12 enero 2014
'Lluvia de albóndigas 2': cuando Darwin encontró a McDonald's
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7
La máquina de nombre impronunciable vuelve para dejarlo todo
perdido. Recordatorio para profanos en lluvias de albóndigas: la FLDSMDFR es un
cacharro que convierte la lluvia en comida, de tal suerte que, si uno dirige
los ojos al cielo, verá caer sándwhiches, pollos a l’ast, pastelitos y otros
muchos desafíos calóricos. En la primera entrega ya pudimos comprobar el
peligro prometeico que entrañaba el invento del joven Flint: el mundo,
convertido en una divertida disaster
movie alimenticia.
Tras el éxito de tamaña marcianada de la Sony, los creadores
retoman la historia en aquel punto y, tras algún prolegómeno innecesario y
mucho gag electrizado y bobalicón, vuelven a solazarnos con ese mundo sumido en
la catástrofe cachonda por causa de las hordas de comida. La vuelta de tuerca
es en clave darwiniana: las criaturas han evolucionado, y tenemos entre
nosotros a las burguerañas (Big Macs
que te persiguen cual tiranosaurios ávidos de ketchup), a los gambancés (chimpancés-gamba) o los tacodrilos (tacos-cocodrilos). Bienvenidos
a Comidalandia.
Los directores juegan sin tapujos la carta de parodiar ‘Jurassic
Park’, así como en la anterior entrega se mofaban a placer de las grandes
producciones de catástrofes. Además, nos regalan algún feliz fichaje, como ese
engendro balbuciente con cara de angelito Manga que es la fresa Fresi (la fruta
saltimbanqui entretiene lo suyo, a diferencia de otros muchos personajes de la
función, demasiado cargantes y subrayados, como la simia, el malo malísimo o
ese hombre-pollo que parece salido de una despedida de solteros y que ya agotó
su capacidad de sorpresa en la primera entrega).
En definitiva, otro atracón de alimentos de destrucción masiva,
donde lo mejor vuelve a ser la inventiva imparable a la hora de concebirlos y
diseñarlos. No alcanza el asombro y el talento de la primera, pero ese punto
surrealista nos sigue teniendo el corazón robado, y alcanza incluso algunos
momentos delirantes, como la subtrama de los pepinos-gremlins que se pirran por
comer anchoas (!). Si orillamos su ingenuidad, su falta de pretensiones y su
humor infantiloide, tenemos una nueva delicia pasajera y chispeante como los peta-zetas.
09 enero 2014
’12 años de esclavitud’: bella, dura, honesta. Pero…
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7
Se ha dicho alguna vez que los tipos buenos son los más aburridos. No
pocos actores confiesan su preferencia por interpretar a villanos, cínicos
y gente desalmada en general, o por lo menos con serios desgarros morales,
antes que a una buena persona chata y rutinaria. Quizá por eso Chiwetel Ejiofor
no acaba de levantarnos de la butaca como protagonista de este drama, humanista
y grandioso, sobre la esclavitud en Estados Unidos.
Demasiado bienintencionado, demasiado incontestable. El director de ‘Shame’,
aquel pausado retrato sobre un adicto al sexo, vuelve a exhibir sus dotes de
narrador analítico y elegante. Descarnado cuando es preciso. La idea motriz,
basada en el relato real de Solomon Northup, está clara: cómo un hombre de
clase media, padre de familia, pacífico y violinista, cayó de la noche a la
mañana en las garras del fanatismo racista del siglo XIX. Los salvajes son
ellos. En este sentido, el arranque es espléndido: la Historia estallando de
pronto en el seno de una tragedia individual. Los grandes horrores de la
humanidad ocurriendo cuando nadie se lo espera.
A partir de ahí, '12 años de esclavitud’ no se sale del guion y sigue serenamente
las andanzas de Solomon para zafarse de su destino sobrevenido. Lo hace con un
tempo a la vez clásico y moderno. Sin inventos ni sorpresas, pero también sin
edulcorantes y sin apenas concesiones a la lágrima, lo cual es de agradecer en
el cargante género de las americanadas.
