JOAN PAU INAREJOS
Em desconnecto
SLAVOJ ZIZEK
El "Mal" es una categoría mucho más compleja de lo que pudiera parecer. No es una simple y excéntrica obscenidad comprar la famosa frase mística de Angelis Silesius "La rosa no tiene 'porqué'" con la experiencia de Primo Levi en Auschwitz. Cuando Levi, sediento, intentó coger un poco de nieve del alféizar de la ventana de su barraca, el guardia que estaba fuera le dijo que se apartara; como respuesta a la pregunta de "¿Por qué?" de uin Levi perplejo (por qué rechazar tal acto, que no hacía daño a nadie y no infringía las reglas), el guardia respondió: "No hay 'porqué' aquí en Auschwitz".
Tal vez la coincidencia de estos dos 'porqués' es el definitivo "juicio infinito" del siglo XX el hecho sin fundamente de que una rosa disfrute de su propia existencia encuentra su "determinación oposicional" en la prohibición sin fundamento que surge de la pura jouissance del guardia: simplemente porque sí. En otras palabras, lo que en el dominio de la naturaleza es inocencia pre-ética pura regresa al dominio de la naturaleza bajo la forma del puro capricho del Mal.
GILBERT KEITH CHESTERTON
"Si un hombre tuviera el control de todo, habría tanto héroe que no habría novela"
La misma civilización, la caballeresca civilización europea que afirmó el libre albedrío en el siglo XIII, produjo esa cosa llamada ficción en el siglo XVIII. Cuando Santo Tomás de Aquino afirmó a libertad espiritual del hombre, creó todas las malas novelas de las bibliotecas circulantes.
Pero para que la vida sera una historia romántica, o un romance, para nosotros, es necesario que gran parte de ella, por lo menos, sea decidida sin nuestro permiso. Eso puede ser un fastidio, si queremos que la vida sea un sistema; pero si queremos que sea un drama, es esencial. Con frecuencia puede ocurrir, sin duda, que el drama haya sido escrito por algún otro que nos gusta muy poco. Pero nos gustaría aún menos si el propio autor apareciera cada hora delante del telón y nos impusiera la fatiga de inventar el siguiente acto. Un hombre tiene el control sobre muchas cosas de su vida; tiene el control sobre suficientes cosas como para ser el héroe de una novela. Pero su tuviera el control de todo, habría tanto héroe que no habría novela.
Y la razón por la que las vidas de los ricos son el fondo tan plácidas y aburridas es simplemente que ellos pueden elegir lo que les acontece. Son aburridos porque son omnipotentes. No sienten la aventura porque pueden hacer las aventuras. Lo que hace que la vida siga siendo romántica y llena de posibilidades ardientes es la existencia de esas grandes limitaciones simples que nos oblgan a todos a enfrentar cosas que no queríamos o que no esperábamos. Es inútil que los altaneros modernos hablen de encontrarse en un ambiente adverso. Estar en un romance es estar en un ambiente adverso. Nacer en esta tierra es nacer en un ambiente adverso, y por consiguiente nacer en un romance (...).
Los modernos imaginan que el romance existiría en su forma más perfecta en un completo estado de lo que ellos llaman libertad. Creen que si un hombre hace un gesto, sería romántico y asombroso que el sol se cayera del cielo. Pero lo que es asombroso y romántico del sol es que no se cae del cielo. Ellos buscan bajo todas las formas y apariencias un mundo en el que no haya limitaciones: es decir, un mundo en el que no haya formas. No hay nada más bajo que el infinito. Ellos dicen que quieren ser fuertes como el universo, pero en realidad lo que quieren es que todo el universo sea tan débil como ellos.
"¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades!"
Recórrense a las veces leguas y más leguas desiertas, sin divisar apenas más que la llanura inacabable donde verdea el trigo o amarillea el rastrojo, alguna procesión monótona y grave de pardas encinas, de verde severo y perenne, que pasan lentamente espaciadas, o de tristes pinos que levantan sus cabezas uniformes. De cuando en cuando, a la orilla de algún pobre regato medio seco o de un río claro, unos pocos álamos, que en la soledad infinita adquieren vida intensa y profunda.
