23 enero 2007

Husserl o el "politeísmo abstracto"

ALBERT CAMUS, 'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

El método husserliano [Edmund Husserl, 1859-1938] niega el procedimiento clásico de la razón (...). Pensar no es unificar, familiarizarnos con la apariencia bajo el rostro de un gran principio. Pensar es aprender de nuevo a ver, dirigir la propia conciencia, hacer de cada imagen un lugar privilegiado. Dicho de otro modo, la fenomenología se niega a explicar el mundo, quiere solamente ser una descripción de lo vivido. Coincide con el pensamiento absurdo en su afirmación inicial de que no hay verdad, sino solamente verdades.

Desde el viento vespertino hasta la mano que se apoya en mi hombro, cada cosa tiene su verdad. Es la conciencia la que la aclara por la atención que le presta. La conciencia no forma el objeto de su conocimiento, se limita a fijar, es el acto de atención y, por recoger una imagen bergsoniana, se parece al aparato de proyección que congela de repente una imagen. La diferencia es que no hay guión, sino una ilustración sucesiva e inconsecuente. En esta linterna mágica todas las imágenes son privilegiadas.

Sería inútil extrañarse de la aparente paradoja que conduce al pensamiento a su propia negación por los caminos opuestos de la razón humillada y la razón triunfante. No hay una distancia tan grande entre el dios abstracto de Husserl y el dios fulgurante de Kierkegaard. La razón y lo irracional llevan a la misma predicación. Y es que, en verdad, el camino importa poco, la voluntad de llegar basta para todo (...).

Husserl habla también de "esencias extratemporales" que la intención saca a la luz, y creemos oír a Platón. No se explican todas las cosas por una sola, sino por todas (...). Ya no hay una sola idea que lo explica todo, sino una infinidad de esencias que dan sentido a una infinidad de objetos. El mundo se inmoviliza, pero se aclara. El realismo platónico se hace intuitivo pero sigue siendo realismo. Kierkegaard se abismaba en su Dios, Parménides precipitaba el pensamiento en lo Uno. Pero aquí el pensamiento se arroja a un politeísmo abstracto. Más aún: las alucinaciones y las ficciones también forman parte de las "esencias extratemporales". En el nuevo mundo de las ideas la categoría de centauro colabora con la más modesta de metropolitano (...).

Para el hombre absurdo había una verdad, al mismo tiempo que una amargura, en esta opinión puramente psicológica de que todos los rostros del mundo son privilegiados. Que todo sea privilegiado equivale a decir que todo es equivalente (...). En este mundo ideal sin jerarquías, el ejército se compone sólo de generales. La trascendencia había sido eliminada, sin duda, pero un brusco giro del pensamiento vuelve a introducir en el mundo una espece de inmanencia fragmentaria que restituye al universo su profundidad.

El filósofo abstracto y el filósofo religioso parten del mismo desconcierto y se apoyan en la misma angustia. Pero lo esencial es explicarse. En eso la nostalgia es más fuerte que la ciencia. Es significativo que el pensamiento de nuestra época sea a la vez uno de los más impregnados de una filosofía de la no significación del mundo y uno de los más desgarrados en sus conclusiones. No cesa de oscilar entre la extremada racionalización de lo real que induce a fragmentarlo en razones-tipos y su extremada irracionalización, que induce a divinizarlo.

ALBERT CAMUS,
'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

19 enero 2007

Cómo nacen las ideas del judaísmo


LA SINAGOGA, en el exilio babilónico

La religión yahvista era una religión nacional y estaba basada en el culto rendido a Yahvé en el templo de Jerusalén. Abolida su monarquía, destruido su templo y desterrados de Jerusalén [siglo VI aC], los exiliados que continuaron fieles al yahvismo se vieron obligados a repensar su religión y a cambiar sus prácticas. Ya no había templo ni altar de sacrificios. Sólo quedaban las tradiciones orales y los escritos sagrados traídos por los sacerdotes, todavía en proceso de reescritura y que acabarían constituyendo la Torá.

En cada localidad de Mesopotamia donde había exiliados yahvistas -donde había judíos-, éstos se reunirían frecuentemente para leer o escuchar la lectura de la Torá, para comentarla, para cantar himnos a Yahvé y para animarse unos a otros, manteniendo vivo el recuerdo de su alianza con Yahvé. Ya que no podían ofrecer sacrificios a su dios, le ofrecían al menos sus palabras, sus plegarias, su música y sus canciones.

