13 marzo 2012

‘La invención de Hugo’: Disney ya está inventado


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6
Leyendo las críticas de ‘La invención de Hugo’ uno se pone conspiranoico. ¿Habrá tantos plumillas comprados? ¿Es capaz el todopoderoso marketing de Hollywood de sobornar conciencias o al menos de obnubilarlas? Hablan de homenaje al séptimo arte, de poema cinematográfico... ¿Por qué no se dice la verdad, y es que Scorsese simple y llanamente se ha avenido a hacer una superproducción disneyana y de escasa ambición autoral?

Porque, ¡vaya por Dumbo!, Disney ya está inventado. Congelado o recalentado, en cuerpo o en espíritu, el mago de los dibujos animados lleva siete décadas fabricando como nadie estas fábulas familiares con niños heroicos, Merlines y villanos de pega que desfilan por escenografías neomedievales o seudodecimonónicas, casando a los hermanos Grimm con Dickens y Victor Hugo. Si al menos lo hubiera hecho Spielberg, tendría un pase. Al fin y al cabo el de Cincinatti se pirra por las historias de huérfanos entrañables que corren aventuras y encuentran un nuevo padre en la otra dimensión, psíquicamente casi sin despeinarse.

Pero lo ha hecho Martin Scorsese, el de ‘Taxi driver’, y peor, el que hace cuatro días nos asombraba con ‘Shutter Island’, unas de las mejores películas de lo que llevamos de siglo XXI. Y cuando un chaval de catorce años da más la talla que un director de 70, definitivamente algo falla. Hablamos, por supuesto, del jovencísimo inglés Asa Butterfield (‘El niño del pijama a rayas’), que roba los mejores planos –con permiso de Sir Ben Kingsley- de esta fantasía literaria llevada al cine, magníficamente facturada, sobre el encuentro de un niño con el legendario cineasta Georges Méliès a través de un misterioso robot en el París de los años 30 (ah, iba de esto, y creo que también sale Jude Law).

Que todo la movida se venda como un panegírico del pionero del cine todavía suena más a burla, porque, sin dudar de las buenas intenciones de Scorsese y de su sincera admiración por Méliès (Déu nos en guard, como decimos en catalán), toda la grandilocuencia y los denodados esfuerzos por unir lo dramático, lo siniestro y lo cómico se estrellan contra un guion convencional que ni emociona, ni da miedo, ni hace reír. Es decir, lo contrario del cine.


06 marzo 2012

‘Chronicle’: los estragos de Superman con acné



ATENCIÓN: la crítica contiene algunos detalles del argumento
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
¿Qué pasaría si el chico marginado del instituto se convirtiera en superhéroe por accidente? Drama y ciencia-ficción se unen con asombrosa naturalidad en esta pequeña rareza, que rentabiliza admirablemente una historia bien sencilla  gracias al estilo de la cámara en el hombro y a unos cuantos ases en el desarrollo de la historia.

Se dirá que la estética del vídeo doméstico no es nueva. Cierto. ‘Rec’, ‘El proyecto de la bruja de Blair’ y en menor medida ‘Monstruoso’ ya nos dieron cuenta de lo escalofriante que puede ser el terror filmado en falso directo, y esta vez se trataba de trasladar ese mismo instrumento óptico al terreno de la ciencia-ficción, entroncando con la inteligente moda contemporánea de humanizar a los poseedores de superpoderes (cuyos pioneros fueron ‘El protegido’ de Syamalan y si me apuran ‘Los increíbles’ de la Pixar, con su dramática crisis de identidad familiar bajo los relucientes trajes).

De entrada el director Josh Trank saca a escena a tres adolescentes desconocidos –buena decisión- y los enfrenta a una expedición fortuita en el bosque, donde entrarán en contacto con una sustancia alienígena con poder para levantar el vuelo, mover objetos en la distancia y otras facultades mucho más temibles para el mobiliario urbano.

Huelga decir que en manos de unos teenagers, esta experiencia precoz con la kryptonita provocará situaciones incontrolables –véase la soberbia escena del accidente bajo la lluvia-, pero también espontáneos arranques aventureros –esas excursiones por las nubes, quién no las ha soñado-, crueldades gamberras -la araña desintegrada- e incluso sueños de grandeza en la soledad del cuarto –el antológico plano del joven en la cama, frente a una cámara literalmente voladora-.