De ordinario anuncian estos álamos al hombre: hay por allí algún pueblo, tendido en la llanura al sol, tostado por éste y curtido por el hielo, de adobes muy a menudo, dibujando en el azul del cielo la silueta de su campanario. En el fondo se ve muchas veces el espinazo de la sierra y, al acercarse a ella, no montañas redondas en forma de borona, verdes y frescas, cuajadas de arbolado, donde salpiquen al vencido helecho la flor amarilla de la árgoma y la roja del brezo.
Son estribaciones huesosas y descarnadas peñas erizadas de riscos, colinas recortadas que ponen al desnudo las capas de terreno resquebrajado de sed, cubiertas cuando más de pobres hierbas, donde sólo levantan cabeza el cardo rudo y la retama desnuda y olorosa, la pobre ginestra contenta dei deserti que cantó Leopardi. En la llanura se pierde la carretera entre el festón de árboles, en las tierras pardas, que al recibir el sol que baja a acostarse en ellas se encienden de un rubor vigoroso y caliente.
¡Qué hermosura la de una puesta de sol en estas solemnes soledades! Se hincha al tocar el horizonte, como si quisiera gozar de más tierra, y se hunde, dejando polvo de oro en el cielo y en la tierra sangre de su luz. Va luego blanqueando la bóveda infinita, se oscurece de prisa, y cae encima, tras fugitivo crepúsculo, una noche profunda, en que tiritan las estrellas. No son los atardeceres dulces, lánguidos y largos del Septentrión.
"No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir; es un paisaje monoteístico este campo infinito "
¡Ancha es Castilla! ¡Y qué hermosa la tristeza reposada de ese mar petrificado y lleno de cielo! (...) No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir, ni sugiere sensaciones de comodidad y holgura concupiscibles: no es un campo verde y graso en que den ganas de revolcarse, ni hay repliegues de tierra que llamen como un nido.
No evoca su contemplación al animal que duerme en nosotros todos, y que medio despierto de su modorra se regodea en el dejo de satisfacciones de apetitos amasados con su carne desde los albores de su vida, a la presencia de frondosos campos de vegetación opulenta.
No es una naturaleza que recree al espíritu. Nos desase más bien del pobre suelo, envolviéndonos en el cielo puro, desnudo y uniforme. No hay aquí comunión con la naturaleza, ni nos absorbe ésta en sus espléndidas exuberancias; es, si cabe decirlo, más que panteístico, un paisaje monoteístico este campo infinito en que, sin perderse, se achica el hombre, y en que siente, en medio de la sequía de los campos, sequedades del alma.
(...) se presentan en el inmenso páramo muerto, a la luz derretida del crepúsculo, un cardo quebrando la imponente monotonía en el primer término, y en lontananza las siluetas de Don Quijote y Sancho sobre el cielo agonizante. «Sólo Dios es Dios, la vida es sueño y que el sol no se ponga en mis dominios», se recerda contemplando estas llanuras.
MIGUEL DE UNAMUNO, 'EN TORNO AL CASTICISMO' (1895) / foto: campo en Soria (agosto 2007)

MIGUEL DE UNAMUNO
"El botero de Segovia, al no decir nada, se ha librado de la obligación de pensar, es un verdadero librepensador"
La palabra española "voluntad" es una palabra sin raíces vivas en la lengua corriente y popular (...). De querer tenemos el sustantivo querencia, que no se aplica más que a las bestias y significa el apego que cobran a un lugar o a una persona. Lo que en español sale de los órganos de la virilidad no es la voluntad, sino el deseo, la gana.