Reunión o congregación se dice en griego 'synagogé'. de ahí viene el nombre de "sinagoga" con que se conoce tanto la reunión de la comunidad judía local como el edificio en que tal reunión tiene lugar. En la antigüedad el templo -incluído el de Jerusalén- era la casa de un dios, en que se le cuidaba, se le rendía culto y, en especial, se le daba de comer, mediante la ofrenda de sacrificios comestibles. En el interior del templo sólo penetraban los sacerdotes, que tenían acceso directo a dios. El pueblo permanecía fuera. La sinagoga, por el contrario, era un lugar de reunión para los fieles, para la comunidad creyente, y en ella no habitaba el dios ni se ofrecían sacrificios. La sinagoga -surgida en el exilio de Babilonia como respuesta de los judíos a la pérdida del templo- es también el precedente de las posteriores iglesias cristianas y mezquitas islámicas.



SATÁN, bajo el dominio persa

Durante los dos siglos de teocracia yahvista bajo tutela política persa [siglos VI aC-IV aC], la influencia cultural de la religión de los persas se hizo sentir sobre el judaísmo, como era de esperar. En los textos de esa época aparecen por primera vez temas típicos de la religión mazdeísta, pero completamente ajenos al yahvismo preexílico, tales como la figura de Satán, las jerarquías de ángeles y demonios, el juicio final y la inmortalidad del alma.

En el Iyyob (Job) y en el Dibré ha-yamin (Crónicas) aparece Satán como el adversario de Dios y factor del mal, en claro reflejo de la concepción dualista persa. A la idea de un Satán opuesto a Dios se une la de un juicio final y una vida después de la muerte, con premios para los humanes que en esta vida hubieran estado con Dios y castigos para los que hubieran estado con Satán. Estas ideas persas, a través del judaísmo, acabarían pasando al cristianismo y al islam.

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO', 2006 / fotos: GRAN SINAGOGA DE FLORENCIA Y 'SATÁN CONTAGIANDO LAS ÚLCERAS MALIGNAS A JOB', DE WILLIAM BLAKE, 1826

17 enero 2007

Sirena dormida sobre Ulises

Y ZP pidió perdón


JERJES Y MARIANO EN SALAMINA


ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007


Mariano Rajoy es mejor orador parlamentario que José Luis Rodríguez Zapatero. Ayer volvió a quedar de manifiesto, con unas salvedades que expondremos más adelante. Acudió Rajoy al Congreso con uno de sus discursos de nogal con pasamanos de níquel, que suelen ser antiguos y modernos a la vez. Concebidos para dar satisfacción a las exigencias de la comunicación americanizante -frases cortas e hirientes que se hunden con facilidad en la mantequilla zapaterista-, y bruñidos con Netol a la manera de antes.

Son los de Rajoy discursos con viñetas, como aquellas novelas juveniles de la editorial Bruguera con las que algunos aprendimos a amar la literatura. Da caña en el telediario de las nueve, paga el diezmo al radiofonista Losantos, se ajusta, más o menos, a las tácticas zorrunas del periodista Ramírez, y a la vez deleita a los viciosos del verbo y la floritura: ayer sacó a pasear a la carabina de Ambrosio, vieja metáfora castellana de lo herrumbrosoe inútil; a Confucio, sabio entre los sabios, y a Jerjes, el persa, que fue engañado como un chino, por los griegos, en la batalla naval de Salamina. ¡Salamina! Ahí Rajoy estuvo grande, pero mucho nos tememos que las batallas políticas actualmente no se ganan con puño de hierro y alardes de salón literario. Esa aleación es vieja. Hoy las batallas se libran en los pantanales de lo mediático, un medio pastoso en el que hay que saber combinar razón y emoción.

El presidente del Gobierno no es un intelectual. Ni pretende aparentarlo. Su registro es el de un licenciado medio, especialista en lo suyo: la política parlamentaria. Esencialmente, José Luis Rodríguez Zapatero es un capitán de lansquenetes de la brega política, con unas ideas de fondo, con un liderazgo fraguado por dos victorias en el último minuto (en el congreso de su partido y en las elecciones del 2004), y con un dominio innato de la astucia emocional. Asesorado por gente que han pasado más horas en la FNAC que en el Ateneo, la disposición de las naves en la batalla de Salamina le importa más bien una higa. Zapatero es un populista democrático, como la señora Royal en Francia, que por algo se hace llamar la Zapatera.(Un populista en minúsculas, a la europea, no un Hugo Chávez; no vayamos a trabajar gratis para la cofradía de los Peones Negros).