No hay que perderse el tramo final, donde a Josh Trank se le va maravillosamente la olla y nos mete en una inesperada cinta de catástrofes: la rabia adolescente campa cual Godzilla por su casa hasta conducirnos a un desenlace electrizante. Lo único que sobra son los últimos tres minutos, un epílogo clamorosamente innecesario que traiciona el tono de esta tragedia sobre las hormonas que llegan demasiado lejos. Fascinará a los jóvenes e inquietará a los sociólogos.

El ciberespacio, el nuevo insconsciente colectivo



Reproducimos a continuación la interesante reseña de Carlos Alberto Scolari sobre el libro ‘El lectoespectador’ (2012) de Vicente Luis Mora. El ciberespacio como nuevo insconsciente colectivo, donde la literatura ya no se escribe sino que “se diseña” (“googliteratura”), y una frase feliz sobre las redes sociales: “El tweet es para semiólogos; el retweet para sociólogos”. Texto completo en: http://bit.ly/xtaBT0

Retomemos la reseña de “El lectoespectador” de Vicente Luis Mora y volvamos a la cuestión de la “pantpágina”, esa “página total” (p. 110) por la cual unos cuantos escritores parecen apostar. Afirma VLM que hoy, la literatura, no se escribe: se diseña. Para muchos escritores “la página se ha convertido en una pantalla diseñada” (p. 108). En esta parte VLM hace mucho hincapié en la influencia de los medios de comunicación de masas pero yo creo que es la influencia de las pantallas digitales (o sea, las interfaces del software, los videojuegos y sobre todo la web) la que está marcando a las páginas de las nuevas novelas. Si la televisión simula a las pantallas interactivas (ver mi artículo sobre la hipertelevisión en castellano o inglés), no es extraño que las páginas de las novelas teminen simulando esas mismas pantallas.

¿Cómo lee el lectoespectador? Hoy “leemos la página como si fuera una lámina electrónica emisora, un paisaje o un óleo…” (p. 109). Las nuevas narrativas nos están confirmando la existencia de un relato diferente, que no desecha el papel pero lo utiliza de otra manera: “Pasando las páginas, mirándolas sin leerlas, el lectoespectador puede advertir tratamientos textuales y paginales que apuntan a una literatura más próxima a su imaginario que al del siglo XIX” (p. 118).

Leo esto y se me ocurre un tweet: Se siente, se siente, #McLuhan está presente.
VLM también apunta la existencia de una nueva concepción del espacio en la nueva literatura, fruto de la difusión de experiencias de visión/navegación como Google Earth. La literatura pangeica “es la primera que estatuye el lugar narrativo de este mundo panóptico en el que nos encontramos” (p. 140)

Según VLM estamos en la autopista que conduce a la googliteratura, un tipo de “literatura geoposicional” (p. 143) que encuentra una de sus encarnaciones más interesantes en el proyecto We Tell Stories impulsado por la editorial británica Penguin.

Podríamos decir que gran parte de esta reflexión confluye en un territorio conocido por los lectores de este blog: el del transmedia storytelling. VLM considera que “JJ Abrams es uno de los grandes narradores cross-media de nuestro tiempo, si no el más capacitado” (p. 150). La existencia de relatos fragmentados, que se despliegan a través de varios medios, hace que el consumidor adopte una nueva táctica de interpretación: “la primera regla de lectura de las obras transmedia es la misma que rige la del proceso detectivesco: reunir todas las piezas del puzle, saber dónde termina la obra, si es que la obra termina” (p. 151).

La última parte del libro está dedicada a los “diez apotegmas sobre televisión” -no me gustó mucho este retorno al “broadcasting” después de la inmersión digital/hipertextual- y a otros temas como el cibespacio entendido como inconsciente colectivo. Esta línea de reflexión emparenta a VLM con Derrick de Kerckhove, quien últimamente está dedicado a desarollar una idea similar (From Freud’s unconscious to digital unconscious).

Para terminar, un par de cuestiones metodológicas. Algunos lectores pueden llegar a criticar la proliferación de neologismos en el texto de VLM. Él mismo lo explica con sus propias palabras: “hacer teoría en directo, en vivo, examinando fenómenos sobre los que no hay distancia histórica (ni distancia personal) es peligroso. Claro que sí, pero hay algo más peligroso aún: no hacerlo… Es más preciosa una idea equivocada que ninguna” (p. 118). En este contexto “cómo leer estas nuevas obras; qué instrumentos críticos utilizar cuando los de la teoría de la literatura y crítica tradicionales se limitan a la palabra escrita (…)Un texto, hoy en día, no es el mismo objeto que analizaban los formalistas rusos a principios del siglo XX. Por tanto se puede valorar con los mismos instrumentos críticos. De ahí que hayamos propuesto la noción de ‘intertexto’… (p. 177-184).

