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30 mayo 2015

La fiebre de las listas

Quim Monzó

La Vanguardia 22/04/2015


Desde que el periodismo digital se ha hecho omnipresente no hay día que no nos obsequien con listas de las cosas mas diversas. Desde su punto de vista es una jugada lógica, porque buscan gran cantidad de entradas a sus noticias, y lo de las listas es una de sus estratagemas para cazar a muchos de esos nuevos lectores que no quieren que les compliquen demasiado la vida con argumentos elevados. (…) Pero lo de las listas es ya tan repetitivo que cansa. (…) Diez grandes rutas por carretera que probablemente no conozcas. Las diez mejores playas de España. Las diez razas de gatos mas bonitas. (…) Los diez alimentos cotidianos que te matan lentamente. ¿Para cuándo la lista de las diez listas que no te puedes perder?

26 septiembre 2013

Gran Hermano: de Orwell a Telecinco

Joan Pau Inarejos
Una de las desgracias que le ha acaecido al legado de George Orwell es que la telebasura ha fagocitado a uno de sus personajes más emblemáticos. Hoy, en el imaginario de mucha gente, Gran Hermano ya no significa el terrorífico Ojo que todo lo ve, sino un programa donde la gente se exhibe voluntaria y prolijamente ante las cámaras. Lo que antes era un canto político contra la opresión ahora designa, en el mejor de los casos, la exaltación de la banalidad cotidiana: jóvenes que matan por un plano y que exhiben sus calzoncillos como nuevas banderas. Sólo la negra ironía de los guionistas permite que esta ceremonia de la nadería se llame igual que la metáfora totalitaria descrita en la novela 1984. Al hilo de un deslizamiento semántico tan espectacular, resulta lúcida la observación de Zygmunt Bauman. También nuestros miedos se han deslizado. Ya no tememos ser espiados; más bien nos atemoriza el hecho de no ser mirados. Si la cámara me graba, si la pantalla me incluye, es que existo.

Zygmunt Bauman
Entrevista de Justo Barranco en ‘La Vanguardia’, 8/9/2013

Algunos medios hablan de la situación actual aludiendo al Gran Hermano de Orwell. ¿Le parece que lo es?

No es una buena metáfora. El Gran Hermano respondía al panóptico de Bentham. Mantener a todos bajo control. Si lees 1984, la frase es “¡Gran hermano te vigila!” En la obra no sabes cuándo te miran a través de la televisión, tienes la impresión de que estás siempre bajo control. Aunque no tengas, te comportas como si estuviera ahí. Era el instrumento de vigilancia en el periodo de la historia donde, de acuerdo con Hannah Arendt, había una inclinación totalitaria escondida en el poder (…).

Estamos en una era diferente. Hoy la gente tiene miedo de algo completamente diferente, de lo opuesto: de ser dejada a solas, excluida, desechada. Si alguien está interesado en ellos están contentos. La frase “el Gran Hermano te vigila” ya no es una amenaza. La gente piensa: están interesados en mí; tantos me abandonaron, escribí un centenar de solicitudes de trabajo y nadie me respondió, han dejado que me las apañe como pueda y de repente hay alguien por fin muy interesado en lo que hago.

De hecho, la reacción al espionaje masivo ha sido notable en los medios de comunicación pero en la opinión publica no.

Ha permanecido indiferente, sin interés (…). Y la grandeza de gente como Orwell o Huxley es que captaron los miedos de su generación. Recuerdo cuando apareció 1984: hablaba de lo que yo tenía miedo, pero no es lo mismo hoy. Esos mierdos no causan pesadillas a las generaciones más jóvenes. Tienen miedo de ser abandonados por su campañero, de perder el trabajo, ser innecesarios para la economía, perder su casa… esos son los miedos”.

10 enero 2013

No ho neguem pas


Joan Pau Inarejos
El catalanoparlant, en cert sentit, és un hereu de Sant Pere. L’apòstol pescador va negar tres vegades Jesús, i l’usuari de l’idioma de Verdaguer, ja ho saben prou els lingüistes, té una tendència empedreïda a repetir i redundar les negacions. Home! -s'exclamarà el nostre pertinaç compatriota-, no (1) fos pas (2) que no (3) quedés prou clar el que dic i em fes entendre tant com no-res (4 i 5). 

