12 enero 2014

'Lluvia de albóndigas 2': cuando Darwin encontró a McDonald's

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

La máquina de nombre impronunciable vuelve para dejarlo todo perdido. Recordatorio para profanos en lluvias de albóndigas: la FLDSMDFR es un cacharro que convierte la lluvia en comida, de tal suerte que, si uno dirige los ojos al cielo, verá caer sándwhiches, pollos a l’ast, pastelitos y otros muchos desafíos calóricos. En la primera entrega ya pudimos comprobar el peligro prometeico que entrañaba el invento del joven Flint: el mundo, convertido en una divertida disaster movie alimenticia.

Tras el éxito de tamaña marcianada de la Sony, los creadores retoman la historia en aquel punto y, tras algún prolegómeno innecesario y mucho gag electrizado y bobalicón, vuelven a solazarnos con ese mundo sumido en la catástrofe cachonda por causa de las hordas de comida. La vuelta de tuerca es en clave darwiniana: las criaturas han evolucionado, y tenemos entre nosotros a las burguerañas (Big Macs que te persiguen cual tiranosaurios ávidos de ketchup), a los gambancés (chimpancés-gamba) o los tacodrilos (tacos-cocodrilos). Bienvenidos a Comidalandia.

Los directores juegan sin tapujos la carta de parodiar ‘Jurassic Park’, así como en la anterior entrega se mofaban a placer de las grandes producciones de catástrofes. Además, nos regalan algún feliz fichaje, como ese engendro balbuciente con cara de angelito Manga que es la fresa Fresi (la fruta saltimbanqui entretiene lo suyo, a diferencia de otros muchos personajes de la función, demasiado cargantes y subrayados, como la simia, el malo malísimo o ese hombre-pollo que parece salido de una despedida de solteros y que ya agotó su capacidad de sorpresa en la primera entrega).

En definitiva, otro atracón de alimentos de destrucción masiva, donde lo mejor vuelve a ser la inventiva imparable a la hora de concebirlos y diseñarlos. No alcanza el asombro y el talento de la primera, pero ese punto surrealista nos sigue teniendo el corazón robado, y alcanza incluso algunos momentos delirantes, como la subtrama de los pepinos-gremlins que se pirran por comer anchoas (!). Si orillamos su ingenuidad, su falta de pretensiones y su humor infantiloide, tenemos una nueva delicia pasajera y chispeante como los peta-zetas.

‘LLUVIA DE ALBÓNDIGAS 2’ DE CODY CAMERON y KRIS PEARN
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA


09 enero 2014

’12 años de esclavitud’: bella, dura, honesta. Pero…

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

Se ha dicho alguna vez que los tipos buenos son los más aburridos. No pocos actores confiesan su preferencia por interpretar a villanos, cínicos y gente desalmada en general, o por lo menos con serios desgarros morales, antes que a una buena persona chata y rutinaria. Quizá por eso Chiwetel Ejiofor no acaba de levantarnos de la butaca como protagonista de este drama, humanista y grandioso, sobre la esclavitud en Estados Unidos.

Demasiado bienintencionado, demasiado incontestable. El director de ‘Shame’, aquel pausado retrato sobre un adicto al sexo, vuelve a exhibir sus dotes de narrador analítico y elegante. Descarnado cuando es preciso. La idea motriz, basada en el relato real de Solomon Northup, está clara: cómo un hombre de clase media, padre de familia, pacífico y violinista, cayó de la noche a la mañana en las garras del fanatismo racista del siglo XIX. Los salvajes son ellos. En este sentido, el arranque es espléndido: la Historia estallando de pronto en el seno de una tragedia individual. Los grandes horrores de la humanidad ocurriendo cuando nadie se lo espera.

A partir de ahí, '12 años de esclavitud’ no se sale del guion y sigue serenamente las andanzas de Solomon para zafarse de su destino sobrevenido. Lo hace con un tempo a la vez clásico y moderno. Sin inventos ni sorpresas, pero también sin edulcorantes y sin apenas concesiones a la lágrima, lo cual es de agradecer en el cargante género de las americanadas. McQueen, londinsense, se adscribe más bien el canon británico: desde el rigor de los retratos ingleses hasta la crudeza de Francis Bacon. Véase la escena del casi-ahorcamiento: un largo plano secuencia que justifica toda la película.

