”

Mi hipótesis fue que esta depresión se debía a una doble falta de identificación: el parado tiende, en efecto, a argumentar así: «Estoy parado, luego soy inútil, luego mi vida no tiene sentido.» Esta interpretación se vio reforzada por algunas circunstancias: cuando yo lograba integrar a un joven parado en un empleo no remunerado, pero útil a la sociedad (una organización juvenil, una universidad popular, una biblioteca pública), la depresión cedía de modo notable, aunque el estómago siguiera protestando como antes, pues hay que tener en cuenta que en los años treinta el paro significaba aún hambre. Se constató, pues, que no es el paro en sí lo que lleva a la neurosis, sino más bien la conciencia de falta de sentido de la vida, y ésta no se remedia simplemente con la red de seguridad social del Estado: esa red tiene mallas demasiado anchas. El hombre no vive sólo de la ayuda al desempleo. (1984)

EL ALMA Y EL MICROSCOPIO
 "Lo anímico no puede encontrarse mediante el microscopio, pero que es un presupuesto para trabajar con el microscopio”

Se nos puede objetar, en efecto, que no es razonable creer en algo invisible; lo obligado sería más bien no creer en lo que no se puede ver. La verdad es que lo invisible, por el hecho de serlo, no tiene por qué ser irreal. Intentare comentarles esto al hilo de un diálogo que sostuve en cierta ocasión: un joven me preguntó qué hay de la realidad del «alma», siendo ésta totalmente invisible. Yo le confirmé que no era posible ver un alma mediante una disección ni mediante exploración microscópica; pero le pregunté por qué razón iba a exigir esa disección o exploración microscópica. El joven me contestó que por amor a la verdad, por interés científico en la búsqueda de la verdad. Entonces le llevé al terreno que yo quería; sólo necesité preguntarle si el «amor a la verdad», etcétera, era algo anímico y, sobre todo, si él creía que lo anímico y cosas como el «amor a la verdad» podían hacerse visibles por la vía microscópica. El joven comprendió que lo invisible, lo anímico, no puede encontrarse mediante el microscopio, pero que es un presupuesto para trabajar con el microscopio. (1949)

LA PARADOJA DEL CEREBRO
 “El órgano de la sensación del dolor es insensible al dolor”

(…) los órganos internos no son generalmente sensibles al dolor (es impresionante observar, por ejemplo, en la operación del lóbulo parietal del cerebro, que es el lugar cortical de la algesia, cómo este lóbulo es inmune al dolor; es decir que el «órgano de la sensación de dolor» es insensible al dolor). (1949)

AÚN ES SÁBADO
 “En el séptimo día, Dios puso las manos sobre su regazo y desde entonces toca al hombre la responsabilidad de lo que hace de sí mismo”

(…) si el Génesis dice que el hombre fue formado en el sexto día de la creación y que Dios descansó en el séptimo día, podemos afirmar que Dios, en este séptimo día, puso las manos en su regazo y desde entonces toca al hombre la responsabilidad de lo que hace de sí mismo. Dios aguarda y mira cómo el hombre realiza creadoramente las posibilidades recibidas. Aún no están agotadas estas posibilidades. Aún aguarda Dios, aún descansa, aún es sábado: sábado permanente. (1949)

NO EXISTE LA SEDE DEL ALMA
 “La idea de la ‘sede del alma’ parece absurda, igual que nadie pensará que la lámpara es la sede de la luz”

(…) la idea de una «sede del alma» parece absurda. Klages previene en este punto contra una «consideración supersticiosa del cerebro» y afirma con razón que la tarea del investigador «no es la búsqueda de una sede del alma, sino de las condiciones cerebrales para los procesos y fenómenos psíquicos». Y aduce este acertado símil: «Una lámpara eléctrica ilumina la habitación. Alguien quita el fusible y la luz se apaga. Nadie pensará que el lugar del fusible era propiamente la sede de la luz.» Hoff dice algo parecido (1. c, p. 233): «Todos saben que un coche cuya bujía no funciona, no puede marchar. Pero nadie afirmará que la bujía impulsa el coche.» (1949)

EL PIANO, METÁFORA HUMANISTA
 “El hombre se relaciona con su organismo como el músico con el instrumento; ¿quién osará afirmar que el arte del pianista se debe al piano afinado?”