Yo creo que la semiótica tiene mucho para decir en este debate (ver mi ponencia “Semiótica: el desafío digital“), sobre todo a partir de conceptos como “multimodalidad”, muy trabajados en el mundo anglosajón pero casi descartados en los países mediterráneos y latinoamérica. El mismo VLM aporta más adelante alguna clave metodológica bajo forma de tweet:

“El tweet es para semiólogos; el retweet para sociólogos”

Lo interesante del libro del VLM es que no se hace eco de ese sentimiento anti-semiótico tan difundido en la comunidad de los investigadores de la comunicación españoles. Algún día escribiré sobre el tema, pero ahora es el momento de reivindicar una mirada -la “mirada semiótica”- y un potente arsenal metodológico que a menudo se lo descarta por prejuicios intelectuales o simplemente ignorancia.

La última parte de “El Lectoespectador” está dedicada a la nube (la famosa “cloud” donde todos, lectores, autores y textos, terminaremos antes o después) y a sus posibilidades. Novelas colaborativas, crítica literaria 2.0, textos infinitos … a estas alturas -remember, estamos en la cloud- el relato de VLM se recombina con las utopías hipertextuales de Ted Nelson y Vannevar Bush.

Me quedan unas cuantas cosas en el tintero, pero ya se habrán dado cuenta que conviene darle una ojeada a “El Lectoespectador”, el último ensayo deVicente Luis Mora.

Carlos Alberto Scolari en  http://bit.ly/xtaBT0 sobre el libro ‘El lectoespectador’ de Vicente Luis Mora (2012)

05 marzo 2012

notícies poètiques


La glacera Perito Moreno es trenca de nit i sense espectadors

LA VANGUARDIA 05/03/2012 

03 marzo 2012

L’estiu dels petits prodigis


Joan Pau Inarejos

Ho veieu? Una flor només necessita aigua per florir. Els vells inventors ens instruïen amb una tija de violeta a les mans. Els meus germans s’ho miraven atònits. Un dels inventors tenia bigoti blanc i duia una cantimplora. L’altre era calb i arrugat i amb prou feines enraonava. Només aguantava pacientment una bossa amb llavors. Ja havia caigut la tarda i alguna àliga xisclava en aquells paratges rocallosos.

L’inventor del bigoti va vessar un rajolinet d’aigua sobre la violeta poncella, la va fregar contra el palmell de la mà i el prodigi es va acomplir: el capoll va començar a florir i a florir fins que va tenir ben bé un pam de pètals. Després els inventors van fer descloure clavells i margarides amb la mateixa increïble rapidesa, i ens van ensenyar molts més enginys que no recordo, perquè ja han passat molts anys. Cap al tard, quan els pares ens van venir a buscar, els vells inventors ja s’havien esvaït. Vés a saber si portaven els seu secrets ambulants cap a d’altres contrades.

Aquella tarda la vam passar en bicicleta. Feia feredat veure aquelles llacunes negres i aquells paisatges minerals tan buits de vida i de vegetació. En la nostra imaginació infantil era com si trepitgéssim els camins de la lluna, àrids i inabastables. Algú va fer un senyal. Hi havia un estimball que ens obligava a aturar-nos. Vam deixar les bicicletes i vam continuar a peu, ben afermats a les roques per no caure. L’excursió ens va deixar exhaustos i tothom va dormir com un tronc tret de mi, que vaig aprofitar la fosca íntima de la nit per sortir del refugi.

Encara no era trenc d’alba, sinó l’últim sospir de la nit, quan tot el paisatge rocallós, amb els seus congostos i les seves prominències, amb els seus camins i els seus precipicis, va començar a emergir sota una resplendor blavissa, tan fina i clarivident com la del fons del mar. Vaig veure una formiga sortint de sota terra amb urgència, com si esperés un esdeveniment. L’insecte es va detenir per mirar fixament l’estel del matí. En la llunyania, un astronauta s’enfilava al cel per robar aquella última llumenera del firmament nocturn, que jugava a fer de sol amb la trapelleria d'un nen matiner que es posa les sabates del seu pare.

