08 enero 2012

‘Sherlock Holmes 2’: a los pies de Sherly

LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Parecía difícil igualar la carga de adrenalina de la primera entrega, que nos descubrió un Sherlock Holmes playboy y socarrón, de lengua viperina, acerada inteligencia e irresistibles dotes para la acción. Algo así como un cruce feliz entre House, James Bond y el agente Hunt de Misión Imposible. Parecía difícil seguir a la altura de esa brillante frivolidad, gozosamente sacrílega para con las fuentes literarias (a Conan Doyle aún le dura el jamacuco en la tumba). Pero ellos lo han logrado.

Ellos son, por supuesto, Guy Ritchie y Robert Downey Junior. Al director le corresponde el honor de habernos electrizado nuevamente con un guion de hierro, unos diálogos crepitantes y esa fenomenal fotografía de una Europa glam, videoclipera y a mucha honra, donde la estética ochocentista y la posmoderna lucen una sorprendente aleación. El pelirrojo ex de Madonna ya se ha ganado un nicho en la modesta historia del espectáculo.

Y en cuanto a Downey Junior, lo propio sería levantar las manos del teclado y aplaudir. Desconocemos si las idas y venidas al mundo toxicológico tendrán amorales efectos inspiradores, el caso es que el actor neoyorquino se supera a sí mismo ya no interpretando, sino convirtiéndose física y psíquicamente en ese Sherly Holmes (evoca sin querer a Indy Jones), un detective-espectáculo más canalla y travesti que nunca, con escenas directas a la antología: véase su momento de transformismo en el vagón del tren, sus desternillantes lances homoeróticos con el doctor Watson (Jude Law), los experimentos selváticos en el piso o una soberbia autoreivindicación final del personaje que no desvelaremos.

¡Ah! Y no hemos hablado de la vibrante banda sonora, ni de la madera cómica de los nuevos secundarios, ni de las vacilonas ralentizaciones en la persecución del bosque, ni de la hilarante resaca de Watson, ni de la hiperbólica partida de ajedrez del siniestro profesor Moriarty (Jared Harris), ni de las ganas irresistibles de ver la tercera entrega que sobrevienen en el minuto 129, justo antes de los créditos.


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