El extenso drama (que no es a tiempo real, pero poco le falta) también cuenta a su favor con sólidas bazas en el reparto, especialmente Michael Fassbender –un carismático caudillo emborrachado de tedio y poder– o Benedict Cumberbatch, el Sherlock Holmes televisivo que demuestra tanta perfección para interpretar a seres pérfidos como a hombres de buena voluntad. Con clamorosas excepciones como Brad Pitt, cuya insulsa y fugaz aparición no hace honor a la importancia capital de su personaje, el reparto es impecable.

Y sin embargo… ¿por qué no nos emociona esta odisea de liberación, que tantos jalean como una obra maestra? Quizá por su excesiva obviedad. Es lo que es. A diferencia de cierto cine muy en boga, que pasa como el más cool e inteligente, el film de McQueen no exhibe dobles ni triples lecturas. Termina su faena con la misma disciplina con la que comienza. Un poco de pretenciosidad, y algunos tópicos, no más. El resto, pura profesionalidad de un maestro del medio, con un talento especial para la belleza plástica, los planos largos y las composiciones bidimensionales. Los campos de algodón tendrán que esperar su lista de Schindler.


12 AÑOS DE ESCLAVITUD (12 YEARS A SLAVE), DE STEVE McQUEEN
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA

08 enero 2014

Un cuento de Navidad neoliberal

'Cuento de Navidad' de Robert Zemeckis (2009)
Carles Guerra
Cultura/s, La Vanguardia, 8/1/2014

“Maurizio Lazzarato no duda en retroceder hasta Nietzsche y la Genealogía de la moral para sentenciar que ‘la deuda contraída se convierte en una deuda de existencia”.

La fábula de Dickens sobre la Navidad cuenta con una nueva versión. El texto de 1843, popularizado en pleno auge de la revolución industrial, podría ser equiparado al de Maurizio Lazzarato, un sociólogo italiano que tras el estallido de la crisis financiera publicó La fabrique de l'homme endetté. Essais sur la condition néoliberale (2011). Si la historia de Scrooge representaba una ética del trabajo despiadada y una falta de humanidad que hería los buenos sentimientos, el ensayo de Lazzarato ha desvelado el nuevo contrato que amordaza a las sociedades endeudadas. Como ocurre en el texto de Dickens, no es la economía, sino un examen de vida el que descubre el peso moral de la deuda. La crisis ha fabricado una memoria tan efectiva de esta deuda que la culpa toma las riendas de la sociedad fundada en el crédito. “Esa tarjeta de plástico –como indica Lazzarato de forma sucinta– contiene la relación entre acreedor y deudor”. Ahí radica nuestro rito de iniciación al capitalismo.

“Si hasta el 2007 el crédito resumía la posibilidad de hacer o comprar, ‘cuando se bloquea, el futuro se encoge de golpe’”.

El intercambio económico que define la esencia del hombre endeudado queda refrendado por un chantaje psicológico. Lazzarato no duda en retroceder hasta Nietzsche y la Genealogía de la moral para sentenciar que “la deuda contraída se convierte en una deuda de existencia”. A su juicio, “el porvenir desaparece y con él la esperanza típica de los liberales”. Si hasta el 2007 el crédito resumía la posibilidad de hacer o comprar, “cuando se bloquea –explica Lazzarato en conversación con Cultura/s–, el futuro se encoge de golpe”.

