Zygmunt Bauman: "La idea de 'relación' transmite simultáneamente los placeres de la unión y los horrores del encierro"
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JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO'
"Frente al racionalismo y la seca erudición rabínica, la cábala ha apelado a la fantasía desatada"
Además de la preponderante tradición rabínica ortodoxa y de la minoritaria reflexión filosófica con pretensiones racionales, en el judaísmo han existido también corrientes irracionalistas, que han dado rienda suelta tanto a la especulación desenfrenada como al sentimentalismo, los efluvios emocionales y el escapismo, que busca remedios ilusorios y sobrenaturales a los problemas reales de los judíos. Entre estas corrientes se encuentran la cábala, el mesianismo y el jasidismo.
La cábala es el misticismo judío y la presunta sabiduría oculta de los judíos. Aunque las primera ideas cabalísticas surgieron en la antigüedad, en la Edad Media inició su desarrollo en el siglo XI y alcanzó su máximo esplendor en el siglo XIII y XIV en Sefarad [España] y en el siglo XVI en Sabed (Galilea, en lo que es ahora el norte de Israel). Frente al relativo racionalismo y la seca erudición de la tradición rabínica, que siempre ha constituido la corriente principal del judaísmo, la cábala ha apelado a la fantasía desatada, a la especulación incontrolada y a la búsqueda de lo misterioso y maravilloso, como el trono de Dios o los palacios de Dios.
El nombre de cábala (en hebreo, ‘qabbalá’, ‘lo recibido’, la tradición) alude a la doctrina esotérica recibida mediante revelación divina por ciertos santos de antaño (incluso por Abraham mismo) y transmitida luego en secreto por un grupo de discípulos privilegiados hasta nuestros días. Forma parte de la ley oral y constituye la interpretación mística tradicional de la ‘Torá’. La interpretación cabalística de la ‘Torá’, es sumamente libre y se basa en una exégesis alegórica que extrae de las palabras significados sorprendentes.
Los orígenes de las ideas cabalísticas están sin duda en la influencia gnóstica, neoplatónica y neopitagórica en algunos judíos de la antigüedad tardía, posteriores a la destrucción del templo y la diáspora. Varias de sus ideas más características se encuentran ya en el breve y denso ‘Sefer Yezirá’ (Libro de la creación), que a aparece a principios del siglo VI. El libro describe los 36 medios de que se valió Dios para crear el mundo: los diez ‘sefirot’ (o atributos divinos) y las 22 letras del alfabeto hebreo (…).
Si a la hora de la muerte el alma no ha alcanzado el nivel suficiente de mérito y perfección, volverá a la Tierra a reencarnarse en otro cuerpo y a seguir el ciclo de transmigración hasta alcanzar la pureza requerida para la unión con Dios. El paralelismo con el pensamiento indio en este punto resulta obvio (…).
"En el siglo XVII recibieron con estupor y angustia las tremendas masacres de judíos en Ucrania y Polonia; se interpretaban como signos de que la venida del mesías estaba próxima"
La cábala (…) se extendió por los numerosos ‘shetetls’ (palabra en ‘yídish’ que designa a una pequeña ciudad o aldea de judíos) de Europa Oriental. Los doctrinas místicas se mezclaban con supersticiones más crasas, las historias de ángeles, demonios y golems, los milagros, la magia, los amuletos y conjuros, etc. Parecía como si una oleada de entusiasmo por la sobrenatural fuera ya lo único que ayudara a aquellas pobres gentes a soportar la dura e inclemente realidad. Las ideas cabalísticas se entremezclaban también con la expectativa en el mesías (…).
En 1648-1649, las juderías de todo el mundo recibieron con estupor y angustia la noticia de las tremendas masacres de judíos en Ucrania y Polonia. Parecía que las tribulaciones del pueblo judío habían tocado fondo. Las matanzas se interpretaban como signos de que la venida del mesías estaba próxima. Circulaban rumores de que el mesías estaba ya reuniendo en el desierto a los ejércitos de las tribus perdidas de Israel y que estaba a punto de iniciar la reconquista del país de Israel y el restablecimiento de la monarquía de David (…).
La gran expectación suscitada por el pseudomesías (…) había dado lugar a una decepción y angustia tremendas. Todos esos judíos pobres, despreciados, traumatizados y decepcionados sentían como un gran vacío interior, un gran frío en su corazón. El movimiento que vino a llenar ese vacío y a traer un poco de calor a sus corazones fue el jasidismo o pietismo judío. El jasidismo, en su primera época, era una especie de prolongación del movimiento de falso mesianismo, que buscaba una solución rápida y drástica a los problemas que en aquel entonces aquejaban al pueblo judío, no por medio de un mesías dudoso, sino a través de la fe con corazón alegre y profundo, desprovisto de la mayor parte del intelectualismo que dominaba la religión judía (…).
Contra los ‘jasidim’ se enfrentaban los ‘mitnagdim’ (opositores), partidarios de la forma tradicional, es decir, de la vía erudita y “racionalista”, simbolizada por el estudio del ‘Talmud’, y que miraban con desprecio e indignación la grosería e ignorancia de los ‘jasidim’ (…). Sólo el gran atraso intelectual de Europa Oriental en el siglo XVIII explica la prevalencia de estos movimientos y polémicas.