De manera que mientras Rajoy le llamaba tonto, invocando al gran Jerjes, que fue incauto en la hora decisiva; Zapatero se dirigía a los televidentes pidiendo excusas por el error del día 29 de diciembre, cuando anunció que lo de ETA podía ir la mar de bien. En un momento en el que todo el país habla mal de la política, con una acidez y una amargura profundas, reconocer el error: un error de bulto, un error por el que nadie ha presentado la dimisión en los escalones intermedios, es un movimiento emocionalmente certero; por la sencilla razón de que la gente no está acostumbrada a ello.

La batalla de Salamina la ganaron los griegos enviando al campamento de Jerjes a un esclavo que se hizo pasar por traidor. La imagen es bella y de sólo oírla la tercera página deABCya se pone tersa. Pero en la era mediática triunfan las transparencias, sinceras o no. Oír a un presidente del Gobierno pidiendo excusas es una novedad en España. Otra cosa es el recorrido político de esa novedad. Quizá sea corto. E incluso podría ser contraproducente si dentro de unos meses las cosas aún se ponen más feas, porque España es puñetera. A las nuevas generaciones, es cierto, les gusta que la autoridad sea moderna, autocrítica y bondadosa, como el padre de la serie Los Serrano. Pero, cuando van mal dadas, a los españoles les gusta ser mandados. En España hay que saber repartir hostias, escrito sea sin ánimo de ofender a nadie.

Sostiene Gregorio Morán que menos metáforas y más realismo. Que la política es un ejercicio frío, basado en un estricto cálculo de fuerzas y de posibilidades. Bajo esta perspectiva, cuya verdad de fondo no vamos a negar, el discurso pronunciado ayer por Mariano Rajoy es el de alguien que está convencido de que el Gobierno va directo al precipicio y que ETA, como defiende el señor Xavier Bru de Sala, ya da por amortizado al PSOE. De manera que los que hoy no comprendan la dureza del PP, ya la entenderán cuando se celebren nuevos funerales. Con su ángulo cerrado, Rajoy da a entender que su partido quizá sabe más de lo que parece sobre lo que se está urdiendo al otro lado de la muga. Goteras en el CNI, apuntó Erkoreka, portavoz del PNV, partido históricamente atento a los servicios de inteligencia.

He ahí una pista para otra enrevesada teoría de la conspiración. Quizás esté llegando la hora de los Peones Blancos. La hora del delirio definitivo: España, octava potencia industrial del planeta, secuestrada políticamente por el bicho terrorista: Alien destrozando circuitos en la sala de reactores.

Alien dueño del cuarto de máquinas y Zapatero, medio noqueado a finales de diciembre, recuperando el aliento después de la manifestación del sábado en Madrid. Ágil y calculadamente agresivo - se guardó algunas réplicas al constatar la dureza de Rajoy-, con toda probabilidad ganó ayer unos enteros, aunque no logró una mejora sustantiva en el crédito social de la política.

El gran riesgo del PP, como siempre, es el de ir más allá del discurso de la firmeza, con el que la derecha, de una manera u otra, siempre acaba teniendo razón. Si aparece como un partido deseoso de que las cosas vayan muy a peor, naufragará de nuevo.

Populista ateniense, el presidente volvió a poner su estrategia en manos de la opinión pública. Rajoy, personalmente convencido de que su contrincante es un perfecto insensato, apuesta por la hecatombe gubernamental. Y entre las naves persas y la isla de los griegos, emergió el señor Duran Lleida, invocado como mediador. CiU, la desdichada, es ahora en Madrid la gran Artemisa. Artemisa de Caria, la más prudente consejera de Jerjes en la batalla de Salamina.

ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007



MIENTRAS UN PÚGIL SE TAMBALEA, SU CONTRARIO CEDE AL RESENTIMIENTO

ANTONI PUIGVERD, 16/01/2007

El presidente sigue noqueado. La metáfora más manida en estos días continúa vigente. En un Parlamento que emula un ring, con diputados gritando como forofos y esperando con avidez que el puño por el que apuestan destroce la mandíbula del orador odiado, Zapatero se tambalea. No está en condiciones de responder con soltura y convicción a los ganchos tremendistas de Mariano Rajoy. Sabíamos que la explosión de la T4 había segado las vidas de dos desdichados emigrantes y que había hundido el puente de la esperanza. Ahora constatamos, alarmados, que el piloto ha perdido el rumbo, pues vacila y balbucea ante los envites del oleaje retórico de Rajoy.

