27 mayo 2010
proverbios y cantares
ANTONIO MACHADO
los sueños
El hada más hermosa ha sonreído
al ver la lumbre de una estrella pálida,
que en un hilo suave, blanco y silencioso
se enrosca al huso de su rubia hermana.
Y vuelve a sonreír porque en su rueca
al hilo de los campos se enmaraña.
Tras la tenue cortina de la alcoba
está el jardín envuelto en luz dorada.
La cuna, casi en sombra. El niño duerme.
Dos hadas laboriosas lo acompañan,
hilando de los sueños los sutiles
copos en ruecas de marfil y plata.
cantares enviados a unamuno en 1913
Señor, me cansa la vida,
tengo la garganta ronca
de gritar sobre los mares,
la voz de la mar me asorda.
Señor, me cansa la vida
y el universo me ahoga.
Señor, me dejaste solo,
solo, con el mar a solas.
(...) Por todas partes te busco
sin encontrarte jamás,
y en todas partes te encuentro,
sólo por irte a buscar.
canciones a guiomar
Tu poeta
piensa en ti. La lejanía
es de limón y violeta,
verde el campo todavía.
Conmigo vienes, Guiomar;
nos sorbe la serranía.
De encinar en encinar
se va fatigando el día.
El tren devora y devora
día y riel. La retama
pasa en sombra; se desdora
el oro del Guadarrama.
Porque una diosa y su amante
huyen juntos, jadeante,
los sigue la luna llena.
El tren se esconde y resuena
dentro de un monte gigante.
Campos yermos, cielo alto.
Tras los montes de granito
y otros montes de basalto,
ya es la mar y el infinito.
Juntos vamos: libres somos.
Aunque el Dios, como en el cuento
fiero rey, cabalgue a lomos
del mejor corcel del viento,
aunque nos jure, violento,
su venganza,
aunque ensille el pensamiento,
libre amor, nadie lo alcanza.
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Antonio Machado,
literatura,
poesía
26 mayo 2010
'Io sono l'amore' o la esposa esposada
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7,5
Mucho se ha escrito (y filmado) sobre la decadencia de la familia. La historia de la ficción está trufada de relatos sobre la descomposición de esta institución que, para desespero de sus enterradores, nunca se acaba de morir. Mejor: porque si no, no gozaríamos de tragedias tan majestuosas como 'Io sono l'amore', una crónica soberbia sobre la agonía de los Recchi, estirpe de la burguesía industrial de Milán cuyos cimientos se tambalean cuando llega la hora de la sucesión.
El relato gravita en torno a una sola mujer, Emma Recchi, la matriarca de origen ruso que siente la urgencia juvenil de abandonar el fragor de las fábricas para escapar a la campiña tras los pasos de un joven cocinero de piel morena. Tilda Swinton, espigada y adusta como una mujer de Modigliani, vuelca todo su buen hacer en este personaje, que viene a entroncar con Madame Bovary, Ana Karenina y todas las heroínas infieles del siglo XIX.
'Io sono l'amore' plasma certeramente el cautiverio de esta esposa extranjera, que no acaba de encontrar su lugar en el tinglado familiar y cuyo guisado estrella no es la pasta (oh sacrilegio), sino una modesta sopa de pescado llamada Ujà que, para más austeridad eslava, debe adquirir un color transparente para servirla como Бог (Dios) manda.
La película, con sus 123 minutos a ratos fatigantes, nos reserva alguna escena memorable, como cierto cementerio donde la verdad rompe el luto y sale desgarrada como un grito irreverente y romántico. Imperdibles y casi cómicos también los gestos de dignidad de esta burguesía italiana, donde el traje parece más importante que la persona. No se puede escribir más sin reventar las perlas de esta exploración a las profundidades de una familia, que, como los fariseos bíblicos, se dedica abnegadamente a blanquear sus sepulcros.