No hay que olvidar que ya en el siglo anterior Spinoza había llevado la racionalización del pensamiento judío a sus últimas consecuencias, aunque su obra era completamente ignorada en los ‘shtetls’ orientales. Tampoco hay que olvidar que en Europa Occidental el siglo XVIII era la época de la Ilustración, que estaba afectando también al judaísmo, dando lugar a la ‘Haskalá’ o ilustración judía y, en definitiva, a la futura emancipación de los judíos. En cualquier caso, el jasidismo fue la variedad del judaísmo más extendida entre los ‘ashkenazim’ [judíos alemanes] de la época, y todavía pervive en Israel y Estados Unidos.
“Con la Guerra Civil, el reloj se detuvo y Barcelona quedó asociada a una modernidad a destiempo, ambigua y contradictoria, cercana a Viena”
Barcelona quería ser París. Las pinturas de Picasso lo prueban. La atmósfera de Els Quatre Gats y la del Moulin de la Galette se hace indiscernible. Los mismos tonos, la misma densidad existencial. La diferencia sólo se ve en las carteras. Pero la realidad no alcanzaba a ser simétrica. Si bien Els Quatre Gats se inspiraba eb Le Chat Noir, el Molino del Paralelo en el Moulin de la Galette y Montjuïc se contemplaba como trasunto de Montmartre, Barcelona quedó lejos de convertirse en una capital europea. Ya entonces tuvo que conformarse con una versión ‘low cost’.
La ansiedad por alcanzar la modernidad es lo que, a fin de cuentas, hará de Barcelona una ciudad moderna. Igual que en el argumento de una película de suspense, la exposición [‘Barcelona and Modernity’, Nueva York] empieza con falsas impresiones y acaba trágicamente. La primera sala es un homenaje a París –ciudad en la que Barcelona se refleja una y otra vez- y la úlima, que contiene obras muy representativas de las vanguardias, marca el corte dramático que supuso la Guerra Civil.
La conclusión es que Catalunya, con su capital al frente, fue apartada de su destino histórico. El reloj se detuvo y Barcelona quedó asociada a una modernidad a destiempo, ambigua y contradictoria. En este punto Barcelona está más cerca de Viena que de París. Lo consecuente, entonces, sería sentarla en el diván.
“La Sagrada Familia expía los pecados del progreso; el pabellón de Mies van der Rohe y el de Sert son como fantasmas que flotan en el tiempo, destruidos, recuperados y reconstruidos”
Pero no. Las contradicciones se acumulan y Barcelona se aletarga en las curvas de su propio sueño. El templo de la Sagrada Familia es una obra dedicada a expiar los pecados del progreso (hoy, incluso, marca comercial de la ciudad, por dos veces reproducida a tamaño gigantesco en la exposición); el pabellón de Mies van der Rohe para la exposición de 1929 y el de Sert para la República Española en la exposición de París de 1937, hitos destacados en la secuencia de la muestra, son como fantasmas que flotan en el tiempo (destruidos, recuperados y reconstruidos a posteriori, sólo se inscriben en la memoria de lo que fue posible); Barcelona tan pronto es capital de un país con aspiraciones nacionalistas como sujeto estético y autónomo (desde la guerra en la antigua Yugoslavia los americanos asocian nacionalismo con separatismo y terrorismo).
En resumen, la narrativa expositiva lleva derecho a la idea de que Barcelona se vende mejor que Catalunya. La identidad estética y urbana es menos dañina que la nacional. Un argumento frente al cual la crítica de arte está desarmada. Como decía el crítico de ‘The New York Times’, “too many Picassos”. Sólo faltaba que Woody Allen incluyera a Sclarlett Johansson en la próxima película que rodará en Barcelona. Su rostro será como la última capa, confundida con esas jóvenes marmóreas de ojos cerrados, boca entreabierta y cabeza ladeada, la síntesis más real de una Barcelona ensimismada y que sueña despierta como en los bustos femeninos de Miquel Blay, arquetipo modernista.
CARLES GUERRA, “EL SUEÑO DE BARCELONA”, EN EL SUPLEMENTO ‘CULTURAS’ DE ‘LA VANGUARDIA’, 11/4/2007
SOBRE MI
Periodista, locutor y guionista en La Xarxa. Radio y tele. Escribo sobre cine, arte, filosofía, actualidad y viajes, además de relatos cortos en catalán y castellano. Soy un escorpio de Sant Boi de Llobregat, nací el 1 de noviembre de 1983 y no, no es el día de los muertos
Periodista, locutor i guionista a La Xarxa. Ràdio i tele. Escric sobre cinema, art, filosofia, actualitat i viatges, a més de relats breus en català i castellà. Sóc un escorpí de Sant Boi de Llobregat, vaig néixer l’1 de novembre de 1983 i no, no és el dia dels morts
treballs a ràdio
i tele
Seccions: La Repassada
1. Antología poética, de Miguel Hernández***
2. Generació bombolla, de Aleix Saló (cómic) **
3. La casa, de Paco Roca (cómic) ***
4. Después de la guerra, de Agus Morales et al. (5w)
5. El espectador, de José Ortega y Gasset
6. La poesía del pensamiento, de George Steiner
7. La felicidad paradójica, de Gilles Lipovetsky
8. Madame Bovary, de Gustave Flaubert