18 octubre 2011

Sócrates contra la polis, Jesús frente a Pilatos

JULIO TREBOLLE
El cristianismo desarrolló la figura del filósofo-mártir (…). En la Grecia clásica Sócrates enseñó con su muerte que el martirio del filósofo es el mejor testimonio de la verdad frente al poder. Verdad y poder se enfrentan en los tribunales de Atenas y en los de Jerusalén. Jesús y Pilatos dialogan sobre la verdad y el poder, la verdad con las manos atadas y el poder lavándose las manos.

JULIO TREBOLLE LIBRO DE LOS SALMOS: RELIGIÓN, PODER Y SABER (2001)


14 octubre 2011

'Somewhere': yo os declaro padre e hija

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8,5

¿Se puede ser padre y amante en la misma suite? Habría que hacer un monumento a Sofia Coppola (‘Lost in translation’, 2003), por explorar con tanta certeza y simplicidad, a veces con una sola escena, la lenta e inexorable disolución de los roles modernos. La joven directora que nos deslumbró en aquel Tokio melancólico ha vuelto a poner sus focos clarividentes sobre dos personajes que habitan sendos lindes biográficos. Si la megalópolis japonesa reunía las soledades de una joven estudiante y un actor otoñal (Scarlett Johansson y Bill Murray), esta vez estamos en el Hollywood dorado para asistir al reencuentro disfuncional entre un célebre actor divorciado y su hija de 11 años (Stephen Dorff y Elle Fanning): él, despidiendo la treintena y fumándose los últimos estertores de su juventud donjuanesca; ella, abandonando la infancia para entrar en las primera e incómodas revelaciones de la adolescencia.

Se ha dicho y es cierto: pocas veces el cine había retratado con tanta crudeza y desencanto el mundo vacío de sus propias estrellas. En este caso el de Johnny Marco, actor imaginario pero perfectamente tangible cuya vida tan lujosa como carcelaria nos deja postales para enmarcar: empezando por ese Ferrari tedioso que da vueltas y vueltas en un el valiente plano fijo inicial, hasta el baile de las gemelas strippers que recogen su barra con prosaica profesionalidad, pasando por el repentino ataque de sueño mientras hoza los bajos de una fémina o la elocuente imagen de su cabeza rebozada de yeso para que le hagan un molde, sin olvidar la fiesta que le organizan en su propia casa y donde nadie dirige la palabra al supuesto anfitrión y homenajeado. En el otro extremo, imposible no sentir vergüenza ajena ante esos patéticos aduladores que le tienden puentes de plata y alfombras rojas por doquier, esas macizorras que guiñan un ojo ambiguo al hombre o al mito, y de nuevo esa tristeza ante la lejanía idiomática, osada y franca desmitificación del multiculturalismo feliz que ya consagró 'Lost in translation' en su propio título.

En este mundo tan contraindicado para menores aparece la pequeña Cleo. Con un impresionante talento espontáneo, dichosamente alejado de histrionismos infantiles azucarados, Elle Fanning ('Super 8') borda su papel de princesa ingenua, de rosa extrañada en medio del páramo decadente de los adultos: vemos a la niña alborozada en la piscina de la suite, maravillada ante el show televisivo que le montan a su padre en Italia (mamachichos incluídas) o patinando sobre el hielo con una sonrisa virginal, bella escena que la cámara aguanta con admirable estoicismo. Y la vemos también conmovedoramente desconcertada ante un padre incapaz de ejercer su condición, más allá del tiovivo de lujos y caprichos con los que distrae a la tierna pupila durante las breves vacaciones compartidas. Sofia Coppola -quien sabe si tirando de autobiografía, a la sombra del totémico papá Francis- nos habla de una tragedia silenciosa y estrictamente contemporánea: la de los hijos convertidos en jarrones chinos, habitantes en tierra de nadie y peregrinos del afecto de sus propios progenitores.

Quizá no rebasa la perfección o la sensación de novedad de ‘Lost in translation’, y de hecho es inevitable recibirla como una ingeniosa remasterización de aquélla, pero 'Somewhere' vuelve a confirmar que nos hallamos ante una de las mejores paisajistas de nuestra infelicidad. Tiene muchos óleos por delante y ojalá nunca le dé por desmontar el caballete.