McQueen, londinsense, se adscribe más bien el canon británico: desde el rigor
de los retratos ingleses hasta la crudeza de Francis Bacon. Véase la escena del
casi-ahorcamiento: un largo plano secuencia que justifica toda la película.
El extenso drama (que no es a tiempo real, pero poco le falta) también cuenta
a su favor con sólidas bazas en el reparto, especialmente Michael Fassbender –un
carismático caudillo emborrachado de tedio y poder– o Benedict Cumberbatch, el
Sherlock Holmes televisivo que demuestra tanta perfección para interpretar a seres
pérfidos como a hombres de buena voluntad. Con clamorosas excepciones
como Brad Pitt, cuya insulsa y fugaz aparición no hace honor a la importancia
capital de su personaje, el reparto es impecable.
Y sin embargo… ¿por qué no nos emociona esta odisea de liberación, que tantos jalean como una obra maestra? Quizá
por su excesiva obviedad. Es lo que es. A diferencia de cierto cine muy en
boga, que pasa como el más cool e
inteligente, el film de McQueen no exhibe dobles ni triples lecturas. Termina
su faena con la misma disciplina con la que comienza. Un poco de
pretenciosidad, y algunos tópicos, no más. El resto, pura profesionalidad de un
maestro del medio, con un talento especial para la belleza plástica, los planos
largos y las composiciones bidimensionales. Los campos de algodón tendrán que
esperar su lista de Schindler.
12 AÑOS DE ESCLAVITUD (12 YEARS A SLAVE), DE STEVE McQUEEN
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
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08 enero 2014
Un cuento de Navidad neoliberal
![]() |
| 'Cuento de Navidad' de Robert Zemeckis (2009) |
Carles Guerra
Cultura/s, La
Vanguardia, 8/1/2014
“Maurizio Lazzarato no
duda en retroceder hasta Nietzsche y la Genealogía de la moral para sentenciar
que ‘la deuda contraída se convierte en una deuda de existencia”.
La
fábula de Dickens sobre la Navidad cuenta con una nueva versión. El texto de
1843, popularizado en pleno auge de la revolución industrial, podría ser
equiparado al de Maurizio Lazzarato, un sociólogo italiano que tras el
estallido de la crisis financiera publicó
La fabrique de l'homme endetté. Essais sur la condition néoliberale (2011).
Si la historia de Scrooge representaba una ética del trabajo despiadada y una
falta de humanidad que hería los buenos sentimientos, el ensayo de Lazzarato ha
desvelado el nuevo contrato que amordaza a las sociedades endeudadas. Como
ocurre en el texto de Dickens, no es la economía, sino un examen de vida el que
descubre el peso moral de la deuda. La crisis ha fabricado una memoria tan
efectiva de esta deuda que la culpa toma las riendas de la sociedad fundada en
el crédito. “Esa tarjeta de plástico –como indica Lazzarato de forma sucinta–
contiene la relación entre acreedor y deudor”. Ahí radica nuestro rito de
iniciación al capitalismo.
“Si hasta el 2007 el
crédito resumía la posibilidad de hacer o comprar, ‘cuando se bloquea, el
futuro se encoge de golpe’”.
El
intercambio económico que define la esencia del hombre endeudado queda
refrendado por un chantaje psicológico. Lazzarato no duda en retroceder hasta
Nietzsche y la Genealogía de la moral para sentenciar que “la deuda contraída
se convierte en una deuda de existencia”. A su juicio, “el porvenir desaparece
y con él la esperanza típica de los liberales”. Si hasta el 2007 el crédito
resumía la posibilidad de hacer o comprar, “cuando se bloquea –explica
Lazzarato en conversación con Cultura/s–, el futuro se encoge de golpe”.