Aquesta llengua amb què tu i jo, benvolgut lector, ens entenem i ens comuniquem, està impregnada d'una actitud que darrerament s’anomena la cultura del no, i que també podríem designar noisme si no semblés una apel·lació incorrecta a les persones despullades (nues). Mentre el refumut geni negador de l’idioma pervisqui entre nosaltres, rememorant el Rehab d'Amy Winehouse (No, no no), se li veu poc futur a aquella República del Sí que profetitzava l'ERC d'Oriol Junqueras (per cert, algú que no se sap si governa, o no és oposició, o ans al contrari).

Dic tot això perquè d'uns dies ençà que anem sentint les falques d’una nova campanya (informativa?) al voltant del reciclatge, on tres noies -que limiten al nord amb l'Uma Thurman de ‘Pulp fiction’ i al sud amb Las Virtudes- canten eslògans com el següent: “Si no ets envàs / al groc no hi aniràs”. Podrien haver dit “al groc no hi vas pas” i la fidelitat a l’esperit d’aquest poble seria plena... tanmateix, el fraseig mana, i qui paga, encara mana més (també hi ha una dita de pagar i cantar sobre Sant Pere, però deixem en pau l’amo de les claus).

Res a dir, si no fos perquè aquesta miraculosa multiplicació de les negacions aconsegueix posar el cervell molt nerviós. Els qui hem estudiat a l’escola de claredat del periodisme sabem que un No dins un text és un Alien, un virus desinformador que provoca endarreriments i embussos a les autopistes de l’enteniment. “Tot el que es pot dir, es pot dir clarament” (Wittgenstein) i, com recorda el neurolingüista George Lakoff, demanar a algú que no pensi en un elefant és la invitació més efectiva perquè ho faci. La negació és abstracta, i nosaltres som de mena concrets. Tot això queda ben clar quan t’enxampen ficant la matèria orgànica al forat que no toca. Diràs que “no és el que sembla” i ella sabrà que, efectivament, sí, és el que sembla. No ho neguis.

28 noviembre 2012

Disney o el Totalitarismo Pop


Jonathan Millán y Jordi Costa
Cultura/s, La Vanguardia, 28/11/2012

“Por el poder absoluto de su grafismo, las orejas de Mickey Mouse sólo podrían competir con el logotipo de la Coca-Cola y con la esvástica” (Ernest Trova, escultor). Disney adquiere LucasFilm por 3.124 millones de euros. Con el catálogo del estudio, más la compra del legado de los Muppets, más la absorción de la Marvel, más la adquisición de LucasFilm, la Disney se ha convertido, definitivamente, en la propietaria de nuestro subconsciente: un Totalitarismo Pop.

06 marzo 2012

El ciberespacio, el nuevo insconsciente colectivo



Reproducimos a continuación la interesante reseña de Carlos Alberto Scolari sobre el libro ‘El lectoespectador’ (2012) de Vicente Luis Mora. El ciberespacio como nuevo insconsciente colectivo, donde la literatura ya no se escribe sino que “se diseña” (“googliteratura”), y una frase feliz sobre las redes sociales: “El tweet es para semiólogos; el retweet para sociólogos”. Texto completo en: http://bit.ly/xtaBT0

Retomemos la reseña de “El lectoespectador” de Vicente Luis Mora y volvamos a la cuestión de la “pantpágina”, esa “página total” (p. 110) por la cual unos cuantos escritores parecen apostar. Afirma VLM que hoy, la literatura, no se escribe: se diseña. Para muchos escritores “la página se ha convertido en una pantalla diseñada” (p. 108). En esta parte VLM hace mucho hincapié en la influencia de los medios de comunicación de masas pero yo creo que es la influencia de las pantallas digitales (o sea, las interfaces del software, los videojuegos y sobre todo la web) la que está marcando a las páginas de las nuevas novelas. Si la televisión simula a las pantallas interactivas (ver mi artículo sobre la hipertelevisión en castellano o inglés), no es extraño que las páginas de las novelas teminen simulando esas mismas pantallas.

¿Cómo lee el lectoespectador? Hoy “leemos la página como si fuera una lámina electrónica emisora, un paisaje o un óleo…” (p. 109). Las nuevas narrativas nos están confirmando la existencia de un relato diferente, que no desecha el papel pero lo utiliza de otra manera: “Pasando las páginas, mirándolas sin leerlas, el lectoespectador puede advertir tratamientos textuales y paginales que apuntan a una literatura más próxima a su imaginario que al del siglo XIX” (p. 118).

