09 enero 2012
La Navidad inventada de Dickens
Ada
Castells
“Dickens se inventó esa Navidad blanca,
familiar, que poco tiene que ver con la de Jesús, nacido en una de las zonas
más calientes del planeta (…) Paradojas de la historia: su deseo de denunciar
las diferencias entre ricos y pobres durante la Revolución Industrial ahora es
cebo sentimental para animar el consumo”
Afirmar que Dickens se inventó la Navidad no es ninguna
exageración. De hecho, nos ampara el título del estudio de Les Standiford, ‘The
man who invented Christmas’, pero quizás tendremos que matizar. Dijéramos que
Dickens se inventó esa Navidad blanca, familiar, acogedora, con árbol y
chimenea, que poco tiene que ver con la de Jesús de Nazaret, nacido en una de
las zonas más calientes del planeta. Es gracias al trabajo contrareloj de un
escritor con intenciones moralizantes, que ahora ponemos al niño Jesús en medio
de la nieve, una transgresión climática fruto de las reiteradas nevadas que
cayeron en la Inglaterra victoriana. Concretamente Dickens se inventó lo que el
marketing ha resumido como el lema de el Espíritu de la Navidad. Paradojas de
la historia: su deseo de denunciar las diferencias entre ricos y pobres durante
la Revolución Industrial ahora es cebo sentimental para animar el consumo.
En 1843, Dickens escribió ‘Cuento de Navidad’, el primero de
una serie de relatos que debía entregar anualmente durante estas fechas con la
autoconfesada intención de “despertar ancestrales sentimientos de amor”. En su
cuento más célebre, el protagonista es el amargadp Ebenezer Scrooge, a quien se
le van apareciendo los tres espíritus del pasado, presente y futuro, con la
clara intención de que acabe entendiendo de una santa vez que, si consigue
cambiar su manera de ser, su destino mejorará. Tenemos los elementos marca de
la casa: crítica a las desigualdades económicas, niños desamparados, llamada a
la compasión, y un buen mensaje moral, todo servido con un punto de humor y
mucha sensibilidad (…). No en vano la prensa británica hablaba estos días de
las navidades dickensianas, refiriéndose a la crisis. Desgraciadamente, los
despropósitos egoístas de su eterno personaje Míster Scrooge resultan muy
actuales.
Ada Castells
Artículo
‘El espíritu navideño’ en el suplemento Cultura/s de ‘La Vanguardia’,
21/12/2011 Foto: película de 'Cuento de Navidad' de Robert Zemeckis
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literatura,
sociología
08 enero 2012
‘Sherlock Holmes 2’: a los pies de Sherly
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Parecía difícil igualar la carga de
adrenalina de la primera entrega, que nos descubrió un Sherlock Holmes playboy y socarrón, de lengua viperina,
acerada inteligencia e irresistibles dotes para la acción. Algo así como un
cruce feliz entre House, James Bond y el agente Hunt de Misión Imposible. Parecía
difícil seguir a la altura de esa brillante frivolidad, gozosamente sacrílega
para con las fuentes literarias (a Conan Doyle aún le dura el jamacuco en la
tumba). Pero ellos lo han logrado.
Ellos son, por supuesto, Guy Ritchie y
Robert Downey Junior. Al director le corresponde el honor de habernos
electrizado nuevamente con un guion de hierro, unos diálogos crepitantes y esa fenomenal
fotografía de una Europa glam, videoclipera
y a mucha honra, donde la estética ochocentista y la posmoderna lucen una
sorprendente aleación. El pelirrojo ex de Madonna ya se ha ganado un nicho en
la modesta historia del espectáculo.
Y en cuanto a Downey Junior, lo propio
sería levantar las manos del teclado y aplaudir. Desconocemos si las idas y
venidas al mundo toxicológico tendrán amorales efectos inspiradores, el caso es
que el actor neoyorquino se supera a sí mismo ya no interpretando, sino convirtiéndose
física y psíquicamente en ese Sherly
Holmes (evoca sin querer a Indy
Jones), un detective-espectáculo más canalla y travesti que nunca, con escenas
directas a la antología: véase su momento de transformismo en el vagón del
tren, sus desternillantes lances homoeróticos con el doctor Watson (Jude Law),
los experimentos selváticos en el piso o una soberbia autoreivindicación final
del personaje que no desvelaremos.
¡Ah! Y no hemos hablado de la vibrante
banda sonora, ni de la madera cómica de los nuevos secundarios, ni de las
vacilonas ralentizaciones en la persecución del bosque, ni de la hilarante
resaca de Watson, ni de la hiperbólica partida de ajedrez del siniestro
profesor Moriarty (Jared Harris), ni de las ganas irresistibles de ver la
tercera entrega que sobrevienen en el minuto 129, justo antes de los créditos.
‘The artist’: blanco y negro sin mácula concebido
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Eso sí que es un envite. En pleno jolgorio
del cine en 3D, de la vigorexia digital y del macroespectáculo holográfico, llega
a nuestra cartelera –llama discretamente, entra por la puerta, deja el abrigo-
nada menos que una película muda y en blanco y negro.