La persona se relaciona con su organismo como el músico con el «instrumento». Una sonata no puede ejecutarse sin piano ni sin pianista (…). Ni el mejor pianista puede tocar bien en un piano desafinado (símil de la enfermedad). Entonces se llama al afinador (intervención del médico) y éste afina el piano (símil del tratamiento). ¿Quién osará afirmar que el arte del pianista se debe al piano afinado? El piano afinado no es capaz ni siquiera de suplir los defectos del mal pianista. (1949)

Viktor Frankl
El hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia

09 junio 2006

Los 10.000 mandamientos

VIKTOR FRANKL

Es bien conocida la distinción que ha establecido Maslow entre las necesidades inferiores y superiores. Según él, la satisfacción de las necesidades inferiores es ‘conditione sine quan non’ para poder satisfacer las superiores. Entre estas necesidades superiores enumera también la voluntad de sentido y llega tan lejos que la califica de “motivación primaria del hombre”. Maslow cree que las cosas ocurren de modo que el hombre sólo da a conocer su exigencia de su sentido de la vida cuando todo le va bien (“primero la comida, después la moral”, o, según el adagio latino, “primum vivere, deinde philosophare”).
Pero contra esta opinión, ocurre que nosotros (y no en último lugar nosotros los psiquiatras) tenemos ocasión de observar una y otra vez que la necesidad y la pregunta de un sentido de la vida llamea precisamente cuando todo va de mal en peor. Y así lo confirman tanto nuestros pacientes en su lecho de muerte como los supervivientes de los campos de concentración y de prisioneros de guerra.

En todo momento el ser humano apunta, por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia un sentido que hay que cumplir, o hacia otro ser humano, a cuyo encuentro vamos con amor. Así pues, propiamente hablando, sólo puede realizarse a sí mismo en la medida que se pasa por alto a sí mismo.
¿No ocurre lo mismo con el ojo, cuya capacidad visiva depende de que no se ve a sí mismo? ¿Cuándo ve el ojo algo de sí? Sólo cuando está enfermo. Cuando padezco glaucoma veo una nube y entonces es cuando advierto la opacidad del cristalino. Cuando tengo un glaucoma veo un halo de colores del arco iris en torno a las fuentes luminosas. Pero en esta misma medida disminuye la capacidad de mi ojo para percibir el entorno.

Odio y amor son fenómenos humanos porque son intencionales, porque el hombre tiene siempre motivos para odiar algo y par amar a alguien. Mientras la investigación de la paz se limite a interpretar la agresividad como fenómeno subhumano y no extienda su análisis al fenómeno humano del “odio”, estará condenada a la esterilidad. El hombre no dejará de odiar sólo porque se le explique y se le convenza de que está dominado por impulsos y mecanismos. Este fatalismo ignora por completo que, cuando soy agresivo, no cuentan los mecanismos y los impulsos que hay en mí, que pueda haber en mi “ello”, sino que soy yo el que odio y que para esto no hay disculpas, sino responsabilidad.

En unos tiempos en que los diez mandamientos han perdido, al parecer, su vigencia para tantas personas, el hombre tiene que estar capacitado para percibir los 10.000 mandamientos encerrados en 10.000 situaciones con las que le confronta su vida. Y esto no sólo hace que la vida le parezca de nuevo plena de sentido, sino que él mismo se inmuniza contra el conformismo y el totalitarismo, estas dos secuelas del vacío existencial. Y es que sólo una conciencia despierta da al hombre capacidad de resistencia.

Sentido es, por tanto, el sentido concreto en una situación determinada. Es siempre “el requerimiento del momento”.