Leo esto y se me ocurre un tweet: Se siente, se siente, #McLuhan está presente.
VLM también apunta la existencia de una nueva concepción del espacio en la nueva literatura, fruto de la difusión de experiencias de visión/navegación como Google Earth. La literatura pangeica “es la primera que estatuye el lugar narrativo de este mundo panóptico en el que nos encontramos” (p. 140)

Según VLM estamos en la autopista que conduce a la googliteratura, un tipo de “literatura geoposicional” (p. 143) que encuentra una de sus encarnaciones más interesantes en el proyecto We Tell Stories impulsado por la editorial británica Penguin.

Podríamos decir que gran parte de esta reflexión confluye en un territorio conocido por los lectores de este blog: el del transmedia storytelling. VLM considera que “JJ Abrams es uno de los grandes narradores cross-media de nuestro tiempo, si no el más capacitado” (p. 150). La existencia de relatos fragmentados, que se despliegan a través de varios medios, hace que el consumidor adopte una nueva táctica de interpretación: “la primera regla de lectura de las obras transmedia es la misma que rige la del proceso detectivesco: reunir todas las piezas del puzle, saber dónde termina la obra, si es que la obra termina” (p. 151).

La última parte del libro está dedicada a los “diez apotegmas sobre televisión” -no me gustó mucho este retorno al “broadcasting” después de la inmersión digital/hipertextual- y a otros temas como el cibespacio entendido como inconsciente colectivo. Esta línea de reflexión emparenta a VLM con Derrick de Kerckhove, quien últimamente está dedicado a desarollar una idea similar (From Freud’s unconscious to digital unconscious).

Para terminar, un par de cuestiones metodológicas. Algunos lectores pueden llegar a criticar la proliferación de neologismos en el texto de VLM. Él mismo lo explica con sus propias palabras: “hacer teoría en directo, en vivo, examinando fenómenos sobre los que no hay distancia histórica (ni distancia personal) es peligroso. Claro que sí, pero hay algo más peligroso aún: no hacerlo… Es más preciosa una idea equivocada que ninguna” (p. 118). En este contexto “cómo leer estas nuevas obras; qué instrumentos críticos utilizar cuando los de la teoría de la literatura y crítica tradicionales se limitan a la palabra escrita (…)Un texto, hoy en día, no es el mismo objeto que analizaban los formalistas rusos a principios del siglo XX. Por tanto se puede valorar con los mismos instrumentos críticos. De ahí que hayamos propuesto la noción de ‘intertexto’… (p. 177-184).

Yo creo que la semiótica tiene mucho para decir en este debate (ver mi ponencia “Semiótica: el desafío digital“), sobre todo a partir de conceptos como “multimodalidad”, muy trabajados en el mundo anglosajón pero casi descartados en los países mediterráneos y latinoamérica. El mismo VLM aporta más adelante alguna clave metodológica bajo forma de tweet:

“El tweet es para semiólogos; el retweet para sociólogos”

Lo interesante del libro del VLM es que no se hace eco de ese sentimiento anti-semiótico tan difundido en la comunidad de los investigadores de la comunicación españoles. Algún día escribiré sobre el tema, pero ahora es el momento de reivindicar una mirada -la “mirada semiótica”- y un potente arsenal metodológico que a menudo se lo descarta por prejuicios intelectuales o simplemente ignorancia.

La última parte de “El Lectoespectador” está dedicada a la nube (la famosa “cloud” donde todos, lectores, autores y textos, terminaremos antes o después) y a sus posibilidades. Novelas colaborativas, crítica literaria 2.0, textos infinitos … a estas alturas -remember, estamos en la cloud- el relato de VLM se recombina con las utopías hipertextuales de Ted Nelson y Vannevar Bush.

Me quedan unas cuantas cosas en el tintero, pero ya se habrán dado cuenta que conviene darle una ojeada a “El Lectoespectador”, el último ensayo deVicente Luis Mora.