“El acreedor se convierte
en el dueño del tiempo (…) y así se pasa de un dispositivo económico a un
proyecto político”
El
acreedor se convierte en el dueño del tiempo, “posee el tiempo del otro con
antelación y puede llegar a controlar todas sus acciones”, encaminadas a
reembolsar la deuda. Así es como se pasa de un dispositivo económico a un
proyecto político. El resto de la historia ya lo conocemos: “el estado entra en
el mercado y nos deja sin alternativas, tal como diría Thatcher”. A partir de
ese momento, la deuda es pública, se expía colectivamente y hace de cada uno de
nosotros hombres y mujeres endeudados. Eso explica que en pocos años hayamos
progresado de la épica del empresario a la vergüenza de la deuda. De
accionistas a súbditos del mercado financiero. “Esta es una deuda que no conoce
la solidaridad y se internaliza a título individual”. Por el contrario, “el
anonimato de los acreedores permite venderla y traspasarla con total
impunidad”. Con la deuda en circulación, como un activo más de los mercados,
esta se vuelve eterna. El sistema financiero especula con ella y garantiza que,
convertida en el principio de acumulación de riqueza capitalista, sea
“infinita”. Lazzarato se arriesga a compararla, como hiciera Marx, con una
encarnación del vampiro. “Succiona la plusvalía social y, rompiendo la relación
entre trabajo y ganancia, la distribuye para provecho de los rentistas.”
Pero a
pesar de que el préstamo hipotecario de la vivienda parezca el caso más
lacerante, existen otras fábricas de deuda que trabajan a pleno rendimiento.
Lazzarato subraya la dimensión de los préstamos solicitados por los estudiantes
de universidades americanas. El año pasado alcanzaron un billón de dólares. Una
cantidad que no difiere en gran medida del total destinado por Mario Draghi,
presidente del BCE, a la adquisición de deuda soberana en Europa.
“El endeudamiento de los
estudiantes manifiesta de manera ejemplar la estrategia neoliberal (…): ‘sustitución
de los derechos sociales (…) por el derecho a contraer deudas’”.
En un
segundo libro a punto de aparecer en Francia, Le gouvernement de la dette (2013), Lazzarato se muestra más
explícito. El endeudamiento de los estudiantes manifiesta de manera ejemplar la
estrategia neoliberal aplicada desde los años 70, una operación de “sustitución
de los derechos sociales (derecho a la formación, a la salud, a la jubilación,
etcétera) por el acceso al crédito, es decir por el derecho a contraer deudas”.
El
reembolso de este tipo de créditos se cuenta entre 20 y 30 años. Y a pesar de
que la carrera del estudiante se organiza, supuestamente, de forma autónoma y
libre, el adiestramiento garantiza que el deudor organizará su vida en función
del pago pendiente. “¿Qué mejor preparación para entrar en la lógica del
capital, en sus reglas de rentabilidad, productividad y culpabilidad –se
pregunta Lazzarato– que no sea la de ingresar endeudados?”. La deuda hipotecará
sus comportamientos, salarios y ganancias futuras. Una actuación que
“constituye el paradigma de la libertad liberal de la que sólo queda eso, el
nombre”. La evolución de la gobernabilidad liberal desde el 2007 no hace más
que probarlo. Se ha pasado de la intención de un gobierno mínimo –que
constantemente se preguntaba por sus límites– a uno que no tiene freno, que lo
gobierna todo bajo la coartada de las acciones técnicas.
“El hombre endeudado
–que como Scrooge recibe las visitas de los espíritus navideños– sabe que el
neoliberalismo nos conduce a un futuro insostenible, pero promete una ganancia
inmediata”.
“Puestos
a intervenir, hoy los gobiernos no intervienen sólo una vez, sino dos: la
primera a favor de los mercados y la segunda contra la sociedad”. Sin olvidar
los paralelos entre el cuento de Dickens y la fábula neoliberal en la que
vivimos, aquí Scrooge saca a relucir su parentesco con Malthus. Entre las
catástrofes naturales a las que se enfrenta el crecimiento de la sociedad habrá
que añadir el mercado, tan variable como el clima.
El
hombre endeudado –que como Scrooge recibe las visitas de los espíritus
navideños– sabe que el neoliberalismo nos conduce a un futuro insostenible,
pero promete una ganancia inmediata. Entre un futuro lejano y otro próximo,
escoge el segundo. El primero queda demasiado lejos.