¡Gana! ¡Admirable palabra! Gana, término de origen germánico probablemente -aunque el español sea la lengua latina más latina, más que el italiano; la que contiene menos elementos germánicos-, gana es algo como deseo, humor, apetito. Hay ganas, en plural, de comer, de beber, de librarse de las sobras de la comida y de la bebida. Hay ganas de trabajas yu sobre todo ganas de no hacer nada (...).
"No me da la real gana, no me da la santísima gana", dice un español. Y dice también: "Eso no me sale de...la virilidad" (...). Y la noluntad, hija de la des-gana, conduce a la nada.
¡Nada!, otra palabra española henchida de vida, de resonancias abismáticas (...). ¡Nada! Así es como se ha producido ese especial nihilismo español -más valdría llamarle nadismo para diferenciarle del ruso- que asoma ya en San Juan de la Cruz (...) y que se llama quietismo en el español aragonés Miguel de Molinos.
Nadismo que nadie ha definido mejor como el pintor Ignacio Zuloaga, cuando, enseñando a un amigo su retrato del botero de Segovia, un monstruo a lo Velázquez, un enano disforme y sentimental, le dijo: "-¡Si vieras qué filósofo!... ¡No dice nada!".
No es que dijera que no hay nada o que todo se reduce a nada, es que no decía nada. Era acaso un místico sumergido en la noche oscura del espíritu de San Juan de la Cruz. Y acaso todos los monstruos de Velázquez son místicos de ese género (...). El botero de Segovia, al no decir nada de nada, se ha librado de la obligación de pensar, es un verdadero librepensador.
JOSÉ ANTONIO MARINA, ‘ANATOMÍA DEL MIEDO’, 2006
“…Pues más temblarás cuando sepas dónde te voy a meter”
La ansiedad, la angustia, el temor revelan nuestra vulnerabilidad. Hemos tenido que aprender a soportarlos y a convivir con ellos. Pero la rebelde naturaleza humana rechaza esta táctica apaciguadora. No le ha bastado al hombre con protegerse, con resignarse al miedo o con ejecutar, como los animales, las respuestas al temor prefijadas por la naturaleza: la huída, el ataque, la inmovilidad, la sumisión. Ha querido también sobreponerse al temor. Actuar como si no lo tuviera.
Todo el mundo conoce la anécdota del mariscal de Turenne, conocido por su valor. Antes de entrar en combate, sintiendo que temblaba de miedo, se dijo: “¿Tiemblas, cuerpo mío? Pues más temblarás cuando sepas dónde te voy a meter”. Valiente no es el que no siente miedo –ése es el impávido, el insensible- sino el que no le hace caso, el que es capaz de cabalgar sobre el tigre. “Courage is grace under pressure”, dijo Hemingway. Valor es mantener la gracia, la soltura, la ligereza, estando bajo presión (…).
¿Quién no desearía ser valiente? Todos experimentamos una nostalgia de la intrepidez. ¡Nos sentiríamos tan libres si no estuviéramos tan asustados! (…) ¿Qué es ser bueno?, se preguntaba el conmovedor Nietzsche, tan frágil, tan acosado, y respondía: ser valiente es ser bueno. Aunque nacemos todos miedosos, las culturas han elogiado siempre el coraje, y esta insistencia me hace sospechar que estamos avizorando algún elemento esencial de la naturaleza humana (…).
“¿Qué otra cosa va hacer el ciervo sino huir del leopardo? Pero el hombre no se encuentra cómodo en esas rutinas; quiere actuar a pesar del miedo”
El panorama es el siguiente. El ser humano siente miedo y responde psicológicamente al miedo con mecanismos muy próximos a los que usan los animales: huida, ataque, inmovilidad y sumisión. Biológicamente, el miedo no plantea ningún problema. ¿Qué otra cosa va hacer el ciervo sino huir del leopardo? ¿Qué otra cosa va hacer el escarabajo sino hacerse el muerto cuando lo toco? Son respuestas adaptativas eficaces para todos los animales.