I em vaig quedar adormit amb una fonda olor de flors, com si els vells inventors haguessin vingut amb els seus jardins acabats o com si ja m’hagués mort i ensumés la fragància dels sants.

3 març 2012
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02 marzo 2012

EL MUNDO BAJO LOS PÁRPADOS


El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)

LOS SUEÑOS Y LA FÍSICA CUÁNTICA
 “Los sueños son tan delicados que no soportan la observación, como las partículas subatómicas; ambos son estados energéticos de la vida”

Estas experiencias demostraron a Ouspenki que los sueños son tan delicados que “no soportan la observación”. La observación los transforma. Al comparar sus visiones nocturnas y analizarlas, comprobó que los sueños sufrían sutiles mutaciones siguiendo los dictados de la voluntad. En este sentido, es interesante observar cómo tan sólo dos décadas más tarde, las investigaciones de la física cuántica hallarían en las partículas microscópicas la misma ley, esta vez aplicada a la realidad subatómica (…)

Como han demostrado diferentes experimentos, la doble naturaleza de la materia atómica, su perpetuo y misterioso tránsito del estado ondulatorio (energético) al estado corpuscular (material), no le deja más opción al observador que la de formular estadísticas (…). La física cuántica nos plantea, por tanto, la siguiente paradoja: cuanto más profundizamos en los secretos de los mundos subatómicos de la materia, más indeterminada e inmaterial, por decirlo así, se vuelve. En cierto sentido, Jung había traspasado esas mismas fronteras en el terreno psicológico. La esencia de lo inconsciente también era una realidad indeterminada (…). Los sueños y las partículas son estados energéticos de la vida. El problema radica en saber cuál es el nexo entre la mente y la materia (…).

No deja de ser enormemente contradictorio que después de la teoría de la relatividad –donde espacio y tiempo no son valores absolutos sino relativos-, de la teoría cuántica –que ha despojado de sustancia y causalidad a la materia- y la teoría vibracional de cuerdas –que atribuye al mundo corpuscular hasta once dimensiones-, cuando se especula si los agujeros negros son puertas dimensionales a universos paralelos, aún sigamos tan apegados mentalmente a la vieja idea ilustrada de reducir toda nuestra realidad existencial a las cuatro dimensiones espacio-temporales del cuerpo visible.

LOS SUEÑOS PRECOGNITIVOS
 “Nadie viaja al futuro en los sueños; lo que sucede es que se conecta con otra dimensión del tiempo en la que todo se halla presente”


Aquello que se vive primero en sueños, ¿es realmente algo futuro o algo que se hace incomprensiblemente presente? Quizá nada ni nadie, realmente, viajen al futuro, y lo que sucede es que se conecta con otra dimensión del tiempo en la que todo se halla presente. Así lo entendió San Agustín en el libro XI de sus ‘Confesiones’: no se ven las cosas futuras, dijo “a los más sus causas o signos, que existen ya” pues esas prefiguraciones oníricas no vienen del futuro, son cosas presentes que sólo existen en el alma de quien predice lo futuro. Mediante la memoria y la precognición, la psique es el único punto en donde el pasado y el futuro confluyen y se hacen presentes (…) [no se] refiere a un tiempo cuantitativo, sino cualitativo, a un tiempo que podríamos denominar ontológico. En esa cualidad temporal, el onirismo que atestigua el hecho anticipado sería como la salpicadura de una gota de agua que, emergiendo eventualmente en el aire, cae de nuevo en el océano –el instante eterno- para fundirse en su seno: este sueño sería esa gota minúscula, que, como la rosa de Silesius, “es sin porqué”.

LAS PESADILLAS
 “Es una lástima que no exista una Historia de la Pesadilla; allí veríamos todo lo que hemos ido escondiendo”

El miedo es indisociable del monstruo, porque el monstruo constituye su reflejo exacto en la imaginación. Es una verdadera lástima que no exista en el campo de las humanidades una exhaustiva y erudita Historia de la Pesadilla, para ver desfilar por ella toda la infinita variedad de miedos y ansiedades que han desgarrado el alma humana a lo largo de los siglos. Allí veríamos todo lo que hemos ido escondiendo; lo que cada siglo ha reprimido y ocultado de la vista del mundo.