Carles Guerra
Cultura/s, La
Vanguardia, 8/1/2014
31 diciembre 2013
Mejor cine visto en 2013
por JOAN PAU INAREJOS
1 EL ÚLTIMO
CONCIERTO
Todo un concierto de conflictos y contrapuntos cabe en esta
película excelentemente tejida, humanamente adictiva, con secundarios que
catalizan las pasiones de los protagonistas. LEER MÁS
2 GRAVITY
Le da tiempo de ser, simultáneamente, una vibrante película de
aventuras, una osada filigrana tecnológica y una tácita reflexión sobre los viajes
entre el cielo y la tierra. LEER MÁS
3 SIETE PSICÓPATAS
Con su juego libérrimo de cine dentro del cine, alternando
frenesí surreal con parsimonia de western, habla de Quijotes fumados que se
creen su propia historia de gánsteres. LEER MÁS
4 EL LADO BUENO DE
LAS COSAS
Comedia-río inteligente y fresca, barnizada de realismo
social, cuajada de diálogos marcianos y con uno de los encuentros románticos más
excéntricos que se recuerdan . LEER MÁS
5 UNA CASA EN
CÓRCEGA
Utopía pastoral de una joven urbanita que busca el sentido a
su vida. Tan modesta en sus recursos como grande en sus interpretaciones y su
cálida puesta en escena. LEER MÁS
6 STOKER
Triángulo malsano y fáustico entre una joven, su madre y su
tío. Park Chan-wook ofrece atención febril a los detalles y un dominio
apabullante del montaje metafórico. LEER MÁS
7 DJANGO
El esclavo asciende a cowboy en este western cien por cien made in Tarantino. Como siempre,
dirección impecable, humor negrísimo y puesta en escena insultantemente
excesiva y magistral. LEER MÁS
8 CANÍBAL
Un antropófago de provincias, de gélida mirada y con las
facciones de un genial Antonio de la Torre. Bravo por el Hannibal Lecter
andaluz, eje de esta bella y tenebrosa película. LEER MÁS
9 UN AMIGO PARA
FRANK
Extraña pareja entre un anciano con Alzheimer y un androide
asistente. Barniz de ciencia-ficción para para una comedia dramática
profundamente humana y humanista. LEER MÁS
10 BLUE JASMINE
Encerrada en su burbuja negacionista, hablando sola, la
Jasmine de Cate Blanchett ya es por
méritos propios una de las mejores neuróticas del universo de Woody Allen. LEER MÁS
29 diciembre 2013
El tió: un conte de terror
Joan Pau Inarejos
A mitjanit, la casa era encalmada. La claror de
la lluna amb prou feines il·luminava els perfils del menjador. Els llums de
coloraines descobrien de manera intermitent algunes cares. Un ninot de neu
sense piles. Un Pare Noel de galtes inflades en una postal. Un camell d’Orient palplantat
sobre un moble. I el tió.
Encara remugava alguna brasa a la llar de foc.
El tió tenia els ulls negres ben oberts, com sempre. Una nadala elèctrica i
insistent sortia d’una felicitació mal tancada. El dolor era insuportable i aquella
pesada manta polsegosa no l’alleujava gens. Més aviat li feia escoure les
nafres. Les notes elèctriques continuaven. I tornaven a començar.
De cop, es va sentir un intens espetec. Els
llums de coloraines es van fondre i una ferum de cremat ho va omplir tot. La
nadala també havia callat, deixant la tornada sense concloure. Corpulent, del
terra estant, el tió va tancar els ulls. Les enormes pestanyes pintades a mà
van desplomar-se deixant al descobert unes parpelles fosques i tremoloses. La seva
pipa es va començar a encendre i l’espontània combustió es confonia amb el fum de
les bombetes mortes.
El camell de peluix va caure de costat, com
acovardit, i el ninot de neu feia sonar la petita campaneta per obra d’alguna
vibració invisible. Dins la foscor tèrbola, el tió va obrir els ulls de nou. Va
obrir els ulls. Però ja no eren alegres i rodons com abans. S’havien tornat
vermells i esprimatxats, com els d’una fera. Una bèstia ferida.