El relato gravita en torno a una sola mujer, Emma Recchi, la matriarca de origen ruso que siente la urgencia juvenil de abandonar el fragor de las fábricas para escapar a la campiña tras los pasos de un joven cocinero de piel morena. Tilda Swinton, espigada y adusta como una mujer de Modigliani, vuelca todo su buen hacer en este personaje, que viene a entroncar con Madame Bovary, Ana Karenina y todas las heroínas infieles del siglo XIX.
'Io sono l'amore' plasma certeramente el cautiverio de esta esposa extranjera, que no acaba de encontrar su lugar en el tinglado familiar y cuyo guisado estrella no es la pasta (oh sacrilegio), sino una modesta sopa de pescado llamada Ujà que, para más austeridad eslava, debe adquirir un color transparente para servirla como Бог (Dios) manda.
La película, con sus 123 minutos a ratos fatigantes, nos reserva alguna escena memorable, como cierto cementerio donde la verdad rompe el luto y sale desgarrada como un grito irreverente y romántico. Imperdibles y casi cómicos también los gestos de dignidad de esta burguesía italiana, donde el traje parece más importante que la persona. No se puede escribir más sin reventar las perlas de esta exploración a las profundidades de una familia, que, como los fariseos bíblicos, se dedica abnegadamente a blanquear sus sepulcros.
15 mayo 2010
'Two lovers': Forrest Gump se pone serio
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7,5
Forrest Gump se ha puesto serio. Ya no es aquel candoroso borderline de los años 90, que protagonizaba un épico cuento de hadas entre algodones voladores y bombas de Vietnam. Si Tom Hanks recorría toda Norteamérica en pos del amor, aquí ocurre todo lo contrario: Leonard, el joven trastornado que interpreta Joaquin Phoenix en 'Two lovers', concibe su sueño romántico sin apenas salir de las asfixiantes fronteras de su piso de Brooklyn, donde vive con sus padres sobreprotectores.
Phoenix convence intensamente con su personaje de soltero sufrido, desequilibrado y crónicamente infantilizado. Lejos de la caricatura o la compasión barata, lejos de tantos playboys hollywoodienses, Leonard es lo más parecido a un pelele, un hijo de mamá caído en desgracia que un buen día visualiza el Nirvana al contemplar a su neurótica vecina, una rubia llamada Michelle.
Gwineth Paltrow es quien pone rostro a esta vecina del bloque, urbanita y desenfadada pero profundamente escurridiza y enganchada a los hombres, al estilo de las musas clásicas de Woody Allen (Diane Keaton y compañía). Al igual que la tentación rubia, Michelle vive en el piso de arriba, como una cercana fascinación palpitante que encenderá las fantasías voyeurs del bueno de Leonard. Pero ay. Sus padres ya han dispuesto otro futuro para él. Un porvenir hogareño, un trabajo estable y una mujer mucho más formal y predecible.
El director James Gray resuelve este triángulo amoroso con una elegancia digna de elogio, acercándonos la humanidad de todos estos bichos raros (tan cotidianos por otra parte) que intentan navegar entre su realidad y sus afectos escondidos con una entrañable impotencia, en escenarios tan poco comunes como una comunión judía o una terraza fría y ventosa. Saborearán esta cotidianeidad freaky, este encantador realismo de los perdedores, los que disfrutaron leyendo las andanzas de Holden Caulfield en aquel 'Guardián entre el centeno' del misterioso y recién fallecido Jerome David Salinger.
Cierto que la lentitud, la falta de estridencias y la paciencia psicológica de 'Two lovers' llega a hacerla aburrida en algunos de sus tramos (muchos acudirán engañados con los kleenex para llorar con un típico melodrama), pero a Gray jamás le tiembla el pulso en su peculiar y carismática galería humana, donde también hay que incluir una madre severa que acabará revelando su lado más amoroso, fantásticamente interpretada y casi fabricada por Isabella Rossellini. Rehuyendo desenlaces complacientes, la película nos da un brochazo de melancolía: no siempre se puede salir de la jaula, y quien sabe si Forrest Gump deberá, como en la canción de Serrat, "menjar-se el que es troba pel carrer".