VIKTOR FRANKL, Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia, 1977

08 junio 2006

La voluntad de sentido


“Un hombre consciente de su responsabilidad conoce el ‘porqué’ de su existencia y será capaz de soportar casi cualquier ‘cómo’”

En Auschwitz, dos prisioneros habían manifestado sus intenciones de suicidarse. Ambos aducían el típico argumento del campo: ya no esperaban nada de la vida. La terapia consistía en hacerles comprender que la vida sí esperaba algo de ellos. A uno de ellos le esperaba en el extranjero su hijo, un hijo al que adoraba. En el otro caso no se trataba de una persona sino de una cosa: ¡su obra! Era un científico que había iniciado la publicación de una colección de libros aún por concluir. Nadie más que él podía acabar ese trabajo, igual que nadie podía reemplazar al padre en el cariño a su hijo.


Esta unicidad y singularidad que diferencian a cada individuo y confieren un sentido a su existencia, se fundamenta en su trabajo creador y en su capacidad de amar. Cuando se acepta la persona como un ser irrepetible, insustituible, entonces surge en toda su trascendencia la responsabilidad que el hombre asume ante el sentido de su existencia. Un hombre consciente de su responsabilidad ante otro ser humano que lo aguarda con todo su corazón, o ante una obra inconclusa, jamás podrá tirar su vida por la borda. Conoce el ‘porqué’ de su existencia y será capaz de soportar casi cualquier ‘cómo’.


La frontera que separa el bien del mal, y que imaginariamente atraviesa a todo ser humano, fondea en las honduras del alma y hasta allí penetró el bisel de los sufrimientos soportados. La Historia nos brindó la oportunidad de conocer al hombre quizá mejor que ninguna otra generación. ¿Quién es, en realidad, el hombre? Es el ser que siempre ‘decide’ lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas, pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración.


Recuerdo a un colega norteamericano que un día me preguntó en mi consulta de Viena: “¿Dígame, doctor, es usted psicoanalista?”, a lo que yo respondí: “No exactamente; más bien soy psicoterapeuta”. Entonces siguió preguntándome: “¿A qué escuela pertenece?”. “Sigo mi propia teoría; se llama ‘psicoterapia’”. “¿Puede describirme, en pocas palabras, qué quiere decir con este término?”. “Sí”, le dije, “pero antes de contestarle, ¿podría usted definirme en una frase la esencia del psicoanálisis?”. Ésta fue su respuesta: “En el psicoanálisis, los pacientes deben recostarse en un diván y contar cosas que, a veces, resultan muy desagradables de decir”. Le respondí con una rápida improvisación: “Pues bien, en la logoterapia, el paciente permanece sentado, bien derecho, pero tiene que oír cosas que, a veces, son muy desagradables de escuchar”.

“Considero una concepción errónea y peligrosa dar por supuesto que el hombre precisa ante todo equilibrio interior; lo que necesita es esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena”


Los principios morales no impulsan al hombre, no le ‘empujan’: más bien ‘tiran de él’. Diré, en un tono coloquial, que esa diferencia la recordaba continuamente al traspasar las puertas de los hoteles de Norteamérica: hay que tirar de una y empujar otra. Conviene aclarar con rotundidad que en el hombre no cabe hablar de eso que se acostumbra a denominar ‘impulso moral’ o ‘impulso religioso’, interpretándolo igual a cuando se afirma que el hombre se encuentra determinado por sus instintos básicos.


Nunca el hombre se siente impulsado a responder con una preestablecida conducta moral: en cada situación concreta decide actuar de una forma determinada. Y además el hombre no actúa para satisfacer su impulso moral, y silenciar así los reproches de la conciencia: lo hace por conquistar un objetivo o una meta con la que se identifica. Si obrara con el fin de acallar su conciencia se convertiría en un fariseo, y, en ese instante, ya no sería una persona verdaderamente moral. Cierto es que, como reza el dicho alemán, “la mejor almohada es una buena conciencia”, pero la moralidad es mucho más que un somnífero.