Pero el hombre no se encuentra cómodo en esas rutinas tan contrastadas. ‘El ser humano quiere vivir por encima del miedo’. Sabe que no puede eliminarlo, sin caer en la locura o la insensibilidad, como ya decía Aristóteles, pero quiere actuar “a pesar” de él.
Aquí se revela nuestra naturaleza paradójica: no podemos vivir sin que nuestros sentimientos nos orienten, pero no queremos vivir a merced de nuestros sentimientos. Para resolver esta contradicción, la inteligencia ha inventado, además de las consultas psi, las formas morales de vida, aquellas que no surgen sin más de los sentimientos, sino de los sentimientos regulados por la inteligencia creadora, una de cuyas invenciones es la ética. La psicología a lo más que llega es a la salud. La ética habla del bien y de la nobleza.
“¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo”. ¡Qué palabra tan misteriosa!”
La valentía se mueve, pues, en el campo de la inteligencia creadora, que aspira a superar nuestra naturaleza animal, a bailar sobre nuestros propios hombros, como decía Nietzsche. Lo nuestro no es “sobre-vivir” sino “super-vivir”. Esto no quiere decir por encima de nuestras posibilidades, lo que sería quimérico, sino por encima de nuestras realidades. Lo nuestro es aspirar a un proyecto de vida que, antes de existir en la realidad, sólo existe en nuestra mente. Ningún hombre –en estado natural- puede saltar más de dos metros de altura, ni volar, ni trepar la cima del Everest (…).
No estoy hablando de un orgullo estúpido, porque nuestras limitaciones son bastante evidentes. El frágil Rilke lo dijo: “¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo”. ‘Uberstehn ist alles’. ¡Qué palabra tan misteriosa! ‘Sobreponerse’. Ponernos, como podamos, por encima de nosotros mismos. No se trata de ‘aguantar’ al enemigo, sino de ‘aguantarnos’. ¿De qué estamos hablando cuando decimos: Es que no me soporto? ¿Quién es el yo soportante y el yo soportado?
JOSÉ ANTONIO MARINA, ‘ANATOMÍA DEL MIEDO’, 2006
NAOMI KLEIN, 'NO LOGO', 1999
¿Es esto lo que queríamos? ¿Todas nuestras protestas y nuestra teoría supuestamente progresista sólo han servido para alegrar las industrias de la cultura, para proporcionar una imaginería feminista a la nueva campaña publicitaria «What's True» de Levi's y para permitir que las discográficas logren ventas récord de discos con mensajes sobre el poder de la mujer? En otras palabras, ¿por qué nuestras ideas sobre la rebelión política resultan tan poco amenazadoras para la buena marcha de los negocios?
Por supuesto, la pregunta no es por qué, sino por qué diablos no. Del mismo modo que los inteligentes empresarios adoptaron la ecuación «marcas sí, productos no», tampoco tardaron en darse cuenta de que los inconvenientes a corto plazo —ya se tratara de la exigencia de contratar más mujeres o de cuidar más el lenguaje en una campaña publicitaria— eran un precio pequeño a pagar por la inmensa cuota de mercado que les prometía la diversidad. Así que aunque puede ser verdad que el proceso ofreció progresos reales, también lo es que Dennos Rodman viste formalmente y que Disney World celebra el Día del Orgullo Gay no tanto porque sean progresistas, sino porque les resulta financieramente rentable.
"La necesidad de una mayor diversidad, que era el grito de guerra de mis años universitarios, se ha convertido en el mantra del capital mundial"
El mercado se ha apoderado del multiculturalismo y de los géneros del mismo modo que de la cultura juvenil en general, no sólo en tanto que sectores del mercado, sino como fuente de una nueva imaginería carnavalesca. Como señalan Roben Goldman y Stephen Papson, «sencillamente, la cultura blanca ya no funciona». Los 200 mil millones de giro de la industria de la cultura —que ahora es el mayor artículo estadounidense de exportación— necesita un suministro ininterrumpido y siempre diferente de estilos callejeros, de vídeos musicales de última y toda la gama de colores del arco iris. Y los críticos radicales de los medios de comunicación que exigían estar «representados» en ellos a comienzos de la década de 1990 virtualmente regalaron su identidad a las marcas para que las empaquetaran y las vendieran.