Carlos Alberto Scolari en  http://bit.ly/xtaBT0 sobre el libro ‘El lectoespectador’ de Vicente Luis Mora (2012)

18 enero 2012

Deseamos el deseo de otros


 La publicidad avalada por famosos no está lejos de la creencia del antropófago que espera adquirir las cualidades del enemigo devorando su corazón

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO EL PAÍS

Madame Bovary somos todos. Nos lo reveló de modo brillante René Girard, cuando afirmaba que los deseos del personaje de Flaubert son los de las heroínas románticas que amueblan su imaginación de aburrida burguesa provinciana. En Mentira romántica y verdad novelesca (1961) argumentaba que nuestro deseo es imitación del deseo de otro, que nadie desea autónomamente, y que sólo los grandes novelistas consiguen deshacer el malentendido, colocando al mediador (es decir al modelo) en el lugar del objeto deseado. Porque, en realidad, nuestro impulso hacia el objeto desenmascara nuestra atracción hacia quien lo posee, con quien queremos identificarnos. El fundamento de toda la publicidad basada en el aval de un famoso es de índole fetichista: en el fondo, no está muy lejos de la creencia que alienta en el antropófago que espera adquirir las cualidades del enemigo devorando su corazón. Deseamos lo que ha deseado (y ya tiene) alguien a quien atribuimos prestigio o autoridad, y a quien queremos parecernos. Por eso Nadal vende calzoncillos de Armani; Clooney, café encapsulado, Kate Moss y Penélope Cruz, fragancias de lujo (…). LEER ARTÍCULO COMPLETO

MANUEL RODRÍGUEZ RIVERO ARTÍCULO ‘EL LIBRO DEL IMPUTADO EN ‘EL PAÍS’, 18/01/2012 
FOTO: IMAGEN DE NESPRESSO 



07 diciembre 2011

La furia del crítico

IGNACIO ECHEVARRÍA
“¿A quién interpela uno cuando se siente víctima de un adelantamiento peligroso o de un frenazo imprevisto? ¿Al automóvil o a su conductor?”
Del mismo modo, quizá “un crítico es un tipo corriente que, con un libro en las manos, se transmuta en celoso guardián” y “después de maltratar un libro, podría mostrarse amable” con el autor: “en rigor, no es nada personal”

(…) ¿A quién interpela uno cuando se siente víctima de un adelantamiento peligroso o de un frenazo imprevisto? ¿Al automóvil o a su conductor? 

La respuesta queda lejos de ser sencilla. Resulta absurdo pretender que imprecamos a una máquina. Pero, en rigor, tampoco insultamos a una persona física, real, sino más bien a un ente mixto, que existe únicamente en cuanto la persona ejerce como conductor y se halla dentro de su auto.

Recuerdo ahora un viejo corto de animación de la factoría Disney. Lo protagoniza Goofy. El corto se titula Motor Mania, y es del año 1950. Se puede encontrar fácilmente en YouTube, véanlo, es gracioso. Goofy es allí un escrupuloso y pacífico ciudadano incapaz de pisar una hormiga. Una vez sentado a su auto, sin embargo, sufre una transformación como la del Dr. Jekyll en Mr. Hyde y se convierte en una especie de demonio, infinitamente susceptible y agresivo. 

Pongamos que, en el peor de los casos, el crítico sea como Goofy. Un tipo corriente que, sin embargo, con un libro entre las manos, y puesto en situación de leerlo con vistas a pronunciarse públicamente sobre él, se transmuta en celoso guardián de su propia concepción de la buena literatura y exacerba su susceptibilidad hacia todo lo que la confirma o la contraría. Del mismo modo que, en esta tesitura, él deja de lado al ecuánime ciudadano que suele ser, los ataques que entonces prodiga no van dirigidos al -a su vez- pacífico ciudadano que se aloja en el libro en cuestión, no al menos en cuanto sujeto independiente, aislable del libro mismo. Después de maltratar por escrito su libro en las páginas de un diario, podría coincidir con él en un ascensor y mostrarse reverencioso y amable, sin ninguna hipocresía. 

Y es que no se trata, en rigor, de nada personal. 

Cómo explicarlo. 

IGNACIO ECHEVARRÍA SUPLEMENTO ‘EL CULTURAL’ DE ‘EL MUNDO’, 2/12/2011
FOTO: GOOFY EN EL CORTO ’MOTOR MANIA’

