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27 agosto 2012

'El legado de Bourne': no añoramos a Matt Damon


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
per JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

Jason Bourne ha muerto: viva Aaaron Cross. O lo que es lo mismo,  una década después, la saga apenas se resiente de la ausencia de Matt Damon y consigue mantener toda la tersura de las entregas anteriores con el nuevo protagonista interpretado por Jeremy Renner. Felizmente para los beneficiarios económicos de la franquicia, aquí no había ninguna estrella super-absorbente, sino un concepto ameno y eficaz: el aparato de la CIA a la caza de un agente díscolo, guion de espías en gozosa promiscuidad con el cine de acción más trepidante. James Bond + Misión Imposible, con el necesario toque conspiranoico y existencial para acercar la fórmula al Zeitgeist (espíritu de la época), el modo antiguo y trascendente de referirse al Trending Topic

Todo esto viene a cuento de la cuarta entrega de la saga Bourne, basada en las novelas de Robert Ludlum y esta vez sin aquel agente con crisis de identidad que despertaba en alta mar (Damon). Ahora el protagonista ya no es un amnésico, sino un drogadicto (Renner), un mercenario del estado cuya supervivencia física y psíquica depende de unos misteriosos estuches con pastillas coloreadas. El atípico héroe de ‘En tierra hostil’ (2008) deja la guerra iraquí por los entresijos de la inteligencia americana y sus dobles y triples juegos, comandados aquí por un mefistofélico Edward Norton.

En su huída del estado mayor de la CIA, el agente rebelde unirá sus fuerzas con una bióloga al borde de un ataque de nervios (brillante Rachel Weisz), obligada a cambiar de bando tras comprobar cómo se las gastan sus jefes cuando se ponen a cortar cabezas. El action man y su partenaire científica, como en su día Matt Damon y su novia, vuelven a ser perfectas perchas para las infartantes persecuciones y las escenas cargadas de suspense en inquietantes escenarios interiores, todo un dispositivo para la pura distracción. Para pasárselo teta, que al final -por mucho que se empeñen esnobs y cansinos-, es de lo que se trata en este negociado.

07 febrero 2011

'El ultimátum de Bourne' (2007): roda el món i torna al Bourne

 
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 7,5      

Después del periplo persecutorio por Europa, Jason Bourne regresa a la zona cero de su trauma amnésico. "Roda el món i torna al Born", como dice el elocuente adagio catalán, sólo que aquí el Born es la sede central de los servicios de inteligencia estadounidenses, donde el ex agente consigue colarse para desplegar con creces -otra vez- su encantadora chulería inexpresiva.

La épica de una CIA conspiradora y todopoderosa, puesta contra las cuerdas por culpa de un solo hombre, funciona mejor que nunca en esta tercera entrega de la saga, felizmente continuista, donde nos vuelven a regalar momentos de virtuosismo torero: ahí está la chispeante carrera por los terrados de Tánger, con otra sesión sensacional de violencia cuerpo a cuerpo, milimétricamente planificada, o la siniestra tensión del francotirador agazapado tras un cartel publicitario, que busca su objetivo entre la multitud.

Inteligente como Sherlock Holmes, habilidoso como Jackie Chan, el personaje interpretado por Matt Damon definitivamente encaja como un guante en esta gran tramoya de acción que, en efecto, apenas profundiza en la interesante premisa de un héroe sin identidad (en el mundo moderno nadie puede sentirse como en casa, dice Zygmunt Bauman; o, en versión evangélica, "El hijo del hombre no tiene donde recostar la cabeza"). 

No. Por mucho que el final nos deje un breve diálogo socrático, donde perseguidor y perseguido intercambian fugazmente los roles, Jason Bourne no cuela como un James Bond existencialista. Ni falta que le hace: el espectáculo se basta y se sobra.


31 enero 2011

'El mito de Bourne' (2004): sigue el espectáculo

 
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 7,5      

El héroe amnésico vuelve por sus fueros en 2004, y donde antes buscaba su identidad corriendo por los puentes parisinos, en esta segunda entrega lo hace en una no menos cardioinsoportable carrera por las avenidas de Berlín y Moscú. Hablamos, por supuesto, de Jason Bourne, el ex agente de la CIA en búsqueda y captura por un pasado de matón a sueldo que a duras penas puede recordar.