Podría ser la enésima operación de tuneo,
parodia o deconstrucción autoral de materiales nostálgicos. Pero ¡oh sorpresa!,
’The artist’ de Michel Hazanavicius, pese a sus guiños inconfundiblemente
modernos, consigue trasladarnos la genuina ingenuidad o, si se permite la
cursilería, la pureza de corazón de aquel cine sin palabras de nuestros
bisabuelos.
El actor francés Jean Dujardin se mete en
el túnel del tiempo, tinte negro y mostacho mediante, para mimetizarse
asombrosamente con un galán fachendoso y encantador que responde al célebre nombre
de George Valentin. A su lado, Peppy Miller, una Cenicienta retro (Berenice
Béjo), se convierte en su fan número uno, para más tarde hacerle sombra como
nueva diva del cine sonoro.
Ese tránsito del cine mudo al sonoro, de
los felices 20 al crack del 29, de la comedia feliz al drama desgarrado, es la
originalísima espina dorsal de la historia, en la que George será espectador de
su propia decadencia y, en una escena insuperable, se soñará a sí mismo como un
hombre mudo, aislado en medio de un mundo que ya habla.
El resto es romanticismo sin mancha ni
matiz, de la mejor alcurnia clásica y quizá simplona a nuestros ojos curtidos
de cinismo: Peppy abraza un colgador con el traje de George, al que suple con
su propia mano hasta que el galán llega y descubre la escena con una sonrisa
cómplice; el actor arruinado se contempla reflejado en un escaparate, mientras
la joven llora glamourosamente en el coche en una imagen digna de póster pop; y
para los anales el encuentro final, donde la música calla y asistimos a la
magia del puro showing, del cine que
habla al corazón sin verborreas ni barreras de ninguna clase.
Cierto que el cine mudo, como el blanco y
negro, no lo era por convicción estética, sino por necesidad técnica, pero si
algo confirma justamente ‘The artist’ es el gran poder embellecedor de mirar
atrás.
07 enero 2012
‘Immortals’: mitología XXL
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6
El lema de esta adaptación de las luchas
entre dioses y titanes sería algo parecido al citius, altius, fortius de los latinos (más rápido, más alto, más
fuerte) solo que, eso sí, en su versión estrictamente McDonaldsiana: más carne,
más salsa, más ketchup, marchando un Big Mac de la mitología griega.
En ese sentido, el trago es jugoso: los productores
de ‘300’ retoman y aumentan sus escenografías barrocas, de atmósferas doradas y
videojuegueras ralentizaciones, con carnes y metales que relucen en toda su viril
prolijidad por obra y gracia de los pinceles digitales, como si Caravaggio y Annibale
Carracci se hubieran coaligado con PlayStation y Nintendo.
Huelga decir que la historia es lo de
menos: la inventada remasterización del héroe Teseo (hipermusculado Henry
Cavill), enfrentado al temible rey Hiperión (hiperfreaky Mickey Rourke) no es
más que un vulgar pretexto para que nos asomemos a esos asombrosos acantilados,
paisajes oníricos y vertiginosos hasta decir basta, o para que nos introduzcamos
por esos interiores palaciegos reinterpretados en clave posmoderna y casi
almodovariana, con profusión de penumbras y colores agresivos (otra cosa es qué
les parecerá a los helenistas de pro que los antiguos templos parezcan
prostíbulos).
En esta desprejuiciada operación de tuneo,
el Olimpo toma los inconfundibles perfiles de la carroza del Orgullo Gay (el
vestuario es pura parodia descacharrante) mientras la atormentada vidente Fedra
(Freida Pinto) pasa de las profecías al catre sin la más mínima justificación
narrativa, únicamente para garantizar la imprescindible escena de refriega
carnal.
Atención al plano final, un glorioso contracenital
de imposible realización, que hace cobrar vida a aquellas cúpulas barrocas
donde dioses y santos se encaramaban al cielo sobre nuestras cabezas. E insistir
que, por el amor de Zeus, a nadie se le ocurra buscar ningún objeto de valor en
el guion.
(vista en 2011)
31 diciembre 2011
LOS SUEÑOS MÁS CURIOSOS DE 2011
El 2011 también nos ha
dejado narrativas secretas e intransferibles, a medio camino de las
experiencias y las lecturas. Los sueños ¿nos pasan o los visionamos? ¿Somos sus
autores o sus espectadores? Valgan estos bizantinos interrogantes para lanzar
mi personal listado de las imágenes oníricas que más me han sorprendido en los
últimos doce meses.
