Mostrando entradas con la etiqueta Walter Lippmann. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Walter Lippmann. Mostrar todas las entradas

29 junio 2007

El cinematógrafo construye el mundo


WALTER LIPPMANN

"Los florentinos que deseaban visualizar un santo acudían a su parroquia; hoy, el cine hace cobrar vida ideas borrosas como el Ku Klux Klan"

Los sujetos que aspiran a censurar el arte tienen a su favor que, por lo menos, no subestiman este tipo de influencias. Por lo general tienden a malinterpretarlas, y en el colmo del absurdo casi siempre se concentran en evitar que alguien logre descubrir lo que no cuenta con su bendición. Sin embargo, al igual que Platón cuando explicó su teoría acerca de los poetas, todos ellos presienten vagamente que los prototipos procedentes de la ficción tienden a imponerse en la realidad. Por tanto, cabe suponer que el cine esté construyendo una imaginería que las palabras que leemos en los periódicos son capaces de evocar.

A lo largo de nuestra historia nunca hemos tenido a nuestra disposición un apoyo visual comparable al cine. Cuando los florentinos deseaban visualizar algún santo, acudían a contemplar los frescos de su parroquia, donde podían empaparse de la visión vigente en su época, estandarizada por Giotto. Asimismo, los atenienses acudían a los templos para visualizar a los dioses. Sin embargo, el número de objetos representados era limitado, aunque no tanto como en Oriente, donde el espíritu del segundo mandamiento estaba tan extendido que las representaciones de cosas concretas escaseaban aún más. Quizá ésta sea la causa de que la facultad de tomar decisiones prácticas resultase asimismo escasa.

En el mundo occidental, por el contrario, se ha experimentado durante los últimos siglos un incremento sustancial del número y la gama de las representaciones laicas, las descripciones gráficas, la narrativa, la narrativa ilustrada y, por último, el cine mudo y, tal vez, el cine sonoro.

El cine goza en la actualidad de la autoridad en materia de imaginación de la que en el pasado gozaron la narración oral y la letra impresa, sucesivamente. Las películas parecen absolutamente reales. Imaginamos que llegan a nuestras manos directamente, sin que medie la intervención humana, y no cabe duda de que constituyen el alimento mental que menos esfuerzo requiere por nuestra parte. Las descripciones orales, e incluso las fotografías, nos exigen un cierto grado de esfuerzo mnemotécnico antes de instalarse definitivamente en nuestra mente. Sin embargo, delante de la pantalla todo el proceso de observación, descripción, narración y a continuación, imaginación se lleva cabo por y para nosotros.

Sin mayor dificultad que la necesaria para permanecer despiertos, la pantalla recita de un tirón los resultados más codiciados por nuestra imaginación. Gracias a ella cobran vida ideas hasta entonces borrosas y nociones vagas, como la del Ku Klux Klan, que ha cobrado forma gracias a 'The Birth of a Nation' de Griffith. Puede que dicha forma sea incorrecta desde el punto de vista histórico y perniciosa desde el moral, pero es una forma, y dudo que alguien que haya visto la película y sepa menos de lo que sabe Griffith acerca del Ku Klux Klan sea capaz de escuchar esas tres palabras, de nuevo, sin visualizar a esos jinetes blancos.



WALTER LIPPMANN, 'LA OPINIÓN PÚBLICA' (1922)

27 junio 2007

Diferencias por todas partes

WALTER LIPPMANN

"Los anarquistas sofisticados perciben todo un universo de disensiones entre Bakunin y Kroptkin”

La lucidez mental consiste en la capacidad de disociar analogías superficiales, reparar en las diferencias y percibir la variedad. Es una facultad relativa. Podemos apreciar notables diferencias entre la lucidez, de por ejemplo, un bebé recién nacido y un botánico en el momento de examinar una flor. Los recién nacidos apenas aprecian una ligera diferencia entre sus propios dedos, el reloj de su padre, la lámpara que hay sobre la mesa, la luna en el cielo y una edición de color amarillo brillante de Guy de Maupassant.

Cabe señalar que muchos miembros del ‘Union League Club’ no aprecian diferencias notables entre demócratas, socialistas, anarquistas y ladrones, mientras que los anarquistas más sofisticados perciben todo un universo de disensiones entre Bakunin, Tolstoi y Kroptkin. Estos ejemplos demuestran hasta qué punto puede resultar difícil definir con exactitud la opinión pública de los recién nacidos acerca de Maupassant, o del ‘Union League Club’ acerca de los demócratas.

Los individuos que se limitan a montar en los automóviles de terceros quizá no puedan distinguir más allá de un Ford, un taxi y un automóvil. Sin embargo, si esos mismos sujetos se comprasen y condujesen su propio vehículo, es decir, si proyectaran su líbido hacia los automóviles, como dicen los psicoanalistas, serían capaces de describir las diferencias existentes entre diversos carburadores con sólo mirar la parte trasera de un coche aparcado a una calle de distancia.

A esto se debe que a menudo nos sintamos aliviados cuando la conversación se deriva de “temas generales” a nuestras aficiones personales: es como pasar del paisaje que vemos pintado en el salón al campo de labranza que hay fuera de casa; o como regresar al mundo tridimensional después de habernos introducido en el retrato de la respuesta emotiva dada por un pintor ante lo que, en virtud de su propia memoria distraída, imagina que ha visto.

WALTER LIPPMANN, 'LA OPINIÓN PÚBLICA' (1922)