¿y tú qué opinas? deja aquí tus comentarios de cine
Phoenix convence intensamente con su personaje de soltero sufrido, desequilibrado y crónicamente infantilizado. Lejos de la caricatura o la compasión barata, lejos de tantos playboys hollywoodienses, Leonard es lo más parecido a un pelele, un hijo de mamá caído en desgracia que un buen día visualiza el Nirvana al contemplar a su neurótica vecina, una rubia llamada Michelle.
Gwineth Paltrow es quien pone rostro a esta vecina del bloque, urbanita y desenfadada pero profundamente escurridiza y enganchada a los hombres, al estilo de las musas clásicas de Woody Allen (Diane Keaton y compañía). Al igual que la tentación rubia, Michelle vive en el piso de arriba, como una cercana fascinación palpitante que encenderá las fantasías voyeurs del bueno de Leonard. Pero ay. Sus padres ya han dispuesto otro futuro para él. Un porvenir hogareño, un trabajo estable y una mujer mucho más formal y predecible.
El director James Gray resuelve este triángulo amoroso con una elegancia digna de elogio, acercándonos la humanidad de todos estos bichos raros (tan cotidianos por otra parte) que intentan navegar entre su realidad y sus afectos escondidos con una entrañable impotencia, en escenarios tan poco comunes como una comunión judía o una terraza fría y ventosa. Saborearán esta cotidianeidad freaky, este encantador realismo de los perdedores, los que disfrutaron leyendo las andanzas de Holden Caulfield en aquel 'Guardián entre el centeno' del misterioso y recién fallecido Jerome David Salinger.
Cierto que la lentitud, la falta de estridencias y la paciencia psicológica de 'Two lovers' llega a hacerla aburrida en algunos de sus tramos (muchos acudirán engañados con los kleenex para llorar con un típico melodrama), pero a Gray jamás le tiembla el pulso en su peculiar y carismática galería humana, donde también hay que incluir una madre severa que acabará revelando su lado más amoroso, fantásticamente interpretada y casi fabricada por Isabella Rossellini. Rehuyendo desenlaces complacientes, la película nos da un brochazo de melancolía: no siempre se puede salir de la jaula, y quien sabe si Forrest Gump deberá, como en la canción de Serrat, "menjar-se el que es troba pel carrer".
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08 mayo 2010
'El último verano de la Boyita': oda al diferente
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
El cine está lleno de personajes normales, con los que nos podamos identificar. A menudo esta normalidad está construída laboriosamente, artificiosamente, hasta que saltan a la vista las costuras y los engranajes. Afortunadamente, nada de eso ocurre en 'El último verano de la Boyita', una película pausada y envolvente, de textura intimista y desenfocada, donde el diferente, el tarado, el anómalo, se revela con una desarmante espontaneidad.
Con un montaje naturalista, con inteligentes encuadres y sin apenas diálogos, la argentina Julia Solomonoff nos sitúa en el ruedo idílico de unas vacaciones de verano en el campo, donde la pequeña Jorgelina buscará evadirse de unos padres separados y de una hermana que ya vuela en las menstruales arrogancias de la pubertad. Rehuyendo los tópicos, el campo está aquí trazado con pinceladas veraces: por una parte los campesinos hastiados y enfrascados en sus tareas, y por otra, los visitantes urbanitas que acuden con el único designio de darse un buen chapuzón.
Ambos mundos se encontrarán con la aparición de Mario, un niño taciturno y ceñudo que ejerce abnegadamente su papel de peón agrario, entre caballos y cosechas. Inicialmente impenetrable, Mario irá rompiendo su misteriosa cáscara gracias a la inocencia de Jorgelina, que busca insistentemente un compañero de juego. Y hasta aquí podemos leer, porque esta es una película para verla: para ver cómo la infancia, lejos de tantas imágenes prefabricadas, es un lugar de libertad y de brazos abiertos, donde aún no existen los prejuicios ni las ansias catalogadoras. Una película para ver que el cine se puede atrever a filmar lo extraño sin estridencias, lo turbador con humanidad, lo anormal sin catarsis moralistas ni morbosas.