1 EL RÍO DE FUEGO
Veo el
río Llobregat convertido en un gran río de fuego, por causa de un extraño y
apocalíptico incendio, que, paradójicamente, parece avivarse y tomar cuerpo en
las aguas, como salido de un cuadro de El Bosco… LEER
MÁS
2 EL NIÑO-PERLA
En casa
de mis padres hay niños muy pequeños, de aspecto muy frágil. Uno de ellos tiene
un aspecto insólito: está anclado en el sueño como un mejillón o una perla
incrustada en un lecho blanquecino y blando… LEER
MÁS
3 VISIÓN DEL APOCALIPSIS AL PARAÍSO
Me
encuentro entre una gran multitud cuando, de repente, empieza el Apocalipsis
descrito por la Biblia. Plagas, meteoritos, incendios… Rompo a llorar hasta
hasta que veo un templo de paredes transparentes sobre un acantilado… LEER
MÁS
4 PEQUEÑOS ELEFANTES MUERTOS TRAS UN INCENDIO
Una
multitud de pequeños pequeños elefantes aparecen rodeados de tierra y con las
cuatro patas en el suelo, cual víctimas de una antigua erupción volcánica... Me
dan mucha lástima y espanto… LEER
MÁS
5 PALOMAS AL VUELO Y NIÑOS-ÁNGELES EN LA FUENTE
Una
bandada de palomas arranca al vuelo al paso de un asno que lleva un carruaje, con
el sol del atardecer iluminando la escena, mientras unos niños
pequeños disfrazados de ángeles se congregan alrededor de una fuente… LEER
MÁS
6 LA LÁMPARA EN FORMA DE MANOS
Su forma
consiste en dos manos de cristal blanco, como alas de paloma, cuyos dedos se
pueden articular. Parecen las manos de Dios o de la Virgen, como cobijando las
almas durmientes durante la noche… LEER
MÁS
7 OCULTAN A UN ALIENÍGENA TRAS CAER UNA NAVE
El
astronauta tripulante consigue zafarse del lugar del siniestro, y lo hace en
secreto, ya que esconde con él un alienígena. El astronauta se refugia en una
casa familiar y oculta a la criatura en una habitación… LEER
MÁS
LO MEJOR LEÍDO EN 2011
por JOAN PAU INAREJOS
Procedo a recapitular lo más interesante que he leído este
año, recordando siempre que no me atengo a la actualidad editorial sino a la
verdadera, a la biográfica o la del espíritu por
decirlo así –ya que un teólogo encabeza la lista-, que es la que hace que libros
de distintas décadas o siglos sean igualmente afluentes en el río de nuestro
fuero interno como lectores.
Desde un explicito punto de vista cristiano, el teólogo asturiano fallecido en 1996
reconcilia vigorosamente a Dios con el evolucionismo y sondea con pluma firme la
experiencia radical del mal, que hace tan imposible minusvalorarlo como inmoral
claudicar ante su presunto carácter inevitable: el cristianismo es
intrínsecamente dinámico y optimista, no mira a la calamidad del pasado sino al
éschaton, al día sábado de la
creación. LEER FRAGMENTOS
2 Música para los instrumentos del
cuerpo de Mario Satz ***
El poeta y erudito
hispano-argentino nos propuso en 2010 esta peculiar enciclopedia cultural del cuerpo humano: apoyándose en datos científicos pero sin caer en la mera descripción, traza un bello y completo catálogo de las metáforas anatómicas, de modo que el cerebro es un árbol interior, el hígado una reserva nocturna y el pecho femenino el lugar donde peregrinan los hombres para recostar sus cabezas. LEER FRAGMENTOS
3 Comunicación sobre el muro de Antoni Tàpies y José Ángel
Valente ***
El artista y el poeta reflexionan sobre el muro en esta breve
y brillante compilación de diálogos entre los años 60 y 2000. Apasionada
apología de la filosofía oriental: no se trata de querer poseer y colonizar la
materia, sino de ser “penetrado por ella” (“crear es generar un estado de
disponibilidad, un espacio vacío”). Y recordatorio de que la materia, con sus
pigmentos, texturas y fangosidades, es el verdadero hogar del neuma y de lo vivo. LEER FRAGMENTOS
4 Diccionario de los sentimientos de José Antonio Marina y Marisa
López ***
La prosa amena y hermosa
del sabio toledano vuelve a surfear por las páginas de este tratado –que no es
tal, sino otra de sus detectivescos atestados culturales- acerca de las
emociones humanas, donde se iluminan lazos léxicos entre el cansancio y la tristeza (tribu de los baijing mediante), entre la blandura y el amor, o entre el vocablo alegría
y el triunfo de la vida, luminosamente elevado sobre el efímero placer. LEER FRAGMENTOS
5 El Aleph de Jorge Luis Borges ***
Empezando a descubrir al
célebre escritor argentino, rompí el hielo con este recopilatorio de relatos breves,
que dan cuenta de su estilo sumamente barroco, un laberinto denso y poco
agradecido donde a veces se topa uno con giros poéticos sorprendentes: “la luna
de Bengala no es igual a la luna del Yemen, pero se deja describir con las
mismas voces”; “Rígida entre las flores
la dejé, perfeccionando su desdén por la muerte”. LEER FRAGMENTOS
MEJOR CINE VISTO EN 2011
por JOAN PAU INAREJOS
¿Se puede ser padre y amante en la misma suite? Habría que
hacer un monumento a Sofia Coppola por explorar con tanta certeza y simplicidad
la disolución de los roles modernos LEER
MÁS
2 MELANCHOLIA