27 abril 2011

Professionals de la sospita

 
FERRAN SÁEZ MATEU
“Hi ha poques coses més intel·lectualment deshonestes que el dubte exhibicionista: el nostre escepticisme sistemàtic cap als mitjans acaba conduint, paradoxalment, a la pura desinformació”
Entre terratrèmol i terratrèmol, és quan apareix la patètica figura de Gaddafi. El que va passar a Líbia és una cosa tan greu com vergonyosa –un sàtrapa que volia fer callar la gent a canonades– però durant més d'una setmana aquest episodi va desaparèixer, va deixar d'existir, cosa que permeté a la dictadura líbia fer els darrers jocs de mans (un alto el foc per guanyar temps que al final ni tan sols va respectar, etc.). Els espaviladets, els falsos ingenus o els anarquistes subvencionats sempre acaben fent una lectura conspiratòria d'aquestes “desaparicions” informatives (alguns, de fet, viuen de fer-les). Com passava amb la qüestió que hem comentat abans, sembla més fàcil dur a terme una lectura malintencionada i falsament complexa d'un fet que no pas assumir-lo com allò que és: un esdeveniment contingent, una trista casualitat. Darrerament, aquesta gran impostura –hi ha poques coses més intel·lectualment deshonestes que el dubte exhibicionista– s'ha portat fins el paroxisme. Els recomano, en aquest sentit, la lectura de Boris Groys i la seva noció de “sospita mediàtica” (el nostre escepticisme sistemàtic cap als mitjans acaba conduint, paradoxalment, a la pura desinformació).

FERRAN SÁEZ MATEU, ARTICLE 'MÉS ENLLÀ DELS RELATS' AL DIARI ‘AVUI’, 22/3/2011 / foto: Gadafi, Getty Images

15 enero 2011

Definición de tertuliano

[Carlos Taibo, en 'Contra los tertulianos] constata que el tertuliano ha ido mutando en todólogo manipulable y manipulador. Se le exige el rigor de un experto, la amenidad de un actor o la oratoria de un líder.

SERGI PÀMIES, EN 'LA VANGUARDIA', 14/1/2011 

15 noviembre 2010

Primer plano = decapitación

 
CARLOS LOSILLA
 "Algunas tribus sentían pánico ante un primer plano: para ellos, era una mutilación"
La peliculita consistía en un único plano fijo: un andén que cruzaba la pantalla en diagonal, y por el que aparecía, al fondo del encuadre, un tren que se iba aproximando (...). Naturalmente, los espectadores, aún muy poco acostumbrados a las reglas del recién nacido cinematógrafo, experimentaban la viva impresión de que la locomotora podía abalanzarse sobre ellos en cualquier momento, por lo que muchos abandonaban la sala precipitadamente.

He aquí, pues, un tipo de error producido, no por las formas concretas que aparecen en la pantalla -nadie podía tener miedo de una locomotora en 1895-, sino por las propiedades intrínsecas del medio en cuestión, por la inteligente utilización de la profundidad de campo, que provocaba un suspense genuino, sin precedentes en el resto de las artes figurativas.

De la misma maera, la propia sintaxis cinematográfica, sobre todo a partir de Griffith, plantea enigmas irresolubles en lo referente al terror provocado en ciertos espectadores. Se dice que los integrantes de algunas tribus africanas con formas de vida aún primitivas sentían un pánico irrefrenable al contemplar un primer plano de una cabeza o de cualquier otro miembro del cuerpo humano: para ellos, se trataba de una verdadera mutilación, o, en el peor de los casos, de un acontecimiento sobrenatural. El primer plano en sí mismo supone algo así como una apoteosis del despedazamiento, que sólo podemos asimilar gracias a nuestra espontánea comprensión de las reglas técnicas y narrativas del llamado cinematógrafo.


CARLOS LOSILLA, 'EL CINE DE TERROR. UNA INTRODUCCIÓN ' (1993) / foto: detalle de la Decapitació de Sant Cugat, de Aine Bru

01 octubre 2010

Adulterio virtual


MARÍA PÉREZ CONCHILLO, SEXÓLOGA
 "Me han llegado casos en que la infidelidad se produce en la misma cama"

Para María Pérez Conchillo, directora del Instituto Espill de sexología, la competencia de la pareja no es ahora una tercera persona, sino la máquina. "La videoconsola, el ordenador, el móvil, están robando el tiempo que dedicábamos a interactuar con la pareja. Me han llegado casos en que la infidelidad se produce en la misma cama, con la pareja al lado, porque el otro, o la otra, está con su portátil chateando y flirteando virtualmente". 

Pérez Conchillo interpreta que la actividad con estas tecnologías tiene a su favor una estimulación satisfactoria inmediata que, además, depende de ti. "Tú tienes el poder, el control de decir cuándo se empieza y cuándo se acaba. Es más cómodo que escuchar a tu pareja, con quien no tienes el poder absoluto; sin embargo, cuando acaban su actividad virtual tienen una sensación de vacío, de instatisfacción emocional", dice la sexóloga.

