13 febrero 2010

'En tierra hostil': diario de a bordo en Irak


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA

por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 7,5

Si 'Avatar', de James Cameron, es una película bélica disfrazada de romance pacifista, bien puede decirse que la otra gran oscarizable de 2010, 'En tierra hostil', es un drama disfrazado de película bélica. Donde el rey del mundo encubre el videojuego de acción con triviales y ampulosos discursos sobre la liberación de Pandora, su ex mujer a la par que próxima competidora en la alfombra roja, Katryn Bigelow, hace todo lo contrario: nos muestra la crudeza de una guerra real, la de Oriente Medio, donde la procesión dramática va por dentro.

¿Por qué Katryn le pasa la mano por la cara al rey del mundo? Ahí van algunas de sus bazas:

1 por lo concreto. 'En tierra hostil' (The hurt locker) tiene una primera virtud: no quiere especular sobre el bien y el mal de la entera guerra de Irak, sino que pone el foco en la tarea, pedestre y desagradecida, de un comando especializado en desactivación de explosivos.

2 por el brío narrativo. Desde el minuto cero -literalmente- la película consigue trasladarnos la tensión física y psíquica que suponen estas operaciones, donde nunca se sabe cuándo estallará la bomba, cuál será el cable de la fatalidad, o qué sombrío ejecutor se ocultará en la sombra para detonar la carga con un teléfono móvil. Bigelow rueda las escenas de acción como perfectos engranajes y logra involucrarnos con su cámara temblorosa, llena de zooms y de giros bruscos en 180 grados.

3 por la crudeza. El suspense no quita lo trágico; como un Gernika mesopotámico, también la película muestra los paisajes de absurda destrucción, como ese tremendo solar nocturno lleno de fogatas y de miembros humanos, la terrible constatación cinematográfica de los niños-bomba y el amargo reverso de todo ello; el soldado exhausto y desolado, limpiándose la sangre bajo la ducha.

4 por el punto de vista. Felizmente, Bigelow renuncia a buscar un relato coral y totalizante, y, en vez de eso, nos cuenta la historia desde el estricto punto de vista de los soldados norteamericanos, con sus miedos, sus amarguras, sus desahogos, sus prepotencias, e incluso con sus instantes de ternura.

5 porque hay personajes. En efecto, la película no habla de militares genéricos, sino de personalidades: un cabo temerario y chulopiscinas (el sargento James, interpretado por Jeremy Renner); un veterano recluta afroamericano, doliente y abnegado (el sargento Sanborn, encarnado por Anthony Mackie); y un soldado servil e hipocondríaco que responde al nombre de Owen Eldridge (Brian Geraghty).

Tres individualidades, nítidamente dibujadas, que cimentan un microdrama veraz, ya sea entre las paredes del campamento o en la premura del campo de batalla; véase la larga y fantástica escena de trinchera, donde el sargento James, expeditivo, exige a un atolondrado Eldridge que limpie la sangre de la munición a salivazos; "Lo estás haciendo muy bien", dice el capo perdonavidas, entre los tembleques del joven pupilo.

Durante la mayor parte del metraje, estos militares no son héroes ni crueles invasores, sino seres lanzados a su suerte, casi al modo existencialista, habitantes de la frontera entre la vida y la muerte.

Pero ay... Hacia la desembocadura de la película, Bigelow siente la oscura tentación del ensalzamiento y, no sabemos por qué, el caporal fantasmón y adicto a la guerra parece convertirse en algo parecido a un héroe, que sufre por los niños y exhibe un intrépido idealismo sin ideales.

El final de 'En tierra hostil' deja una ligera sensación de estafa, de gatillazo discursivo, porque busca un cierre grandilocuente, a lo Robocop o Armageddon, para lo que hasta entonces había sido un humilde retrato de la indigencia humana.

Pese al canguelo final, deseamos fervorosamente que Irak gane la batalla contra Pandora en la trinchera (ex-)matrimonial de Hollywood.

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