A buen seguro las experiencias de Jorgelina con el rubio excéntrico no aparecerán en su álbum de vacaciones, ni podrá contarlas en una charla de sobremesa sin que la miren de reojo, porque tienen la materia inefable y escurridiza de los secretos del corazón.
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Con un montaje naturalista, con inteligentes encuadres y sin apenas diálogos, la argentina Julia Solomonoff nos sitúa en el ruedo idílico de unas vacaciones de verano en el campo, donde la pequeña Jorgelina buscará evadirse de unos padres separados y de una hermana que ya vuela en las menstruales arrogancias de la pubertad. Rehuyendo los tópicos, el campo está aquí trazado con pinceladas veraces: por una parte los campesinos hastiados y enfrascados en sus tareas, y por otra, los visitantes urbanitas que acuden con el único designio de darse un buen chapuzón.
Ambos mundos se encontrarán con la aparición de Mario, un niño taciturno y ceñudo que ejerce abnegadamente su papel de peón agrario, entre caballos y cosechas. Inicialmente impenetrable, Mario irá rompiendo su misteriosa cáscara gracias a la inocencia de Jorgelina, que busca insistentemente un compañero de juego. Y hasta aquí podemos leer, porque esta es una película para verla: para ver cómo la infancia, lejos de tantas imágenes prefabricadas, es un lugar de libertad y de brazos abiertos, donde aún no existen los prejuicios ni las ansias catalogadoras. Una película para ver que el cine se puede atrever a filmar lo extraño sin estridencias, lo turbador con humanidad, lo anormal sin catarsis moralistas ni morbosas.
A buen seguro las experiencias de Jorgelina con el rubio excéntrico no aparecerán en su álbum de vacaciones, ni podrá contarlas en una charla de sobremesa sin que la miren de reojo, porque tienen la materia inefable y escurridiza de los secretos del corazón.
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01 mayo 2010
'Iron Man 2': cachondeo en la ferretería
LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6
Felizmente, a la sección de superhéroes de Hollywood le ha dado una vena cachonda. Después de muchos años tomándose demasiado en serio a si mismos, 'Los Increíbles' de Pixar ya vinieron a demostrar lo desternillantes que pueden llegar a ser los salvadores del mundo cuando acceden a enfundarse los trajes de la parodia. Y ahí reincide el muy golfo Robert Downey Junior en 'Iron Man 2', una nueva entrega de las correrías del hombre de hierro donde consiguen que nos descojonemos entre batalla y batalla, incluso con alguna carcajada en pleno duelo de titanes.
Como ya hizo con el venerable Sherlock Holmes, Downey Junior pega un tuneo canalla, borrachuzo y mujeriego al arquetipo de superhéroe, y nos regala momentos hilarantes cuando se pone a pinchar discos con la armadura puesta, o cuando discute por ordenador con su sufrida secretaria (profesional Gwineth Paltrow) mientras los malos se cargan el mundo. Frente a él, otro actor entregado a la fiesta, el veterano Mickey Rourke, compone a un villano monumentalmente freaky y pasado de vueltas, un ruso taciturno de mechas blancas y loro en el hombro que machaca todo lo que se mueve a 360º gracias a sus dos látigos electrizados.
El director Jon Favreau no ahorra pirotecnia digital y derroche de ritmo para las andanzas de su criatura metálica, con el ingenioso pretexto de que debe cambiarse la batería (su palpitante corazón protésico que hallará una inesperada salvación), y la película alcanza cotas francamente divertidas en escenarios tan insólitos como el circuito de Mónaco, donde Morlaco Rourke sale a la palestra para hacer volar los coches por los aires, frente a un desbordado Iron Man que busca desesperadamente la maleta de su armadura.
Por esta chispeante ferretería también desfilan secundarios tan solventes como Sam Rockwell, fantásticamente aborrecible en su papel de envidioso industrial armamentístico, o la susodicha Gwineth Paltrow, impecable y angulosa como un dibujo de Jordi Labanda, que sigue bordando su pose de cándida firmeza ya exhibida en la añeja 'Shakespeare in Love'. Por Scarlett Johansson no se pueden lanzar tantas campanas al vuelo: aunque arranca sonrisas mientras aporrea hombres sin piedad, su personaje de agente doble supuestamente intrigante resulta tan innecesario como un geranio en un frigorífico.