10 octubre 2011

MEJOR CINE DE 2011

Las mejores películas vistas en 2011
por JOAN PAU INAREJOS

1 SOMEWHERE
¿Se puede ser padre y amante en la misma suite? Habría que hacer un monumento a Sofia Coppola por explorar con tanta certeza y simplicidad la disolución de los roles modernos LEER MÁS

2 MELANCHOLIA
Impresionante retablo dramático y visual de Lars Von Trier para ilustrar la soledad absoluta del ser humano en un universo agresivo e indiferente LEER MÁS

3 UN DIOS SALVAJE
Polanski pega un desvergonzado salto de género con esta brillantísima adaptación de la comedia teatral de Yasmina Reza. Cuatro actores en estado de gracia divina (nunca mejor dicho)

4 LA PIEL QUE HABITO
¿Alguien en sus cabales puede mezclar el terror gótico, el culebrón latino, la ciencia-ficción y la psicopatía sexual sin morir en el intento? Sí, por supuesto, ¡Peeeeeeedro! Almodóvar LEER MÁS

5 PAUL
La cosa va así: dos fans de la ciencia-ficción topan con un alienígena y lo suben a la furgo. Pero alto. No es la comedia chusca, casposa y previsible que podría esperarse LEER MÁS

6 CHICO Y RITA
Javier Mariscal y Fernando Trueba han manufacturado un monumento a la sensualidad y a la alegría de vivir en dos dimensiones, ahora que las 3D son poco menos que dogma trinitario LEER MÁS

7 RANGO
Esto hay que celebrarlo. Por una vez, el protagonista de una zoofábula animada no es una mascota entrañable de ojos tiernos, sino un camaleón decadente y poco atractivo LEER MÁS

03 octubre 2011

‘La cara oculta’: otra buena idea por el desagüe


Atención: la crítica contiene pequeños detalles del argumento
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 4
Habría que hacer un museo del fracaso cinematográfico. No hablamos de las películas que nacieron malas sin remedio, sino de aquellas que tuvieron buenas ideas y no supieron desarrollarlas. Ah, amigos. Nadie dijo que fuera fácil. El cine no son buenas ideas, sino buenas puestas en escena, de ahí que haya películas electrizantes, envolventes e incluso apasionantes sin apenas elaboración intelectual bajo su brillante corteza. De ahí que tantas veces prefiramos una diversión hollywoodiense hábilmente manufacturada antes que cualquier desahogo autoral (europeo, por ejemplo). Perdón, san Fellini. Perdón, san Godard.
Todo esto viene a cuento de la nueva candidata a ingresar en el muestrario de los bellos fiascos del celuloide, de lo que pudo ser y no fue. Hablamos de ‘La cara oculta’, thriller del colombiano Andrés Baiz cuya premisa  prometía erizamientos de vello: una joven temeraria, heredera de todos los Prometeos robafuegos que en el mundo han sido (Clara Lago), decide encerrarse en un escondite construído en su propia casa, donde puede ver sin ser vista para poner a prueba la fidelidad de su mujeriego marinovio (Quim Gutiérrez). Este mirador hermético nos retrotrae a la fantasía moderna por excelencia, que bulle en el mito del hombre invisible y que cristaliza gracias a la erótica de las pantallas del cibermundo: poder mirar al otro sin reciprocidad, sin consecuencias morales, beneficiándose, como dice Manuel Delgado, de una “vista gorda generalizada”.
Pero no hay vista gorda que pase por alto la desastrosa traslación cinematográfica de tan sugestivo planteamiento: de entrada, la película cuenta dos veces la misma historia, primero con un suspense excesivamente dilatado y después con una explicación excesivamente evidente, con flash-back incluído, donde el tenebroso invento de la habitación oculta aparece con ridícula brusquedad, como quien levanta una trampilla en un capítulo de Tom y Jerry, por no citar las bochornosas justificaciones que se dan para aclarar la existencia del artefacto de marras, utilizado casualmente por el antiguo dueño de la casa cuando era un fugitivo nazi (buf).
Los actores tampoco ayudan a salvar los muebles (más bien al contrario), mientras la función saquea descaradamente los planos de ‘Lo que la verdad esconde’ (Harrison Ford & Michelle Pfeiffer) y se despeña por los trucos del terror más cutre y facilón (véase la tormenta ensordecedora, la presencia extraña que resulta ser el perro, las parpadeantes caras de ultratumba o ese clásico del humor involuntario titulado “Creo que aquí hay fantasmas” y subtitulado “No, mujer, eso son visiones tuyas”).
¿Momentos inspirados? Los hay. El diálogo fantasmal entre la mujer y la amante a través del lavamanos, con esas miradas a uno y otro lado del espejo, tenía su mala leche. Una lástima que todo se vaya por la cloaca.
Lee todos mis artículos de cine