Considero una concepción errónea y peligrosa para la psicohigiene dar por supuesto que el hombre precisa ante todo equilibrio interior, o, como se denomina en biología, “homeostasis”: un estado sin tensiones, en equilibrio biológico interno. El hombre no necesita realmente vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta o una misión que le merezca la pena. Vivir sin tensiones a cualquier precio no resulta un procedimiento psicohigiénico. Es más beneficioso sentir la urgencia de una misión por cumplir o el apremio del cumplimiento del deber.


Releguemos la “homeostasis” y situemos en primer lugar la “noodinámica”: la dinámica espiritual dentro de un campo de tensión bipolar, en el cual un polo representa el sentido a consumar y el otro polo corresponde al hombre que debe cumplirlo. Y si la noodinámica significa un proceder válido para las condiciones normales del psiquismo, todavía se presenta más necesario en el caso de individuos neuróticos.

“El hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que la vida le interroga a él”


Cuando los arquitectos pretenden apuntalar un arco con riesgo de hundirse, ‘aumentan’ la carga en la clave, para que así sus piezas se unan con mayor fuerza. De la misma forma, si los terapeutas procuran fortalecer la salud mental de sus pacientes, no deben tener miedo a aumentar la tensión interior, si con ello le conducen a reorientar o encontrar el sentido de sus vidas.

En última instancia, el hombre no debería cuestionarse sobre el sentido de la vida, sino comprender que la vida le interroga a él. En otras palabras, la vida pregunta por el hombre, cuestiona al hombre, y éste contesta de una única manera: ‘respondiendo’ de su propia vida y con su propia vida. Únicamente desde la responsabilidad personal se puede contestar a la vida.

De las múltiples posibilidades presentes en cada instante, es el hombre quien condena a algunas a no ser y rescata a otras para el ser. ¿De esas diversas posibilidades, cuál se convertirá, por la elección del hombre, en una acción imperecedera, en una “huella inmortal en la arena del tiempo”? En todo momento el hombre debe decidir, para bien o para mal, cuál será el monumento de su existencia.


La libertad es una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad es la cara negativa de cualquier fenómeno humano, cuya cara positiva es la responsabilidad. De hecho la libertad se encuentra en peligro de degenerar en mera arbitrariedad salvo si se ejerce en términos de responsabilidad. Por eso yo aconsejo que la estatua de la Libertad en la costa este de los Estados Unidos se complemente con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste.

Al declarar al hombre un ser responsable y capaz de descubrir el sentido concreto de su existencia, quiero acentuar que el sentido de la vida ha de buscarse en el mundo y no dentro del ser humano o de su propia ‘psique’, como si se tratara de un sistema cerrado. La misma argumentación permite afirmar que la auténtica meta de la existencia humana no se cifra en la denominada ‘autorrealización’.

“La verdadera autorrealización sólo es el efecto profundo del cumplimiento acabado del sentido de la vida”


La autorrealización por sí misma no puede situarse como meta. No debe considerarse el mundo como simple expresión de uno mismo, ni tampoco como mero instrumento, o como un medio para conseguir la ansiada autorrealización. En ambos casos la visión del mundo o ‘Weltanschaung’, se convierte en ‘Weltentwertung’, es decir, menosprecio del mundo.


Cuanto más se olvida uno de sí mismo –al entregarse a una causa o a una persona amada- más humano se vuelve y más perfecciona sus capacidades. En efecto, cuanto más se afana el hombre por conseguir la autorrealización, más se le escapa de las manos, pues la verdadera autorrealización sólo es el efecto profundo del cumplimiento acabado del sentido de la vida.


El amor es el único camino para arribar a lo más profundo de la personalidad de un hombre. Nadie es conocedor de la esencia de otro ser humano si no lo ama. Por el acto espiritual del amor se es capaz de contemplar los rasgos y trazos esenciales de la persona amada. Hasta contemplar también lo que aún es potencialidad, lo que aún está por desvelarse y por mostrarse.