“El acreedor se convierte en el dueño del tiempo (…) y así se pasa de un dispositivo económico a un proyecto político”

El acreedor se convierte en el dueño del tiempo, “posee el tiempo del otro con antelación y puede llegar a controlar todas sus acciones”, encaminadas a reembolsar la deuda. Así es como se pasa de un dispositivo económico a un proyecto político. El resto de la historia ya lo conocemos: “el estado entra en el mercado y nos deja sin alternativas, tal como diría Thatcher”. A partir de ese momento, la deuda es pública, se expía colectivamente y hace de cada uno de nosotros hombres y mujeres endeudados. Eso explica que en pocos años hayamos progresado de la épica del empresario a la vergüenza de la deuda. De accionistas a súbditos del mercado financiero. “Esta es una deuda que no conoce la solidaridad y se internaliza a título individual”. Por el contrario, “el anonimato de los acreedores permite venderla y traspasarla con total impunidad”. Con la deuda en circulación, como un activo más de los mercados, esta se vuelve eterna. El sistema financiero especula con ella y garantiza que, convertida en el principio de acumulación de riqueza capitalista, sea “infinita”. Lazzarato se arriesga a compararla, como hiciera Marx, con una encarnación del vampiro. “Succiona la plusvalía social y, rompiendo la relación entre trabajo y ganancia, la distribuye para provecho de los rentistas.”

Pero a pesar de que el préstamo hipotecario de la vivienda parezca el caso más lacerante, existen otras fábricas de deuda que trabajan a pleno rendimiento. Lazzarato subraya la dimensión de los préstamos solicitados por los estudiantes de universidades americanas. El año pasado alcanzaron un billón de dólares. Una cantidad que no difiere en gran medida del total destinado por Mario Draghi, presidente del BCE, a la adquisición de deuda soberana en Europa.

“El endeudamiento de los estudiantes manifiesta de manera ejemplar la estrategia neoliberal (…): ‘sustitución de los derechos sociales (…) por el derecho a contraer deudas’”.

En un segundo libro a punto de aparecer en Francia, Le gouvernement de la dette (2013), Lazzarato se muestra más explícito. El endeudamiento de los estudiantes manifiesta de manera ejemplar la estrategia neoliberal aplicada desde los años 70, una operación de “sustitución de los derechos sociales (derecho a la formación, a la salud, a la jubilación, etcétera) por el acceso al crédito, es decir por el derecho a contraer deudas”.

El reembolso de este tipo de créditos se cuenta entre 20 y 30 años. Y a pesar de que la carrera del estudiante se organiza, supuestamente, de forma autónoma y libre, el adiestramiento garantiza que el deudor organizará su vida en función del pago pendiente. “¿Qué mejor preparación para entrar en la lógica del capital, en sus reglas de rentabilidad, productividad y culpabilidad –se pregunta Lazzarato– que no sea la de ingresar endeudados?”. La deuda hipotecará sus comportamientos, salarios y ganancias futuras. Una actuación que “constituye el paradigma de la libertad liberal de la que sólo queda eso, el nombre”. La evolución de la gobernabilidad liberal desde el 2007 no hace más que probarlo. Se ha pasado de la intención de un gobierno mínimo –que constantemente se preguntaba por sus límites– a uno que no tiene freno, que lo gobierna todo bajo la coartada de las acciones técnicas.

“El hombre endeudado –que como Scrooge recibe las visitas de los espíritus navideños– sabe que el neoliberalismo nos conduce a un futuro insostenible, pero promete una ganancia inmediata”.

“Puestos a intervenir, hoy los gobiernos no intervienen sólo una vez, sino dos: la primera a favor de los mercados y la segunda contra la sociedad”. Sin olvidar los paralelos entre el cuento de Dickens y la fábula neoliberal en la que vivimos, aquí Scrooge saca a relucir su parentesco con Malthus. Entre las catástrofes naturales a las que se enfrenta el crecimiento de la sociedad habrá que añadir el mercado, tan variable como el clima.

El hombre endeudado –que como Scrooge recibe las visitas de los espíritus navideños– sabe que el neoliberalismo nos conduce a un futuro insostenible, pero promete una ganancia inmediata. Entre un futuro lejano y otro próximo, escoge el segundo. El primero queda demasiado lejos.