28 septiembre 2011

Tàpies y el silencio



ANTONI TÀPIES y JOSÉ ÁNGEL VALENTE
"El solo ejercicio del arte es la retracción: no es un acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella; crear es generar un estado de disponibilidad, un espacio vacío"
Imagen: 'Sabata' (1995)

J.A.V.: Quizá el supremo, el solo ejercicio radical del arte sea un ejercicio de retracción. Crear no es un acto de poder (poder y creación se niegan); es un acto de aceptación o reconocimiento. Crear lleva el signo de la feminidad. No es acto de penetración en la materia, sino pasión de ser penetrado por ella. Crear es generar un estado de disponibilidad, en el que la primera cosa creada es el vacío, un espacio vacío. Pues lo único que el artista acaso crea es el espacio de la creación. Y en el espacio de la creación no hay nada (para que algo pueda ser en él creado). La creación de la nada es el principio absoluto de toda creación:

"Dijo Dios: -Brote la Nada
Y alzó la mano derecha
hasta ocultar la mirada
Y quedóla Nada hecha" (Machado)

El estado de creación es igual al wu-wei en la práctica del Tao: estado de no acción de no interferencia, de atención suprema a los movimientos del universo y a la respiración de la materia. Sólo en ese estado de retracción sobreviene la forma, no como algo impuesto a la materia, sino como epifanía natural de ésta.

"Tàpies niega toda ruptura entre espíritu y materia: el movimiento hacia el centro de la materia es también hacia el centro de la interioridad; la piedra en la que 'duerme una imagen' según Nietzsche"

J.A.V.: Entrada radical en la materia, contemplación de la materia, la obra de Tàpies niega por su naturaleza misma toda ruptura entre espíritu y materia (...). Porque el movimiento hacia el centro de la materia es también un movimiento hacia el centro de la interioridad. En el punto de llegada (o en el de partida para el antiguo saber) la materia es la materia-espíritu, la piedra en la que "duerme una imagen", según un conocido texto de Nietzsche que Jung ha comentado. Sentir, en definitiva, la respiración o neuma de la materia. Tal vez no otra cosa apuntaba Picasso al afirmar: "Si se acerca un espejo al verdadero cuadro, el espejo deberá cubrirse de vapor, de aliento vivo, porque el cuadro está vivo".

"Simbolismo del polvo: 'confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad entre el hombre y la naturaleza' (Tao Te King)"

A.T.: Llegó "la hora de la soledad" (...) Y entonces acaeció la sorpresa. Todo aquel movimiento frenético, toda aquella gesticulación, todo aquel dinamismo inacabable, a fuerza de arañazos, de golpes, de cicatrices, de divisiones y subdivisiones que infligía a cada milímetro (...) de la materia, provocaron súbitamente el salto cualitativo. El ojo ya no percibía diferencias. Todo se unía en una masa informe (...) Simbolismo del polvo - "confundirse con el polvo, he aquí la profunda identidad,e s decir, la profundidad interna entre el hombre y la naturaleza" (Tao Te King)-, de la ceniza, de la tierra de donde surgimos y a donde volvemos, de la solidaridad que brota al ver que la diferencia que hay entre nosotros es la misma que hay entre dos granos de arena...

"El pintor dijo al Emperador: lo que hay en su interior es todavía más bello; pero el artista y el fresco se borraron y sólo dejaron un muro sin una traza de pincel... La palabra poética empieza justo donde el decir es imposible"

J.A.V.: Quisiera leerte un texto (...) que está en un libro llamado 'Creativity and Taoism', de un autor chino. Parece un cuento de Borges. Dice: "En el curso del siglo VIII, Wu Tao-tseu, muerto en el 792, acabó su última obra maestra. Era un paisaje pintado al fresco en un muro del Palacio Imperial. El pintor trabajaba pacientemente en la soledad, sin dejar ver su obra a nadie. Por fin se la mostró al emperador, que miró el paisaje, donde se representaban montañas, bosques, un cielo sembrado de nubes y pájaros. Entonces el pintor dijo al Emperador: en una gruta de esa montaña habita un espíritu. Dio una palmada y la gruta se abrió. Se volvió y dijo: lo que hay en su interior es todavía más bello, está más allá de las palabras, dejadme conduciros; pero antes de que el Emperador pudiera seguirlo, o incluso decir una sola palabra, la caverna, el artista y el fresco en su totalidad se borraron y sólo dejaron ante el Emperador un muro sin una traza de pincel" (...) ¿Qué piensas de la desaparición del artista, incluso de la obra?