Intentant reprimir el dolor, es va anar
incorporant. Una fiblada freda li travessava l’espinada cada cop que feia un
gest per alçar-se. La vella manta polsegosa va anar cedint fins que el tió es
va posar dempeus mostrant tota la seva anatomia estrafeta. Com un gran cuc o un
quadrúpede mutilat, s’arrossegava amb el cul i només tenia les dues potes del
davant, curtes i inútils com les hagués pogut dissenyar el més boig i cruel
dels déus.
El tió doblegava l’esquena i avançava toscament.
La lluna dibuixava contra la paret la seva ombra torta. La barretina li havia
caigut sobre la cara i li tapava un ull. Desconcertat, va fer un gir en fals i
va topar contra la porta de la cuina. El nas de fusta se li va trencar
estrepitosament. Va obrir la boca desesperat i va comprovar que ni tan sols
podia grinyolar de dolor. Darrere seu hi havia un regueró sinuós de trossos d’escorça.
Només era un tronc.
El fum de la pipa es va encendre encara més. Les
fibres seques del cos se li regiraven clamant venjança. Com un animal mig cec,
va tornar cap al menjador i en va escrutar tots els racons, incansablement,
fins que el va veure. Entre un garbuix de galetes i monedes de xocolata mig
obertes, hi havia el bastó. L’instrument de la seva tortura. La causa del seu
reumatisme mil·lenari.
Fent un esforç ímprobe i patètic, el tió va
intentar ajupir-se, poc a poc, forçant una postura antinatural que gairebé li
va costar partir-se la seva esquena de soca. Resolt en el seu sacrifici, va
allargar els seus braços breus i va engrapar el bastó d’una estrebada
tremolosa. La punta de la barretina començava a socarrimar-se amb el fum
abrandat de la pipa.
Finalment armat, es va plantar davant el
passadís, que l’esperava amb la seva fosca solemnitat. Amb la cara ennegrida,
fent batzegades entre paret i paret, subjectava el pal amb decisió. Una
corranda de roncs començava a escoltar-se a mesura que s’acostava a les habitacions.
A l’alçada del rebedor es va creuar amb un arbre de Nadal. Carregat de boles,
arrencat del seu bosc, el va deixar passar amb solidaritat vegetal.
El tió va arribar al final del passadís i va
veure dues portes entreobertes, a banda i banda. A l’esquerra s’hi endevinava
una americana penjada i en sortia un suau aroma de tabac i d’alè de licor. A la
dreta, la porta estava estampada de dibuixos fets amb plastidecor. Uns reis hipertrofiats sobre camells diminuts, una
enorme estrella psicodèlica. Uns nens bastonejant un tió. La lletra era
infantil i maldestra però es llegia perfectament: “Si tu no vols cagar / ningú t’estimarà”.
El tió va sentir una punxada al seu cor de fusta,
i després d’aquesta debilitat passatgera, la fúria li va tornar a rajar a
borbollons. Va empunyar el pal amb força, va mirar a un costat i a l’altre i es
va decidir per l’habitació dels pares. Envalentit pel xerric de la porta, de la
seva mateixa raça i matèria, s’hi va introduir sigil·losament i, un cop a dins,
es va redreçar lentament, segur de si mateix, sense recordar que tenia el nas
trencat.
El pare es va despertar amb el seu propi ronc, i
en canviar de costat va veure amb horror aquell tronc monstruós que l’amenaçava
amb un bastó enlaire. Abans no va tenir temps de demanar ajut, el tió ja l’apallissava
a sang freda, mormolejant la cantarella de les neules i els torrons amb el seu
gemec terrós que no era veu ni soroll. La mare, xisclant, va córrer a la paret
i s’arraulia en una cantonada. De seguida, l’ombra del tronc planava sobre
ella.
L’endemà, l’atestat policial parlava d’un
matrimoni trobat sota una manta vermella amb signes de violència. Ell, amb una misteriosa
pipa de grans dimensions col·locada entre els llavis, i un regalim de sang seca.
Ella, escanyada amb una barretina que li cobria tot el cap. Al voltant, neules
i torrons esmicolats a consciència. Als nens encara se’ls busca. Es creu que
estan segrestats en un bosc per un estrany psicòpata. Però és impossible
trobar-los: sembla que tots els arbres conspirin contra la policia. Es fa una
crida a la ciutadania, tota pista serà benvinguda. Bon Nadal.