Zapatero pidió comparecer ante el Parlamento para ofrecer explicaciones y dar seguridad a la ciudadanía. No lo ha conseguido. Ha exhibido de nuevo el desconcierto. Incapaz de fijar con soltura el rumbo, no ha tenido más remedio que abusar de la lealtad institucional de CiU (de un Duran Lleida brillante a fuer de austero) y de la protección de los parientes de izquierda (en particular de un Gaspar Llamazares, habitualmente gris, pero eficacísimo, ayer, en su labor crítica de un Rajoy que tiende a confundir la oposición con la sagrada Inquisición). Zapatero balbucea estupefacto y dolorido. Si los explosivos etarras destrozaron su proverbial seguridad, los autos de fe de Rajoy le dejaron en estado de desolación.

El balbuceo de Zapatero es comprensible humanamente. Pero revela una gran flaqueza precisamente en el momento en el que el PP y su entorno mediático intentan demostrar que es incapaz de soportar el peso de la púrpura. No consigue transmitir nada creíble, Zapatero, a una ciudadanía desconcertada por el regreso de ETA, decepcionada por la ruina de la esperanza, apesadumbrada por la tremenda división de los partidos.

Pero tampoco lo consigue Rajoy, de nuevo luciferino y altisonante, muy lejos de aquella personalidad centrista y centradora, siempre anunciada pero nunca realmente florecida. Tampoco Rajoy parece capaz de resistir la presión de su entorno, en el que predomina el resentimiento (pulsión tremendamente peligrosa, pero con una enorme capacidad de enganche). Si Rajoy fuera un delantero o un púgil, los cronistas deportivos hablarían de su "instinto asesino".

Un instinto depredador y egoísta que satisface muchísimo a los que sienten los colores, pero que asusta a los que - no estando ni a favor ni en contra de nadie, por principio- aborrecen la agresividad, la impiedad y el estruendo innecesario. Bien es verdad que los ciudadanos sin prejuicios son cada vez menos y que el forofismo que divide el Parlamento y encona las ondas hertzianas amenaza con infectarlo todo. Mientras tanto, ETA se frota las manos. Escribe Andoni Unzalu en El Correo: "¿Cómo va a cerrar la tienda si nunca ha tenido victorias tan grandes?".

ANTONI PUIGVERD, 17/1/2007 / FOTO: ZAPATERO Y RAJOY EN EL DEBATE SOBRE ETA DEL 16 DE ENERO DE 2007.

12 enero 2007

Contes en català d'aquest blog

Més tard la Laura i jo vam fer l’amor com si fóssim nens jugant amb plastilina, i juro que vaig veure amb els ulls aurores liles i taronges voleiant per la fosca.

El terra de la plaça era pell de dona: vermellosa, delicada, plena de forats petits i de mugrons. Era una pell que respirava, que bategava sota els meus peus despullats, que s’obria es tancava amb els seus llavis intermitents.

I si no em creu li diré un secret: de nit el cel i la terra fan l’amor en silenci. La foscor esborra les diferències i els confon de tal manera que perden l’oremus i s’abracen com dos adolescents de pell fosca.

La mà musculosa del papa es va allargar entre el núvol de roba blanca per posseir la santa clau. Els monjos s’ho miraven amb les mans plegades, tot un rierol de pupil•les porugues.

I entre el mal de costelles i la por nocturna estava tan consumit que vaig voler despertar Eva. Però ella, amb l’esquena de plata, no s’immutava. A la mà encara duia mitja poma, lluenta i mossegada. La vaig cridar un altre cop, i no deia res. Era morta.

L’abella reina, la vaig conèixer pels diamants de la corona, havia clavat el seu agulló àcid i em mossegava la tija amb una ànsia malaltissa.

Abans d’obrir la caixa del mort vaig tornar a pregar. Tornaven a sonar tronades llunyanes, i l’aire es farcia un altre cop d’espurnes vives invisibles. Les mànigues de la túnica se’m cargolaven amb uns moviments sagrats, i per un moment vaig pensar que estava vivint dins unes escriptures que encara no eren escrites.

L’endemà a la tarda, Iolanda pujava al metro prement la carpeta contra el pit i amb la cabellera com un borrissol. Vinc d’una manifestació, em va dir. Hem omplert el Passeig de Gràcia i encara diran que érem quatre. A un amic seu l’havien detingut per trencar un aparador i m’explicava que ja se sap, que la policia tortura i extorsiona o una cosa semblant.