Impresionante retablo dramático y visual de Lars Von Trier
para ilustrar la soledad absoluta del ser humano en un universo agresivo e
indiferente LEER
MÁS
3 UN
DIOS SALVAJE
Polanski
pega un desvergonzado salto de género con esta brillantísima adaptación de la comedia
teatral de Yasmina Reza. Cuatro actores en estado de gracia divina (nunca mejor
dicho) LEER MÁS
4 LA
PIEL QUE HABITO
¿Alguien en sus cabales puede mezclar el terror gótico, el
culebrón latino, la ciencia-ficción y la psicopatía sexual sin morir en el
intento? Sí, por supuesto, ¡Peeeeeeedro! Almodóvar LEER
MÁS
5 PAUL
La cosa va así: dos fans de la ciencia-ficción topan con un
alienígena y lo suben a la furgo. Pero alto. No es la comedia chusca, casposa y
previsible que podría esperarse LEER
MÁS
6 CHICO
Y RITA
Javier Mariscal y Fernando Trueba han manufacturado un
monumento a la sensualidad y a la alegría de vivir en dos dimensiones, ahora
que las 3D son poco menos que dogma trinitario LEER
MÁS
7 RANGO
Esto hay que celebrarlo. Por una vez, el protagonista de una
zoofábula animada no es una mascota entrañable de ojos tiernos, sino un
camaleón decadente y poco atractivo LEER
MÁS
¡y CISNE NEGRO!
DIOS COMPATIBLE CON DARWIN
Juan Luis Ruiz de la Peña
Teología de la creación
(1988)
DIOS, CATALIZADOR DE LA
EVOLUCIÓN
“Dios opera
desde dentro de la causalidad creada informándola, potenciándola, para hacer
factible que ella misma traspase su límite; los seres se auto-trascienden”
Es evidente que la definición clásica de creación como
producción de algo a partir de la nada (“productio rei ex nihilo sui et
subjecti”) no puede aplicarse a la totalidad de lo real; tal definición
convenía a una cosmovisión estática, en la que la pluralidad de las criaturas
emerge acabada y conclusa en su ser respectivo desde el comienzo (…) pero no a
la cosmovisión evolutiva actualmente vigente (…). Hoy sabemos (…) que casi todo
procede de algo (…); puesto que hay una cosmogénesis, una biogénesis y una
antropogénesis, todos los seres se prolongan hacia atrás, hunden sus raíces en
formas de ser anteriores e inferiores, de las que proceden por evolución (…).
Si, en efecto, se toma en serio el hecho de la evolución, que sustiture la
cosmovisión estática de un universo fixista por la cosmovisión dinámica de un
universo en proceso de autodesarrollo progresivo, tal hecho está implicando que
se da en la historia del cosmos un permanente plus-devenir; los seres se
autotrascienden, rebasan su umbral ontológico, van de menos a más. ¿Cómo es
ello posible?
¿Cómo lo más puede salir de lo menos, siendo así que nadie
da lo que no tiene? La respuesta no puede hallarse en la sola causalidad
creada; tiene que estar en la causalidad divina; una causalidad no inferior en
rango ontológico a la de la productio ex nihilo y que, por tanto, ha de ser
llamada creación. Esa causalidad creativa es de orden trascendental; Dios opera
desde dentro de la causalidad creada informándola, potenciándola, para hacer
factible que ella misma traspase su límite. La acción divina no interrumpe la
secuencia de las causas intramundanas, no se intercala en la cadena como un
eslabón más; de hacerlo así, Dios se degradaría, pasando a ser él mismo una
causa intramundana entre otras. La acción de Dios no es perceptible fenomenológicamente,
no puede serlo (…). A tenor de lo que acaba de exponerse, es claro que las
teorías de la evolución no excluyen la doctrina de la creación (…).
CREACIÓN Y EVOLUCIÓN, EN
PLANOS DISTINTOS
“El concepto ‘creación’ es explicativo y
responde sobre el ser; las teorías evolutivas son descriptivas y responden
sobre la apariencia; a nadie se le ocurriría declarar incompatibles el juicio
estético de un lienzo con su análisis químico”
Lo que sí puede y debe sostenerse (…) es que las teorías de
la evolución son teorías descriptivas, no explicativas; queno hacen inútil,
sino que postulan, una reflexión sopbre el por qué del fenómeno evolutivo; que
esta reflexión puede desembocar tanto en la explicación monista-materialista
como en la explicación creacionista; que, en suma, el concepto ‘creación’
pertenece alámbito del discurso explicativo, meta-físico, y responde a la
pregunta sobre el ser (¿por qué ‘es’ algo, y no la nada?), mientras que el
concepto ‘evolución’ pertenece al ámbito del discurso descriptivo, físico, y
responde a la pregunta sobre el aparecer (¿cuándo y cómo aparecen estas cosas y
no otras?)(…). Brunner observa cómo a nadie en su sanojuicio se le ocurriría
declarar incompatibles el análisis químico de un lienzo pintado y el juicio
estético sobre lo pintado en el lienzo. Pues bien, como el juicio estéticono
niega el análisis químico, asíla afirmación de fe no niega el valor de la
descripción científica, ni ésta puede legítimamente negar el valor meta-físico
de aquélla. “La creación constituye el trasfondo invisible de la evolución; la
evolución aparece como el primer plano visible de la creación”.