Carles Guerra
Cultura/s, La Vanguardia, 8/1/2014

31 diciembre 2013

Mejor cine visto en 2013

De violinistas, astronautas y psicópatas
por JOAN PAU INAREJOS

1 EL ÚLTIMO CONCIERTO
Todo un concierto de conflictos y contrapuntos cabe en esta película excelentemente tejida, humanamente adictiva, con secundarios que catalizan las pasiones de los protagonistas. LEER MÁS

2 GRAVITY
Le da tiempo de ser, simultáneamente, una vibrante película de aventuras, una osada filigrana tecnológica y una tácita reflexión sobre los viajes entre el cielo y la tierra. LEER MÁS

3 SIETE PSICÓPATAS
Con su juego libérrimo de cine dentro del cine, alternando frenesí surreal con parsimonia de western, habla de Quijotes fumados que se creen su propia historia de gánsteres. LEER MÁS

4 EL LADO BUENO DE LAS COSAS
Comedia-río inteligente y fresca, barnizada de realismo social, cuajada de diálogos marcianos y con uno de los encuentros románticos más excéntricos que se recuerdan . LEER MÁS

5 UNA CASA EN CÓRCEGA
Utopía pastoral de una joven urbanita que busca el sentido a su vida. Tan modesta en sus recursos como grande en sus interpretaciones y su cálida puesta en escena. LEER MÁS

6 STOKER
Triángulo malsano y fáustico entre una joven, su madre y su tío. Park Chan-wook ofrece atención febril a los detalles y un dominio apabullante del montaje metafórico. LEER MÁS

7 DJANGO
El esclavo asciende a cowboy en este western cien por cien made in Tarantino. Como siempre, dirección impecable, humor negrísimo y puesta en escena insultantemente excesiva y magistral. LEER MÁS

8 CANÍBAL
Un antropófago de provincias, de gélida mirada y con las facciones de un genial Antonio de la Torre. Bravo por el Hannibal Lecter andaluz, eje de esta bella y tenebrosa película. LEER MÁS

9 UN AMIGO PARA FRANK
Extraña pareja entre un anciano con Alzheimer y un androide asistente. Barniz de ciencia-ficción para para una comedia dramática profundamente humana y humanista. LEER MÁS

10 BLUE JASMINE
Encerrada en su burbuja negacionista, hablando sola, la Jasmine de Cate Blanchett  ya es por méritos propios una de las mejores neuróticas del universo de Woody Allen. LEER MÁS


29 diciembre 2013

El tió: un conte de terror

Joan Pau Inarejos

A mitjanit, la casa era encalmada. La claror de la lluna amb prou feines il·luminava els perfils del menjador. Els llums de coloraines descobrien de manera intermitent algunes cares. Un ninot de neu sense piles. Un Pare Noel de galtes inflades en una postal. Un camell d’Orient palplantat sobre un moble. I el tió.

Encara remugava alguna brasa a la llar de foc. El tió tenia els ulls negres ben oberts, com sempre. Una nadala elèctrica i insistent sortia d’una felicitació mal tancada. El dolor era insuportable i aquella pesada manta polsegosa no l’alleujava gens. Més aviat li feia escoure les nafres. Les notes elèctriques continuaven. I tornaven a començar.

De cop, es va sentir un intens espetec. Els llums de coloraines es van fondre i una ferum de cremat ho va omplir tot. La nadala també havia callat, deixant la tornada sense concloure. Corpulent, del terra estant, el tió va tancar els ulls. Les enormes pestanyes pintades a mà van desplomar-se deixant al descobert unes parpelles fosques i tremoloses. La seva pipa es va començar a encendre i l’espontània combustió es confonia amb el fum de les bombetes mortes.

El camell de peluix va caure de costat, com acovardit, i el ninot de neu feia sonar la petita campaneta per obra d’alguna vibració invisible. Dins la foscor tèrbola, el tió va obrir els ulls de nou. Va obrir els ulls. Però ja no eren alegres i rodons com abans. S’havien tornat vermells i esprimatxats, com els d’una fera. Una bèstia ferida.