El arranque de la nueva aventura pilla a Bourne en su índico retiro espiritual junto a Marie, la la fiel compañera de exilio, pero el nirvana turístico tendrá los días contados: enseguida aparece la sombra del perseguidor, desatando un anfetamínico hostigamiento por los suburbios hasta desembocar en un accidente de tráfico, puente mediante, tan brutal como cinematográficamente gozoso (alguien tendrá que estudiar alguna vez la condición bífida de nuestra mirada, según se enfrente al telediario o a la ficción).

Saltando de país en país como quien visita Google Imágenes, quitándose de encima pelotones de policías cual Hulk Hogan, telefoneando en suajili si hace falta mientras arrea puñetazos, el avispado ex espía vuelve a amenizar la función con sus hechuras tan inverosímiles como espectaculares -el ADN, por otra parte, de todo James Bond que se precie- y protagoniza algunos momentos para matrícula, como la escena en el apartamento donde machaca a un sicario en un mudo y prolongado cuerpo a cuerpo hasta la estrangulación sangrienta, o el tercer grado al que somete a sus perseguidores a través de una lejana mirilla (demostrando el imperecedero atractivo de la chulería bien filmada).

De nuevo las escenas de acción vienen trenzadas con el vibrante fragor de los despachos de la CIA, donde un jerifalte corrupto (carismático y otoñal Brian Cox) se enfrentará a una resuelta paladina de la verdad  (labios carmín, tinte rubio, profesional Joan Allen) en un pulso constante que riza el rizo de un guión cuyo perpetuo espasmo videoclipero apenas disimula su falta de originalidad. Pero qué bien te lo pasas, oye.

24 enero 2011

'El caso Bourne' (2002): engaño vibrante

 
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 7,5      

A falta de un utópico cine de reestreno que ofreciera películas a la carta a la vuelta de la esquina, ahí está el siempre eficaz DVD como abnegada Cenicienta para recuperar lo que un día te perdiste (y no cito CineTube y compañía por no alertar a posibles vigilantes insomnes de la SGAE). En este caso, para descubrir un thriller creativo y electrizante, del que se han escrito merecidas lisonjas: la primera parte de la saga Bourne (2002).

Un bisoño Matt Damon -que parece salido de una promoción de la ESO a pesar de sus treinta tacos bien cumplidos y rebasados por aquel entonces- emprende una frenética búsqueda sobre su propia identidad después de ser rescatado en aguas del Mediterráneo, en un arranque tormentoso e intrigante de aquellos que atan con cadenas a la butaca del cine (o al sofá de casa). Con un ritmo gozoso y ascendente, pronto descubriremos que este hombre lanzado cual héroe existencialista a la nada y al olvido es en realidad un agente fracasado, en búsqueda y captura por la todopoderosa CIA, porque -a ver si lo adivinan- sabe demasiado.

Para ser más precisos, Jason Bourne no sabe lo suficiente, y ahí radica el hallazgo argumental tan inverosímil como sugestivo en que se basa la película y su materia prima literaria (la novela de Robert Ludlum): el agente mantiene todas sus habilidades, todos sus conocimientos, todas sus astucias, y únicamente -vaya por Hitchcock- tiene lagunas profundas sobre su identidad y su experiencia personal. Este perverso artefacto narrativo lleva a Bourne a una fuga desesperada por Europa, una gran aventura policíaca de bellas postales en Marsella, Barcelona, Roma, Zurich y París, donde James Bond parece haberse perdido en la programación del canal Viajar.

'El caso Bourne' reserva secuencias de acción sobresalientes (para perder varias veces todos los puntos del carnet) y también instantes de una tensión de hierro, felizmente agobiante: especialmente rebobinables son la escena en el hotel de París, donde un sicario irrumpe cual relámpago, o la escena del descampado, donde Bourne rodea al matón con felina pericia.

Absolutamente nada es creíble, pero, con tan buenas artes, qué placentero resulta que nos tomen el pelo. De modo que pienso revisitar el videoclub más pronto que tarde para proseguir con tan fantástico engaño. 

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