Todavía hay más: mediante el amor, la persona que ama posibilita al amado la actualización de sus potencialidades ocultas. El que ama ve más allá y le urge al otro a consumar sus inadvertidas capacidades personales. En logoterapia el amor no se interpreta como un mero epifenómeno de los impulsos e instintos sexuales, según el proceder del mecanismo llamado sublimación. El amor es un fenómeno tan primario como el sexo.

Jamás el ensimismamiento del neurótico por sí mismo, ya sea en forma de autocompasión o de desprecio, es capaz de romper el círculo vicioso. La clave de la curación se encuentra en la autotrascendencia, en la trascendencia de uno mismo.



VIKTOR FRANKL, “El hombre en busca de sentido”, 1946-1962

24 julio 2005

Y Frankl dijo: dame un imán


El sentido no se inventa: frente a Sartre, afirma Frankl que la persona no se inventa a sí ex nihilo, sino a partir de un sentido que descubre. El sentido, por tanto, es algo objetivo que invita a ser realizado. Es una posibilidad que resalta como valiosa.

No es la finalidad del ser humano la de sobrevivir sino la de orientarse hacia su plenitud. ¿Cómo? Mediante la realización de valores. Por tanto, la persona está orientada hacia algo que no es ella misma, sino que la trasciende: un horizonte de valores.

El descubrimiento de este sentido y estos valores unifica la vida, la integra, “es como cuando ponemos un imán debajo de un montón de limaduras de hierro y éstas se ordenan instantáneamente. Pero los valores no se perciben sino bajo la invitación a su realización. Por eso afirma Frankl que “no podemos enseñar valores: debemos vivir valores”. Al igual que en Scheler, los valores no se enseñan sino que se muestran en la persona que los encarna. El testimonio y la presencia del maestro, o del terapeuta, o del amigo, es el que, por empatía, puede despertar la estimación del valor en otro.

Ante el sentido existencial “no se responde con palabras, sino con acciones responsables”. Ante el problema de la existencia “no contestamos con palabras, sino que toda nuestra existencia es nuestra respuesta”.

"Quien tiene un porqué para vivir puede soportar cualquier cómo". "Al homo sapiens contraponemos el homo patiens. Al imperativo 'saperem aude', salimos al paso con el 'pati aude': osa sufrir". Encontrar un sentido en el sufrimiento hace a la persona capaz de crecer y vivir con aquel. Cuando no se percibe este sentido, aún las más pequeñas dificultades se hacen insoportables. ´

Y esto no es una teoría o una ideología, sino una experiencia existencial del propio Frankl. Así lo experimentó él mismo en Auschwitz: las personas con más capacidades de sobrevivir no eran las más fuertes físicamente, sino las que contaban con una clara orientación existencial, con un 'por qué' por el que vivir.

Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 81 (2005)

Más Frankl: la noodinámica


Frente a las propuestas existencialistas, no acepta Frankl que la Autorrealización sea el valor supremo, ni el fin último de la existencia humana. En realidad, la realización de la persona no es meta sino consecuencia: “el hombre, en último término, puede realizarse sólo en la medida en que logra la plenitud de un sentido en el mundo”. Y es que para Frankl, el dinamismo esencial de la persona, su fuerza primaria, es la voluntad de sentido.

Con la expresión ‘voluntad de sentido’ está Frankl posicionándose explícitamente frente a la voluntad de poder (de Nietzsche o de Adler) y a la voluntad de placer (el principio de placer de Freud) como motores últimos del comportamiento humano. Si la persona busca directamente su realización, está llamada al fracaso. La vida humana no consiste en realizar meras posibilidades en tanto que posibilidades, sino en realizar posibilidades en cuanto valiosas.

“Lo que el ser humano quiere realmente no es la felicidad en sí, sino un fundamento para ser feliz”. La felicidad, igual que el placer, son esquivos si se procuran por sí mismos, dando lugar a diversas neurosis. Cuanto más se procura el placer más se diluye. La clave de la felicidad está, por tanto, en no buscarla por sí, en no buscarse a sí como meta, sino en vivir hacia algo o alguien con olvido de sí. La vida sólo se vuelve sobre sí cuando ha fracasado la búsqueda de sentido.