Por lo demás, 'Iron Man 2' merecería un severo hachazo en cuanto al metraje (son dos horas muy evitables y a ratos exasperantes) y a pesar de su dilatada longitud, nunca consigue encajar sus múltiples piezas narrativas, derivando en una caótica chatarrería, que, si se salva de la oxidación, es únicamente por sus buenas dosis de guasa.
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Como ya hizo con el venerable Sherlock Holmes, Downey Junior pega un tuneo canalla, borrachuzo y mujeriego al arquetipo de superhéroe, y nos regala momentos hilarantes cuando se pone a pinchar discos con la armadura puesta, o cuando discute por ordenador con su sufrida secretaria (profesional Gwineth Paltrow) mientras los malos se cargan el mundo. Frente a él, otro actor entregado a la fiesta, el veterano Mickey Rourke, compone a un villano monumentalmente freaky y pasado de vueltas, un ruso taciturno de mechas blancas y loro en el hombro que machaca todo lo que se mueve a 360º gracias a sus dos látigos electrizados.
El director Jon Favreau no ahorra pirotecnia digital y derroche de ritmo para las andanzas de su criatura metálica, con el ingenioso pretexto de que debe cambiarse la batería (su palpitante corazón protésico que hallará una inesperada salvación), y la película alcanza cotas francamente divertidas en escenarios tan insólitos como el circuito de Mónaco, donde Morlaco Rourke sale a la palestra para hacer volar los coches por los aires, frente a un desbordado Iron Man que busca desesperadamente la maleta de su armadura.
Por esta chispeante ferretería también desfilan secundarios tan solventes como Sam Rockwell, fantásticamente aborrecible en su papel de envidioso industrial armamentístico, o la susodicha Gwineth Paltrow, impecable y angulosa como un dibujo de Jordi Labanda, que sigue bordando su pose de cándida firmeza ya exhibida en la añeja 'Shakespeare in Love'. Por Scarlett Johansson no se pueden lanzar tantas campanas al vuelo: aunque arranca sonrisas mientras aporrea hombres sin piedad, su personaje de agente doble supuestamente intrigante resulta tan innecesario como un geranio en un frigorífico.
Por lo demás, 'Iron Man 2' merecería un severo hachazo en cuanto al metraje (son dos horas muy evitables y a ratos exasperantes) y a pesar de su dilatada longitud, nunca consigue encajar sus múltiples piezas narrativas, derivando en una caótica chatarrería, que, si se salva de la oxidación, es únicamente por sus buenas dosis de guasa.
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Arquitectura milagrosa
JOAN PAU INAREJOS
Una de las enseñas rutilantes de los locos años 2000 en España ha sido la llamada "arquitectura estrella" o "arquitectura espectáculo": a partir de la construcción del Guggenheim en Bilbao, todas las grandes y medianas ciudades del solar ibérico se han lanzado a una carrera desaforada para participar en la Champions del hormigón y el titanio.
Según Llàtzer Moix ('Arquitectura milagrosa', 2010) ello ha dejado efectos particularmente desastrosos en València, donde el divo Santiago Calatrava se ha adueñado de la estética de la urbe con la Ciutat de les Arts i les Ciències como vacío y carísimo buque insignia; también en Zahagoza, donde la angloirakí Zaha Hadid ha obligado a remover cielo y tierra para bastir su caprichoso Pabellón Puente de la Expo; o en Santiago, donde Manuel Fraga Iribarne edifica su Valle de los Caídos en forma de inmensa Ciudad de la Cultura con la firma de Peter Eisenman; y tampoco la ilustrada Barcelona ha escapado a la tentación de la "arquitectura viagra" (William J. Curtis) con su enorme falo de la Torre Agbar...