LOS SUEÑOS Y LA HISTORIA
“Los sueños no son sólo consecuencia de la historia, sino que llegan a desempeñar un papel activoen el acontecer histórico”

Los sueños no son sólo la consecuencia de una determinada causa histórica (…) sino que a veces siguen caminos tan inesperados y contundentes que incluso llegan a desempeñar un papel realmente activo en el curso del acontecer histórico (…) ¿Qué habríamos descubierto si se hubiesen contrastado y analizado convenientemente una considerable cantidad de datos histórico-oníricos de la misma forma que se han clasificado y estudiado de modo sistemático las distintas materias de las especialidades académicas? Nunca lo sabremos. Pero, al menos, hemos tomado consciencia, aunque de forma fugaz y perecedera, de que a la historia de los hombres despiertos le falta, como clamaba Lichtenberg, una historia de los hombres que duermen (…). Así pues, imbuido en esta seca visión de las cosas, el ser humano resulta perfectamente irrisorio; pues, a pesar de toda su hiperconciencia a cuestas y su labrada coraza de escepticismo, el hombre suele estar dispuesto a creer en cualquier cosa, salvo en la verdad.

HORROR VACUI
Se puede pensar que soñar es abrazar la nada cada noche, pero el marqués experimentaba lo contrario: despertar en un flujo onírico permanente

Se puede pensar que la inquietante idea de abrazar cada noche la nada al empezar a dormir podía tener para él cierto cariz angustioso que lo empujaba inconscientemente a intentar apartar de sí el horror vacui, pero nada de eso parece cruzar por la mente del marqués (…). No encuentra en su memoria ninguna sensación de ausencia, sino todo lo contrario: su experiencia siempre le conduce a la misma impresión de despertar en el seno de un flujo onírico permanente, como si el sueño fuera una corriente continua, igual a un río silencioso que fluye sin descanso bajo los párpados (…).

LOS SUEÑOS Y LOS INSTRUMENTOS
“Practicar el sueño lúcido afina la experiencia onírica como si se tratara de un instrumento musical”

Según Aurobindo, practicar el sueño lúcido afina la experiencia onírica, como si se tratara de un instrumento musical. Los sueños de hacen cada vez más nítidos a medida que la conciencia se encuentra más presente en las escenas oníricas (…). Podemos llegar a sentirnos muy atraídos por los esplendores de este mundo interior, dice Aurobindo, hasta el punto de preferirlo al mundo externo, pero ése es precisamente su gran peligro.

EL SUEÑO DEL CIENTÍFICO
“Sobre el altar se ve un embrión en su envoltura mitad blanca, mitada negra; ‘’Quién eres tú?’ ‘Tú mismo’”

Según refiere Saint-Denys, este científico, después de haber plasmado en su diario, poco antes de ir a dormir, sus preocupaciones existenciales, soñó primero, que se encontraba flotando en el infinito espacio del cosmos. Luego, cambia la escena, y se ve transportado al interior de un templo milenario (…). Sobre el altar ve un embrión agitándose en su envoltorio transparente, como si luchara para romperlo y tratase de salir. La envoltura tiene forma mitad blanca, mitad negra. Lleno de curiosidad, extiende el brazo para tocarlo, pero antes se rompe la cáscara y sale un niño (…). Entonces pregunta con ansiedad al niño: “¿Quién eres?”. Sus ojos brillan en la oscuridad (…). “Tú mismo”, responde el niño. Aunque en ese momento no está entendiendo del todo el significado de esta respuesta, tiene el extraño convencimiento de que todo lo que está viendo y escuchando es la verdad: él es su otra parte.

El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)

HUÉRFANOS DE LA MUERTE


El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)

Hemos perdido esa fresca naturalidad de vivir y morir de los epicúreos; hoy la obsesión es separar la muerte de la vida

¿Por qué inquietarse?, pregunta Epicuro: mientras esperamos la muerte, la muerte no existe, y cuando llega, somos nosotros los que ya no existimos (…) ¿No es esta la elegante fórmula epicúrea que intentó recoger el pensamiento burgués del siglo XIX como pauta de vida? En efecto, pero qué lejos se encuentra el vacilante epicureísmo moderno de aquel limpio y vigoroso ejercicio de libertad suprema que el filósofo griego pretendía enseñar a sus alumnos en su Jardín. Hace ya mucho tiempo que perdimos por completo esa fresca naturalidad de vivir y morir, esa firme determinación sin trabas que caracterizaba la actitud de los antiguos epicúreos. Desde que la biología decretó cuáles son los límites de la muerte, su contrapartida ha sido la angustia ante la nada (…). Prueba de ello es esta escrupulosa obsesión por separar la muerte de la vida, claro indicativo de que el pensamiento epicúreo goza ya de muy chatas y endebles convicciones y es incapaz de aplacar la sorda angustia que produce (..).