EL PAÍS, REPORTAJE DE JAVIER MARTÍN, 30/09/2010

16 marzo 2010

Mutaciones vampíricas


JOAN PAU INAREJOS

Más de una vez me he preguntado por qué los niños de mi generación gozábamos sobremanera lamiendo un helado de color negro que tomaba un nombre tan poco jovial como "Drácula" (de Frigo) y que, para más inri, se iba enrojeciendo al paso de la lengua para imitar el mordisco sangriento. ¿Cómo hemos pasado del siniestro Vlad El Empalador de Transilvania al vampiro consumible de chiringuito, pasando por los elegantes galanes canosos que se acostaban en los sarcófagos? Sin recurrir a los polos, el periodista Gavin Baddeley da cuenta de estas y otras muchas mutaciones de la estética del terror en 'Cultura gótica. Una guía para la cultura oscura' (2006). Por cierto, ¿para cuándo un helado Exorcista que vaya segregando efluvios verdes mientras lo sorbemos?

GAVIN BADDELEY
"El demoníaco vampiro de Bram Stoker fue transformado en un Drácula de goma espuma en Barrio Sésamo"

Irónicamente, el mayor impacto de la cultura gótica en la televisión provino de la adaptación para la pequeña pantalla de sus iconos más venerables. Titanes del terror, como el conde Drácula y el Monstruo de Frankenstein se convirtieron en héroes kitsch para los niños. El demoníaco vampiro de Bram Stoker fue gradualmente transofmrado en un conde Drácula amigable y de goma espuma, que enseñaba a los niños la aritmética en Barrio Sésamo (Sesame Street). Los niños fastidiaban a sus padres para que les compraran empalagosos cereales para el desayuno como Count Chocula y Frankenberry. Dicha transformación radical sólo podía lograrse gracias a la trivialización que produjo la televisión.



La leyenda de Mary Shelley ha sido asimilada al lenguaje común: hoy hablamos de 'alimentos Frankenstein'
En la actualidad, la metáfora de la ambición ciega que viola las leyes naturales o divinas no es Prometeo, ni Fausto, sino Frankenstein. Su leyenda ha sido asimilada por el lenguaje común hasta tal punto que podemos leer cosas como que la ingeniería genética ("un arte no santificado") desata el horror de los "alimentos Frankenstein".

GAVIN BADDELEY: 'CULTURA GÓTICA. GUÍA PARA LA CULTURA OSCURA' (2006)





De Transilvania a Marte


JOAN PAU INAREJOS

En el siguiente pasaje, Gavin Baddeley constata la metamorfosis del miedo en los años cincuenta americanos. La Guerra Mundial ya ha pasado, y América ha roto sus vínculos umbilicales con las pesadillas culturales del Viejo Continente. Los dráculas y frankensteins triunfaron cuando se trataba de conjurar el imperialismo europeo o el nazismo, mientras que el nuevo tablero de la Guerra Fría trae los monstruos desde el espacio exterior: los aliens y los marcianos vienen a sublimar la nueva amenaza del Lejano Oriente soviético. Dicho en plata: que si Hitler chupaba sangre, Stalin tiene antenas y tentáculos.

GAVIN BADDELEY
A partir de los cincuenta, los monstruos vienen del espacio exterior: el terror ya no bebe del Antiguo Mundo europeo (Drácula) sino de la carrera espacial (los aliens)
Los monstruos del cine de la década de los cincuenta solían provenir del espacio exterior, o eran más el producto de una mutación radioactiva que de un cementerio. Esta evolución reflejaba la creciente preocupación del público estadounidense por la llamada "guerra fría". Las amenazas contra la seguridad de la nación ya no provenían del Antiguo Mundo europeo (el clásico escenario gótico), sino del enemigo soviético de Oriente, lo cual se manifestaba en el temor de perder la carrera espacial y la posibilidad de que se declarara una guerra nuclear.

GAVIN BADDELEY: 'CULTURA GÓTICA. GUÍA PARA LA CULTURA OSCURA' (2006)


IMÁGENES: 1) HELADO DRÁCULA DE FRIGO; 2) FRANKENSTEIN DE LA UNIVERSAL; 3) MONTAJE QUE COMPARA A HITLER-DRÁCULA CON STALIN-MARCIANO