EL MUNDO NO PUEDE FRACASAR
“La creación ex nihilo sigue vigente: nada
preexiste a la acción creadora y es forzoso presumir que el mundo no puede
fracasar, puesto que sería el fracaso del mismo Dios”
Tras esta relectura del concepto de creación en un universo
evolutivo, no estará de más volver a la formulación clásica (“creatioex
nihilo”) para comprobar que, lejos de haber quedado inservible, sigue
conservando una significatividad (…): nos recuerda que no hay nada que
preexista a la acción creadora, la motive o la funde, fuera de Dios; no hay
nada que quede a extramuros de esa acción creadora (…). En este sentido, la expresión
‘creatio ex nihilo’ cumple ante todo una función negativa; sirve para drenar
cualquier residuo de dualismo en la representación de los orígenes del cosmos
(…). Es forzoso presumir, por consiguiente, que la historia de éste [el
universo] no acabará en catástrofe; el muno creado por Dios ‘de la nada’, esto
es, de su pura y simple voluntad, no puede fracasar, puesto que el suyo sería
el fracaso del mismo Dios (…).
LA FE, AJENA A
COSMOVISIONES
“Hoy somos sensibles a las funestas
consecuencias que tuvo para la Iglesia su tenaz enfeudamiento en una
cosmovisión fixista; ahora corremos el riesgo de involucrar fe y evolución; la fe
ha de proclamar siempre su libertad frente a cualquier tipode visión del mundo”
Hay que resistirse a la tentación de comprometer este
misterio de la fe con una determinada cosmovisión; la fe no puede estar ligada
a esta o aquella imagen del mundo. Hoy somos muy sensibles a las funestas
consecuencias que tuvo para la Iglesia su tenaz enfeudamiento en una
cosmovisión fixista y su repulsa del evolucionismo (…). Precisamente por ello,
ahora corremos el riesgo de involucrar ambas cosas (evolución-fe en la
creación) de tal suerte que la primera se erija en marco definitivo e
insuperable de la segunda. Pues bien, la fe debe conservar siempre su libertad
frente a cualquier tipo de cosmología; la teología ha de proclamar siempre que
el contenido de la palabra revelada desborda en cualquier caso toda teoría
científica y, en general, toda formulación humana.
Juan Luis Ruiz de la Peña
Teología de la creación
(1988)
CREER DESDE LA EXPERIENCIA DEL MAL
Juan Luis Ruiz de la Peña
Teología de la creación
(1988)
EL MISTERIO DEL MAL
“Las presuntas ‘explicaciones’ del mal arrojan
siempre un saldo decepcionante, entre otras cosas porque está por ver que una
respuesta especulativa haya acallado alguna vez una pregunta vivencial; está
por ver que el más irreprochable silogismo posea virtualidades analgésicas”
La teología no debería aspirar a ‘explicar’ el mal. Primero,
porque es ésta una aspiración presuntuosa y antipática, por desmesurada: “el
afán de los teólogos de interpretar y hablar donde sería más conveniente callar
es realmente insoportable” (Sölle). Pero, además, porque tal menester
probablemente no compete a la teología (…) en exclusiva; otras ciencias humanas
–filosofía, psicología, sociología, medicina, etcétera- pueden y deben decir
algo sobre esto (…). Las presuntas “explicaciones” del mal emprendidas por las
teodiceas y las teologías clásicas arrojan siempre un saldo decepcionante,
entre otras cosas porque está por ver que una respuesta especulativa haya
acallado alguna vez una pregunta vivencial; está por ver que el más
irreprochable silogismo posea virtualidades analgésicas. Ni el más entusiasta
marxista dejará de sufrir por la desaparición de un ser querido leyendo la
“explicación” engelsiana de la muerte en términos de necesidad biológica (…).
CREER DESPUÉS DE
AUSCHWITZ
“No sólo resulta imposible creer después de
Lisboa [terremoto siglo XVIII]; la cuestión es si es posible vivir después de
Auschwitz; y puesto que la negación de Dios estaba ya consolidada, este nuevo
choque con la realidad conduce a la negación del sentido”
Al igual que ocurriera con el lebniziano [el optimismo teológico
de Leibniz chocó con el terremoto de Lisboa, como constató Voltaire], el
optimismo tecnocrático se da de bruces con la realidad [en el siglo XX], esta
vez en forma de guerras mundiales, campos de exterminio, archipiélagos Gulag,
bombas de napalm, etc. Y puesto que la negación de Dios estaba ya
suficientemente consolidada, este nuevo choque con la realidad conduce a la
negación del sentido. El mal, en suma, ha puesto en marcha un proceso que
comenzó declarando a Dios inexistente y que termina declarando al mundo
insensato. El naufragio dela teodicea lo es también de la cosmodicea; de la
antiteodicea se transita sin solución de continuidad al sinsentido. En efecto,
no sólo resulta imposible creer después de Lisboa [terremoto siglo XVIII], como
escribía Voltaire; la cuestión que se debate hoy es si es posible “vivir
después de Auschwitz”, como escribe Adorno. “Después de Auschwitz, la
sensibilidad no puede menos de ver en toda afirmación de la positividad de la
existencia una charlatanería, una injusticia para con las víctimas, y tiene que
rebelarse contra la extracción de un sentido, por abstracto que sea, de aquel
trágico destino”. El pensador judeo-alemán concluye lapidariamente: “después de
Auschwitz, toda cultura es basura” (…).