A.T.: Quizá lo ideal sería que no fuese necesario ni pintar ni escribir, que sólo con un gesto nos comunicásemos y alcanzáramos esa visión de la realidad última.

J.A.V.: Esa visión de la invitación del pintor a entrar en un mundo que está más allá de las palabras es válida desde cualquier estética, pues es la aventura de la creación: ir más allá de las palabras. La palabra poética empieza justo donde el decir es imposible. Consiste en romper las fronteras de lo imposible... (...) San Juan de la Cruz escribió que hay determinadas experiencias a las que uno se acerca con un entender no entendiendo, y continuará luego "a toda ciencia trascendiendo".

"La importancia del muro es haber reflejado ese patrimonio común de los hombres, sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula"

A.T.: [El muro] es seguramente la zona donde está depositada la sabiduría que en realidad se encuentra por debajo de todas las ideologías y las fatales contingencias del mundo (...). Si alguna importancia tiene en la historia de los encadenamientos estilísticos, no puede ser otra que la de haber reflejado por un monumento este patrimonio común que todos los hombres creamos en momentos de profundidad durante el curso de los siglos y sin el cual la cosa artística sería siempre superflua, banal, pretenciosa o ridícula. Y donde los estilos, las escuelas, las tendencias, los ismos, las fórmulas y los mismos muros no son, por sí solos, ninguna garantía de una expresión auténtica.


ANTONI TÀPIES, JOSÉ ÁNGEL VALENTE 
COMUNICACIÓN SOBRE EL MURO (2004, CON TEXTOS DE 1969 Y 1996)

18 septiembre 2011

'El árbol de la vida': que baje Dios y lo entienda


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: ?

Cuando el desgraciado Job denuncia sus calamidades ante Yahvé, según la Biblia, el Dios creador no le responde ofreciéndole su tierna comprensión, sino apabullándole con su vasto currículo como hacedor del mundo. Su tono es casi chulesco: “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? (…) ¿De qué vientre salió el hielo? (…) ¿Podrás tu atar los lazos de las Pléyades?”... y así hasta una larga letanía en la que “con exhibicionismo complaciente” y “festiva impertinencia”, al decir de George Steiner (‘Gramáticas de la creación’), el Señor hace gala de su soberanía, y pone al ser sufriente, al pobre Job llagado y vilipendiado, frente a las enormidades del universo. Se trata de una terapia de choque: tu padecimiento no es más que una mota de polvo en mi plan inalcanzable.
Este plan inalcanzable, esta naturaleza tremebunda e ilimitada, es lo que se atreve a retratar con titánica ambición ‘El árbol de la vida’ de Terrence Malick, donde el drama de una familia del Medio-oeste americano que pierde a un hijo viene inmediatamente respondido por un impresionante desfile de imágenes del cosmos: desde las esferas celestes hasta el bullicio microscópico las células, pasando por los volcanes en ebullición, los mares de hielo, los torrentes de barro, los fogosos crepúsculos, los cuerpos con sus ramificaciones venosas, las geografías con sus perfiles fractales, e incluso los dinosaurios cuando merodeaban por la Tierra.
La prolongada ópera visual de Malick sobrecoge y desconcierta hasta el extremo. Sus imágenes son de una perfección técnica simplemente abracadabrante, como si la National Geographic hubiera tenido acceso a los vastos archivos del Génesis con un ejército de cámaras omnímodas. Esta suerte de documental místico se trenza con el devenir cotidiano de la familia de Texas, narrado en espiral, con una estructura rupturista y flotante: la acción va volando sucesivamente hacia el pasado -con Brad Pitt interpretando a un padre enigmático y autoritario- y hacia el futuro –con Sean Penn como atormentado hijo mayor-, en un torbellino ribeteado de voces en off de los personajes, que salen del tiempo ordinario del relato y parecen entablar un diálogo constante con lo divino.
Este cruce de lo biográfico y lo sagrado nos deja planos de una belleza conmovedora: véase la escena del parto, donde el nacimiento viene ilustrado por un niño que sale buceando de su habitación, anegada por las aguas. Alguien dirá que Terrence Malick luce maneras revolucionarias en su estética, en su manera de narrar, en su complejísima psicología, en su sorprendente reivindicación de la profundidad espiritual y del salmo desgarrado en un Hollyood que apenas se mueve entre el descreimiento y el misticismo de pacotilla. Puede que tengan razón, y espero no ser sacrílego si confieso que 1) aún no sé si es una obra maestra o una gigantesca monserga onanista y 2) que con tanto vuelo de cámara, tanto plano contrapicado y tanto fundido a negro hubiera necesitado una redentora dosis de biodramina. Porque marear, marea lo que no está escrito. 