Intentant reprimir el dolor, es va anar incorporant. Una fiblada freda li travessava l’espinada cada cop que feia un gest per alçar-se. La vella manta polsegosa va anar cedint fins que el tió es va posar dempeus mostrant tota la seva anatomia estrafeta. Com un gran cuc o un quadrúpede mutilat, s’arrossegava amb el cul i només tenia les dues potes del davant, curtes i inútils com les hagués pogut dissenyar el més boig i cruel dels déus.

El tió doblegava l’esquena i avançava toscament. La lluna dibuixava contra la paret la seva ombra torta. La barretina li havia caigut sobre la cara i li tapava un ull. Desconcertat, va fer un gir en fals i va topar contra la porta de la cuina. El nas de fusta se li va trencar estrepitosament. Va obrir la boca desesperat i va comprovar que ni tan sols podia grinyolar de dolor. Darrere seu hi havia un regueró sinuós de trossos d’escorça. Només era un tronc.

El fum de la pipa es va encendre encara més. Les fibres seques del cos se li regiraven clamant venjança. Com un animal mig cec, va tornar cap al menjador i en va escrutar tots els racons, incansablement, fins que el va veure. Entre un garbuix de galetes i monedes de xocolata mig obertes, hi havia el bastó. L’instrument de la seva tortura. La causa del seu reumatisme mil·lenari.

Fent un esforç ímprobe i patètic, el tió va intentar ajupir-se, poc a poc, forçant una postura antinatural que gairebé li va costar partir-se la seva esquena de soca. Resolt en el seu sacrifici, va allargar els seus braços breus i va engrapar el bastó d’una estrebada tremolosa. La punta de la barretina començava a socarrimar-se amb el fum abrandat de la pipa.

Finalment armat, es va plantar davant el passadís, que l’esperava amb la seva fosca solemnitat. Amb la cara ennegrida, fent batzegades entre paret i paret, subjectava el pal amb decisió. Una corranda de roncs començava a escoltar-se a mesura que s’acostava a les habitacions. A l’alçada del rebedor es va creuar amb un arbre de Nadal. Carregat de boles, arrencat del seu bosc, el va deixar passar amb solidaritat vegetal.

El tió va arribar al final del passadís i va veure dues portes entreobertes, a banda i banda. A l’esquerra s’hi endevinava una americana penjada i en sortia un suau aroma de tabac i d’alè de licor. A la dreta, la porta estava estampada de dibuixos fets amb plastidecor. Uns reis hipertrofiats sobre camells diminuts, una enorme estrella psicodèlica. Uns nens bastonejant un tió. La lletra era infantil i maldestra però es llegia perfectament:  “Si tu no vols cagar / ningú t’estimarà”.

El tió va sentir una punxada al seu cor de fusta, i després d’aquesta debilitat passatgera, la fúria li va tornar a rajar a borbollons. Va empunyar el pal amb força, va mirar a un costat i a l’altre i es va decidir per l’habitació dels pares. Envalentit pel xerric de la porta, de la seva mateixa raça i matèria, s’hi va introduir sigil·losament i, un cop a dins, es va redreçar lentament, segur de si mateix, sense recordar que tenia el nas trencat.

El pare es va despertar amb el seu propi ronc, i en canviar de costat va veure amb horror aquell tronc monstruós que l’amenaçava amb un bastó enlaire. Abans no va tenir temps de demanar ajut, el tió ja l’apallissava a sang freda, mormolejant la cantarella de les neules i els torrons amb el seu gemec terrós que no era veu ni soroll. La mare, xisclant, va córrer a la paret i s’arraulia en una cantonada. De seguida, l’ombra del tronc planava sobre ella.

L’endemà, l’atestat policial parlava d’un matrimoni trobat sota una manta vermella amb signes de violència. Ell, amb una misteriosa pipa de grans dimensions col·locada entre els llavis, i un regalim de sang seca. Ella, escanyada amb una barretina que li cobria tot el cap. Al voltant, neules i torrons esmicolats a consciència. Als nens encara se’ls busca. Es creu que estan segrestats en un bosc per un estrany psicòpata. Però és impossible trobar-los: sembla que tots els arbres conspirin contra la policia. Es fa una crida a la ciutadania, tota pista serà benvinguda. Bon Nadal.



