13 octubre 2004

Sólo sé que tengo que volver


Durante sus veinte años de ausencia, los ítacos conservaron muchos recuerdos de Ulises, pero no le añoraban, mientras que Ulises sí sentía el dolor de la añoranza, aunque no se acordara de nada.Cuanto más fuerte es su añoranza, más se vacían de recuerdos. Cuanto más languidecía Ulises, más olvidaba.

Porque la añoranza no intensifica la actividad de la memoria, no suscita recuerdos, se basta a sí misma, a su propia emoción, absorbida como está por su propio sufrimiento. Él sólo esperaba una cosa, que le dijeran por fin: "¡Cuenta!". Pero es lo único que nunca le dijeron.

Durante veinte años no había pensado en otra cosa que en regresar. Pero, una vez de vuelta, comprendió sorprendido que su vida, la esencia misma de su vida, su centro, su tesoro, se encontraba fuera de Ítaca, en sus veinte años de vueltas por el mundo. Había perdido ese tesoro, y sólo contándolo hubiera podido reecontrarlo.

A un desconocido se le pregunta: "¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¡Cuenta!". En Ítaca, sin embargo, no era un extraño, era uno de ellos y por eso a nadie se le ocurría decirle: "¡Cuenta!".

Milan Kundera, La ignorancia, cap. 9

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