EL DIOS SILENCIOSO
“Lo que
alimenta el furor de Job no es el dolor que sufre, sino el silencio de un Dios
que calla; de no creer en Dios, todo sería infinitamente más sencillo: bastaría
con dejarse morir sin tantos aspavientos”
“Existe el mal, luego no existe Dios y, por ende, no hay
sentido”. ¿Es esto todo cuanto puede dar de sí la meditación secular sobre el
mal? No; aún cabe otra salida. “Existe el mal, luego tendría que existir Dios”
(…). Observemos, por de pronto, que es la existencia de Dios lo que hace del
mal un enigma torturante (…). Y sobre todo, si Dios no existe, ¿a quién pedir
cuentas, ante quién litigar, contra quién presentar denuncia? Recordemos el
verso de Alcántara: “si Dios existe, me debe una explicación” (…). Lo que
alimenta el furor de Job no es el dolor que sufre, sino el silencio de un Dios
que calla. Como he tratado de mostrar en otro lugar (‘La otra dimensión.
Escatología cristiana’), el poema de Job es teocéntrico, no antropocéntrico. De
no creer en Dios, todo sería infinitamente más sencillo, como lo es para la
mujer de nuestro personaje; bastaría con dejarse morir sin tantos aspavientos.
(…) Otro gran frankfurtiano, M. Horkheimer, ha popularizado
lo que él llama “la añoranza de lo absolutamente distinto”, “la esperanza de
que exista un absoluto positivo”, “la esperanza de que la injusticia que
caracteriza al mundo no pueda permanecer así, que lo injusto no pueda
considerarse como la última palabra”, “la nostalgia de que el asesino no pueda
triunfar sobre la víctima inocente”. En la misma línea un teólogo judío (Eugene
B. Borowitz) se pregunta por qué el ateísmo no ha logrado arraigar en la
sociedad israelita superviviente al genocidio nazi (…) “Podíamos no hablar,
pero no podíamos no creer” (…). “El pensamiento que no se decapita desemboca en
la trascendencia”, señala Adorno. Efectivamente, a la razón no dispuesta a
capitular ante la sinrazón del sinsentido absoluto y de la iniquidad
irrevocable le resta sólo la anhelante sospecha de que, después de todo, quizá
exista un “absolutamente otro” que salve in extremis a la realidad de la
irracionalidad del mal.
EL ESCEPTICISMO
DERROTISTA
“Los
discursos del “todo es igual”, “todo es inútil”, “nada merece la pena”,
conducen derechamente al derrotismo, bloquean todo posible movimiento de
resistencia al mal, entregan inerme al inocente a la violencia; La presunta
lucidez desencantada de la razón pura, es, en realidad, connivencia con el mal”
(…) ¿Es posible creer desde la experiencia del mal?, nos
preguntábamos al comienzo. La razón pura responde: no; este universo (…) no es
digno de crédito. La razón práctica, en cambio, retorna al postulado kantiano y
apuesta por una postrera acreditación de la realidad, se atreve a nutrir
esperanza en una instancia última que termine justificando el universo,
librándolo del juicio sumarísimo y del consiguiente ajusticiamiento a que lo ha
sometido su hermana mayor, la razón pura. Esta actitud de la razón práctica es,
pues, razonable (…). Recordemos de nuevo a Adorno: “el abstracto nihilismo
tendría que enmudecer ante la réplica: ‘¿por qué entonces vives también tú?’”.
Si el mundo no es cosmos, sino caos irreparable, si la existencia no posee
ningún sentido, la lógica racional debiera decretar la dimisión de la vida, la
negativa a prolongar la tráfica farsa. ‘Finita la commedia’. De otro lado, los
discursos del “todo es igual”, “todo es inútil”, “nada merece la pena”,
conducen derechamente al derrotismo, bloquean todo posible movimiento de
resistencia al mal, entregan inerme al inocente a la violencia que lo destruye,
desmantelan su capacidad de reacción. La presunta lucidez desencantada de la
razón pura, es, en realidad, connivencia con el mal. Por eso la razón práctica
ha tenido siempre, y seguirá teniendo, firmes valedores.