I també...

26 diciembre 2013

Sant Caneló

Joan Pau Inarejos
Deu ser per allò de marcar la diferència, el cas és que els catalans tenim una certa tendència a anar tard en les celebracions. El Nadal està bé, però la gran festa –i el gran tiberi– el fem per Sant Esteve. El mateix per Pasqua: sembla que el Diumenge de Resurrecció només sigui un preàmbul per menjar-se la mona del dilluns. Clarament, anem amb delay.

Els historiadors diuen que aquesta curiosa pulsió del calendari té a veure amb l’antiga pertinença de Catalunya a l’imperi carolingi. Corria el segle IX quan els emperadors centreeuropeus van dictaminar que “l’endemà de cada pasqua seria festiu”. No està clar qui els ho va demanar, però a fe de Carlemany que es van avançar deu segles en el culte als ponts i les seves múltiples advocacions turístiques.

Les festivitats en diferit confirmen tots els estereotips sobre els nadius del nord-est peninsular: gent perepunyetes, que s’ho pensa tot deu vegades, que s’arronsa amb les coses grosses, a qui li agrada descentrar-se. Que gaudeix cultivant la ironia i la sàtira barroca. Gent estalviadora i garrepa: els canelons neixen per donar sortida als excedents de carn del Nadal. Si d’altres nacions tenen el caviar o el foie, les nostres delícies estan fetes d’escorrialles. I això no ho pot dir tothom.

20 diciembre 2013

El noi de la mare

La 'Madonnina' de Roberto Ferruzzi (1897)
Joan Pau Inarejos
Una de les funcions més antigues de la música és adormir. Així de pràctic i de prosaic. Melodies com ‘El cant dels ocells’ o ‘El noi de la mare’ han estat humils cançons de bressol abans d’esdevenir himnes culturals. Qualsevol mare sap que l’acompanyament rítmic del son no és cap banalitat ni cap tràmit, sinó un moment de màxima dedicació i deteniment. La cançó de bressol és un gènere de l’art. Secret i recollit: per a un únic espectador.

La cançó de bressol es com l’àtom de la física quàntica: s’esvaeix amb la mirada de l’intrús. Mai s’hi pot interferir, ningú pot posseir des de fora aquest alletament de la paraula. Si ho fa, la veu comença a trontollar i la vocalista marxa a l’encalç d’un lloc més apartat.

El curiós és que, si s'hi para una orella indiscreta, es comprova que hi ha poques cançons de bressol mal interpretades. Sembla que, en aquest registre subtil, la veu humana treu la seva millor versió. No ens ha d’estranyar: és un taral·leig que busca una seducció hipnòtica. Una bellesa no apassionada com la rosa, més aviat tranquil·litzadora com la rosella.

Al famós llibre ‘El simi nu’, Desmond Morris observa que la gran majoria de les mares bressolen els nadons al cantó del cor, un acte reflex que demostren fins i tot els quadres de la Verge amb el nen Jesús. L’autor hi veu la prova que la tonada dels batecs cardíacs condueix més fàcilment cap al son. Tam-patam-tam. “Allà on vegeu inseguretat, trobareu possiblement, el ritme asserenador del cor”. L’embrió està fixat a aquest compàs familiar des de l’úter i se sent confortat quan el recupera en el caos arrítmic del món exterior.

Hi ha un ordre, hi ha un ritme, tot està bé: et pots adormir. Vet aquí la valuosa i complexa comunicació que transmet la cançó de bressol més simple. Quan les coses concorden (con-cordia) és perquè estan ajustades al cor i no cal estar en vetlla. Aquest és l’autèntic rellotge vital, i no el que ens desperta de manera estrident i sense cap harmonia per anar cada dia a treballar.