En conclusión: el dinamismo más profundo del ser humano no es el placer, ni el poder, ni la felicidad, sino el deseo de sentido. El deseo de placer y el deseo de poder como fin existencial sólo se imponen cuando se ha frustrado el deseo de sentido. Y ese deseo implica no sólo abrirse al encuentro de sentido, sino abrirse también al encuentro de aquel con quien vivir ese sentido.

Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 74 (2005)

Frankl contra Freud (y 2)


La persona no es libre 'frente' o 'contra' unos impulsos, sino 'sobre' ellos. Libertad, o voluntad libre, es la capacidad de disponer de los propios impulsos. Los impulsos y tendencias son la fuerza del psiquismo, su energía, pero siempre son materia que debe ser conformada. En este sentido el Yo no es un títere del Ello, sino que el Ello siempre lo es de un Yo, que es quien tiene la fuerza.

Y cuando la persona, de hecho, se ve arrastrada por diversas tendencias externas o internas, es porque así lo ha decidido. Libertad significa capacidad de disponer sobre las tendencias para organizarlas, negarlas, afirmarlas e, incluso, para dejarse arrastrar por ellas. La persona puede ‘abdicar’ libremente de su libertad.

Frente al automatismo de concepciones psicológicas como la de Freud, Frankl asegura que la persona está llamada a ser autonomía. Es autonomía a pesar de la dependencia. La persona ‘tiene’ tendencias biológicas y psíquicas pero no se reduce a ser un haz de tendencias o impulsos. La persona puede ser dueña de ellos, adoptar ante ellos un comportamiento. Al igual que Scheler, también afirma Frankl que la persona es el ser capaz de decir ‘no’.

Para Frankl, “cuanto más vivo es el sentido de responsabilidad de un hombre, tanto más fuertemente está inmunizado contra la neurosis, el vacío existencial. Precisamente el neurótico es aquel que elude su responsabilidad, que se desentiende de su vida y se abandona a lo que juzga inevitable. La persona inmadura o el neurótico, para autojustificarse, niega su responsabilidad, lo que es una manera de negar su libertad.

“Por ese motivo se disculpa aduciendo variados argumentos: esconde su libertad tras supuestos determinismos del medio ambiente, del mundo interior o de la convivencia con los otros seres humanos”. De este modo, quien niega su responsabilidad ante su vida, cae en el fatalismo que se manifiesta en forma de conformismo.


Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 69 (2005)

16 julio 2005

Frankl contra Freud


El ser humano, en realidad, no huye de las tensiones sino que las necesita para crecer y, precisamente, la ausencia de tensión es lo que le neurotiza y destruye. ¿Cómo lograr esa tensión? Desde el compromiso con el horizonte aixológico descubierto en el sentido existencial, es decir, desde tareas, situaciones y encuentros que sean valiosas. Desde aquí la persona es capaz de enfrentarse creativamente a las dificultades.

Dice Viktor Frankl: "Considero un concepto falso y peligroso para la higiene mental dar por supuesto que lo que el hombre necesita ante todo es equilibrio o, como se denomina en biología, 'homeostasis'. Es decir, un estado sin tensiones. Lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. Lo que precisa no es eliminar la tensión a toda costa, sino sentir la llamada de un sentido potencial que está esperando a que él lo cumpla. De una manera semejante a como lo formulan muchos existencialistas y personalistas, para Frankl, desde su sentido existencial, la persona opta entre posibilidades. En esas posibilidades no sólo elige opciones, sino que se elige a sí mismo, su propia figura.

La persona es constitutivamente llamada. Y su responsabilidad es la respuesta. Esta llamada es, en general, una llamada desde un sentido. Y es que la persona, según Frankl, no es su propio fin, sino que su propia vida es llamada a realizar un sentido que descubre en él pero que le trasciende: "El hombre apunta por encima de sí mismo hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia alguien".

Xosé Manuel DOMÍNGUEZ PRIETO hablando sobre la psicología humanista de Viktor FRANKL, en 'Personalismo terapéutico', 54 (2005)
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