05 noviembre 2014

[REC] 4: y llegó el Apocalipsis

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7

...o no tanto. Porque, a pesar del bombo apoteósico que sugiere el título, en realidad estamos ante una digna variación más de la saga. Ni más ni menos. Jaume Balagueró, esta vez sin Paco Plaza, no pretende ni de lejos emular el carisma y el efecto sorpresa de la primera película, verdaderamente irrepetible, ni tampoco nos ofrece una conclusión propiamente dicha –el final es lo menos cerrado que podría esperarse–. No, [REC] 4 no es nada de esto, sino un respetable entretenimiento, por cierto bastante superior a la media del género.

Tras las sucesivas excursiones a la escalera de vecinos ([REC] 1 y [REC] 2), y la sala de bodas ([REC ] 3), esta vez los zombis catalanes despiertan en alta mar. Su nuevo espacio de recreo claustrofóbico es un barco en el que, huelga decirlo, más valdría no embarcarse, con el agravante del aislamiento y el pretexto de la experimentación científica (ya saben, una de las primeras causas de mortandad en el cine de terror).

Las Vacaciones en el mar de las criaturas balaguerianas nos reservan el consabido y prolijo festival de estallidos hemofílicos, con más ritmo cañero que verdadero poder acongojante, y más profesionalidad que auténtica originalidad. La acción vibrante y bien tejida acaba tapando las vergüenzas de un reparto plano e insípido, y eso que contábamos con la reaparición triunfal de la reportera Ángela (Manuela Velasco) que es a la saga [REC] lo que la teniente Ripley a 'Alien'.

Sin cámara al hombro y sin interpretaciones naturalistas, la cuarta aventura zombi quizá resulta la más convencional y aséptica de todas. Muy significativo que el lugar elegido ya no sea una finca concreta del Eixample barcelonés, con todos sus localismos y dejes vecinales, sino un emplazamiento abstracto e itinerante, perfectamente internacional y americanizable. Más universal pero menos cercano.

Sólo en los primeros minutos, con la abuela desorientada, los soldados casposos o el motín del negro de Móstoles, atisbamos un poco de humor cañí, algo de esos apuntes sociológicos que suministraban el 50% de la fórmula del éxito en la primera entrega. Pero enseguida todo se diluye en un Titanic sangriento e hiperviral. La cosa nos pilla un poco atiborrados de walking deads y guerras mundiales zeta, pero háganme caso, no dejen de verla, sobre todo para saber qué se cuece a bordo. Literalmente.

‘REC 4’, DE JAUME BALAGUERÓ
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