Durante años, la búsqueda de prestigio y réditos económicos de alcaldes, presidentes y partidos políticos lo ha confiado todo a los excrementos exquisitos de estos magos internacionales, pero la crisis económica nos ha sorprendido paseando entre grandes fósiles que nadie sabe quién pagará ni para qué nos servirán.
Rascacielos giratorios, en forma de plátano o cubiertos de "pieles" que evocan una lámpara araña con lágrimas de cristal, una cota de malla o un pegote de alquitrán. Puro neobarroco en caída libre (...). [pero] ahora llega el momento de la resaca. El crítico William J. Curtis fue uno de los primeros en alzar la voz. Lo hizo en el marco el Guggenheim Bilbao, donde en junio de 2007 calificó los excesos arquitectónicos de desastre, de faraónicos, de formalismo vacío, de techno kitsch y de sometimiento de una disciplina humanística a los abusos de márketing y la moda. Se refirió también a un "urbanismo viagra" producto del maridaje entre la plutocracia y la falocracia asociable a la proliferación de rascacielos (...).
La voz de Curtis se ve arropada por un amplio coro, al que no dejan de sumarse renombrados solistas (...). El veterano urbanista Peter Hall me aseguró que "los iconos arquitectónicos nos llevan a una suma cero", y también "que sería más inteligente apostar por las infraestrructuras de transporte que por la arquitectura icónica".
Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, se mostró más contundente al afirmar: "La arquitectura ha vivido en una burbuja icónica. Ahora que la burbuja ha reventado, espero una reacción similar a la de Adolf Loos cuando escribió Ornamento y delito; una inequívoca reacción contra la arquitectura irracional de los últimos años, y en favor de una época más reflexiva, como la de los años setenta... Entretanto, cada vez que oigo hablar del efecto Guggenheim, desenfundo mi revólver". "Los árboles crecen en concordancia con su entorno. Y un edificio, que no es mucho más que un árbol, debe buscar también esa concordancia", indicó Toyo Ito, de vuelta a los referentes naturales.
[En las grandes ocasiones], Calatrava gusta de quedarse "solo ante el peligro", armado únicamente con sus pinceles, dibujando bocetos sobre láminas proyectadas en una pantalla mientras pronuncia unas palabras alusivas a la historia del arte como quien rememoria a la de su familia. El efecto de su performance suele ser emotivo. Los clientes se sienten como invitados de excepción a la más genuina experiencia creativa; a una exhibición de talento que todo su dinero no podrá nunca comprar. O quizás sí (...).
Calatrava se presenta a menudo como un demiurgo capaz de convertir los sueños en realidad. ¿Y quién va a cometer la grosería de preguntar por el precio de un sueño? ¿No vale un sueño todo el dinero del mundo? (...). Calatrava es caro. He aquí un hecho incontestable. Lo fue hace ya muchos años en Barcelona, donde no tiene un segundo puente, tras el de Bac de Roda, por razones de presupuesto. Cuando se le pidió uno para la Ronda Litoral, sobre la Autovía de Mataró, Calatrava presentó un presupuesto de 2.000 millones de pesetas, que los clientes temieron que se disparara. Josep Acebillo, responsable de las obras en aquel tramo, todavía recuerda su sobresalto cuando Calatrava pretendió cobrarle 50 millones de pesetas por la maqueta.
"Tiene que haber un error en la factura, Santiago. Tiene que sobras un cero. No puede ser que me quieras cobrar 50 millones por una maqueta", dijo Acebillo.
"Ah, no sé, eso lo lleva mi mujer", respondió Calatrava. Finalmente, fue el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez quien recibió el encargo de construir el puente barcelonés. Lo realizó por 800 millones de pesetas.
Según Llàtzer Moix ('Arquitectura milagrosa', 2010) ello ha dejado efectos particularmente desastrosos en València, donde el divo Santiago Calatrava se ha adueñado de la estética de la urbe con la Ciutat de les Arts i les Ciències como vacío y carísimo buque insignia; también en Zahagoza, donde la angloirakí Zaha Hadid ha obligado a remover cielo y tierra para bastir su caprichoso Pabellón Puente de la Expo; o en Santiago, donde Manuel Fraga Iribarne edifica su Valle de los Caídos en forma de inmensa Ciudad de la Cultura con la firma de Peter Eisenman; y tampoco la ilustrada Barcelona ha escapado a la tentación de la "arquitectura viagra" (William J. Curtis) con su enorme falo de la Torre Agbar...