Començava a notar que el fred del soterrani també em volia assecar a mi, així que em vaig obrir camí entre pernils humans i despulles d’embotit fins a trobar el raig tènue de la sortida.

La indigent m’havia estès a terra de l’escomesa, però abans que em pogués abandonar a les seves corbes salvadores vaig notar unes fiblades horribles burxant-me el pit.

Sobre l’aigua negra de la nit, hi havia un medalló de llum verda, com una maragda. Al principi em va semblar que veia visions, i després em va semblar que era el reflex de la lluna plena.

De nit, a l’alcova, vaig caure rodó i vaig somiar que em curava les ferides amb suc de llimona, me les perfumava amb safrà i en acabat em canviava l’armadura per una armilla de torero.

Vaig deixar de vagar pel líquid i vaig topar amb un jaç flonjo. Era ella : la reconeixia per les pigues de la cuixa.

24 diciembre 2006

Mini-ensayos de este blog

Pregúntate: ¿cuáles son mis valores?, y enseguida tu voz interior balbuceará, gemirá vaguedades y generalidades.

Después de que nos dijeron los griegos que no hay que esconder el cuerpo humano, que las túnicas y adornos huelen a jerarquía egipcia, después de que nos enseñaron a cincelar torsos y a pintar espaldas femeninas, después de tanto magisterio renacentista y liberador, vamos y nos ponemos a dibujar flores y cenefas.

Ellos (los europeos) son filósofos de la ‘objetividad’, hablan del mundo como si lo tuvieran a sus pies o como si lo leyeran en el Libro de la Vida. En cambio nosotros (en las islas británicas) vivimos entre agua y niebla y sabemos que no hay verdad sino verdades, destellos de subjetividad, percepciones particulares.

Es la hora de los creativos publicitarios, los guionistas, los asesores de imagen, los periodistas y los psicólogos de empresa. De esta nueva burguesía espiritual, vestida con camiseta y sandalias, habrían nacido los grandes eslóganes contemporáneos, como la Inteligencia Emocional o la Metrosexualidad.

Lo que olvidan los iconoclastas es que la imagen es mucho más que mensajera. Captura el mundo con más eficacia que el concepto, porque además de ‘significar’ tiene una materialidad propia. No la podemos reducir a una única interpretación. Ulises no es sólo la nostalgia. Es Ulises. Pero la imagen polisémica escandaliza a las mentes puristas como una mujer abierta de piernas.

14 diciembre 2006

Com Google ens ha canviat la vida


FERRAN SÁEZ MATEU, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

El segle XX (1914-1989) va ser el de les ideologies; els grans debats del segle XXI, en canvi, no tenen ara per ara un biaix ideològic sinó identitari, ja sigui d’una manera nítida o bé difusa, explícita o encoberta. Aquesta preocupació –obsessió, depèn de com es miri- per la identitat no és cap producte de l’atzar, ni respon tampoc a una mera actitud reactiva respecte del descrèdit de les ideologies. En un món globalitzat i basat en una estructura reticular, la identitat no és una aposta política o una dèria cultural, sinó, en el sentit literal de la paraula, una ‘necessitat’.

Però les identitats ja no són el que eren, si se’ns permet d’expressar-ho ingènuament. Ara són “punts” en un pla homogeni: els nusos de la xarxa o, més ben dit, de ‘les’ xarxes (les virtuals d’internet, naturalment, però també les culturals, les comercials, etc.). Sense nusos identificables, ens quedem fora, en la mesura que l’intercanvi efectiu (d’informació o de mercaderies convencionals, tant hi fa) no és possible en una realitat monòtona, és a dir, sense distintius, sense senyals orientadors. La condició de possibilitat del Google, per exemple, són les identitats ‘detectables’. El resultat d’una cerca amb el Google no respon a un ordre alfabètic o numèric, sinó a cercles concèntrics articulats entorn d’un punt, d’un nus localitzable en el laberint de la xarxa.