I també...
26 diciembre 2013
Sant Caneló
Joan Pau Inarejos
Deu ser per allò de marcar la
diferència, el cas és que els catalans tenim una certa tendència a anar tard en les
celebracions. El Nadal està bé, però la gran festa –i el gran tiberi– el fem
per Sant Esteve. El mateix per Pasqua: sembla que el Diumenge de Resurrecció
només sigui un preàmbul per menjar-se la mona del dilluns. Clarament, anem amb delay.
Els historiadors diuen que
aquesta curiosa pulsió del calendari té a veure amb l’antiga pertinença de Catalunya
a l’imperi carolingi. Corria el segle IX quan els emperadors centreeuropeus van dictaminar que “l’endemà
de cada pasqua seria festiu”. No està clar qui els ho va demanar, però a fe de Carlemany que es van avançar deu segles en el culte als ponts i les seves múltiples
advocacions turístiques.
Les festivitats en diferit
confirmen tots els estereotips sobre els nadius del nord-est peninsular: gent
perepunyetes, que s’ho pensa tot deu vegades, que s’arronsa amb les coses
grosses, a qui li agrada descentrar-se. Que gaudeix cultivant la ironia i la
sàtira barroca. Gent estalviadora i garrepa: els canelons neixen per donar
sortida als excedents de carn del Nadal. Si d’altres nacions tenen el caviar o el foie, les nostres delícies estan fetes d’escorrialles. I això no ho pot dir tothom.
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20 diciembre 2013
El noi de la mare
![]() |
| La 'Madonnina' de Roberto Ferruzzi (1897) |
Joan
Pau Inarejos
Una de les funcions més antigues de la música és adormir. Així de pràctic
i de prosaic. Melodies com ‘El cant dels ocells’ o ‘El noi de la mare’ han
estat humils cançons de bressol abans d’esdevenir himnes culturals. Qualsevol
mare sap que l’acompanyament rítmic del son no és cap banalitat ni cap tràmit,
sinó un moment de màxima dedicació i deteniment. La cançó de bressol és un
gènere de l’art. Secret i recollit: per a un únic espectador.
La cançó de bressol es com l’àtom de la física quàntica: s’esvaeix amb la
mirada de l’intrús. Mai s’hi pot interferir, ningú pot posseir des de fora
aquest alletament de la paraula. Si ho fa, la veu comença a trontollar i la
vocalista marxa a l’encalç d’un lloc més apartat.
El curiós és que, si s'hi para una orella indiscreta, es comprova que hi ha
poques cançons de bressol mal interpretades. Sembla que, en aquest registre
subtil, la veu humana treu la seva millor versió. No ens ha d’estranyar: és un
taral·leig que busca una seducció hipnòtica. Una bellesa no apassionada com la
rosa, més aviat tranquil·litzadora com la rosella.
Al famós llibre ‘El simi nu’, Desmond Morris observa que la gran majoria
de les mares bressolen els nadons al cantó del cor, un acte reflex que
demostren fins i tot els quadres de la Verge amb el nen Jesús. L’autor hi veu
la prova que la tonada dels batecs cardíacs condueix més fàcilment cap al son. Tam-patam-tam. “Allà
on vegeu inseguretat, trobareu possiblement, el ritme asserenador del cor”. L’embrió
està fixat a aquest compàs familiar des de l’úter i se sent confortat quan el
recupera en el caos arrítmic del món exterior.
Hi ha un ordre, hi ha un ritme, tot està bé: et pots adormir. Vet aquí la valuosa i complexa comunicació que transmet la cançó de bressol més simple. Quan
les coses concorden (con-cordia) és
perquè estan ajustades al cor i no cal estar en vetlla. Aquest és l’autèntic rellotge
vital, i no el que ens desperta de manera estrident i sense cap harmonia per
anar cada dia a treballar.