Durante años, la búsqueda de prestigio y réditos económicos de alcaldes, presidentes y partidos políticos lo ha confiado todo a los excrementos exquisitos de estos magos internacionales, pero la crisis económica nos ha sorprendido paseando entre grandes fósiles que nadie sabe quién pagará ni para qué nos servirán.
LLÀTZER MOIX
Los críticos dicen que "la arquitectura ha vivido en una burbuja icónica" y claman contra "el urbanismo viagra"
Los críticos dicen que "la arquitectura ha vivido en una burbuja icónica" y claman contra "el urbanismo viagra"
Rascacielos giratorios, en forma de plátano o cubiertos de "pieles" que evocan una lámpara araña con lágrimas de cristal, una cota de malla o un pegote de alquitrán. Puro neobarroco en caída libre (...). [pero] ahora llega el momento de la resaca. El crítico William J. Curtis fue uno de los primeros en alzar la voz. Lo hizo en el marco el Guggenheim Bilbao, donde en junio de 2007 calificó los excesos arquitectónicos de desastre, de faraónicos, de formalismo vacío, de techno kitsch y de sometimiento de una disciplina humanística a los abusos de márketing y la moda. Se refirió también a un "urbanismo viagra" producto del maridaje entre la plutocracia y la falocracia asociable a la proliferación de rascacielos (...).
La voz de Curtis se ve arropada por un amplio coro, al que no dejan de sumarse renombrados solistas (...). El veterano urbanista Peter Hall me aseguró que "los iconos arquitectónicos nos llevan a una suma cero", y también "que sería más inteligente apostar por las infraestrructuras de transporte que por la arquitectura icónica".
Deyan Sudjic, director del Design Museum de Londres, se mostró más contundente al afirmar: "La arquitectura ha vivido en una burbuja icónica. Ahora que la burbuja ha reventado, espero una reacción similar a la de Adolf Loos cuando escribió Ornamento y delito; una inequívoca reacción contra la arquitectura irracional de los últimos años, y en favor de una época más reflexiva, como la de los años setenta... Entretanto, cada vez que oigo hablar del efecto Guggenheim, desenfundo mi revólver". "Los árboles crecen en concordancia con su entorno. Y un edificio, que no es mucho más que un árbol, debe buscar también esa concordancia", indicó Toyo Ito, de vuelta a los referentes naturales.
'Calatrava Superstar' se tiene por un personaje renacentista y vende sueños: ¿quién va a cometer la grosería de preguntar el precio?
Arquitecto, ingeniero y escultor, Calatrava se tiene por un personaje renacentista, en la estela de Leonardo da Vinci o de Miguel Ángel Buonarroti, capaz de pintar, esculpir, proyectar edificios o idear mecanismos. También por un creador de voz única, genial... En la era de Power Point, Calatrava gusta de iniciar sus proyectos arquitectónicos pintando acuarelas. A menudo esas acuarelas esbozan un edificio a partir del gesto de una figura humana o a partir de una escultura abstracta a la que él mismo dio forma muchos años atrás (...).[En las grandes ocasiones], Calatrava gusta de quedarse "solo ante el peligro", armado únicamente con sus pinceles, dibujando bocetos sobre láminas proyectadas en una pantalla mientras pronuncia unas palabras alusivas a la historia del arte como quien rememoria a la de su familia. El efecto de su performance suele ser emotivo. Los clientes se sienten como invitados de excepción a la más genuina experiencia creativa; a una exhibición de talento que todo su dinero no podrá nunca comprar. O quizás sí (...).