La necesidad de una mayor diversidad, que era el grito de guerra de mis años universitarios, no sólo es aceptado por la industria de la cultura, sino que se ha convertido en el mantra del capital mundial. Y la política de la identidad, tal como se practicaba en la década de 1990, era una mina de oro. «Esta revolución», escribe el crítico de la cultura Richard Goldstein en The Village Voice, «resultó ser la salvadora del capitalismo tardío». Y llegó a tiempo.
Durante los siglos XVII y XVIII, durante la época de la ‘seguridad’ y la ‘fe en la razón’, era imposible una actitud auténticamente luterana. Pero a finales del siglo XVIII empieza a perderse confianza en la razón, empieza a no satisfacer el esquema de la ‘machyna mundi’. Es la época del prerromanticismo, de Rousseau, del ‘Sturm und Drang’. Y pronto sobreviene la segunda gran ‘crisis europea’: la Revolución. Otra vez será posible el luteranismo.
“¿Cómo no relacionar la doctrina luterana de la pecaminosidad radical con la kantiana del mal radical?”
Kant fue acaso, pese a su lastre racionalista, el primer protestante genuino desde Lutero; el pensador cuyo designio central era, según su confesión, limitar el saber para dar lugar a la fe. Con razón es considerado como el filósofo protestante por antonomasia. Su “destrucción” de la metafísica aportó, ¡por fin!, un serio fundamento a la irracionalista concepción luterana, como la filosofía de la existencia será una secularización de la filosofía de Kierkegaard.
A la negación luterana de la ‘teología natural’ corresponde la negación kantiana de la metafísica. A la paradoja de “los mandamientos imposibles de guardar” corresponde la de un “imperativo moral”, que exige de los seres humanos, sometidos a la férrea ley de la causalidad natural, lo que éstos no pueden cumplir. Y así, como Lutero afirmaba, a la vez, el ‘servo arbitrio’ y la ‘libertad del cristiano’, Kant afirmará, simultáneamente, la causalidad natural y la libertad.
“A la salvación religiosa de Lutero por ‘la sola fe’ corresponde la salvación moral de Kant por ‘la buena voluntad’ sola”
La contradicción kantiana entre la ‘Crítica de la razón pura y la Crítica de la razón práctica’ es una racionalización de la antítesis luterana entre la ‘Kreuztheologie’ y la ‘Trosttheologie’. A la repulsa de la caridad (las “buenas obras”) corresponde la lucha de Kant, en nombre del “deber”, contra el valor de lo hecho “por inclinación”, “por amor”. ¿Y cómo no relacionar la doctrina luterana de la pecaminosidad radical con la kantiana del “mal radical”? En fin, a la salvación religiosa por ‘la sola fe’ corresponde la salvación moral por ‘la buena voluntad’ sola.
Observemos que después de Kant y de algunos contemporáneos suyos –Hamman y Jacobi sobre todo- no vuelve a haber verdadero luteranismo hasta Kierkegaard. Todo lo demás, llámese Schleiermacher, teología liberal o idealismo alemán, etc, en cuanto incurso en el racionalismo, sentimentalismo, misticismo o tiranismo, en definitiva, desconocimiento de la ‘distancia’ entre Dios y el hombre, es antiluterana.
“El sentimiento religioso de Kierkegaard es afín al de Lutero. Dios es el ‘totalmente Otro’”
Sören Kierkegaard ha sido el más grande teólogo luterano y el hombre de temple más luterano que ha existido nunca (…). Kierkegaard se encuentra también, como Lutero, con una ‘ruptura de la tradición’ inmediata –ateísmo de Feuerbach, que explica psicológicamente la génesis de la religión, y fracaso de la filosofía idealista- y con una ‘situación’ real de aburguesamiento religioso y de ‘crisis’ social que empieza a entreverse (…).