Tot això pot semblar molt abstracte, o fins i tot purament metafòric, però en realitat és força més tangible i terrenal. El món del passat –el de l’enciclopèdia de paper- funcionava linealment. Després de la lletra A venia la B, i després la C. Antonin Artaud estava al primer volum, i Bertolt Brecht al segon. Ara les coses funcionen d’una altra manera. Artaud o Brecht no “estan” enlloc però, alhora, estan a tot arreu, disponibles en milers i milers de planes web increïblement heterogènies. Trobar-los depèn de la nostra capacitat d’’identificar’ –no d’’ubicar’- allò que estem buscant exactament. Ja no hi ha llocs, sinó referents identitaris que ens fan possible l’accés a certs llocs. Es tracta d’un fenomen que Manuel Castells va explorar en el segon volum de la seva trilogia sobre la societat de la informació.

Aquesta centralitat de la identitat té unes conseqüències incalculables tant des d’una perspectiva cultural com política. Al segle XXI estem parlant i debatent sobre Occident amb relació a l’Islam (identitats culturals), sobre els drets de la comunitat gai (identitats de gènere), sobre la possibilitat d’aplicar polítiques multiculturals (identitats ciutadanes), sobre si Catalunya és o no una nació, o sobre si el Quebec té o no dret a la independència (identitats nacionals), sobre si una determinada fe ha de tenir una projecció pública o només privada (identitat religiosa). Parlem i debatem sobre globalització, sobre immigració, sobre integració, sobre aculturació, sobre memòria històrica.

Ens interessa discernir, per exemple, si la cultura anglosaxona s’acabarà imposant com a model universal; o si la cosmovisió confuciana dels xinesos acabarà influint en la seva futura hegemonia: o si l’Islam i la democràcia són compatibles; o si Internet està configurant cibercultures i per mitjà de quins referents ho fa. La llista, evidentment, podria ser molt més llarga (…).

Tot i que ara ens pot semblar una simple anècdota, la mentalitat que va inaugurar el segle XX va néixer condicionada per l’enfonsament del Titanic l’any 1912. L’assaig més important de la primera meitat del segle XX, ‘La decadència d’Occident’, d’Oswald Spengler, està marcat per aquell naufragi que aleshores va ser llegit com el principi de la fi del positivisme, i, al capdavall, de la civilització tecnològica hereva del pensament il·lustrat. Lector apassionat d’Spengler, Peter Sloterdijk ha estat un dels autors contemporanis que millor ha recreat l’albada d’aquella mentalitat i les seves conseqüències.

Quin és, a escala mundial, el nostre Titanic? Quin és el “trauma fundacional” del segle XXI?

Òbviament, sense cap mena de dubte, l’atemptat contra les Torres Bessones de Nova York l’11 de setembre de 2001. Fixem-nos en l’especialíssima naturalesa d’ambdós esdeveniments i en les seves conseqüències en el debat d’idees: en el primer cas va revisar la trajectòria –el destí!- d’Occident; en el segon, la seva identitat (en aquest cas contraposada a la de l’Islam).

Hi ha, si més no, tres elements que impregnen la nostra nova manera de pensar el món, aquí i a qualsevol altre lloc del planeta: el fracàs de l’universalisme com a projecte polític, l’emergència de grans identitats desterritorialitzades de caràcter religiós o cultural i, en tercer lloc, el declivi de l’estat-nació westfalià en el nou context de reticularitat genèrica.

L’11-S va reforçar extraordinàriament la visió crepuscular de l’estat-nació: els Estats Units, la nació més poderosa de la terra, va ser posada contra les cordes per una antiga ONG, Al Qaida, no pas per un exèrcit nacional amb uniforme, himne i bandera. Però això no és tot. A més de la seguretat, l’estat-nació ja no pot garantir a llarg termini el proveïment de béns i serveis tan importants com les pensions de jubilació o la universalitat de l’assistència mèdica totalment gratuïta.



FERRAN SÁEZ MATEU (1964) ÉS FILÒSOF. PROFESSOR A LA FACULTAT DE CIÈNCIES DE LA COMUNICACIO DE LA UNIVERSITAT RAMON LLULL.