“Cuando se trata de simulacros, la imago mortis aparece multiplicada hasta la náusea, pero cuando la muerte es real, irrumpe el horror y se intenta ocultar; la familia y los médicos se apoderan de la situación y el moribundo pierde sus derechos”

El único contacto con la muerte que le queda a nuestra época es la sorda ansiedad que produce. Si dispusiéramos de un mito de la muerte, como tenían los antiguos, no sucedería esto; el sacrificio que sufrieron las antiguas religiones en las aras empíricas de la Ilustración es el precio que hemos tenido que pagar por la evolución que ha sufrido la conciencia a lo largo de su desarrollo histórico. Pero este logro del hombre moderno se desinfla por completo cuando toca dar una respuesta emocional adecuada a la negra perspectiva de la muerte (…).

De la presencia natural y solemne que tenía el óbito entre nosotros, hemos pasado al vacuo y monótono rumor virtual que deja el torrente de cadáveres y asesinatos vomitados diariamente por los medios audiovisuales. Cuando se trata de simulacros, la imago mortis aparece multiplicado hasta la náusea, pero cuando la muerte es real y hace una inesperada aparición concreta, entonces irrumpe el horror y se la intenta ocultar a toda costa con la mayor mojigatería. La familia y los médicos se han apoderado de la situación, y, como explica Ariès, su misión es la de disimularle a toda costa al enfermo la posibilidad de fallecer, lo cual produce la grotesca situación de ser tratado como a un menor de edad. El triunfo progresivo de la medicina ha logrado reemplazar la figura del moribundo por la del enfermo. Como dice el historiador francés: “Si la antigua liturgia honraba a los muertos, la nueva se dirige a los vivos”: el moribundo ha sido despojado de sus antiguos derechos (..). Ahora (…) al no disponer de ningún recurso refinado, nos sentimos perdidos ante algo tan crudo y duro, y cada cual tiene que buscarse la muerte como puede.

El mundo bajo los párpados
Jacobo Siruela (2010)

01 marzo 2012

L’últim lífting de Frankenstein


Joan Pau Inarejos

Aquesta primavera es posa oficialment de llarg la catedral de Barcelona. Després de quatre anys de restauració, els titulars més urgents parlaran de la recuperació del passat medieval mític, i n’hi haurà molts que saludaran l’esdeveniment amb eufòria turística i desfici fotogràfic. Al capdavall hauran desaparegut aquestes grues tan enutjoses per a l’skyline de l’anomenat Barri Gòtic, uns monstres de ferro que encara pertorben la icona internacional d’una Sagrada Família en perpètua fase de construcció.

Però n’hi ha prou de rastrejar mínimament la història de l’imponent temple dedicat a Santa Eulàlia per començar a mirar-lo amb la mateixa sospita de qui intenta desemmascarar un mentider professional o un agent infiltrat. Per descobrir que, rere la pompa aparentment genuïna de la seva façana, hi ha moltes capes de cirurgia estètica. Diguem-ne que si la catedral de Barcelona fos una dona, faria més cara de Cher que de Violant d’Hongria (i ja em perdonaran els conservadors patrimonials per la comparació).

La seu episcopal barcelonina es va finalitzar sense façana ateses les urgències econòmiques de mitjan segle XV, i aquí rau la desagradable confusió. El que avui veneren les postals en realitat és un convincent simulacre del segle XX -com n’hi ha tants-, a partir del somni combinat de quatre arquitectes: Carles Galtés de Ruan, Joan Martorell, Josep Oriol Mestres i August Font i Carreras.

Durant quasi cinc-cents anys, els barcelonins només van veure un mur rectangular amb unes quantes finestres i poca cosa més: una catedral cega. No va ser fins a les acaballes del segle XIX, quan la burgesia europea es va enamorar del gòtic com a estil d’afirmació nacional, que el projecte es va recuperar sota el patrocini de l’empresari Manuel Girona i amb l’execució de l’arquitecte Josep Oriol Mestres.