Kierkegaard está separado de Lutero por una cruel deficiencia de vitalidad. A éste le rebosaba el espíritu vital. Aquel tenía, ni más ni menos, que con la cuantía de vida necesaria para consumirse, como un cirio ardiente, al acabar de proferir la última palabra decisiva contra la cristiandad. Lutero tuvo fuerzas sobradas para arrastrar a una nación entera tras de sí. Kierkegaard, a duras penas logra la ‘decisión’ que tanto predicara y que tantos esfuerzos le costó. Pero la actitud revolucionaria les es común. Ambos rompen con la ‘religión tradicional’: Lutero, con el catolicismo; Kierkegaard, con el cristianismo oficial de su país.
El sentimiento religioso de Kierkegaard es afín al de Lutero. Dios es el “totalmente Otro”, el Supraser, separado del hombre por una ‘distancia’ infinita e infranqueable, el “enemigo mortal” del género humano.
La disposición de ánimo que requiere tal Dios es el “temor y temblor”, palabras paulinas con que Kierkegaard rotuló uno de sus libros más importantes; a la vista del servidor de Dios, del hombre religioso, del implacable sacrificador Abraham, nos sobrecoge un escalofrío de ‘horror religiosus’ (…).
“Los herejes protestantes tenían ante los ojos la odiada Escolástica. Kierkegaard piensa como ellos, pero su adversario es ahora la Dialéctica hegeliana”
La senda angosta de la elección divina, el camino de la fe, pasa ‘necesariamente’, según Kierkegaard, igual que según Lutero, por la angustia y la desesperación. También aquí, como en Pascal, la existencia es el frágil puente tendido entre la nada y Dios (…).
Kierkegaard opone al “pensamiento especulativo” el “pensamiento existencial”. El animal tiene “vida”. El hombre digno de este nombre ‘es’ “existencia”. “Existencia” es una peculiar actitud del hombre para consigo mismo que envuelve en sí las de ‘seriedad’, ‘elección’ o ‘decisión’, ‘repetición’, ‘preocupación’ y ‘sinceridad’.
El desprecio por la especulación, por la metafísica, es común a los reformadores. Lutero detestaba cordialmente a Aristóteles, no quería ni oír hablar de metafísica, y aun de la teología misma no le importaba más que lo pertinente a su salvación, la Soteriología. Y Melanchton llegó a afirmar, con criterio cerradamente utilitario, que ‘hoc est Christum cognoscere, beneficia ejes cognoscere’. Al escribir así, los dos herejes tenían ante los ojos la odiada Escolástica. Kierkegaard piensa como ellos, pero su adversario es ahora el idealismo especulativo, la Dialéctica hegeliana.
SOBRE MI
Periodista, locutor y guionista en La Xarxa. Radio y tele. Escribo sobre cine, arte, filosofía, actualidad y viajes, además de relatos cortos en catalán y castellano. Soy un escorpio de Sant Boi de Llobregat, nací el 1 de noviembre de 1983 y no, no es el día de los muertos
Periodista, locutor i guionista a La Xarxa. Ràdio i tele. Escric sobre cinema, art, filosofia, actualitat i viatges, a més de relats breus en català i castellà. Sóc un escorpí de Sant Boi de Llobregat, vaig néixer l’1 de novembre de 1983 i no, no és el dia dels morts
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Seccions: La Repassada
1. Antología poética, de Miguel Hernández***
2. Generació bombolla, de Aleix Saló (cómic) **
3. La casa, de Paco Roca (cómic) ***
4. Después de la guerra, de Agus Morales et al. (5w)
5. El espectador, de José Ortega y Gasset
6. La poesía del pensamiento, de George Steiner
7. La felicidad paradójica, de Gilles Lipovetsky
8. Madame Bovary, de Gustave Flaubert