16 septiembre 2011

Le genialidad del gótico

LUIS BOROBIO
La invención del gótico es la revolución más grande de la historia de la construcción; sólo en el siglo XIX, con los hallazgos del hierro y del hormigón, se volvieron a descubrir las virtudes del esqueleto sustentante

El paso del románico al gótico, o mejor, la invención del estilo gótico, constituye la revolución más grande que ha habido en la historia de la construcción. Consiste en eliminar los milenarios muros de carga sobre los que la humanidad había levantado siempre sus más importantes edificios, y sustituirlos con un elemento sustentante.

Esta revolución constructiva lleva consigo un cambio radical en el sentido de los espacios y en la significación de todos los elementos arquitectónicos. Las paredes son ahora meras separaciones y ya no sostienen nada; por tanto no necesitan su robustez carguera y, en ocasiones, pueden sustituirse por vidrieras o por celosías. Todo pierde cuerpo. Los cerramientos se aligeran.

Desde los tiempos más remotos se habían empleado en la construcción esqueletos de madera para obras de pequeño volumen (la choza) o para elementos particulares de una edificación (la cercha). La gran novedad del gótico consiste en que toda la arquitectura venga sostenida y caracterizada por el esqueleto estructural y, sobre todo, porque esa osamenta sea de piedra y no de madera.

La madera, en construcción, trabaja principalmente a flexión y a tracción. Las piezas de madera, en función de vigas o de tirantes y ensamblándose entre sí; dan cohesión a toda la armadura. En cambio la piedra trabaja casi exclusivamente a compresión: sus piezas deben sostenerse descansando unas en otras y absorbiendo los empujes a los que, en todos los apoyos, va dando lugar la fuerza de gravedad. El esqueleto debe equilibrar los esfuerzos, dirigirlos, y situarse en las líneas de las tensiones. El estilo gótico es una verdadera filigrana constructiva. Después, el Renacimiento, constructivamente, dio un paso atrás.

Sólo, ya en el siglo XIX, con los hallazgos estructurales del hierro y del hormigón armado, se volvieron a descubrir las virtudes arquitectónicas del esqueleto sustentante, pero con materiales mucho más adecuados.


LUIS BOROBIO HISTORIA SENCILLA DEL ARTE (2002)



10 septiembre 2011

'La deuda': la Reina se ensucia las manos

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

Helen Mirren está atormentada. ¿Qué le pasará? Faz ofuscada, cicatriz en la mejilla, su oscuro semblante preside ya los primeros minutos de ‘La deuda’ (John Madden), donde la actriz británica, la eterna Queen rodeada de imperecedera elegancia –tanto o más cuando viene doblada por la insuperable María Luisa Solá-, interpreta a una ex agente de los servicios secretos israelíes, Rachel Singer, convertida en estrella por la captura de un asesino nazi en el Berlín comunista de 1966.

Con tan jugosos ingredientes, rápidamente los flash-backs nos llevan hasta el lugar de los hechos, para emprender un thriller político de textura compacta y a ratos electrizante: especialmente contraindicada para cardíacos la escena en la estación de tren, donde Rachel y sus dos compañeros de misión intentan horadar la alambrada para zafarse de los guardias, sin olvidar el poderoso encuentro con el carnicero de Birkenau (espectacular Jesper Christensen), camuflado bajo las batas de un amable ginecólogo; toda una perla ese plano de la joven espía abierta de piernas mientras aprovecha para filmar a su presa con una pequeña gargantilla.