LA RAZÓN PRÁCTICA
ESPERANZADA
“Mientras que el pesimismo radical es un
fenómeno elitista, la actitud generalizada es acoger la realidad, querer vivir,
pese a todo; ¿Por qué? Porque se intuye, más o menos oscuramente, que la
esperanza es más razonable que la desesperación –y más sana también-, que la
inevidencia del sentido no equivale a la evidencia del sinsentido; y que, en
fin, al hombre le es consustancial la capacidad radical de conferir crédito y
albergar confianza”
Más aún: mientras que el pesimismo radical es un fenómeno
minoritario, elitista, la actitud generalizada, espontánea e irrefleja del
hombre de lacalle ante la vida es la actitud afirmativa. El hombre propende
connaturalmente a acoger la realidad, a aceptarla, más que a repudiarla o a
negarla. No debería causar sorpresa que el ser humano aborrezca vivir –le sobran
motivos para ello-, sino que quiera vivir. Y sin embargo, este querer vivir,
pese a todo, es al dato que registra la experiencia como actitud masivamente
mayoritaria. ¿Por qué? Porque se intuye, más o menos oscuramente, que la
esperanza es más razonable que la desesperación –y más sana también-; que la
inevidencia del sentido no equivale a la evidencia del sinsentido; y que, en
fin, al hombre le es consustancial (como mostrara Laín brillantemente) la
credentialidad y la fiducialidad, esto es, la capacidad radical de conferir
crédito y albergar confianza (…).
JESÚS ANTE EL MAL
“Jesús no trivializa el mal, pero no se deja
deslumbrar por él; también ha tenido ojos para ver los lirios del campo que
florecen cada primavera y ha tenido oídos para escuchar los pájaros del cielo, que
cantan siempre en modo mayor”
La cuestión que nos ocupa, formulada cristianamente, podría
enunciarse así:¿cómo ha vivido Jesús la experiencia del mal?(…) Empecemos por
un rasgo que los evangelios subrayan muy singularmente: Jesús parece haber
comprendido su ministerio público, entre otras cosas, como un duelo a muerte
contra el demonio (…); Jesús no ha trivializado el mal. Le ha reconocido una
envergadura, un espesor y una densidad sobrehumanos. Jesús encara el mal a
sabiendas de que es algo tremendamente serio, poderosamente devastador. Por
otra parte, Jesús no se ha dejado deslumbrar por el mal. Aun percibiéndolo con
insuperable nitidez, también ha tenido ojos para ver los lirios del campo que
florecen cada primavera espléndidamente y ha tenido oídos para escuchar a los
pájaros del cielo, que cantan siempre “en modo mayor”. La experiencia del mal
no ha sido su única experiencia; como advierte González Faus, dicha experiencia
se da para él en el marco de una excepcional capacidad para el gozo, la
serenidad y la paz (…): saluda a los suyos invariablemente con el schalom, la
paz contagiosa de los bienes salvíficos; transmite a la muchedumbre la
sensación de confianza, de fortaleza acogedora; sabe consolar… Realmente, de la
figura de Jesús irradian aquellos rasgos de credentialidad y fiducialidad a que
nos referíamos antes como inherentes a toda condición humana sana, en
equilibrio con su interioridad y con su entorno, y está totalmente ausente el
unamuniano “sentimiento trágico de la vida”.
Y sin embargo, Jesús ha conocido y sondeado en profundidad
el cáliz amargo del sufrimiento. La historia de la pasión es la historia dela ‘desdicha’,
en el sentido que Simone Weil da a esta palabra, con la que se significa una
situación en que se acumulan las tres dimensiones del dolor (físico, psíquico y
social). El rabino de Nazaret no sólo ha soportado una tortura corporal de
indecible crueldad, sino que ha padecido el fracaso de su misión, el
entenebrecimiento de su propia identidad, el eclipse de Dios que constituía su
polo de referencia permanente, la negación y el abandono de los que le fueran
adictos, el descrédito público de su causa, la befa escarnecedora de sus
pretensiones (…). La historia de Job se iguala y sobrepuja en el último tramo
de la historia de Jesús. La escena de Getsemaní, más quizás que la del Gólgota,
representa la quintaesencia del dolor químicamente puro; este hombre, que
bascula patéticamente entre la oración a Dios y la cercanía física de los
amigos, la búsqueda angustiosa de un consuelo que no encuentra, porque Dios
calla (como callara ante Job) y a los amigos les ha entrado el sueño, este
hombre es verdaderamente el arquetipo de la desventura, el vivo retrato de la
desdicha (…).
Al igual que lo que seguramente ocurre alguna vez en la vida
de cada uno de nosotros, llegó un momento en la vida de Jesús en el que se
borraron todas las respuestas y quedó en pie solo un ‘por qué’ (…). Pues bien, Jesús
ha creído en Dios desde el ‘por qué’ sin respuesta empírica posible. Ha creído
en Dios, no a pesar o al margen de, sino ‘desde’ la experiencia del mal (…). En
suma: Jesús no se ha comportado ante el mal como un asceta, sino como un
místico (…): el místico sabe que se trata de una realidad en éxodo, cuyo
destino es la resurrección (…).