Calatrava se presenta a menudo como un demiurgo capaz de convertir los sueños en realidad. ¿Y quién va a cometer la grosería de preguntar por el precio de un sueño? ¿No vale un sueño todo el dinero del mundo? (...). Calatrava es caro. He aquí un hecho incontestable. Lo fue hace ya muchos años en Barcelona, donde no tiene un segundo puente, tras el de Bac de Roda, por razones de presupuesto. Cuando se le pidió uno para la Ronda Litoral, sobre la Autovía de Mataró, Calatrava presentó un presupuesto de 2.000 millones de pesetas, que los clientes temieron que se disparara. Josep Acebillo, responsable de las obras en aquel tramo, todavía recuerda su sobresalto cuando Calatrava pretendió cobrarle 50 millones de pesetas por la maqueta.
"Tiene que haber un error en la factura, Santiago. Tiene que sobras un cero. No puede ser que me quieras cobrar 50 millones por una maqueta", dijo Acebillo.
"Ah, no sé, eso lo lleva mi mujer", respondió Calatrava. Finalmente, fue el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez quien recibió el encargo de construir el puente barcelonés. Lo realizó por 800 millones de pesetas.
Dice Marta Cervelló que vivimos en la "'arquitectura Zara' o 'Barbie', ya que el arquitecto entrega un muñeco y con él, toda una colección de vestidos"
"El estadio actual es anónimo" [decía Norman Foster sobre el Camp Nou]. Por este motivo, Foster + Partners primaba en su propuesta la consecución de una arquitectura nueva, espectacular y transformable" (...) gracias a que la nueva piel -o funda- de policarbonato y cristal ideada para el estadio se prestaba a una iluminación y un colorido variables, aunque a poder ser relacionados con los colores del club y de Catalunya (...).
"A mí me parece", dice la arquitecta Marta Cervelló, de Map Architects, "que Lord Foster, más que un proyecto, le ha ofrecido al Barça un Camp Nou con ropero bien surtido. Mediante juegos de luces y colores, el estadio podrá ir variando su aspecto. Es como si por el precio de un proyecto te dieran varios, aunque en realidad siempre el mismo, con una pátina distinta. Eso me lleva a pensar que la arquitectura vive en la era Zara. O peor aún, en la era Barbie Superstar: el arquitecto estrella le entrega al cliente el muñeco y, con él, una colección de vestidos para que lo vaya cambiando en función del dia y del estado de ánimo".
"A mí me parece", dice la arquitecta Marta Cervelló, de Map Architects, "que Lord Foster, más que un proyecto, le ha ofrecido al Barça un Camp Nou con ropero bien surtido. Mediante juegos de luces y colores, el estadio podrá ir variando su aspecto. Es como si por el precio de un proyecto te dieran varios, aunque en realidad siempre el mismo, con una pátina distinta. Eso me lleva a pensar que la arquitectura vive en la era Zara. O peor aún, en la era Barbie Superstar: el arquitecto estrella le entrega al cliente el muñeco y, con él, una colección de vestidos para que lo vaya cambiando en función del dia y del estado de ánimo".
"La Torre Agbar evoca la Sagrada Família, Montserrat y el Barça: con semejantes padrinos, tiene la vida resuelta"
[En cuanto a la Torre Agbar] de noche, los automovilistas que acceden a Barcelona por la avenida Meridiana descubren de sopetón su robusto cuerpo de luciérnaga erecta, de enorme faro urbano. Su piel luminosa puede adquirir entonces diversas tonalidades. Pero la que "viste" con mayor asiduidad es una mezcla de colores azules y rojos, no muy lejana a la del maillot azulgrana del Fútbol Club Barcelona. Acaso porque Nouvel, no contento con vincular inicialmente su torre a la Sagrada Família y a Montserrat, decidió también asociarla a un referente futbolístico de indiscutible poderío. Con tales padrinos, la criatura tiene la vida resuelta.
LLÀTZER MOIX, 'ARQUITECTURA MILAGROSA' (2010)
FOTOS: Bilbao+València+Santiago+Zaragoza / Camp Nou de Foster + imagen Barbie / Torre Agbar de Nouvel + imágenes del Barça y Montserrat / Fotomontaje con Calatrava como Aristóteles de Rafael (JP Inarejos)
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