A la intriga política por la misión, de tan alto precio simbólico para la humillada nación hebrea (resuenan inevitables ecos del ‘Munich’ de Spielberg), habrá que sumarle las intrigas sentimentales entre los agentes secretos, inmersos en uno de esos triángulos tan desgarradores para quien los vive como gozosos para quien los lee en las páginas de una novela. No se pueden aquí destapar las cartas de la trama, dichosamente plagada de giros, donde la justícia poética irá imponiendo su ley con trágica exactitud. Aun con su frialdad, sus tramos irregulares y sus modestas pretensiones, que nadie deje de ver el largometraje para saber por qué Helen Mirren está tan atribulada. La cosa promete, y lo prometido es deuda.


07 septiembre 2011

Arquitectura libresca

 recorte
LUIS BOROBIO
“El espacio musulmán está ordenado en superficies planas, como las páginas; los hombres viven en el libro”

El sentido de los volúmenes y de los espacios árabes no es fácil de comprender si no sabemos apearnos de nuestra mentalidad occidental: El espacio occidental es continuo, perspectivista, y por consiguiente, fugado; tiene convergencia y punto de fuga (estoy citando a Chueca Goitia), mientras que en la arquitectura árabe el espacio es compartimentado. La compartimentación del espacio se consigue mediante una escenografía de pantallas planas, que con sus huecos (arcos y columnas rítmica, si es el caso) producen transparencias. Estas pantallas rompen la unidad de la perspectiva espacial, y presentan una perspectiva atomizada de espacios sucesivos, distintos, que se encadenan y se enriquecen entre sí con la magia de la superposición de filtros de visibilidad (...). La construcción musulmana se constituye con volúmenes, claro; pero el espacio arquitectónico musulmán –el núcleo de su arquitectura- está ordenado por unas superficies planas, que son como las páginas de un libro, con su epigrafía y con los arrebatos líricos de sus arabescos. La cultura del libro informa toda la vida islámica. Los hombres viven en el libro.

 ‘Historia sencilla del arte’ (2002)

03 septiembre 2011

'La piel que habito': el Fransextein de Almoshelley

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8

¿Alguien en sus cabales puede mezclar el terror gótico, el culebrón latino, la ciencia-ficción y la psicopatía sexual sin morir en el intento? Sí, por supuesto, ¡Peeeeeeedro! Almodóvar, el artesano más dotado y personal del solar ibérico, el más internacional hombre de la Mancha (con permiso de don Quijote) que tiene una admirable capacidad para vender motos aunque estén fabricadas con cien chatarras de reciclaje, siempre tuneadas con su estilo inconfundible y a veces tan bruñidas y relucientes como 'La piel que habito'.

A diferencia de otros tótems del séptimo arte (pongamos que hablo de Woody Allen), el amigo Almodóvar sigue creyéndose sus películas a pies juntillas, algo que se agradece enormemente desde la butaca del cine, lugar de tantos fraudes y desengaños. Podrá gustar más o menos, pero el director de Calzada de Calatrava jamás duda en dejarse la piel (lo siento, no había otra forma de decirlo) y buscar nuevas vueltas de tuerca donde desplegar su imaginario erótico, su cartografía traumática y su fascinante estética que marida lo cutre y lo sublime, lo arrabalero y lo velazqueño.

Aquí, la gamberrada deluxe consiste en agarrar a Frankenstein por los cuernos y pegarle un atrevido viraje hacia los territorios de la perversión sexual, por la vía de un médico depravado (monumental Antonio Banderas, demostrando a Javier Bardem quién es el verdadero macho picassiano del cine español) que pondrá el bisturí al servicio de sus más oscuras obsesiones, para que la cirugía estética y la transgénesis alumbren una inquietante criatura (Elena Anaya), totalmente hecha a su medida, aprisionada y videovigilada las 24 horas a la guisa de un turbador Gran Hermano. 

El making off de esta pecaminosa creación humana no puede desvelarse sin reventar el auténtico golpe genial de la película, apuntalada por otra parte por fenomenales actores secundarios, desde una Marisa Paredes rubia-de-bote ejerciendo de resabiada ama de llaves hasta Zeca, el grotesco hombre-guepardo interpretado por Roberto Álamo, cuya irrupción en el caserón toledano (lunar del culo mediante) es todo un chorro de fuego y frescura.