EL DIOS CONSUFRIENTE
“La SS colgó a un joven que agonizó media hora
y alguien detrás de mí preguntaba ¿dónde está ahora Dios?; En mí mismo escuché
la respuesta: ‘Aquí… está ahí, colgado de la horca”
Pero con esto no está dicho aún lo más decisivo que la fe
cristiana puede decir al respecto, a saber, que todo cuanto acabamos de afirmar
sobre Jesús y su experiencia del mal se puede y se debe afirmar de Dios. Aquí
se emplaza el escándalo más insoportable del cristianismo: el qué, amén de
repugnar a judíos y gentiles, horrorizó a Arrio y a Nestorio: que en Getsemaní
sufrió Dios, que en el Gólgota murió Dios (…).
“La SS colgó a dos hombres judíos y a un joven delante de
todos los internados en el campo. Los hombres murieron rápidamente, la agonía
del joven duró media hora. Alguien detrás de mí preguntaba: ’¿dónde está Dios?,
¿dónde?’. Cuando, después de un buen rato, el joven continuaba sufriendo
colgado de la soga, oí otra vez al hombre decir: ‘¿dónde está Dios ahora?’. Y
en mí mismo escuché la respuesta: ‘¿dónde está? Aquí… Está ahí, colgado de la
horca’”. Este episodio, recogido por un superviviente de Auschwitz, es el eco
de una sentencia de Jesús: “lo que a uno de éstos hicisteis, a mí me lo
hicisteis”. El hombre situado detrás del narrador, que pide que Dios
intervenga, no sabe que está interviniendo. Pero como sujeto paciente, no como deus ex machina. Como víctima, no como
espectador o verdugo (…); ignora que el Dios verdadero es un Dios sim-pático,
con-sufriente, no apático, y ya está en escena, no causando, enviando o
permitiendo el mal, sino sufriéndolo en mí y conmigo; tampoco suprimiéndolo,
sino mostrándolo asumible, desvelándome que incluso en ese mal hay sentido o,
mejor, que a través de esa noche oscura amanece ya la aurora de la salvación.
La teología cristiana se nos propone así como la inversión
de la teodicea deísta; ésta declara a Dios inocente del mal del hombre; aquélla
declara a Dios sufriente del mal del hombre. La teodicea cree a Dios capaz de
evitar el mal al hombre. El evangelio cree al hombre capaz de inferir el mal a
Dios y proclama a Dios a alguien que ha sufrido ese mal. Para decirlo con palabras
de Bonhoeffer: “Dios es impotente y débil en el mundo, y sólo así está Dios con
nosotros y nos ayuda… La religiosidad humana remite al hombre necesitado al
poder de Dios en el mundo… La Biblia lo remite a la debilidad y al sufrimiento
de Dios”.
CREER DESDE EL MAL
“El mal no es el problema a solucionar ‘antes’
de creer en Dios; es la situación en que Dios se nos ha revelado; deja de ser
un problema técnicamente soluble para ser un misterio a esclarecer
vivencialmente”
Mientras las diversas metafísicas se obstinan en reducir el
mal al rango de subproducto residual de la finitud (Teilhard), o de simple
ausencia de bien (San Agustín, Santo Tomás), las soteriologías laicas sólo
saben postular y prometer su abolición. Esta actitud trivializa el mal, que, de
misterio ontológico, se degrada a problema técnico, con lo que se incide otra
vez en un vano optimismo neoleibniziano (el mundo no es tan malo como parece
caso y, en todo caso, tiene arreglo). Además, prometiendo su abolición en el
futuro, dichas soteriologías hacen de él un sinsentido en el presente, desarman
al que sufre hoy y lo dejan sin recursos ante la fatalidad de un sufrimiento ‘todavía’
no superable (…).
La fe cristiana imprime al tema un sesgo rigurosamente
inédito. El mal no es el problema a solucionar ‘antes’ de creer en Dios; el mal
es la situación en que Dios se nos ha revelado tal cual es; como aquel que lo
vence asumiéndolo solidariamente y transmutándolo en semilla de resurrección.
El mal deja así de ser un problema soluble teóricamente para convertirse en un
misterio a esclarecer vivencialmente (…). Creer desde la experiencia del mal es
creer desde la esperanza en una victoria sobre el mal (…); Creer desde la
experiencia del mal es alinearse contra el mal experimentado. Formulado
cristológicamente: creer desde la cruz es alinearse contra toda forma de
crucifixión (…) [esto] podría dar pie a la objeción del evasionismo (…); creer
puede ser un modo de huir. Pero no hay tal. Esperar es operar en la dirección
de lo esperado. Si se alberga la convicción de que el mal será totalmente
vencido mañana, ello significa que puede ir siendo vencido hoy. La esperanza en
la victoria quiebra el fatalismo del mal como ‘ananké’, como destino
irrebasable; esa esperanza está, pues, contra la pasividad resignada y postula,
para ser coherente, la actitud militante.
Juan Luis Ruiz de la Peña
Teología de la creación
(1988)
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