17 diciembre 2013

Lo mejor leído en 2013

por JOAN PAU INAREJOS
A veces, leer es lo más parecido a rezar. Algunos lo hacemos justo antes de dormir, y no como mero lenitivo, sino como la forma consuetudinaria de afianzarnos en lo íntimo e intemporal. Aunque perdamos el hábito, aunque permanezcamos ajenos a las llamadas novedades editoriales, aunque la vida estresada y paticorta nos convierta en algo así como agnósticos de la letra impresa, algunos siempre tenemos cierto libro esperándonos en la mesilla de noche, como un rosario, como una válvula última de seguridad. Estos compañeros bien valen un ranking. 



1 El maestro y Margarita
Mijaíl Bulgakov
El amigo Lluís Mata, buen rusófilo, me introdujo en el mundo fáustico y alucinado de Bulgakov. El diablo aterriza en el Moscú de los años 30 y reparte a diestro y siniestro entre funcionarios mediocres y escritores pretenciosos. Todo un universo literario que aúna el escapismo más lírico y encendido –los vuelos, el romanticismo desgarrado- con las dotes más finas de observación social y psicológica. Hay tiempo para las escenas de destrucción operística, para las metáforas bíblicas, para los diálogos desternillantes y lo mejor, para una trama felizmente imprevisible. Una rareza de lujo.  LEER FRAGMENTOS

2 Viento del pueblo
Miguel Hernández
El poemario más radical y militante de Miguel Hernández recorre los paisajes siempre torturados de la Guerra Civil española. Desarrapado, desde su herido, rojo corazón, el de Orihuela canta a la mano del obrero, “rama combatiente del cuerpo” y al sudor que hace  “transparentes e iguales” a los hermanos en el trabajo. Sus versos brotan espumosamente, entusiastamente, desesperadamente, cuando ensalzan a las brigadas internacionales (las “almas sin fronteras”) o a las trincheras, “orgullosas” de cobijar a los cuerpos muertos de aquellos que combaten por la justicia (“parecen plata dormida”). La historia la escriben los vencedores; la poesía, los vencidos. LEER FRAGMENTOS

3 El árbol de la ciencia
Pío Baroja
La novela insignia Baroja relata la tragedia espiritual de un médico enfrentado a la España decadente de 1900. Sus páginas invitan a una concepción de la existencia tan desconsolada como bella e inteligentemente expuesta. De un lado la amargura del hombre ilustrado, que comprueba la amargura del árbol de la ciencia (“El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que rompe la crisálida para morir”). De otro, la España negra, pueblerina y petulante (“la moral del espectador de toros, que siempre exige valor en otros”). Antiutópica y antirromántica, la pluma barojiana apenas ofrece un consuelo: embrutecerse y vivir mundanamente para “conservar el espíritu límpio”. LEER FRAGMENTOS

4 El mono desnudo
Desmond Morris
El clásico divulgativo de 1967 sigue conservando su frescura y capacidad de sugestión al detallar las raíces animales de nuestro comportamiento. El humano es “primate por linaje y carnívoro por adopción”: un mono que bajó del árbol y perdió el vello para no abochornarse. Nos enamoramos para llenar el vacío emocional de los padres, y la promiscuidad no es mero vicio, sino sabio resorte de la naturaleza para afianzar la monogamia (!). Somos el único animal que mata en masa porque la guerra moderna ha borrado las señales de apaciguamiento. Y una observación luminosa: la risa es una transformación mágica del llanto cuando la zozobra se cruza con la confianza. Reír es cabalgar sobre el miedo. LEER FRAGMENTOS

5 Antología poética
Rafael Alberti
La melena plateada más afamada de la poesía española firma una obra llena de nostalgias marítimas. El mar. La mar. Culto y popular, lorquiano y colorista, sus ademanes barrocos también dejan lugar a la precisión intimista (“Tú eres lo que va /agua que me lleva / que me dejará”). Su poema a la paloma equivocada es un himno perfecto, una lamentación de ritmo literario impecable sobre los grandes fracasos y la frustración fatal de los deseos. Alberti se pasea por Nueva York y afea a la Libertad que “baje a vender su sombra por los puertos” y nos hace subir a su azotea: “mientras yo me tiendo en tu horizonte / para que me divises de lejos”. LEER FRAGMENTOS