Sin olvidar los pespuntes cómicos y costumbristas que el manchego siempre sabe convertir en oro, y que aquí tienen su telón de fondo en una humilde tienda de ropa regentada por una sobresaliente Susi Sánchez, adonde acude el hermanísimo Agustín en uno de sus mejores cameos, vendiendo los trapitos de su mujer prófuga, antes de que la misma tienda albergue una de las frases finales más lacónicas y autoparódicas de la historia del cine celtíbero. O sea, que Almodóvar ya puede invocar nuevamente a la Macarena, al Cristo de Medinaceli, a la Virgen de Guadalupe y a otros santos del montón, porque esta vez hay que reconocer que le han inspirado.


27 agosto 2011

'Paul': los frikis ya tienen su obra maestra

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8

Va de esto: dos fans de la ciencia-ficción topan con un alienígena y lo suben a la furgo para huir de los perseguidores de la Nasa. Pero alto. No es la comedia chusca, casposa y previsible que podría esperarse, y que engañosamente nos cuela su cartel ("¿Te apuntas a un encuentro en el tercer desfase?"), sino una personalísima parodia sobre la fauna humana de América, algo así como un feliz cruce entre el realismo de carretera y la trituradora pop de los 'Los Simpson' o 'Padre de familia'. 


Con una dichosa libertad y mala leche a borbotones, Greg Mottola desafía convencionalismos y orilla muletillas fáciles para seguir los pasos de Graeme y Clive (magistrales Simon Pegg y Nick Frost), dos peregrinos de la geografía ovni que, tras asistir a la gran cita de los aficionados al cómic (el Comic-Con de San Diego), en la oscuridad de la noche tienen algo así como la experiencia soñada por todo marcianófilo: el encuentro en carne y hueso con una de esas criaturas macrocéfalas, bajitas y verdosas que la imaginería del ramo ha recreado hasta la saciedad. Toda una lástima que Paul -que así se llama el susodicho engendro- sea más humano que los propios humanos, hablando en inglés, fumando pitillos y soltando tacos y eructos a mansalva, entre otras terrícolas lindezas.

A la insólita cuadrilla empiezan a unirse secundarios cada vez más disparatados: una joven ultracristiana que se tira los trastos a la cabeza con Paul a propósito del evolucionismo, una anciana traumatizada por la abducción de su perro o los matones hilarantes de la Nasa que deben pisarles los talones, mientras se entretienen con sus armas cual adolescentes descerebrados. Todo ello sin olvidar dos cameos espectaculares: el rey Midas de Hollywood recibiendo asesoramiento del marciano para rodar 'E.T.' y la mismísima teniente Ripley ('Alien') protagonizando un desternillante ajuste de cuentas con la criatura extraterrestre.

A pesar de un material tan inflamable, el guion y los diálogos jamás patinan ni exageran, guardando siempre una mirada entre distanciada y cariñosa hacia el fantástico submundo de los frikis, con sus expectativas, su horizonte vital e incluso su excéntrica vida sexual y afectiva, desde el tipo que recuerda su escarceo con una peluda Ewok hasta el que se ofrece para desvirgar a la joven religiosa una vez ésta emprende su descacharrante liberación carnal y pandillera. Los Bush, Bob Dylan o los escritores mediáticos tampoco se salvan de chistes rápidos y afilados como dardos, mientras la gamberra iconografía cinéfila tunea sin piedad los territorios de 'Men in black' o 'E.T.' (brillante gag final sobre la lentitud de la nave de regreso al espacio exterior). Se nota que han hecho lo que les ha dado la gana, algo que puede no ser muy comercial, pero sí gozosamente meritorio en este Hollywood de encefalogramas subterráqueos.

24 agosto 2011

Auténtica definición de "originalidad"


La originalidad es el valor que actualmente se cotiza más en el arte (más que la belleza, más que la perfección, más que la expresividad); pero, además, se da a la palabra “original” un significado equívoco y una interpretación falsa. “Original” significa que es propio y personal del artista que lo hace, y no (y éste es el sentido que se le suele dar ahora) que es diferente de lo que hacen los demás. La originalidad, en el primero y auténtico sentido de la palabra, es la más noble aspiración que puede tener un artista. La originalidad, en la falsa acepción que se le da actualmente, es una aberración del arte.

LUIS BOROBIO, ‘HISTORIA SENCILLA DEL ARTE’, 2002