02 diciembre 2006

Autores en este blog

Viktor Frankl: "Vivir sin tensiones a cualquier precio no resulta un procedimiento psicohigiénico. Es más beneficioso sentir la urgencia de una misión por cumplir o el apremio del cumplimiento del deber"

René Girard: "El héroe sonámbulo respira la 'mala fe'. Intenta resolver el conflicto entre orgullo y deseo sin formularlo nunca claramente", "Nietzsche no puede comprender que, lejos de proceder de un prejuicio de los débiles frente a los fuertes, la toma de posición evangélica constituye la resistencia heroica al contagio de la violencia"

Gilles Lipovetsky: "La crispación neurótica ha sido sustituida por la flotación narcisista. Imposibilidad de sentir, vacío emotivo"

Joseph Heath y Andrew Potter: "Rebelarse vende"

José Antonio Marina: "Los críticos de la noción de verdad crean primero un monigote y luego se dedican a zurrarle"

Manuel Delgado: "El Hombre Invisible deviene metáfora perfecta del hombre público, que reclama una invisibilidad relativa, consistente en ser "visto y no visto", ser tenido en cuenta pero sin dejar de ocultar su verdadero rostro, beneficiarse de una "vista gorda" generalizada"

Arnold Gehlen: "El hombre es superado por la mayoría de los animales en la agudeza de los sentidos; tiene una carencia, mortalmente peligrosa para su vida, de auténticos instintos”

Max Scheler: "Cosas muy alegres, contempladas por hombres muy tristes que no saben qué hacer con ellas. Tal es el sentido de nuestra cultura"

Albert Camus: "Descubierto el desierto, hay que aprender a subsistir en él"

Carl Jung: "Si no fuera por la vivacidad y la irisación del alma, el hombre se hubiera detenido dominado por su mayor pasión: la inercia"

Denis de Rougemont: "La condena de la carne, en que algunos quieren ver hoy día una característica cristiana, es de hecho de origen maniqueo y herético"

Max Weber: "Se inculcó la necesidad de recurrir al trabajo profesional incesante, único modo de ahuyentar la duda religiosa"

18 noviembre 2006

La Suïssa mediterrània


JOSEP MARIA FRADERA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006


Catalunya va ser pensada ja fa molt temps com una comunitat de gent treballadora en la qual tots havien de tenir la seva oportunitat. No és fàcil escatir on comença aquesta retropia col·lectiva tan arrelada. Ben probablement se li podria trobar un origen medieval, quan una crisi molt profunda i simultània al camp i a la ciutat, agreujada per la desfeta institucional i la destrucció posterior de l’aristocràcia d’alt nivell, va aixecar fortes onades d’entusiasme catòlic. Tampoc no és fàcil saber en quina mesura el providencialisme catòlic dels segles XV i XVI va derivar en la guerra contra Felip IV, una guerra legitimada amb arguments de furibund catolicisme, com sabem pels estudis de Xavier Torres. Calia depurar molt el catolicisme propi, en efecte, per fer la guerra al Rei Catòlic.

Va ser el segle XVIII, ja en el marc de l’Espanya borbònica, qua la mateixa idea de la comunitat catalana va ser reedificada en clau nova. En efecte, la visiò que reemplaçà la cosmovisió catòlica anterior va ser la del “treball dels catalans”. Aquesta utopia d’una comunitat unida pels llaços del treball, més que no pas per la idea de servei de l’aristocràcia o per les virtuts d’un sistema polític particular, la podem resseguir des de la segona meitat del segle XVIII fins als anys vint del segle passat (…). Com va explicar Ernest Lluch, aquesta perspectiva alhora social i cultural va ser beneïda pels sectors eclesiàstics més perceptius i menys barrocs, per un clergat soterradament jansenista, articulador d’una espècie de calvinisme meridional (…).

Cal demanar-se per la frustració de la perspectiva de finals de segle que van concebre un jove jurista i un fabricant i mecenes gens corrent, els quals van imaginar Catalunya com una gran colònia fabril organitzada pel paternalisme dels fabricants i beneïda per l’Església. Estem parlant, es pot suposar, d’Enric Prat de la Riba i d’Eusebi Güell i Bacigalupi. Certament, la complexitat social catalana i la complicació del joc polític de la segona restauració, post-1898, no va permetre experiments d’aquell estil.

VA SER LA VISIÓ d’una comunitat nacionalista ordenada, la pròpia del noucentisme, finalment, l’alternativa més operativa a mig termini. En altres paraules, el rebaixament d’allò que havia estat una pretensió desmesurada i excessivament constructivista a una pràctica molt més modesta de ‘nation-building’: escoles, assistència i higiene, biblioteques, disciplina lingüística, esport i ciutadania, catolicisme discret però efectiu. La força d’aquella visió de la primera dècada de segle es va prolongar fins a les realitzacions de la Generalitat republicana, en el ‘noucentisme de masses’, tal com el va anomenar amb clarividència Enric Ucelay da Cal a ‘La Catalunya populista’, el millor llibre encara sobre la Catalunya anterior a 1939.