17 diciembre 2013
Lo mejor leído en 2013
por JOAN PAU INAREJOS
A veces, leer es
lo más parecido a rezar. Algunos lo hacemos justo antes de dormir, y no como
mero lenitivo, sino como la forma consuetudinaria de afianzarnos en lo íntimo e
intemporal. Aunque perdamos el hábito, aunque permanezcamos ajenos a las
llamadas novedades editoriales, aunque la vida estresada y paticorta nos convierta en algo así como agnósticos de la letra impresa, algunos siempre tenemos cierto libro esperándonos en la mesilla de noche, como un rosario, como una válvula última de seguridad. Estos compañeros bien valen un ranking.
1 El maestro y Margarita
Mijaíl Bulgakov
El amigo Lluís Mata, buen rusófilo, me introdujo en el mundo fáustico y alucinado
de Bulgakov. El diablo aterriza en el Moscú de los años 30 y reparte a diestro
y siniestro entre funcionarios mediocres y escritores pretenciosos. Todo un
universo literario que aúna el escapismo más lírico y encendido –los vuelos, el
romanticismo desgarrado- con las dotes más finas de observación social y psicológica.
Hay tiempo para las escenas de destrucción operística, para las metáforas
bíblicas, para los diálogos desternillantes y lo mejor, para una trama
felizmente imprevisible. Una rareza de lujo. LEER FRAGMENTOS
2 Viento del pueblo
Miguel Hernández
El poemario más radical y militante de Miguel Hernández recorre los
paisajes siempre torturados de la Guerra Civil española. Desarrapado, desde su herido,
rojo corazón, el de Orihuela canta a la mano del obrero, “rama combatiente del
cuerpo” y al sudor que hace
“transparentes e iguales” a los hermanos en el trabajo. Sus versos
brotan espumosamente, entusiastamente, desesperadamente, cuando ensalzan a las
brigadas internacionales (las “almas sin fronteras”) o a las trincheras,
“orgullosas” de cobijar a los cuerpos muertos de aquellos que combaten por la
justicia (“parecen plata dormida”). La historia la escriben los vencedores; la
poesía, los vencidos. LEER FRAGMENTOS
3 El árbol de la ciencia
Pío Baroja
La novela insignia Baroja relata la tragedia espiritual de un médico
enfrentado a la España decadente de 1900. Sus páginas invitan a una concepción
de la existencia tan desconsolada como bella e inteligentemente expuesta. De un
lado la amargura del hombre ilustrado, que comprueba la amargura del árbol de
la ciencia (“El hombre, cuya necesidad es conocer, es como la mariposa que
rompe la crisálida para morir”). De otro, la España negra, pueblerina y
petulante (“la moral del espectador de toros, que siempre exige valor en
otros”). Antiutópica y antirromántica, la pluma barojiana apenas ofrece un
consuelo: embrutecerse y vivir mundanamente para “conservar el espíritu
límpio”. LEER FRAGMENTOS
4 El mono desnudo
Desmond Morris
El clásico divulgativo de 1967 sigue conservando su frescura y capacidad de
sugestión al detallar las raíces animales de nuestro comportamiento. El humano
es “primate por linaje y carnívoro por adopción”: un mono que bajó del árbol y
perdió el vello para no abochornarse. Nos enamoramos para llenar el vacío
emocional de los padres, y la promiscuidad no es mero vicio, sino sabio resorte
de la naturaleza para afianzar la monogamia (!). Somos el único animal que mata
en masa porque la guerra moderna ha borrado las señales de apaciguamiento. Y
una observación luminosa: la risa es una transformación mágica del llanto
cuando la zozobra se cruza con la confianza. Reír es cabalgar sobre el miedo. LEER FRAGMENTOS
5 Antología poética
Rafael Alberti
La melena plateada más afamada de la poesía española firma una obra llena
de nostalgias marítimas. El mar. La mar. Culto y popular, lorquiano y
colorista, sus ademanes barrocos también dejan lugar a la precisión intimista
(“Tú eres lo que va /agua que me lleva / que me dejará”). Su poema a la paloma
equivocada es un himno perfecto, una lamentación de ritmo literario impecable
sobre los grandes fracasos y la frustración fatal de los deseos. Alberti se
pasea por Nueva York y afea a la Libertad que “baje a vender su sombra por los
puertos” y nos hace subir a su azotea: “mientras yo me tiendo en tu horizonte /
para que me divises de lejos”. LEER FRAGMENTOS
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