Un medievalisme pretesament purista recorria en aquell moment els tallers d’arquitectura d’Europa. Tot aplicant la filosofia de la “restauració en estil” endegada des de França per Eugène Viollet-le-Duc, que consistia a rehabilitar els edificis segons l’estil original i eliminant-ne totes les etapes posteriors, Mestres es va inspirar en les traces tardogòtiques deixades gairebé cinc segles abans pel francès Carles Galtés de Ruan. Però el resultat no va agradar gens al públic, que preferia el dibuix neogòtic i espectacular de Joan Martorell, mestre de Gaudí i dissenyador d’un altíssim cimbori flanquejat per dos campanars. Tant és així que un quart arquitecte, August Font i Carreras, va entrar en joc guarnint encara més la façana i alçant fins a 90 metres el desitjat cimbori-estrella, tan allunyat física i espiritualment de la modèstia racionalista mediterrània (d’una Santa Maria del Mar, per exemple) i apuntant més aviat cap a les grandil·loqüències del gòtic nòrdic.

Aquest és el making off d’una façana que, com se sol dir, val més pel que calla que pel que diu. Però no és l’única que té costures invisibles dins el recinte de la presumpta Barcelona medieval.

De fet, tot el Barri Gòtic, a parer d’alguns, es pot considerar un “parc temàtic documentat”, començant pel mateix nom, que es va encunyar ben entrat el segle XX per subratllat-ne la pretesa unitat estilística. Segons l’investigador de la UB Agustín Cócola, aquestes recreacions històriques de les ciutats es basen en tres procediments: la ja citada restauració en estil, el trasllat i concentració d’edificis originals i l’eliminació d’edificis sense aparença antiga, substituïts per d’altres que mai van existir.

Alguns exemples són flagrants: el pont del carrer del Bisbe, que comunica la plaça de la catedral amb la plaça de Sant Jaume i que captiva les càmeres amb la seva silueta flamígera i romàntica, en realitat és una construcció de 1928 de l’arquitecte Joan Rubió i Bellver sense cap connexió amb el gòtic català. D’altres són més dissimulats: la Casa dels Canonges del Palau de la Generalitat és un conjunt medieval reinterpretat el 1927 per Jeroni Martorell segons el model ideal de casa catalana de Josep Puig i Cadafalch: portal de mig punt, finestres coronelles a la planta noble (geminades amb columnetes), galeria porticada a l’últim pis i torre en un angle. Podem passar també per la Plaça del Rei, on hi va ser desplaçada la Casa Padellàs (segle XVI) per donar-li un major aire d’auntenticitat, mentre el Palau Reial va perdre les dues plantes i la portalada construïdes durant el segle XVIII, a més d’incorporar rosasses i finestres coronelles, també per semblar més inconfusiblement medieval.

I així un llarg etcètera d’intervencions que primer es van fer amb l’ànim de legitimar la burgesia nacionalista catalana i després van ser plenament assumides i continuades per les autoritats franquistes i democràtiques per compactar la imatge de marca de Barcelona amb finalitats turístiques. En definitiva, per democratitzar i industrialitzar l’antiga pràctica del Grand Tour, el viatge per les runes gregues i romanes que van encetar els europeus cultes del Sis-cents per completar els seus estudis i que és considerat l’embrió del turisme cultural (més veterà que el de sol i platja, que fa eclosió després de la Segona Guerra Mundial).

El més sorprenent –o potser no, si es trepitja el terreny- és el que constata Cócola en el seu treball sobre el Barri Gòtic: el fals històric funciona tant i fins i tot més que l’original, perquè el turista majoritari no busca la veritat documental sinó una experiència plena sobre aquesta suposada realitat històrica. Això ha portat la professora d’urbanisme de Harvard Susan Fainstein a proposar que es facin rèpliques exactes de Venècia o Florència per garantir-ne la conservació, protegides en una mena de bombolla d’ivori impenetrable per les hordes bàrbares del low cost global.

Però mentre no arribi una Barcelàndia Resort al bell mig d’Orlando (glubs), Cócola fa una proposta molt més modesta: senyors turoperadors, senyors gestors culturals, expliqueu als turistes com eren en realitat tots aquests llocs que avui trepitgen i fotografien, perquè tots hi guanyarem en honestedat i cap filigrana neogòtica ni cap ficció espectacular deixarà de ser visitada amb entusiasme.

FONTS
CÓCOLA GANT, Agustín. El Barrio Gótico de Barcelona. Planificación del pasado e imagen de marca. Barcelona: Madroño, 2011.