La formulació més acabada de l’horitzó col·lectiu la va oferir Francesc Macià quan va proclamar que, a la Catalunya lliure i socialment justa, tothom hi tindria “la caseta i l’hortet”. ‘Less is more!’.


JOSEP MARIA FRADERA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006 / FOTO: 'TRES NUS AL BOSC', DE JOAQUIM SUNYER


"Radicalisme menestral"


JOSEP MARIA FRADERA
, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

L’ascens i consolidació del pujolisme es va produir seguint fil per randa la davallada d’oportunitats d’ocupació per a la classe mitjana catalana. L’accés a la condició de servidor públic, i, a poder ser, als rengles del funcionariat (connotació estatal màxima), es va convertir en la taula de salvació per a uns sectors indefensos i molt vulnerables psicològicament davant del canvi social provocat per la reestructuració del sistema productiu, a casa i arreu. Aquest fet ajuda a entendre el caràcter claudicant de l’oposició socialista i postcomunista de Raimon Obiols i Rafael Ribó. La parsimònia de socialistes i postcomunistes tenia fonaments materials molt profunds, a banda de la condescendència admirable demostrada amb l’aparell simbòlic del pujolisme (…).

No costa gaire entendre que aquesta distribució del poder havia de provocar un descontentament, almenys el de tots aquells que no van ser convidats al repartiment del pastís. Els damnificats eren diversos i plurals, amb dificultats per articular una estratègia comuna. De manera paradoxal, va ser Esquerra Republicana qui va captar millor les raons del descontentament. El creixement de la seva influència va expressar el malestar dels “mileuristes” i dels joves sense ocupació estable, d’alguns immigrants i, sobretot, del món creixentment marginal de les poblacions mitjanes, espantats i ressentits contra la Barcelona de la modernitat, la “Babilònia vora el mar” de Mossèn Cinto.

De tota manera, sense augmentar la dimensió del pastís no és possible la solució del problema. Per aquest motiu, el debat sobre el finançament va ocupar una posició tan central en els darrers anys i es va convertir en al clau de l’ascens del radicalisme menestral d’Esquerra Republicana.

JOSEP MARIA FRADERA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

El mite de 'l'estat espanyol'


JOSEP MARIA FRADERA
, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006

Quan la radicalització nacionalista va proclamar que Catalunya era l’única nació i Espanya només un “estat” –un argument d’una extraordinària persistència al llarg del segle passat, compartit fins i tot per l’esquerra marxista dels anys seixanta-, va introduir una altra manera d’entendre les coses. Distinta i revolucionària en molts aspectes, encara que en aquell moment els portaveus més destacats fossin els sectors mesocràtics i professionals, políticament i ideològica conservadors per regla general, que van afaiçonar el catalanisme del canvi de segle.

Alterar l’ordre de prelació esmentat va tenir conseqüències radicals. Va invertir, en primer lloc, la lògica de les lleialtats. I, com a resultat, va modificar l’estructura intel·lectual i sentimental amb què generacions de catalans havien pensat les coses. Només cal meditar sobre la perspectiva general on Joan Prim, Francesc Pi i Margall o Víctor Balaguer es van situar i comparar-la amb la de les generacions posteriors al Prat de la Riba del Compendi de doctrina catalanista (1894), el text emblemàtic on s’establia per primer cop i amb rotunditat que Catalunya era l’única pàtria dels catalans.

Des d’aleshores els catalans no estimem Espanya,l’acceptem com una realitat que ens depassa i amb la qual és necessari negociar contínuament. En la mesura en què aquesta realitat es va tenyir de manera progressiva, a més, amb les enutjoses exigències de l’estat modern (fiscalitat, milícia, política partidària sovint estrident i de curta volada), d’un estat del segle XX no precisament reeixit en tants i tants aspectes (educació, molt notòriament), encara se l’estima menys. Espanya són un seguit d’obligacions que deriven d’un món sense control, Catalunya en canvi és la plasmació perfecta de la sentimentalitat prepolítica (…).

El franquisme va possibilitar el perllongament de la ficció discursiva. El seu acabament va assenyalar, per la mateixa raó, l’evaporació de les capacitats orientadores d’aquella metàfora quasi biològica: Catalunya com a nació i organisme viu, sempre a punt de desvetllar-se; Espanya com a carcassa buida, estat i poder al marge d’un cos social identificable.

JOSEP MARIA FRADERA, A 'LA RECTIFICACIÓ', 2006